Cita de Roosevelt

"Ningún país, sin importar su riqueza, puede permitirse el derroche de sus recursos humanos. La desmoralización causada por el desempleo masivo es nuestra mayor extravagancia. Moralmente es la mayor amenaza a nuestro orden social" (Franklin Delano Roosevelt)

lunes, 16 de enero de 2017

Lanzamiento de Red MMT



La Asociación Red MMT inicia su

andadura para difundir y divulgar la Teoría Monetaria Moderna.

La Teoría Monetaria Moderna es una necesidad histórica basada en los siguientes principios inspiradores:
  1. Hacia el desempleo cero. No entendemos que se tolere la mayor ineficiencia de nuestras sociedades, el despilfarro de nuestros activos más preciados: las personas. 
  2. Aumentar el aprovisionamiento social. Las personas desempleadas que pueden y quieren trabajar deben movilizarse para proporcionar bienes y servicios que la sociedad necesita y que se dejan sin cubrir. 
  3. Erradicar la precariedad laboral. No podemos permitir que se mantenga un ejército de reserva de desempleados para disciplinar a la fuerza de trabajo en sus demandas de unos derechos y condiciones laborales dignas. 
  4. Equidad e integración. El empleo no es solo una actividad para adquirir una renta monetaria, sino un mecanismo de desarrollo personal y de sociabilidad, de integración y lucha contra la discriminación de género, raza y etnia. 
  5. Reducir la incertidumbre personal. Los efectos perniciosos sobre la salud psicológica provocados por el estrés, la ansiedad y la depresión podrían minorarse eliminando la inseguridad relativa al empleo; además de facultar a los individuos a dejar pasar menos oportunidades para iniciar proyectos de todo tipo por miedo a perder su principal fuente de ingresos. 
  6. Transformar la inversión. La inversión es el elemento crucial que da forma a nuestras sociedades. El sector privado se mueve por el deseo de acumulación de beneficios, siendo las expectativas de obtenerlos el motor que les lleva a tomar las decisiones sobre en qué sectores invertir. El sector público no se ve limitado a los mismos condicionantes, pudiendo ejecutar inversiones transformadoras que no se guían por el mero objetivo del lucro o rentabilidad. 
  7. Equilibrio entre el sector público y el sector privado. Frente a la opulencia privada, es urgente un desarrollo parejo de los servicios públicos que redunde en un bienestar compartido por todos los ciudadanos. 
  8. Descentralizar y fortalecer la democracia. Si bien existe un componente jerárquico en cuanto a la financiación, el diseño de los Programas de Trabajo Garantizado desde abajo garantizaría un uso correcto de los activos disponibles en función de las necesidades y objetivos particulares de cada región o municipio. 
  9. Incluir la esfera reproductiva. Hacer visibles estos activos mediante una remuneración no sujeta a motivos de mercado no supondría su mercantilización, sino la socialización del trabajo de cuidados. 
  10. Cómo y para qué crecer. Es importante no fijarse metas cuantitativas y abordar en qué sectores crecer socializando al inversión y qué consumos desincentivar vía impositiva. Ligar la creación de empleo y la sostenibilidad ambiental como objetivos simultáneos de política económica es esencial para invertir el impacto que dejamos sobre el planeta sin fallar en el intento. 

Infórmate en www.redmmt.es






domingo, 15 de enero de 2017

Acto desempleo cero

El 25 de enero se celebra en Madrid una cumbre sobre Teoría Monetaria Moderna que organizan las asociaciones española Red MMT e italiana Rete MMT. En el acto se hablará de las finanzas funcionales, es decir, de una aproximación a la política fiscal basada en sus resultados sobre la economía real y no centrada en la histeria de su saldo contable y de la garantía del pleno empleo a través del plan de empleo de transición. Vamos a desafiar el relato económico de las elites.

En el acto participan Pavlina Tcherneva, profesora asociada de Economía en el Bard College de Nueva York, donde también es directora de los programas de economía y de Economía y Finanzas. También es investigadora en el Levy Economics Institute of Bard College y del Binzagr Institute of Sustainable Prosperity.

Además participan Nacho Álvarez, profesor de economía de la Universidad Autónoma de Madrid; Manolo Monereo, profesor de ciencias políticas; el economista Eduardo Garzón; y Juan Laborda, profesor de finanzas de la Universidad Carlos III y Alfredo D'Attorre, diputado por el Partito della Sinistra Italiana. Actuaremos como anfitriones los activistas de Red MMT Stuart Medina, Esteban Cruz e Ivan Invernizzi.

Toda la información está disponible en la página web del evento MMT Desempleo 0% donde os podéis inscribir.


lunes, 9 de enero de 2017

¿Qué es el dinero?: Parte IV

Las reservas bancarias

En un post anterior abordamos la cuestión de la creación del dinero bancario. En él vimos que el dinero bancario son los depósitos que esos abren a nombre de su clientes cuando conceden préstamos. Este dinero es un pasivo para los bancos.

Este post va a ser mucho más técnico. La cuestión que abordamos ahora es ¿qué clase de dinero utilizan los bancos? Por supuesto los bancos pueden tener depósitos abiertos en otras entidades financieras. Sin embargo, a diferencia de los demás ciudadanos, los bancos pueden abrir cuentas en el banco central. Estas cuentas se llaman 'cuentas de reservas'. 

Las cuentas de reservas son simplemente depósitos que mantienen los bancos en el banco central. Estas cuentas son un pasivo de esta entidad y un activo de las entidades financieras. Podemos decir que el banco central es el banquero de los bancos.

