Cita de Roosevelt

"Ningún país, sin importar su riqueza, puede permitirse el derroche de sus recursos humanos. La desmoralización causada por el desempleo masivo es nuestra mayor extravagancia. Moralmente es la mayor amenaza a nuestro orden social" (Franklin Delano Roosevelt)

miércoles, 2 de enero de 2019

¿De dónde viene el dinero?

Durante el mes de diciembre utilicé hilos de Twitter para describir de forma esquemática el origen del dinero. He recogido esa secuencia de twits en este post:

¿De dónde viene el dinero? Esta pregunta sencilla, sorprendentemente, no saben responderla muchos economistas formados en las facultades que enseñan la doctrina ortodoxa. El dinero actualmente no representa ningún metal precioso custodiado en un sótano del banco central. Tampoco representa toda la riqueza de la nación ni cosas por el estilo. El dinero es simplemente un reconocimiento de una deuda del emisor. Éste se compromete a redimirla cuando el tenedor la entrega. Por ejemplo, el dinero del estado se redime cuando alguien la entrega en pago de impuestos. Pero me adelanto. Veamos esto con más detalle.

Actualmente el dinero, en su mayor parte, no tiene forma física. El dinero toma la forma de apuntes contables en un ordenador. Pese al entusiasmo de los tecnoutópicos con la burbuja del Bitcoin, el dinero es digital desde hace décadas.

Existen tres formas de meter dinero en una economía: 
  1. creación de dinero por el estado, 
  2. creación de dinero por los bancos,
  3. creación de dinero desde el sector exterior.

Creación de dinero por el estado


El estado (hablo del que está dotado de soberanía monetaria, no de los que están integrados en la disfuncional unión monetaria europea), disfruta de un monopolio: define la unidad monetaria que se utilizará para medir los crédito, es el emisor de aquello que sirve para pagar impuestos
Una analogía es que el estado mantiene una gran hoja de cálculo en la que registra todos los créditos fiscales que ha obtenido el sector privado.

El estado necesita proveer bienes y servicios públicos para lo cual necesita contratar funcionarios, contratistas, comprar suministros, etc. Paga a estos proveedores con la moneda que emite.
El mecanismo es éste: un funcionario del Tesoro da la orden de pago al banco central, donde mantiene una cuenta. El banco central carga la cuenta del Tesoro y abona la cuenta del banco comercial donde el proveedor mantiene sus depósitos. Así se ha aumentado el saldo de la cuenta del banco comercial en el banco central. A estas cuentas las llamamos cuentas de reservas. El banco comercial, a continuación, carga en su contabilidad la cuenta del banco central y abona la de su cliente, el proveedor del estado.

¿Por qué los proveedores aceptan un apunte contable en pago de sus servicios? Porque ese dinero del estado es un crédito fiscal. El proveedor del estado está obligado a pagar impuestos. Todos estamos obligados a pagar tributos. Ese proveedor puede utilizar esos créditos para pagar sus impuestos y guardar los que le sobran o transmitirlos a un tercero que los necesite para pagar los suyos a cambio de otros bienes y servicios. En este post abordo en mayor profundidad el papel de los impuestos.

El proceso de pago de impuestos destruye el dinero creado en el paso anterior. Podemos hablar de una fase de flujo y otra de reflujo. Cuando alguien ordena el pago de impuestos a su banco, éste cara el depósito del contribuyente y abona una cuenta en el banco central. A su vez, el banco central carga la cuenta de reservas del Banco y abona la cuenta del Tesoro. Cuando el estado gastó se crearon nuevas reservas en el sector privado, cuando se pagan los impuestos estos saldos se reducen.

Así pues:

Gasto público=> aumento de reservas en el banco central a favor de los bancos comerciales=>aumento de depósitos en cuentas de hogares y empresas.

Pago de impuestos=>reducción de depósitos en cuentas de hogares y empresas=>reducción de reservas de los bancos comerciales en el banco central. Destruyen dinero.

Una conclusión importante de esta visión del dinero es que el estado no puede ser nunca insolvente, si se endeudamiento en su propia moneda. (Lo de Macri endeudando su país en dólares de EEUU es de juzgado de guardia, ver el análisis aquí). El estado siempre podrá crear nueva moneda para atender nuevas necesidades de gasto público. No tiene una limitación financiera.

Antes de que empiecen a hiperventilar los creyentes en la teoría cuantitativa del dinero hay que advertir que esto no es necesariamente inflacionista. La limitación a la que se enfrenta el estado es de recursos reales de la economía. El estado puede comprar todo aquello que se encuentra a la venta en si territorio a cambio de su moneda. Si no está en venta incluso puede conseguirlo subiendo los impuestos suficientemente. Sin embargo si nos acercamos a ese límite real puede desencadenarse un proceso inflacionario.

Ante las tensiones inflacionistas el estado puede tomar muchas medidas: subir los impuestos para reducir el poder de compra del sector privado, bajar el gasto público, eliminar las clausulas de indexación, etc. El monopolista siempre puede fijar el precio de aquello que produce.

En este sentido el estado puede determinar qué exige a cambio de entregar una unidad monetaria. Si exige una hora de trabajo a cambio de una unidad monetaria está determinando una relación de valor.
Si al año siguiente tal estado ofrece 1,10 unidades monetarias a cambio de una hora de trabajo entonces está despreciando voluntariamente su moneda y creando una inflación del 10%.

Si el estado no encuentra comprador de su moneda puede ser porque los impuestos sean demasiado bajos o porque su sistema de recaudación es ineficaz. Esto es frecuente en países poco desarrollados con estados débiles o fallidos. En este caso lo que puede hacer es renunciar a ejecutar mayor gasto público o aumentar la presión fiscal.

Pero esta no es la situación en los países avanzados. Es más, existe sobrada demanda por el dinero del estado y abundantes recursos desempleados. Por tanto el estado puede prestar nuevos servicios públicos sin aumentar los impuestos. Es decir, aumentar el déficit fiscal. En España, con una altísima tasa de desempleo, la izquierda tiene una actitud equivocada. Cree que hay que subir los impuestos antes de prestar nuevos servicios públicos. Pero en realidad lo procedente es aumentar el déficit fiscal hasta que desaparezca el desempleo. La razón es que el déficit fiscal es el ahorro privado. Y en España los balances de hogares y empresas están muy deteriorados.

De hecho, la posición normal del estado debe ser tener un déficit tan elevado como sea necesario para que se alcance el pleno empleo con estabilidad de precios y se satisfagan las necesidades de ahorro de la población.

En un estado con un sistema de prestaciones sociales poco desarrollado y amenazas constantes al sistema de pensiones paradójicamente el déficit público tendría que ser más elevado.

La creación de dinero bancario


Como dije anteriormente, hay tres formas de meter dinero en una economía: a través del gasto público, gracias a las exportaciones de bienes y servicios y mediante la creación de depósitos bancarios. Paso a explicar el dinero bancario.


Los depósitos bancarios surgen cuando un banco concede un crédito a un cliente. Imaginemos que Vd. consigue un préstamo hipotecario del banco X. Lo que ocurre es que el banco introduce una serie de asientos contables en su contabilidad.Para los que tengáis nociones de contabilidad es algo parecido a esto:


DEBE                                                                             HABER
 __________________________________________________
100.000 € Préstamo                   I             Depósito cc 100.000 €


En el mismo acto el banco ha constituido un préstamo y ha abierto un depósito bancario a favor del cliente. ¡Presto! El dinero bancario ha surgido de la nada gracias a un teclado de ordenador.