En la siguiente imagen aparece el lado del Activo del balance de un banco español, el Banc de Sabadell. He señalado la cuenta en la que figuran los saldos en caja (monedas y billetes) y los depósitos en bancos centrales. En esta partida se recogen las cuentas de reserva del Banc de Sabadell, en definitiva un tipo de depósito en el banco central.


Obviamente en el balance del Banco Central Europeo deben aparecer las cuentas de reserva como un pasivo. En la siguiente ilustración aparece parte del balance del Banco de España. Las reservas aparecen el epígrafe 2.1. Cuentas corrientes (incluidas las reservas mínimas). 


Los bancos procurarán mantener el nivel más bajo posible de reservas porque estas cuentas no ofrecen más rentabilidad que la que quiera pagar el banco central. Sin embargo los bancos necesitan mantener un saldo mínimo de reservas en primer lugar por una exigencia del regulador. En el Eurosistema,

las reservas mínimas se calculan aplicando un coeficiente, actualmente el 1%, llamado coeficiente de reservas o coeficiente de caja, a los saldos, a fin de mes, de determinados pasivos de las entidades de crédito, generalmente a plazos inferiores a dos años que, en conjunto, forman lo que se denomina base de reservas. Las reservas así determinadas se deben mantener durante un período de un mes y se remuneran al tipo de interés de las operaciones principales de financiación del Eurosistema. El período de mantenimiento de reservas se inicia a partir del día de la liquidación de la primera operación principal de financiación posterior a la reunión del Consejo en la que tomen decisiones de política monetaria. Una entidad cumple las exigencias de mantenimiento de reservas durante ese mes si la media de los saldos diarios en su cuenta en el banco central no es inferior a la cantidad exigida (Glosario de Política Monetaria. Página web del Banco de España).
Además los bancos pueden mantener un nivel de reservas para asegurar un nivel de liquidez mínimo. Estas reservas sirven para que los bancos compensen pagos entre ellos. Supongamos que un banco A tiene que depositar en cuentas de sus clientes transferencias y cheques procedentes de otro banco B. A su vez el banco B tiene que hacer lo propio con medios de pagos procedentes del banco A. Lo que hacen es saldar sus posiciones al final del día. Si tras saldar esas posiciones el banco A adeuda al banco B una cantidad de dinero lo que hará es ordenar la trasferencia de ese importe desde su cuenta de reservas en el banco central a la cuenta de reservas que mantiene el banco B.

Es importante entender que los bancos no se dedican a prestar reservas a los particulares. Cuando los bancos dan un préstamo crean nuevos depósitos, no están en ningún caso prestando las cuentas de reservas. Las cuentas de reservas son depósitos que mantienen los bancos en el banco central. Pueden transferir estos depósitos a otros bancos pero no a un particular u otra entidad que no sea miembro del sistema de bancos centrales.

La creación y destrucción de reservas


Las reservas bancarias forman parte de lo que se llama la 'base monetaria', que  está constituida por las monedas y billetes de curso legal en manos del pública y las cuentas de reservas. Al igual que los bancos pueden crear nuevos depósitos también el banco central tiene una capacidad de crear nuevas cuentas de reservas. Para entender el proceso de creación de nuevas reservas veamos de forma esquelética el balance de un banco central:

Activos (A)=Reservas (R) + Billetes en circulación (B) + Depósitos del Gobierno (DG)

Además de mantener las cuentas de reservas de los bancos los bancos centrales emiten los billetes de banco y mantienen las depósitos del estado. Una de las funciones históricas de los bancos centrales ha sido la de mantener las cuentas de los gobiernos. Si consultamos la página web del Banco de España encontraremos que entre sus funciones está la siguiente:

El Banco de España mantiene las cuentas en euros o en divisas del Tesoro y de las Comunidades Autónomas que así lo solicitan, realizando por su cuenta ingresos y pagos y, en general, desarrollando cualquier actividad bancaria del Gobierno central, de las autoridades regionales y locales o de cualquier otra institución pública. Esta actividad no puede dejar en descubierto ni proporcionar facilidades crediticias. 
El Banco de España, además, actúa como agente financiero de la deuda pública, contribuyendo con sus medios técnicos a facilitar los procedimientos de emisión, amortización y de gestión. 
El Banco de España tiene prohibida la compra directa de las emisiones de la deuda pública. Solo puede adquirir títulos públicos en los mercados para el ejercicio de sus tareas de intervención monetaria.
Los cambios en el balance del banco central se pueden representar con la siguiente ecuación:

ΔA=ΔR+ΔB+ΔDG

Si queremos estudiar los cambios en las cuentas de reservas podemos reordenar la expresión anterior de la siguiente manera:

ΔR=ΔA-ΔB-ΔDG

Por tanto las reservas de los bancos crecen (decrecen) cuando 1) aumentan (reducen) sus activos, 2) el público reduce (incrementa) las cantidades de efectivo que desea mantener o 3) el gobierno reduce (aumenta) sus depósitos en el banco central cuando hace transferencias al sector privado. Este último mecanismo forma parte de lo que hemos llamado circuito vertical del dinero. Examinemos este mecanismo en primer lugar.

La creación y destrucción de nuevas cuentas de reserva y el circuito vertical del dinero


En los estados dotados de soberanía monetaria una forma de crear esas reservas es el circuito vertical de creación de dinero que describimos en el post anterior. Cuando el estado hace un pago normalmente da una instrucción para que se adeude la cuenta que mantiene el Tesoro en el banco central y se abone la de su acreedor como haríamos cualquiera de nosotros al ordenar una transferencia a nuestro casero o a un comerciante. Esta instrucción genera un par de apuntes contables intermedios en el banco central: se adeuda el depósito del Tesoro en el banco central y se abona la cuenta de reservas del banco del beneficiario de la transferencia. Finalmente el banco privado adeuda su cuenta de reservas en el banco central y abona la cuenta de su cliente. De esta manera el estado ha creado nuevo dinero: un depósito bancario de una persona o entidad del sector privado ha aumentado su saldo y éste tiene su contrapartida en un aumento de la cuenta de reservas del banco privado. A primera vista esto resulta complicado de entender porque se produce una complicada secuencia de apuntes contables. Quizás le ayude al lector ver el impacto de una operación de pago de 100 euros del estado en los balances del tesoro, el banco central, el banco privado y el proveedor del estado.

A) En la contabilidad del tesoro se producen estos apuntes


B) En la contabilidad del banco central se registra el siguiente apunte contable.


C) En la contabilidad del banco privado "A" se registraría el siguiente apunte


D) Finalmente en la contabilidad del proveedor podríamos ver los siguientes apuntes registrados:



Es esta cuádruple contabilidad lo que ofusca lo que está ocurriendo sin embargo la mecánica de creación de dinero y de cuentas de reservas es sencillísimo y se puede representar en una hoja de cálculo.  Quizás a algunos lectores les resulte más clara esta representación gráfica de los cambios en los balances de cada uno de los cuatro agentes que intervienen en la transacción que figura a continuación.


En cualquier caso el resultado final de una decisión de gasto del estado es que se han creado nuevos depósitos en el sector privado y nuevas cuentas de reservas en el banco central. En sentido contrario, el pago de impuestos destruye el dinero creado a través del gasto público. Cuando un ciudadano paga sus impuestos su banco adeuda su cuenta corriente y abona la cuenta de reservas. El banco central adeuda la cuenta de reserva del banco y abona el depósito del tesoro en el banco central.

Es fundamental comprender que una característica del circuito vertical es que el gasto público incrementa la posición financiera neta del sector privado. Como consecuencia de una decisión de gasto del estado algún agente del sector privado se encuentra con un depósito bancario que antes no existía. A la inversa, los impuestos destruyen activos financieros netos del sector privado.

Si el estado incurre en un déficit es evidente entonces que estará añadiendo activos financieros netos al sector privado. Es decir, el déficit del estado es el ahorro del sector no gubernamental. En cambio, si incurre en un superávit estará reduciendo los ahorros del sector privado. Como el sector privado tiene una preferencia por mantener una posición financiera neta positiva lo normal históricamente es que los estados incurran en déficit fiscal casi todos los años.

En cambio el circuito horizontal, el relacionado con la creación de depósitos ligados al crédito bancario que examinamos anteriormente, no añade activos financieros netos al sector privado. ¿Por qué? Porque si el banco concede un préstamo a un particular también constituye un depósito por el mismo importe. Aunque el prestatario luego se gaste el saldo anotado en su nuevo depósito lo único que ocurre es que la titularidad de ese depósito será transferido a un tercero en el mismo o en otro banco. Sin embargo, a nivel agregado en el sector privado el crédito y los depósitos seguirán siendo del mismo importe aunque de signo contrario y por eso el saldo neto de activos financieros del sector privado será cero. Hay más activos financieros pero también hay más pasivos financieros.

Las emisiones de deuda pública


Teóricamente, si un déficit público se prolonga en el tiempo, eventualmente el saldo de los depósitos del estado en el banco central se volvería negativo. Es decir, en este caso el banco central consentiría que el estado tuviera un descubierto en cuenta. Sin embargo, muchos estados han establecido restricciones institucionales que prohíben a los bancos centrales la financiación del déficit del estado. Por ejemplo, el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea en su artículo 123.1 dice:
Queda prohibida la autorización de descubiertos o la concesión de cualquier otro tipo de créditos por el Banco Central Europeo y por los bancos centrales de los Estados miembros, denominados en lo sucesivo bancos centrales nacionales, en favor de instituciones, órganos u organismos de la Unión, Gobiernos centrales, autoridades regionales o locales u otras autoridades públicas, organismos de Derecho público o empresas públicas de los Estados miembros, así como la adquisición directa a los mismos de instrumentos de deuda por el Banco Central Europeo o los bancos centrales nacionales.
Para evitar los descubiertos, cuando el estado incurre en déficit, convencionalmente el tesoro emite deuda pública por importe equivalente al déficit fiscal. El efecto final es que la emisión de deuda en los balances de los bancos es que se reducen los saldos de sus cuentas de reservas y aumentan por valor equivalente los saldos en sus tenencias de títulos de deuda pública.

No existe ninguna razón científica que justifique la prohibición de los descubiertos más que la anquilosada práctica jurídica alemana impuesta a los demás estados europeos y el pensamiento económico obsoleto y convencional de los redactores de los tratados europeos. Se trata simplemente de vilipendiar el déficit público/ahorro neto del sector privado y condenar el gasto público como algo pecaminoso que debe ser evitado a toda costa. Veremos más abajo que, si es necesario, los bancos centrales comprarán estos mismos títulos de deuda pública para aumentar de nuevo el nivel de reservas. Lo único que cambia a efectos prácticos pues es la composición del activo de los bancos privados. Bueno, en realidad cambia algo más: donde antes los bancos, fondos de inversión, fondos de pensiones y otros inversores adinerados tenían unos depósitos que no pagaban intereses ahora tendrán títulos de deuda pública de la máxima solvencia y garantía que sí generan rentas. La prohibición de los descubiertos en el banco central no es enteramente inocente.