No ha sido necesario obtener un depósito de otro cliente para prestárselo a otro cliente. Vaciar la cuenta corriente de otro cliente sería fraudulento. De hecho eso es lo que hace un prestamista, no un banco. Tampoco ha sido necesario mover lingotes de oro. La teoría de los fondos prestables no es cierta.

Frente a lo que suelen decir algunos periodistas de prensa económica, la idea de que el Banco Central Europeo va a a reactivar el mercado de crédito inyectando reservas no es cierta. Crear nuevas reservas no se traslada a nuevos préstamos. Los bancos necesitan las cuentas de reservas para saldar pagos entre ellos.

Lo que ocurre es lo siguiente: ahora que el cliente ha conseguido 100.000 € en su cuenta podrá girar un cheque a favor del promotor o constructor que le entregará la vivienda. Si el constructor tiene su cuenta en otro banco, ese cheque o transferencia se llevará a una cámara de compensación. Los bancos calculan a diario los importes deudores y acreedores que deben compensar entre ellos. El saldo se liquida con una transferencia de cuentas de reservas en el banco central. Estas transacciones ocurren dentro de la "hoja de cálculo" que mantiene el banco central. Solo los bancos participantes en el sistema pueden tener acceso a este tipo de cuentas. Las reservas no se pueden prestar a particulares pero los bancos se prestan reservas entre ellos en el llamado mercado interbancario.

Los bancos calculan periódicamente su posición de reservas. Si están cortos de reservas pueden pedirlas prestadas en el mercado interbancario. Si hay escasez en el sistema también pedirlas prestadas al banco central, que no dudará en facilitarlas si no quiere cargarse el sistema de pagos y el sistema bancario, salvo que el banco tenga problemas de liquidez o solvencia. Pero las reservas no limitan su capacidad de prestar. La teoría del multiplicador que se enseña en las facultades es falsa. Es uno de los mitos sobre el dinero que desarrollo en este post.


Como consecuencia de la operación de compra de la vivienda los depósitos que fueron creados con el préstamo original ahora acaban en manos de otra persona o empresa. Esos depósitos pueden circular por la economía porque el dinero bancario tiene la máxima aceptación. Esa aceptación procede del respaldo del estado. En primer lugar los depósitos son convertibles en monedas y billetes en el acto. En la jerarquía de dineros el del estado siempre está por encima. Además están el fondo de garantía de depósitos y el respaldo del banco central. El banco en este caso es un deudor que que solo puede redimir su obligación entregando un dinero de jerarquía superior (dinero del estado) o aceptándolo para cancelar el principal los intereses adeudados de los préstamos que concede. Por otra parte el banco no está limitado por la existencia de reservas en su actividad crediticia. Un banco concederá un nuevo préstamo si ve que hay una oportunidad de hacer negocio y si entran por la puerta de sus oficinas empresarios o clientes solventes. Eso significa que deben presentar proyectos rentables o capacidad de devolver el préstamo con otros activos que sirvan de garantía o capacidad de generar rentas en el futuro. Si entran clientes solventes por la puerta de la oficina bancaria el banco estará encantado de prestar. Por eso decimos que la oferta monetaria es endógena. Los bancos prestan cuando ven oportunidades, no prestan cuando desconfían de las posibilidades de que les retornen el dinero más los intereses. Por eso la oferta de dinero se comporta de forma procíclica.

El dinero creado por el sector exterior


En dos hilos anteriores he explicado cómo se introducen el dinero del estado y el dinero bancario en la economía. En este último hilo hablaré de otra posibilidad: el dinero creado por el sector exterior.

Para ello partimos del análisis de la balanza comercial. Todos los países comercian con el exterior. Exportan e importante mercancías. También venden servicios como el turismo o los compran, por ejemplo, servicios de telemarketing prestados desde Sudamérica. Además podemos ceder nuestros factores de producción al extranjero a cambio de una renta. Por ejemplo trabajadores extranjeros que trabajan aquí y que remiten parte de sus rentas al extranjero.Todos estos componentes forman lo que se llama convencionalmente la balanza por cuenta corriente. Esta balanza es positiva cuando las exportaciones, las ventas de servicios o las rentas del extranjero por cesión de nuestros factores productivos superan a las importaciones, pagos por servicios recibidos o pagos de rentas al extranjero.

Quién vende algo al extranjero recibe algo a cambio. Normalmente será un depósito en un banco extranjero denominado en moneda extranjera o un depósito en su propia moneda que antes estaba en manos del comprador extranjero. Viceversa, quien compra algo del extranjero entrega un depósito denominado en su propia moneda o un depósito en moneda extranjera depositado en otro país. Cómo se obtienen esos depósitos en moneda extranjera sería materia para otra discusión. Puede que lo tuviera antes porque hubiese exportado antes, puede comprarlo a un exportador o puede que se lo haya prestado un banco extranjero. En cualquier caso, al final de cada período, una economía puede encontrarse con un déficit o superávit en la balanza por cuentas corriente. Si nuestro país tiene déficit los extranjeros habrán acumulado activos financieros que son pasivos financieros para nuestro país. Los extranjeros pueden tener depósitos a su nombre en euros en un banco español. O una entidad española puede haber reducido un saldo en una cuenta extranjera. El efecto neto es que el país deficitario ha reducido sus activos financieros netos respecto al resto del mundo.

La parte de la balanza comercial que financia el déficit por cuenta corriente se llama convencionalmente balanza de capitales. Su saldo es, por identidad contable, necesariamente igual al de la balanza por cuenta corriente pero de signo contrario. En otras palabras

Balanza por cuenta corriente+balanza de capitales=0

Una economía con déficit por cuenta corriente está endeudándose con resto del mundo. Genera activos financieros para otros países. Eso no es un favor que le hace el resto del mundo. Si los chinos venden sus portátiles y los alemanes sus BMW al resto del mundo y deciden no gastar los activos financieros que reciben a cambio es porque prefieren mantener esos saldos financieros. Los países que tienen un superávit en la balanza por cuenta corriente están financiando al resto del mundo. A cambio de sus exportaciones reciben meros apuntes contables.

Normalmente los países que mantienen superávit comercial durante muchos años lo consiguen a base de suprimir el crecimiento de salarios. Así sus empresarios consiguen un excedente de producción que sus trabajadores no consumen.El éxito comercial se basa a menudo en mantener a la población trabajadora viviendo por debajo de las posibilidades. En definitiva esto permite a los empresarios obtener un beneficio que se materializa en un ahorro monetario ubicado en otro país. Por tanto el superávit comercial es una de las fuentes de inyección de dinero en una economía que estimulan la producción y la demanda. Un país como Alemania consigue que su sector privado doméstico tenga un ahorro positivo pese a que el estado alemán mantiene un superávit fiscal gracias a su permanente saldo comercial positivo. En cambio, en una economía con un déficit comercial permanente, se produce una fuga en el sistema. Los consumidores destinan parte de su renta a comprar producción del extranjero. Cómo Ingreso=gasto=producción eso significa que parte de la producción nacional no se venda. Una producción que no se vende llevará a los empresarios a reducir su producción, lo cual aumentará el paro. Una solución es que los hogares se endeuden, como ocurrió durante nuestra burbuja inmobiliaria. Así los consumidores pueden comprar sus BMW y los pisos construidos en su país y el resto de la producción nacional. Pero el endeudamiento privado suele tener un recorrido limitado.