El suministro de reservas al sistema bancario


Anteriormente explicamos que otra causa de la variación en las reservas eran las variaciones de los activos del banco central. Estas variaciones tienen que ver con la política monetaria del banco central. Los bancos centrales modernos tratan de  determinar un tipo de interés a corto plazo de referencia. Este tipo suele ser el del mercado interbancario en el que unos bancos prestan sus reservas excedentarias a otros.Si hay un exceso de reservas los tipos de interés tenderán a bajar mientras que si hay una carencia de reservas los tipos de interés subirán. Para alcanzar su objetivo el banco central tendrá que acomodar el nivel total de reservas existentes en el sistema de bancos participantes en el sistema al nivel que lleve el tipo de interés interbancario al nivel que desea.

El banco central puede aumentar el nivel de reservas existentes en el sistema comprando activos financieros que se encuentran en las carteras de los bancos, normalmente títulos de deuda pública como las letras del Tesoro y los bonos del Estado. Esto tiene el efecto de aumentar el activo del banco central y su contrapartida, las cuentas de reservas, en el pasivo. Expresado mediante una ecuación:  ΔR=ΔA si hacemos ΔB=0 y ΔDG =0. 

Los bancos a su vez registrarán una variación en la composición de su activo: un aumento de sus cuentas de reservas y una reducción equivalente de sus inversiones de cartera. El banco central puede también crear cuentas de reservas abriéndoles a los bancos líneas de liquidez directamente. En este caso el banco central registra un préstamo en su activo y un aumento equivalente de reservas en su pasivo. Esta operación conseguirá que los tipos de interés del mercado interbancario caigan hasta el nivel deseado por el banco central.

La compra de títulos de deuda pública en el mercado secundario de paso significa también que el banco central puede determinar su precio y por tanto el rendimiento que ofrecen a los inversores. Por eso cuando en la prensa leemos que la prima de riesgo de la deuda pública de los estados del sur de Europa ha aumentado no debemos caer en el engaño de creer que ese precio refleja condiciones de mercado. Simplemente el Banco Central Europeo ha tomado la decisión política de no comprar suficiente deuda pública como para reducir su rendimiento.

A la inversa el banco central puede "drenar" reservas excedentarias en el sistema bancaria con operaciones inversas a las anteriormente descritas. Por ejemplo vendiendo títulos de deuda que tiene en su cartera a los bancos o desincentivando que los bancos acudan a las líneas de liquidez con un aumento de los tipos de interés que pide a cambio. En este caso el efecto es una reducción simultánea de los activos registrados en el balance del banco central y de las reservas en el pasivo. Estas operaciones permiten subir los tipos de interés hasta el nivel que desea el banco central.

Circulación de billetes


Por último las reservas bancarias pueden disminuir cuando el público desea aumentar sus tenencias de billetes de banco. Supongamos que una persona decide retirar efectivo de su cuenta bancaria. En este caso el banco los pedirá al banco central el cual los entregará cargando su importe en la cuenta de reservas de la entidad. Cuando el banco entrega los billetes a su cliente cargará a su vez el importe en la cuenta corriente de éste. De esta forma un aumento de los billetes en circulación produce una reducción de los niveles de reservas y de los depósitos bancarios.

La 'endogeneidad' de la oferta monetaria


En el sistema monetario moderno los bancos centrales no pretenden controlar el nivel de reservas. Durante la época del monetarismo, siguiendo los consejos de Milton Friedman, los bancos centrales intentaron fijar una tasa de crecimiento de las magnitudes monetarias en la creencia equivocada que había una relación constante entre base monetaria (monedas y billetes + cuentas de reservas) y oferta monetaria. Según los monetaristas y muchos economistas convencionales la oferta sería una variable exógena que podría determinar el banco central. El objetivo de las políticas monetaristas, que se intentaron aplicar sin éxito en los años 70 y principios de los 80, era controlar la inflación. Esta escuela postulaba la teoría cuantitativa del dinero que establecía una relación unívoca entre cantidad de dinero y crecimiento de los precios. En un post anterior expliqué que estas creencias eran erróneas y por qué el intento de controlar el crecimiento de las magnitudes monetarias fracasó.

La realidad es que la oferta monetaria es una variable endógena cuyo crecimiento depende de decisiones que toman los bancos y otros operadores financieros. En definitiva, cuando los economistas más simplistas hablan de que "imprimir billetes" es inflacionista ignoran que en realidad el fenómeno de la inflación es mucho más complejo y que la oferta monetaria puede aumentar como consecuencia de decisiones que toma el sector público pero también el sector privado.

Por tanto, actualmente los bancos centrales se dedican a acomodar el nivel de reservas para alcanzar un objetivo de tipo de interés. Por tanto, si un banco necesita aumentar sus cuentas de reservas siempre podrá acudir al banco central si no puede conseguirlas en el mercado interbancario. Los bancos centrales ya no se marcan objetivos cuantitativos sobre el nivel de reservas ni sobre ninguna magnitud monetaria.

En el siguiente post examinaremos dos mitos muy extendidos sobre las reservas bancarias y el funcionamiento de la banca: el mito del multiplicador del dinero y el mito de los fondos prestables.

martes, 3 de enero de 2017

¿Por qué crea el estado desempleados que no quiere contratar?