La otra es que el estado mantenga el nivel de producción y demanda elevando su gasto o bajando impuestos. Normalmente el déficit comercial suele ir acompañado de un déficit fiscal. Esta solución deja a todos contentos. Los exportadores tienen sus apuntes contables, los consumidores del país deficitario consumen más de lo que produce su economía. Quizá el perdedor sea el trabajador alemán o chino, que claramente vive por debajo de sus posibilidades. Está claro que el sector externo genera activos financieros para los países exportadores, pero estos nunca se reparten de forma equitativa. Otras cuestiones por analizar: los efectos sobre el desempleo de aquellos países cuyos gobiernos se empeñan en mantener políticas de austeridad cuando tienen un déficit comercial y qué pasa cuando un país con déficit por cuenta corriente pretende mantener dijo el tipo de cambio.

Un modelo circuitista

En la serie de hilos anteriores traté de explicar el origen el dinero. Intentemos representarlo gráficamente. Partiré de un circuito económico estilizado donde solo hay intercambio real de mercancías y servicios. Los hogares reproducen la fuerza de trabajo que emplean los empresarios para producir bienes y servicios que se destinan a la venta en el mercado doméstico o a la exportación.


Los hogares compran esas mercancías y otras producidas en el extranjero para satisfacer sus necesidades de consumo. Hay también un gobierno que extrae recursos de la economía para entregar bienes y servicios públicos. Este circuito no se puede poner en marcha sin un agente que aporte crédito. Podemos imaginar que los bancos pueden adelantar el dinero necesario para que los empresarios contraten a los trabajadores e iniciar el ciclo productivo.




Los trabajadores cobran un salario que entra como renta en los hogares con la cual pueden comprar el producto de su trabajo en el mercado. De esta forma el empresario recupera el dinero que adelantó inicialmente y distribuir los beneficios a sus accionistas. También podemos imaginar que los bancos financien el consumo de los hogares con préstamos hipotecarios o préstamos al consumo. El dinero llegará a los empresarios que lo utilizarán para contratar trabajadores o pagar dividendos. Si el circuito funciona bien, tanto empresarios como hogares obtendrán fondos en el futuro para reintegrar los préstamos.

La amortización de los préstamos cancela el dinero inicialmente creado por los banqueros (por eso las fechas se pintan en rojo). El banquero espera recuperar más dinero del que prestó inicialmente. Quiere obtener unos intereses de donde salen sus beneficios. ¿Cómo es eso posible si solo existe el dinero que el mismo puso en circulación? ¿Quizá creando nuevos préstamos por mayor importe que los anteriores?

Es de esperar que los banqueros reinicien el siguiente ciclo productivo con nuevos préstamos pero eso no tiene que ocurrir necesariamente. Si las expectativas económicas empeoran podrían optar por no prestar.

Es obvio que en este esquema falta algún agente económico.Además el ciclo económico descrito tiene fugas. Hay compras que se hacen a productores extranjeros y por tanto las rentas que han pagado pueden no retornar al empresario. Los beneficios repartidos en forma de dividendos suelen acabar retenidos como ahorros y no se gastan.

El gobierno puede aportar los fondos adicionales que necesita la economía. El estado compra parte de la producción y emplea a parte de la fuerza de trabajo al ejecutar el gasto público.

Este gasto inyecta nuevo dinero en la economía y puede mantener el nivel de demanda para compensar todas las fugas del sistema: ahorro e importaciones. Incluso si los bancos deciden no dar préstamos el estado puede suplir la caída de demanda en el sector privado.aceptado antes tiene que imponer una obligación de pagar impuestos a la población.

Solo el estado puede aportar aquello que la población puede utilizar para pagar los impuestos. La población buscará con avidez ese dinero que necesita para redimir sus obligaciones tributarias. También pueden utilizar el dinero bancario para pagar los impuestos y el estado lo acepta (otra razón por la que el dinero bancario tiene aceptación).

Pero recordemos que los préstamos bancarios tienen que ser devueltos. Así pues el dinero bancario utilizado para pagar impuestos tiene que reponerse con nuevo dinero creado por el estado. Si no, los empresarios y hogares no podrán devolver los préstamos adelantados por los bancos. Los impuestos destruyen el dinero creado por el estado (no financian al estado), por eso están ilustrados con flechas rojas que llevan a un cubo de basura. Así pues, aunque los impuestos son necesarios para que el dinero sea aceptado es importante que siempre sean algo menores al gasto público. De lo contrario, entraríamos en un proceso deflacionista como el que asola a la Europa de la austeridad y la obsesión compulsiva y dogmática por el equilibrio presupuestario. Así que los beneficios de los empresarios y de los banqueros son en parte posibles porque el estado crea el dinero que permite materializar sus beneficios en forma monetaria.

Recordemos que las importaciones representan una fuga del circuito económico. Pero, a sensu contrario, las exportaciones representan una fuente de divisas y endeudamiento externo que dan salida a la producción que no consume la población nativa.

Kalecki desarrolló la famosa ecuación de beneficos. Estos son iguales a : +inversión +consumo de los capitalistas +déficit del gobierno +superávit comercial +endudamiento de los trabajadores. El circuito económico y monetario descrito recoge algunas de estas fuentes de beneficio. En un post anterior expliqué esta ecuación.

Todos los gráficos anteriores se pueden describir en este gráfico resumen pero está mucho más atestado.

martes, 20 de noviembre de 2018

Renunciad a toda esperanza: Actitudes alemanas ante las propuestas de reforma de las instituciones de la Eurozona

En reiteradas ocasiones he manifestado que el diseño de la zona euro es defectuoso. Creo que esta constatación está bastante generalizada y reconocida entre los economistas progresistas y los partidos de la izquierda como Podemos o Izquierda Unida. Entre los partidos conservadores y de centro izquierda, como el PSOE, en cambio, no parece existir una conciencia clara al respecto y más bien predomina el sentimiento de culpabilidad que atribuye todos los males de la pasada crisis a comportamientos irresponsables de los países periféricos o supuestas ineficiencias o a bajas productividades de nuestra economía. Es lógica esta discrepancia en las percepciones de unos y otros pues, para la derecha, el euro es la palanca que permite justificar las reformas neoliberales que inspiran el diseño de una moneda que escapa a la soberanía democrática mientras que, para la izquierda, la política de austeridad ha servido de ariete para cargarse el estado del bienestar.

El proyecto euro debería ser causa para que los partidos de izquierda pidieran la recuperación de la soberanía monetaria. Sin embargo, ofuscados por una interpretación errónea de la ideología internacionalista que los convierte en lo que llamo la “izquierda globalizante”, la mayoría de los expertos de tales partidos se han dejado convencer por la ilusión de que será posible reformar las instituciones que gobiernan la Unión Económica y Monetaria (UEM) Europa en el sentido de suavizar las políticas de austeridad. Ingenuamente tales partidos en realidad solo pretenden aplicar una austerity light, frente a la austerity hard que viene de serie en los Tratados de la UE.