Artículo publicado originalmente en la sección Luces Rojas de InfoLibre.

El trabajo es toda actividad productiva que realiza el ser humano. Trabajan el médico cuando trata a sus pacientes, el maestro cuando imparte sus clases, o el obrero que coloca ladrillos con maestría. Lo hacen también la madre que cuida de sus hijos o la mujer que desempeña labores de voluntariado en una ONG. La diferencia entre los primeros y los segundos es que a cambio aquéllos perciben una retribución dineraria, es decir, poder adquisitivo que da derecho a participar en el reparto de los bienes y servicios producidos en la economía de mercado que se encuentran a la venta solo a cambio de dinero creado por el gobierno o los bancos. Se desarrollan sin embargo numerosas tareas excluidas del ámbito del mercado, asignadas por cierto con mayor frecuencia a las mujeres en las sociedades patriarcales.

Un trabajador vende sus servicios al mercado porque quiere conseguir dinero a cambio. El empleo es siempre un fenómeno monetario. Por eso podemos definir el desempleo involuntario como mano de obra ofrecida al mercado a cambio de moneda del estado que no encuentra comprador. Este empleo puede ser comprado por el sector privado o por el estado. Si existe desempleo involuntario es porque ni el sector privado ni tampoco el gobierno quieren aumentar sus gastos para ocupar esos recursos ociosos.


Para entender esto describamos un escenario. Supongamos que partimos de un período en el que existe plena ocupación. En esta situación, de equilibrio inicial, supongamos que nadie ahorra, es decir todo el mundo gasta su renta íntegramente y por tanto todo lo que se produce se vende. El gasto de todos es igual a las rentas —salarios, beneficios, impuestos, alquileres, intereses, etc.— de todos y por fuerza es igual también a toda la producción de la economía. Esta identidad se mantiene siempre a nivel macroeconómico:

INGRESO=GASTO=PRODUCCIÓN

Si por la razón que sea (porque los hogares y las empresas decidan que quieren reducir su deuda, porque haya una situación de incertidumbre o porque los extranjeros decidan no comprar nuestros productos) en un período posterior cambia el comportamiento del sector no gubernamental —en el que incluimos a hogares, empresas y al sector exterior— y éste prefiere ahorrar una parte de su renta entonces una parte equivalente de la oferta de bienes y servicios se quedará sin vender. En ese caso las empresas tendrán que reducir su oferta y es probable que despidan a algunos de sus empleados.

El trabajo no es un rábano

Nadie puede obligar al sector privado a consumir más de lo que quiere o a ahorrar menos. ¿Qué puede hacer un gobierno cuando aumenta el desempleo? Desde la escuela neoclásica nos dicen que la respuesta es bajar el coste de los salarios ya que el trabajo sería como cualquier otra mercancía. Si por ejemplo cae la demanda de rábanos en el mercado los productores podrían darles salida tirando los precios. Decimos entonces que la curva de demanda de los rábanos tiene una forma descendente hacia la derecha en el eje de ordenadas: a menor precio mayor cantidad vendida y viceversa. Si creemos que el trabajo es como los rábanos entonces la prescripción para acabar con el desempleo es sencilla: bajar los salarios. Sin embargo, el mercado de trabajo remunerado no es como el de los rábanos. Para la mayoría de las personas los salarios son su principal fuente de ingresos. Bájense los salarios y observaremos una caída en el consumo de los consumidores y en las ventas de las empresas provocando nuevas caídas de empleo. El economista Esteban Cruz y este autor ya explicamos en un artículo anterior la paradoja de los costes. Los ahorros en costes salariales pueden ir acompañados de menores ventas que deterioran la tasa de beneficios de los empresarios y por tanto desaniman el empleo (Cruz & Medina Miltimore, 2016).

El siguiente gráfico, elaborado por el economista Luis Gómez con datos de los ejercicios 2008 a 2014, demuestra que la caída de los salarios, lejos de haber aumentado el empleo tuvo el efecto contrario. Luis Gómez explica que al iniciarse la crisis se desechó primero a los trabajadores ocasionales y jóvenes que eran también los peor pagados. Esto tuvo el efecto aparente de mostrar un crecimiento salarial asociado a un aumento del desempleo. Los economistas neoliberales y la Comisión Europea utilizaron este efecto estadístico para justificar el ataque contra los trabajadores iniciado en 2010. Sin embargo, después de 2010 la caída del empleo fue muy intensa pese a que también cayeron los salarios. La caída de los salarios ha sido inútil para crear empleo.


Las recetas prescritas por el dogma vigente fueron acompañadas en 2010 por un giro incomprensible hacia la austeridad. Desafiando toda la evidencia en contra de la utilidad de fijar unos objetivos de déficit, los dirigentes europeos llegaron a asumir una superstición aberrante, la ‘austeridad expansiva’ que es a la ciencia económica algo así como el hielo ardiente, la sosa cáustica potable o el plomo ligero. Esta doctrina oximorónica afirmaba que un recorte de los gastos públicos liberaría recursos para que el sector privado los empleara de forma más productiva acelerando la recuperación. Esta hipótesis fue introducida por Francesco Giavazzi y Marco Pagano en 1990 en un trabajo que presentaba las reestructuraciones fiscales de Dinamarca e Irlanda en los años 80 como ejemplo (Giavazzi & Pagano, 1990). Los autores, que observaron cómo recortes en el gasto público coincidieron en el tiempo con una recuperación de esas economías, olvidaron tener en cuenta que esos países, relativamente pequeños, consiguieron salir de sus crisis económicas gracias a la expansión de sus exportaciones a otros países europeos que sí aplicaron políticas fiscales expansivas.