Uno de los más activos proponentes de esta vía es el antiguo ministro de Hacienda griego, Yannis Varufaquis, cuyo movimiento Diem 25, propone democratizar las instituciones europeas. Resulta llamativo que la víctima de la tortura europea del “submarino” aplicada por Schäuble, el anterior ministro alemán de Economía, y Diesselbloem, anterior presidente del Eurogrupo, aun conserve fe en un proyecto que está tan lejos de ser progresista, democrático y reformable. ¿Se trata de un caso de síndrome de Estocolmo? Basta con leer el artículo 40 del Tratado de la Unión Europea para darse cuenta de que reformar los tratados requeriría una especie de conjunción astral política.

Organizaciones como el think tank europeísta Brueghel y trabajos de la Comisión Europea o del FMI llevan varios años proponiendo parches a la UEM tales como el seguro de desempleo europeo o mecanismos de rescate tales como un fondo para “días lluviosos” que pretenden simultanear las líneas de financiación a países que experimenten shocks macroeconómicos asimétricos manteniendo suficientes mecanismos disciplinarios que evitarían problemas de “riesgo moral”.

En anteriores posts he explicado por qué tales medidas resultan insuficientes e inadecuadas. Por ejemplo aquí:

https://chartalismo.blogspot.com/2017/06/reflexiones-de-quienes-no-dejan-de.html

https://chartalismo.blogspot.com/2017/09/el-fondo-monetario-europeo-otro-peldano.html

Desde la TMM hemos explicado cómo la solución a los problemas del euro requiere de una unión fiscal con un presupuesto que represente una fracción relevante del PIB europeo gestionado desde una autoridad federal o la supresión de todos los límites arbitrarios a los déficits de los gobiernos nacionales combinada con el apoyo sin condiciones del Banco Central Europeo a la deuda soberana de los estados. Tales propuestas ni siquiera están en la agenda de ninguno de los partidos políticos españoles lo cual revela la pobre comprensión de los sistemas monetarios que exhiben nuestras élites políticas y económicas, razón por la que el pueblo español está condenado a padecer muchos más años de políticas generadoras de pobreza y desigualdad a la vez que de forma propagandística se le venden las excelencias del mayor proyecto de desarbolamiento de los estados de bienestar que se haya conocido jamás. Lo patético es comprobar que el pueblo español lleva sufriendo estas políticas desde hace 40 años sin que éstas tengan consecuencias electorales serias entre los partidos políticas. El pueblo español debe ser uno de los más sumisos del mundo.

El despiste de la izquierda española es aún más grave de lo que parece porque parte de una negación de la realidad. Creo que hay suficientes motivos para creer que países como Alemania jamás accederán a tales reformas. Recientemente un estudio realizado por Mathias Dolls y Nils Wehrhöfer, publicado por el European Networtk for Economic and Fiscal Policy Research (Dolls & Wehrhöfer, junio 2018), revela la tremenda hostilidad de la opinión pública alemana hacia las tímidas reformas propuestas desde los think tanks europeístas y la comisión que tan cándidamente apoya la izquierda. El estudio, realizado entre una muestra sociodemográficamente representativa de más de 2.600 encuestados evaluó las actitudes de los alemanes frente a dos medidas estelares propuestas por los reformistas del euro: el plan de prestaciones de desempleo europeo (PPDE) y el Procedimiento de Insolvencia Soberana (PIS).



La metodología empleada por los autores incluyó una explicación de ambas propuestas a los participantes, así como la presentación de argumentos favorables y contrarios. Aunque los argumentos a favor fueron los mismos para todos, los argumentos en contra variaron de forma aleatoria entre los voluntarios. Contra el PPDE se presentaron los siguientes argumentos alternativos:


(a) Conduciría a transferencias permanentes desde los países de bajo nivel de desempleo hacia los países con alto desempleo.

(b) Facilitaría incentivos adversos en estos países (riesgo moral).


A su favor se arguyó que el PPDE estabilizaría la unión monetaria en crisis futuras.


En el caso del PIS el argumento a favor afirmaba que fortalecería la disciplina de mercado y que los inversores privados asumirían las pérdidas en caso de insolvencia de un estado protegiendo a los contribuyentes. En contra se presentaron dos motivos:


(a) podría intensificar las crisis (profecía autocumplida).

(b) podría beneficiar a los países con deuda pública baja a expensas de los países altamente endeudados por el alza de las primas de riesgo.


Los encuestados podían responder en una escala del 1 al 5; donde 1 significa “fuertemente a favor”, 2 “a favor”, 3 “indiferente”, 4 “en contra” y 5 “fuertemente a favor”.

La mayoría de los encuestados rechazaron el PPDE con un 37% manifestándose en contra y solo el 18% apoyó la propuesta. Este rechazo fue aún mayor entre quienes fueron expuestos al argumento de que tal propuesta llevaría a transferencias fiscales permanentes.








En cambio, la propuesta PIS resulto más popular con una tasa de apoyo del 48%.

Se controlaron las respuestas empleando otras variables tales como un mayor índice de altruismo o el cosmopolitismo de los participantes. Entre los “altruistas” y “cosmopolitas” hubo un rechazo menos marcado hacia el PPDE. El cosmopolitismo del respondedor también influyó en una mayor aceptación del PIS pero la propuesta fue peor acogida entre las personas con un mayor índice de altruismo. Aunque los aspectos de protección al contribuyente a la vez que se hace responsables a los inversores pueden resultar atractivos para personas altruistas, probablemente su potencial de exacerbar las dificultades económicas entre los países afectados por crisis económicas le restaron atractivo.

En todo caso el estudio revela un altísimo rechazo a cualquier noción de transferencias fiscales desde el Alemania a cualquier otro país europeo. Esta oposición no se manifiesta en el mismo grado hacia sus compatriotas alemanes del Este. Esto implica que no hay un rechazo a las transferencias fiscales per se sino a que el beneficiario sea el residente de otro país.

El estudio resulta altamente clarificador acerca de las preferencias de los alemanes. Pone de manifiesto cómo los sentimientos nacionales son fundamentales para facilitar la solidaridad entre individuos de una misma comunidad nacional y explican por qué una unión fiscal es tan improbable en la Unión Europea. Los ciudadanos de una misma comunidad nacional no suelen ser conscientes de que dentro de sus fronteras existen regiones fiscalmente deficitarias o superavitarias. Existen vínculos afectivos entre los miembros de la comunidad que justifican la solidaridad entre las regiones sea algo natural y conveniente. Tales vínculos no existen entre los habitantes de, digamos, Estonia y Portugal de forma que un ciudadano del país báltico tendría serios inconvenientes para aceptar que sus impuestos sirvan para asegurar un mayor nivel de bienestar en el país ibérico. Recordemos que precisamente uno de los argumentos más recurrentemente empleados por los secesionistas catalanes es la queja por la solidaridad hacia las comunidades autónomas menos ricas de España.