La hipótesis fue vendida a los responsables de la UE por Alberto Alesina en un discurso ante la reunión del ECOFIN que tuvo lugar en Madrid en 2010 en Madrid. En esta intervención aseguraba que los «ajustes fiscales, aunque sean grandes, que reducen los déficit presupuestarios, pueden conseguir una reducción relativamente rápida de los coeficientes de deuda sobre el PIB sin causar recesiones». Añadió que « (…) una política fiscal anticíclica basada en incrementos de gasto durante recesiones y aumentos de impuestos para corregir los déficits durante una expansión es probable que sea contraproducente además de implicar un avance inadvertido del tamaño del gobierno cuando éste ya está en torno al 50% del PIB en algunos países europeos. (…) [L]as distorsiones políticas (…) retrasan la reducción de los déficit además de las inevitables ‘demoras de larga duración y variables’ asociadas con la política fiscal en una democracia, que incluso en el caso de las expansiones fiscales hacen que esta herramienta sea torpe para la gestión del ciclo de los negocios» (Alesina, 2010).


A esta perversión doctrinal se añadió el diseño contraproducente de una unión monetaria uno de cuyos puntales, el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC), imponía un límite al déficit público del 3% sobre el PIB. Este límite podría ser efectivamente excesivo en una situación en la que la economía crece a buen ritmo y empiezan a producirse tensiones inflacionistas. Sin embargo en una situación de recesión lo conveniente puede ser que el déficit público alcance un valor superior a ese guarismo. Forzar una economía a entrar en una senda de reducción de déficit puede ser contraproducente no solo porque dificulte la salida de una situación económica desfavorable profundizando el desempleo sino también porque puede convertir el “objetivo” en uno móvil. Si la política fiscal prudente y razonable fuera aumentar el déficit pero un gobierno decide someterse a los dictados del PEC lo que sucederá casi con total seguridad es que no consiga sus objetivos. El efecto recesivo de tales políticas podría profundizar la caída en la recaudación o provocar caídas en el Producto Interior Bruto (PIB), el denominador de este coeficiente de deuda que nos imponen los Tratados de la Unión Europea, convirtiéndolo en un objetivo móvil que, cuanto más se esfuerza el gobierno en conseguir, más se aleja. Un objetivo de déficit sobre el PIB resulta extremadamente ambiguo e impreciso. De hecho el dato del cociente entre déficit y PIB ni siquiera nos da mucha información acerca del posicionamiento presupuestario del gobierno. Según las circunstancias, un aumento de este coeficiente puede reflejar una política consciente del gobierno por estimular la economía, la entrada en funcionamiento de los estabilizadores automáticos durante una recesión o incluso un posicionamiento fiscal contractivo.

Las finanzas funcionales dictan la fiscalidad responsable

Un gobierno responsable debe encargarse de que las personas que hayan perdido su puesto de trabajo vuelvan a encontrarlo. Depende del estado movilizar esos recursos ociosos gracias a su capacidad fiscal. Para comprender este protagonismo del estado hay que entender antes cuál es la función de la fiscalidad. Al imponer tributos a la población el estado pretende encauzar recursos reales hacia los fines públicos. La forma en que opera este mecanismo es que el estado genera demanda por su moneda al imponer un tributo que los ciudadanos solo pueden pagar con ella. Para conseguir esa moneda hogares y empresas ofrecen sus servicios al estado. Naturalmente esta oferta incluye la oferta de empleo. De esta forma el sector privado obtiene la moneda con la que puede saldar su deuda con el estado.

El sector privado tiene unos objetivos de consumo y ahorro que no necesariamente serán compatibles con comprar toda la oferta disponible de bienes y servicios a la venta. Pero el estado siempre puede comprar la diferencia. Si el estado impone tributos demasiado elevados o no gasta lo suficiente dejará en manos del sector privado una cantidad de dinero insuficiente para saciar sus necesidades de consumo y sus objetivos de ahorro. En estas circunstancias surgirá el desempleo involuntario. Hay personas que quieren dinero del estado y no lo encuentran. Existe pues una demanda por el dinero del estado que no se ha satisfecho y por tanto los agentes económicos no mantendrán un nivel de gasto agregado que adquiera todo lo que está a la venta en la economía. Si existe producción que se queda sin vender el desempleo aumentará. Esa oferta total de bienes y servicios por supuesto incluye la oferta de mano de obra.


Los impuestos son el mecanismo que utiliza el estado para canalizar recursos reales hacia los fines públicos. Si el gasto es insuficiente o los impuestos son demasiado altos la manifestación será el desempleo. Como decía Warren Mosler “¿Qué sentido tiene que el estado no contrate a todos los trabajadores que ha dejado desempleados?”. En una situación de desempleo elevado la única respuesta sensata es que o bien el estado baje los impuestos para dejar mayor poder de compra en poder del sector no gubernamental y aumente su gasto o bien aumente el gasto público para comprar la producción que el sector privado no quiere adquirir. Las políticas tradicionales ponen mayor poder de compra en manos del sector privado confiando en que éste lo destine a crear empleo. Este mecanismo indirecto en el que la política fiscal trata de “cebar la bomba” de la demanda normalmente resulta decepcionante. La forma más directa, eficiente y económica de crear empleo es que el estado contrate a todos aquellos que quieren trabajar y no encuentran empleo en el sector privado mediante un programa de empleo garantizado. Este programa permitiría atender muchos de los múltiples problemas sociales que el estado ahora no atiende de forma adecuada. El desempleo es la prueba de que el déficit fiscal es insuficiente. Es hora de que el estado asuma su responsabilidad en el problema del empleo y aumente el déficit.

Referencias

Alesina, A. (2010). Fiscal adjustments: lessons from recent history. Abril 2010. Discurso ante la reunión del Ecofin de Madrid el 15 de abril de 2010.
Cruz, E., & Medina Miltimore, S. (2016, 02 01). Daños irreversibles: el FMI descubre la paradoja de los costes. Retrieved from Luces Rojas. Info Libre.: http://www.infolibre.es/noticias/luces_rojas/2016/02/01/danos_irreversibles_fmi_descubre_paradoja_los_costes_44074_1121.html
Giavazzi, F., & Pagano, M. (1990). Can Severe Fiscal Contractions Be Expansionary? Tales of Two Small European Countries. NBER Macroeconomics Annual 5, 75–111.


miércoles, 14 de diciembre de 2016

Karl Polanyi


El ataque robótico: ¿destruirá la tecnología los empleos retribuidos?

Una versión abreviada de este post se publicó el 13 de diciembre de 2016 en la sección Luces Rojas de Infolibre

El efecto de Brunel: nada nuevo en el capitalismo

George Gardiner narra como el ingeniero Marc Brunel introdujo en la armada británica a principios del siglo XIX una máquina que permitía fabricar automáticamente bloques de aparejo empleando tan solo a 10 personas donde el proceso manual tradicional requería el empleo de 110 personas expertas. Al parecer esta fue la primera vez que maquinas-herramientas completamente metálicas se empleaban para producción en masa. El ahorro en costes fue el equivalente al de un año de producción aunque el coste de producir las máquinas le supuso a Brunel tres veces ese mismo ahorro. Si bien se habían perdido 110 empleos se habían empleado 410 personas en fabricar esta máquina. Temporalmente el empleo había crecido pero, una vez fabricadas las máquinas, el empleo en fabricación de bloques de aparejo había caído. En definitiva la inversión en bienes de equipamiento había tenido un efecto deflacionista al reducir las rentas totales de los factores de producción. Esa caída en las rentas se traduciría, por la identidad macroeconómica entre ingresos y gastos, en una reducción de la demanda agregada y por tanto del PIB. Gardiner bautiza este fenómeno ‘el efecto Brunel’ (Gardiner, 2004, págs. 160-61).

El impacto final del ahorro de trabajo causado por la tecnología depende de si se crea nuevo poder adquisitivo para reorientar los recursos liberados a nuevas actividades. En el ejemplo anterior, si el gobierno británico hubiese pagado la compra de las máquinas de Brunel elevando los impuestos, habría retirado poder adquisitivo del público desviándolo hacia el gobierno por importe equivalente. Si hubiese pedido un préstamo para pagar la inversión, el efecto habría sido parecido pues habría retirado ahorros, es decir rentas no gastadas, del sector privado. En cambio, si hubiese financiado la inversión con nuevo dinero, es decir con un aumento del gasto deficitario, habría habido un incremento de la demanda equivalente al empleo luego destruido por la inversión tecnológica, y se habrían mantenido los niveles de producción y ocupación.

Esta vez es diferente: La amenaza robótica

El temor a la destrucción del empleo causado por el cambio tecnológico es un tema recurrente. Ya a principios del siglo XIX el movimiento ludita llevó a los trabajadores textiles ingleses a destruir la maquinaria utilizada en el incipiente proceso de industrialización. Sin embargo el trascurso del tiempo demostraría que las nuevas tecnologías también demandarían nuevos puestos de trabajo y la humanidad seguiría avanzando creando niveles de bienestar más elevados. Es cierto que la industrialización se hizo a lomos de un proletariado brutalmente explotado. Sin embargo, los movimientos sindicales y la protección del estado consiguieron corregir los peores aspectos de un capitalismo despiadado haciendo que los niveles de bienestar aumentasen para toda la sociedad. Recientemente Louis Anslow ha publicado un post que repasa todas las ocasiones en las que se ha anunciado que las maquinas acabarían con el trabajo humano. 

Sospechosamente estas profecías coincidieron siempre con períodos de elevado desempleo. En 1930 el mismo Albert Einstein culpó a las máquinas del desempleo. Ganaría el premio Nobel de Física pero sin duda no el de Economía. John Maynard Keynes también cayó en este error y culpó a la tecnología del desempleo llegando a acuñar el término “desempleo tecnológico”. Anslow explica que el uso del término “desempleo tecnológico” reaparecía y se popularizaba cada vez que aumentaba el desempleo en un ciclo recesivo. Keynes escribió en los años 30 del siglo XX un célebre ensayo en el que profetizaba que «el desempleo causado por nuestro descubrimiento de medios para economizar el uso de trabajo correrá a un ritmo más veloz que al que podemos encontrar nuevos usos para el trabajo» (Keynes, Economic possibilities for our grandchildren, 1930).

El artículo de Anslow nos da más ejemplos de cómo el temor a la tecnología resurgía década tras década. En 1940 el presidente de MIT, Karl Compton, rebatió al presidente Roosevelt quien veía un problema en la mecanización. Un senador de los EEUU ya propuso un impuesto sobre las máquinas. En los años 50 se propuso una investigación del congreso sobre la cuestión de la pérdida masiva de empleos causada por los robots. El presidente Eisenhower desmintió esas amenazas y dijo que “esos mismos temores habían atemorizado a la gente durante 150 años y siempre se habían demostrado sin fundamento”.