Constatar este tipo de actitudes y trabas al avance del proyecto europeísta ha estado mal visto en Europa y uno corre el riesgo de ser señalado como racista, xenófobo, nacionalista, ignorante o algo peor, sobre todo cuando el interlocutor se considera progresista. Sin embargo, el señuelo del internacionalismo ha sido la herramienta perfecta para justificar que la soberanía monetaria fuera arrebatada a los pueblos y entregada a un organismo no elegido democráticamente y gestionado de forma opaca como el Banco Central Europeo. Compartir moneda con los estonios, lejos de ser un ejercicio de solidaridad con un lejano pueblo báltico al cual nos unen escasos vínculos culturales y afectivos, es una forma de arrebatar del proceso democrático la toma de decisiones sobre las herramientas de política económica más relevantes.

En conclusión, la ceguera de los partidos progresistas de los países periféricos queda patente cuando sus ilusorias propuestas de modestas reformas se contraponen con los auténticos sentimientos nacionales de los países del Norte. Entre un programa solidario y un programa que condena a los estados a un procedimiento de insolvencia causada por el nefasto diseño del euro, los alemanes eligen PIS.

domingo, 21 de octubre de 2018

Cuidados paliativos: acuerdo sobre los presupuestos generales del estado

21 de octubre de 2018

El acuerdo suscrito entre Podemos y PSOE sobre el proyecto de presupuestos generales del estado ha sido presentado triunfalmente por sus signatarios como una reversión de años de austeridad. Lamento desempeñar el papel del eterno cascarrabias pero disiento: el acuerdo resulta profundamente decepcionante. Acepto que hay aspectos positivos y que el acuerdo refleja una mayor sensibilidad social; algo no difícil por contraste con la ameba sin sentimientos que nos gobernaba hace poco. Pero no podemos evitar una cierta melancolía al comprobar cómo, una vez más, la izquierda pierde la oportunidad de quebrar las reglas de juego y salir del terreno acotado por el neoliberalismo y su manifestación en las tierras europeas: el euro. PSOE y Podemos se someten a las rancias normas de disciplina presupuestaria marcadas por los Tratados de la UE. El resultado es una declaración de buenas intenciones que no empieza a abordar los graves problemas que padece la sociedad española.


Quizá el punto que más me ha agradado es la propuesta de subir un 22% el salario mínimo interprofesional hasta 900 €. Ayuda a revertir años de erosión a las rentas más bajas. Pero, llevamos tiempo recomendando desde la TMM una alternativa superior conocida como plan de trabajo garantizado. Por su potencia como herramienta de estabilización macroeconómica los dirigentes progresistas deberían conocerlo. Ciertamente Izquierda Unida llevó la propuesta en su programa electoral y este autor fue a explicárselo en compañía de Warren Mosler al asesor económico de Pedro Sánchez –aunque obviamente no lo entendieron a tenor de la versión de plan de empleo de transición que presentaron en su programa electoral; copiaron el nombre propuesto por Mosler pero se olvidaron del contenido. Un programa de trabajo garantizado liquidaría muchos de los problemas que estos acuerdos pretenden resolver sin necesidad de vigilar su cumplimiento, algo difícil sin prever la contratación de muchos más inspectores de trabajo. Un plan de trabajo garantizado también obviaría la necesidad de plantear la nueva regulación del sistema de protección asistencial por desempleo que propone el acuerdo.

También me parece positivo el compromiso de mejorar las pensiones más bajas hasta que alcancen al menos el 60% del salario medio. Creo que la indexación de las pensiones no es una idea acertada por su potencial inflacionista pero eso ahora, en un entorno de baja inflación, es un tecnicismo.

En el acuerdo encontramos reversiones parciales de decisiones lesivas tomadas por el gobierno de Rajoy: algunas que comprometieron la gratuidad y el acceso universal a la sanidad pública así como determinados copagos sanitarios; algunos recortes en educación; se recuperan becas educativas; y se introducen partidas para la entrega de material escolar gratuito. Resultan también positivas las mejoras en la Ley de la Dependencia, víctima de una de las acciones más miserables de un PP que no dudó en cebarse con la parte más débil de la sociedad.

El problema es que domina el criterio de una recuperación parcial de derechos perdidos. Pequeñas mejoras que ayudan a paliar la larga década de austeridad. Un pasito p’alante después de varios pasos de retroceso durante la década de la austeridad. Hay más ejemplos de cuidados paliativos: para combatir pobreza infantil se introducen ayudas a los comedores escolares, se pretende extender la escolarización entre 0 y3 años y —¡atención!— se eleva el ingreso mínimo vital a 473 euros por hijo y año. Han leído bien: por hijo y AÑO. La infancia es nuestro futuro y debe gozar de la máxima protección, sobre todo cuando nos enfrentamos a una crisis demográfica como la presente, pero en el pacto entre Podemos y PSOE solo pueden ofrecer 473 euros por año.

Más cuidados paliativos: la partida destinada a ciencia, una de las más desangradas por el gobierno del PP, vuelve a crecer, pero tan solo un escueto 6.9%, guarismo que, ni de lejos, recupera los niveles anteriores a la crisis. Para eso no hace falta cumplir el otro acuerdo para recuperar el personal investigador perdido: ¿con qué recursos investigarán estos nuevos científicos? Para la ciencia española la crisis de austeridad continúa.

La mayoría de los restantes acuerdos tendrán un impacto presupuestario limitado. Se pretenden derogar, antes de finalizar 2018, los aspectos más lesivos de la reforma laboral de 2012 y medidas que mejorarán los derechos de los trabajadores. Pero, ¿por qué no plantear su derogación total? Probablemente porque en 2011 Jean Claude Trichet y Miguel Ángel Fernández Ordóñez enviaron una célebre carta, cuyo contenido no fue revelado hasta varios años después por Rodríguez Zapatero. En ella el Banco Central Europeo condicionó la compra de nuestra deuda soberana en los mercados secundarios a la introducción de una serie de reformas de tenor neoliberal que ahora esta izquierda sin médula no osa repudiar.

En lugar de plantear la abolición del legado tóxico de la reforma del artículo 135 de la Constitución Española llamado Ley Orgánica de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera (LOEPSF), se pretende mitigarlo facilitando que “las Corporaciones Locales puedan destinar parte de su superávit a realizar Inversiones Financieramente Sostenibles (IFS) financiando y mejorando las escuelas infantiles actualmente gestionadas por estas administraciones” (…) y “otras materias con repercusión social”.

¿Qué significa “Inversiones financieramente sostenibles”? Suena a un concepto empresarial. Abunda en la idea falaz de que las administraciones públicas son como hogares o empresas que necesitan ser financiados y gestionados con criterios de rentabilidad. Es evidente que una administración local no es como un estado emisor de moneda y es cierto que los ayuntamientos y comunidades autónomas deben financiarse con impuestos o transferencias del estado. Pero si, por motivos ideológicos, empezamos a exigir criterios de estabilidad financiera que corresponden a otros ámbitos como el empresarial, entraremos en dinámicas de ejecución de gasto público que no responden a la misión de una administración pública. De allí a la privatización de los servicios públicos y a la justificación de recortes nocivos para las prestaciones sociales y los servicios públicos hay un paso. En lugar de poner el foco en la calidad y eficiencia de programas públicos diseñados para mejorar la vida de los ciudadanos y desarrollar comunidades sólidas y garantizar una adecuada financiación de las corporaciones locales se imponen permanentes recortes que los degradan, arruinan la vida de las personas y destruyen las comunidades. Una consecuencia de la degradación de los servicios públicos es el abandono de pueblos del interior que el acuerdo de nuevo pretende atender con paños calientes.

Pero volvamos a este concepto aberrante de inversiones “financieramente sostenibles”. La LOEPSF prioriza que las administraciones locales paguen la deuda bancaria. Solo en el caso de que tuvieran superávit o un remanente de tesorería podrían destinar fondos a financiar inversiones financieramente sostenibles. Esta condicionalidad es mayor cuando el gasto de inversión en estos grupos de programas sea superior a 10 millones de euros y suponga un incremento de los gastos corrientes vinculado a los proyectos de inversión porque entonces requerirá autorización previa de la Secretaría General de Coordinación Autonómica y Local, del Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas. Estas inversiones solo se pueden destinar a un limitado tipo de proyectos como alcantarillado, alumbrado, vías públicas, etc. La LOEPSF no fue solo un instrumento para instalar a España en la deflación permanente sino que además se convirtió en la herramienta para suprimir de la autonomía local, lo cual encajaba muy bien con el programa autoritario y recentralizador del PP. Este aparato normativo no merece ser suavizado, debería ser eliminado de una vez por todas.

El resto de medidas son un maremágnum de declaración de buenas intenciones sin apenas asignación presupuestaria. No las citaré todas. Mencionaré por ejemplo que se pretenden cambios normativos necesarios en relación con el funcionamiento del mercado eléctrico para acabar con la sobrerretribución. ¿Y por qué no plantear de una vez la nacionalización de unas empresas que operan bajo un régimen de monopolio natural? También se quiere proteger a la ciudadanía frente a la adicción a las apuestas y los juegos de azar y la ludopatía, actividades económicas que simplemente deberían ser prohibidas por ser fraudulentas y atentar contra la salud pública.

Imbuidos de la ideología del estado Robin Hood, que solo puede dar a los pobres si previamente recauda impuestos de los ricos, se plantean reformas que pretenden aumentar la recaudación. No nos parecen mal algunas como un tipo tributario mínimo en el Impuesto de Sociedades. Pero el Impuesto transacciones financieras, que pretende reducir la especulación financiera imponiendo una tasa del 0,2% sobre las operaciones de compra de acciones españolas ejecutadas por operadores del sector financiero, no conseguirá su objetivo. Si esas transacciones no son deseables ¿por qué no prohibirlas directamente en vez de crear un impuesto que difícilmente arredrará a los especuladores?

Se podía haber trabajado en una mayor progresividad fiscal, por ejemplo igualando de una vez por todas los tipos de tributación sobre las rentas del ahorro con los de las rentas del trabajo o reduciendo el tipo general de IVA en lugar de conceder rebajas testimoniales de tipos que gravan consumos que interesan a algunos colectivos con mayor capacidad de movilización. De nuevo encontramos la timidez y falta de osadía características de una izquierda sin médula e invertebrada.

En todo caso al acuerdo le queda mucho recorrido antes de convertirse en ley. En primer lugar tiene que ser sometido a la censura previa de la Comisión Europea. Si Bruselas tiene que aprobar nuestros presupuestos ¿por qué no tomamos ya la medida más práctica de cerrar las Cortes Generales? El Gobierno italiano ha preferido presentar un presupuesto insumiso con un objetivo de déficit del 2,4% que ha irritado sobremanera a los dogmáticos de Bruselas. El Gobierno español, gobernado por la izquierda sin médula e invertebrada, ha preferido ser más obediente, prometiendo, ante las reclamaciones de Moscovici, que “hará un ajuste mayor que en los cuatro últimos años de Rajoy”. No nos cabe ninguna duda de que, este año y posiblemente el siguiente, el déficit español se reducirá. De hecho la recaudación está alcanzando registros superiores a los de antes de la crisis. Eso es consecuencia del efecto de los llamados estabilizadores automáticos: cuando llega la recuperación económica también lo hace la recaudación. Nada milagroso, es simplemente una consecuencia del ciclo económico. Este efecto se ha acentuado por las reformas sobre el sistema tributario que aumentaron las tasas durante la etapa en que se pretendió aplicar políticas de austeridad de carácter procíclico, es decir, temerariamente diseñadas para profundizar la depresión.

Sigue habiendo muchas necesidades sin atender; muchas cicatrices y heridas mal curadas legadas por la crisis. ¿Se podría hacer más que lo que ofrece este acuerdo presupuestario? ¡Sin duda! Entonces, ¿por qué Podemos y PSOE pactan un acuerdo tan poco ambicioso? La fragmentación parlamentaria y el sometimiento a las reglas del juego impuestas por nuestra pertenencia a la UE quizás obligan un ejercicio de pragmatismo.

Pero me temo que la cuestión es mucho más profunda. El alcance del acuerdo demuestra que gran parte de la izquierda ha sido capturada ideológicamente por el pensamiento económico neoclásico. Esta ideología permea hasta en sus últimos poros la Ley Orgánica de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera, la reforma del artículo 135 de la Constitución, el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la UE y toda la restante parafernalia normativa asociada. Inspira también el Tratado de Maastricht y los Tratados de la Unión Europea. Es una ideología que se deriva de una profunda ignorancia sobre la función macroeconómica del déficit público.

Entre los economistas del gobierno domina la idea neokeynesiana de que el  saldo presupuestario de las administraciones públicas, en el largo plazo, debe estar equilibrado. Los déficit de hoy deberán ser pagados en el futuro con superávit. Esta ficción está solo en su mente pues un estado emisor de moneda siempre podrá mantener un déficit, llueva, truene o granice. El hecho de gastar más de lo que recauda hoy no afecta en absoluto la capacidad del estado de gastar en el futuro. De la misma forma que la decisión del emperador Trajano de gastar en la construcción de un acueducto en Segovia no impacta en absoluto nuestra capacidad de gasto actual, dejándonos sin embargo un hermoso monumento que disfrutan y visitan millones de turistas. Desde un punto de vista financiero, la decisión de gastar hoy es un hecho que impacta el presente pero no al porvenir y la decisión de gastar mañana afectará al futuro pero no al pasado. Lo que sí hace relevante una decisión de gasto pública es que eleve la disponibilidad de recursos en el futuro. Ciertamente las políticas de austeridad no elevan esa disponibilidad de recursos.

Las ministras de Economía y de Hacienda, Nadia Calviño y María José Montero, no lo saben y sin duda se adhieren al principio de que ahora toca ser “responsables” porque posteriormente, cuando llegue otra crisis, un estado excesivamente endeudado no podrá responder por carecer de espacio fiscal. Esto solo sería así si el Banco Central Europeo decidiera chantajearnos de nuevo como hizo Trichet en 2010 y desde luego no lo sería si recuperáramos nuestra soberanía monetaria. Desprovisto el estado de su soberanía monetaria quedamos sometidos al humor del cónclave que gobierna el Banco Central Europeo, que podrá decidir hoy si respalda nuestra deuda y mañana no. Pero debe quedar meridianamente claro: el Banco Central Europea puede dejar los rendimientos de la deuda pública en 0%, si quieren, mañana mismo. Si no lo hacen es por un error de diseño de las instituciones que gobiernan el euro que no es nada inocente.

Las condiciones institucionales y los dogmas vigentes se combinan fatalmente para dejar inerme a la izquierda. Esta izquierda europeísta, incapaz de cuestionar el andamiaje estructural del euro, nunca podrá ofrecer más que un poco menos de austeridad hoy a cambio de más austeridad en el futuro.

En resumen, meros cuidados paliativos; renuncia a revertir con decisión las reformas más aberrantes y nocivas introducidas durante el largo ciclo de austeridad; temor reverencial a las autoridades de Bruselas. Los dirigentes de la Izquierda sin médula, domesticada y sumisa no pueden plantear una salida del euro. Carecen de la convicción y los recursos para desarrollar doctrinas económicas alternativas y sacarnos del laberinto de la austeridad. Pero el caso es que ese proyecto europeo anula a los progresistas. Es por ello la dictadura perfecta; el laberinto sin salida en el que no podremos escapar nunca del Minotauro neoliberal. Cuando hablo con algunos economistas de Unidos Podemos suelen admitir en privado que dentro del euro tenemos pocas opciones para desarrollar políticas que reviertan los años de austeridad. Pero se niegan a confirmarlo en público. Parece que están esperando a que el público cambie su opinión sobre el euro sin advertir de que el liderazgo político consiste precisamente en formar a la opinión pública. Una opinión manipulada por los medios dominantes que no escucha otra cosa que las excelencias del proyecto europeo y lo desastroso que es el Brexit nunca cambiará espontáneamente. Es imprescindible que alguien explique por qué el proyecto europeo es lesivo para sus intereses.  O la izquierda cambia y se atreve a liderar la salida del euro y la reversión de la política de austeridad o quizá sus votantes los cambien por otros políticos.

jueves, 18 de octubre de 2018

IMAGINEMOS UNA DERECHA MARXISTA


El presidente del PP, Pablo Casado, declaró ayer que no era “aceptable una revisión al alza del salario mínimo interprofesional a 900 € porque el aumento de los costes laborales unitarios erosionaría los márgenes empresariales y se revertirían las ganancias que han obtenido los capitalistas y el 1% más rico gracia a la crisis económica”. Demostraba así sus conocimientos adquiridos durante la realización de su trabajo de fin de máster en la Universidad Rey Juan Carlos sobre la teoría del valor marxista y la extracción de plusvalía.


Hace pocos días, el presidente de la CEOE, Juan Rosell, protestó amargamente por la caída del paro en España porque “dependemos de un abundante ejército industrial de reserva” —refiriéndose a los parados—“para que los trabajadores no se suban a la parra con reclamaciones salariales. Bastante nos ha costado debilitar a los sindicatos para asegurarnos de que los trabajadores no tengan poder de negociación para que ahora estos pierdan el miedo al desempleo” añadió. “De que los capitalistas mantengamos una tasa de rentabilidad cada vez mayor depende que consolidemos nuestras fortunas y se mantenga la desigualdad en el reparto de la riqueza que para nosotros es óptima”. Rosell es un reconocido experto en el pensamiento de Rosa Luxemburgo y del economista polaco Michal Kałecki.


También recientemente el comisario Moscovici advirtió contra cualquier pretensión de ampliar el déficit público en Italia porque “eso permitiría reducir el desempleo al tener un efecto expansivo sobre la demanda agregada, algo que encontramos inadmisible. No queremos que todos los italianos encuentren trabajo porque se debilitaría el poder negociador de los empresarios”.


Un estudio del Financial Times, que utilizó la metodología Stock Flow Consistent del economista Wynne Godley, halló que, gracias a que los estados han aplicado políticas de austeridad, los servicios públicos se han degradado y además se ha reducido el ahorro de las familias lo cual permitió un reparto de la riqueza deseablemente desigual. “Nos congratulamos porque eso ha permitido justificar privatizaciones de servicios públicos esenciales. Son más costosos para la sociedad pero han dejado mayores beneficios para los capitalistas. Además la eliminación del déficit público ha permitido crear una cultura de la escasez que es muy útil para amedrentar a las clases populares y mantenerlas sometidas”.


Finalmente el economista Juan Rallo, que ha profundizado en sus conocimientos de la teoría monetaria moderna, advirtió que, “de aumentar el déficit público en España podríamos encontrarnos con que las familias más pobres dejarían de endeudarse con los bancos. No quiero que mis patrocinadores, los banqueros, pierdan oportunidades de conceder créditos a las familias de clase media. El endeudamiento privado permite mantener el nivel de consumo sin subir los sueldos, los bancos obtienen beneficios y las familias más humildes estarán pilladas con préstamos hipotecarios durante muchos años. ¿Os imagináis que las familias pudieran alquilar viviendas en un parque público? Sería desastroso para la rentabilidad del sector inmobiliario”.

Los anteriores comentarios pueden sonar brutalmente francos y sinceros pero no se preocupen, son apócrifos. Si los conservadores hiciesen este tipo de afirmaciones estarían actuando de forma honesta porque, realmente, muchas de las políticas económicas actualmente defendidas por las derechas pretenden crear un entorno de escasez artificial —escasez de empleos, escasez de bienes públicos, escasez de dinero— que sirve para defender los beneficios de las clases más adineradas y mantener disciplinada a la clase trabajadora. Pero las derechas son más astutas. Han desarrollado su propio lenguaje que es más elegante, o hipócrita si lo prefieren. Para justificar la necesidad de reducir el déficit público prefieren emplear falaces analogías de un hogar bien llevado que no puede endeudarse excesivamente pues de lo contrario quebraría. La represión salarial se justifica previniendo contra los potenciales efectos inflacionistas de políticas mientras que el poder negociador de los trabajadores se socava argumentando que hay escasez de puestos de trabajo por culpa de la tecnología o por las prácticas anticompetitivas de los sindicatos.

A la derecha no le hace falta ser franca para defender las políticas macroeconómicas que convienen a sus intereses económicos. Cuentan con un lenguaje alternativo, políticamente correcto y pseudocientífico, que permite justificar las mayores barbaridades económicas sin sonrojarse y sin quedar en evidencia. Este lenguaje se llama economía neoclásica o neokeynesiana (según el interlocutor sea poco más o menos liberal) y es el falso conocimiento que se enseña en las facultades de economía y se difunde a través de los medios de comunicación. El pensamiento económico dominante, desde la época de Adam Smith hasta la de nuestros días, es un corpus de doctrina utilitario que no pretende descubrir ninguna verdad ni aplicar un método científico riguroso para describir la realidad. Su función es vestir con una tramoya y tapar con fuegos de artificio opciones de economía política contrarias a los intereses de la mayoría social que, de otra manera, serían imposibles de justificar en una democracia.

Armados con herramientas aparentemente científicas, trabajos llenos de ecuaciones en su mayoría innecesarias y explicaciones con la sobria apariencia de rigor académico, los economistas respaldan siempre los discursos de las organizaciones empresariales como la CEOE o las actuaciones de ministros como Rato, Montoro, Boyer, Solchaga, Solbes o Calviño. Los organismos multilaterales, cuyo personal está reclutado entre las cohortes salidas de las facultades de Economía, como el FMI, el Banco Mundial, la OCDE o la Unión Europea también validan las recetas de austeridad con trabajos que pretenden tener un carácter científico. Así la Comisión Europea no desaprovecha ocasión para reñir a cualquier gobierno que ose cuestionar los arbitrarios límites de déficit y deuda. El FMI lleva décadas exigiendo moderación salarial. Los bancos centrales, independizados del poder político para asegurar su integridad ideológica, no cesan de advertir a la sociedad de la necesidad de austeridad, moderación salarial y déficit públicos reducidos.

Por cierto, no es casual que la ideología neoliberal haya alcanzado su apogeo en la época en la que España retornó a la democracia. Aplicar las políticas de represión salarial utilizadas por la dictadura franquista habría resultado imposible en un régimen democrático. Era fundamental utilizar otros métodos para conseguir lo que pretendían las élites empresariales de este país y, para ello, se contó con la colaboración indispensable de los profesionales de la doctrina económica.

Lo sorprendente no es que la derecha haya desarrollado categorías y axiomas útiles para justificar su acción política. Lo que sí resulta asombroso es constatar cómo los políticos progresistas y muchos sindicalistas han tragado el anzuelo, el flotante y la caña entera. Así nos encontramos con economistas de los sindicatos preocupados por los efectos inflacionistas de una política de pleno empleo o dirigentes de partidos de izquierdas que denuncian el crecimiento insostenible de la deuda pública. Es lamentable comprobar como una y otra vez prefieren utilizar el lenguaje y los conceptos de una pseudociencia creada para servir intereses contrarios a los de quienes pretenden representar.

Esto es aún más indecoroso pues es sabido que existe una escuela de pensamiento progresista que ha desarrollado una teoría monetaria moderna que desmonta los mitos generalmente difundidos sobre los déficits públicos o la escasez de empleo y dinero. Sin embargo, los dirigentes de estas organizaciones argumentan utilizando los mismos axiomas de la doctrina conservadora. Así encontramos como el recién elegido presidente de México, López Obrador, ha designado un ministro de Hacienda que amenaza con aplicar una austeridad draconiana. En Grecia el gobierno de Syriza ha realizado el trabajo sucio que su antecesor conservador, Nueva Democracia, no osó hacer privatizando todos los activos del pueblo griego para luego alardear de haber alcanzado un superávit primario. En Portugal un gobierno que se dice progresista aplica políticas que van a llevar el déficit al 0,2% del PIB, cargándose de paso el ahorro del sector privado. En España también tenemos un gobierno que dice ser progresista que promete a Bruselas que reducirá el gasto público y que esta vez sí—de verdad de la buena, no como ese incumplidor Montoro— España cumplirá con los objetivos de déficit (“los compromisos con nuestros socios europeos”). Así se explica que las izquierdas españolas presenten como un gran avance unos presupuestos generales del estado que, lejos de atender con decisión y ambición las urgentísimas necesidades de las clases populares más golpeadas por la crisis, se conformen con ofrecer unos pocos paños calientes en un documento que sumisamente se someterá a la censura previa de Bruselas.

No encontraremos economistas ni analistas partidarios de la teoría monetaria moderna entre los políticos de derechas. Tal cosa sería absurda, contra natura, irrisoria; sin embargo parece perfectamente natural que entre la izquierda encontremos economistas neoclásicos y neokeynesianos (aquellos partidarios de una versión bastarda del keynesianismo desprovisto de toda la radicalidad a la que podía habernos llevado una comprensión más honesta de la Teoría General del Interés, el Empleo y el Dinero). Es muy difícil encontrar un asesor económico de Podemos que se haya entregado a la compresión de la teoría monetaria moderna. Con suerte encontraremos algún marxista ricardiano trasnochado incapaz de poner al día ese conocimiento con la potencia analítica que ofrece la TMM.

No se puede ser Papa y ateo, protestante y creer en la Purísima Concepción, musulmán y partidario de la Santísima Trinidad, banquero y marxista-leninista. Parece que sí se puede ser político de izquierdas y partidario del pensamiento neoclásico y defensor de la responsabilidad fiscal más rancia.

Empapada del pensamiento económico convencional la izquierda se vuelve inepta y floja. Parece lógico por tanto que coseche fracaso tras fracaso electoral en Europa e ilusione cada vez a menos votantes que prefieren quedarse en su casa el día de las votaciones. ¿Para qué querrían votar a partidos que, una vez alcancen el poder, como mucho les ofrecerán pequeños parches, limosnas, políticas sociales poco ambiciosas y falta de coraje a la hora de enfrentarse a intereses económicos y empresarios? La izquierda ha preferido desarmarse ideológicamente renunciando a profundizar en el pensamiento económico heterodoxo.








Un político de izquierdas contemporáneo es un señor o señora con una cartera llena de excusas para no abordar un cambio transformacional de nuestra sociedad. Puede encontrar muy útil culpar a la globalización que incapacita al estado para responder de forma eficaz. Recurrirá frecuentemente a terroríficos apocalipsis robóticos para justificar que no defiende el pleno empleo. Se presentará como un prudente padre de familia que gestiona la cosa pública con cautela y frugalidad para evitar que la deuda pública se dispare y que los mercados acaben enojándose. La mayoría confundirán internacionalismo con el apoyo al proyecto europeísta neoliberal y reaccionarán horrorizados ante la mínima sugerencia de recuperar una soberanía monetaria que en su mente podría dar lugar a espantosos episodios de hiperinflación tan nocivos para los ahorradores entre los cuales seguramente no hay muchos votantes suyos.

Nos encontramos así con una izquierda sin médula, desprovista de nervio, invertebrada y cobarde. Son frecuentes los personajes sobrevenidos que arrancan sus carreras con un lenguaje radical y prometedor visceralmente atacados por los medios del mainstream, que, a medida que se acercan al poder, empiezan a hacerse más respetables adoptando el lenguaje de la doctrina dominante. Pronto abandonan su radicalismo y hacen concesiones al europeísmo, ese proyecto que de repente parece reformable; a la moneda común, ya que resulta evidente que el retorno a monedas nacionales provocaría turbulencias financieras inasumibles; a la necesidad de demostrar su sentido de la responsabilidad fiscal explicando cómo van a financiar sus programas sociales a la vez que recortan su escala y ambición.

En cambio, cuanta sinceridad brutal entre la ultraderecha en ascenso. Se utiliza argumentos xenófobos para cargar contra un colectivo convertido en chivo expiatorio y las palabras se acompañan de hechos cuando en el poder actúan con contundencia contra los inmigrantes demostrando la capacidad de cumplir con promesas electorales. Se promete y se lanza una guerra comercial contra los chinos para defender unos intereses empresariales y se justifica convenientemente como una política que pretende crear empleo entre las clases trabajadoras apaleadas por la globalización. Juran bajar los impuestos a las clases medias y cumplen bajándolos aún más para las elites económicas; ya se subirán posteriormente los impuestos más regresivos si es necesario. Esta ultraderecha promete cosas horribles y las ejecuta cuando alcanza el poder. La izquierda promete cosas maravillosas y luego se olvida de sus promesas porque no sabe cómo llevarlas a cabo. Se ha encerrado a sí misma dentro de la celada que le presentó el mainstream académico bajo la apariencia de rigor y seridad. Cuanto más cautiva y desarmada ideológicamente está la izquierda más enardecida y ultramontana se tornan las derechas. ¿Alguien todavía tiene problemas para entender la decadencia de los partidos socialdemócratas y el ascenso de los populismos de derechas?