La década siguiente vio cómo el temor a la automatización y la robotización arreciaban. Un economista rogaba al presidente Kennedy que convocara una conferencia sobre el desempleo que causaban la tecnología y la automatización. Los medios anunciaban el fin de todo el empleo de baja cualificación en 10 años y Time sacaba un artículo en el que decía que “el alza en el desempleo ha despertado nuevas alarmas sobre una antigua palabra amenazadora: la automatización. ¿Cuánto ha contribuido la rápida expansión del cambio tecnológico al pico actual de 5.400.000 parados?”. El secretario del trabajo W. Willard Wirtz advirtió de un "tropel de empleo sobrante" incluso en épocas de bonanza.

En la década de los 70 el primer ministro británico James Callaghan recurría a un think tank para que se investigase la pérdida de empleo causada por la informática. En 1980 el New York Times sacaba un artículo titulado “un robot persigue tu empleo (Anslow, 2016). En 1995 el economista, sociólogo y pensador estadounidense, Jeremy Rifkin, publicó un libro titulado El Fin del Trabajo. En esta obra profetizaba que, a diferencia de otras épocas en las que el cambio tecnológico había desplazado a trabajadores de actividades manuales creando sin embargo nuevas oportunidades profesionales, la nueva revolución industrial basada en la automatización, la robótica, la inteligencia artificial y la informática estaba desplazando a millones de trabajadores sin crear nuevas oportunidades profesionales en contrapartida. En las conclusiones a su libro Rifkin advierte ominosamente que

Esto es lo que sabemos con certeza: entramos en un nuevo período de la historia en el que las máquinas sustituirán cada vez más trabajo humano en la producción de bienes y servicios. Aunque los calendarios son difíciles de predecir, nos encontramos en un camino irreversible a un futuro automatizado y probablemente nos acercaremos a una era sin trabajadores, al menos en la producción de bienes y servicios, hacia principios del próximo siglo. (…) El fin del trabajo podría pronunciar una sentencia de muerte de la civilización tal como la hemos llegado a conocer. El fin del trabajo podría también señalar el comienzo de una gran transformación social, un renacimiento del espíritu humano. El futuro está al alcance de nuestras manos (Rifkin, J. 1995).

La percepción negativa de la automatización se debe en parte a que no se entienden completamente las causas de su introducción en los entornos industriales y no necesariamente se explican por la necesidad de ahorrar costes laborales. La robótica genera directamente nuevos puestos de trabajo relacionados con el diseño, la fabricación, la operación y el mantenimiento de estos equipos. Además, algunas industrias no serían viables porque requieren unos niveles de precisión y calidad que no son factibles sin el uso de robots. Podemos citar la electrónica —ordenadores, teléfonos móviles— o las energías renovables —células fotovoltaicas— como ejemplos paradigmáticos.
Por otra parte, la mecanización y la robótica suprimen trabajos pesados, repetitivos o que generan estrés y lesiones en los trabajadores. En ocasiones las condiciones de trabajo pueden ser tan penosas o peligrosas que sería ilegal que las hiciera una persona. La industria más robotizada sin duda es la del automóvil. En ella las tareas de soldadura y pintado las realizan máquinas robotizadas. En contrapartida, el aumento de la productividad obliga a generar empleos para dar salida a los nuevos productos creando oportunidades en los sectores de los servicios, la logística y la distribución. Por supuesto, uno de los factores que impulsan la entrada de los robots son los costes laborales relativos. Si los salarios chinos son mucho más baratos que los de Alemania o Japón, la robotización es una forma de mantener abiertas plantas que de otra manera se cerrarían.Es importante entender que la robótica no tiene por qué tener un efecto neto negativo sobre el empleo. Pese a que debe tomarse con cautela, porque responde a unos intereses de parte, un informe elaborado para la International Federation of Robotics (IFR) estimaba que en seis países estudiados (EEUU, Alemania, Japón, Corea, Brasil y China) se crearon 9 a 12 millones de nuevos empleos gracias a la robótica entre 2000 y 2016 (Gorle & Clive, 2013).

Sin embargo, las altas tasas de desempleo experimentadas en Europa parecerían confirmar el fin del empleo pronosticado por Rifkin. En España las tasas de desempleo han alcanzado niveles espeluznantes y en toda la zona euro las tasas son históricamente elevadas. ¿Esta vez es verdad que viene el lobo robótico? Me parece una hipótesis demasiado fácil de rebatir. Si fuese cierto que la inversión en robots estuviese destruyendo puestos de trabajo observaríamos este fenómeno con mayor intensidad en países con mayor inversión en este tipo de bienes de equipo. Sin embargo, es precisamente en los países más robotizados donde las tasas de desempleo son más bajas.

El siguiente gráfico pone en relación la tasa de desempleo con la densidad robótica (robots instalados por cada 10.000 empleados en la industria) y en él se observa una relación más bien inversa entre robotización y desempleo. Países altamente robotizados como Japón, Corea del Sur y Alemania mantienen tasas de desempleo relativamente bajas. En España, en cambio, menos robotizada, la tasa de paro es obscenamente alta.


Ilustración 1. Fuentes: IFR para la densidad robótica; Eurostat para desempleo en países europeos y Trading Economics para desempleo en los restantes países.

No es la tecnología, es el gobierno

La Crisis Financiera Global provocó una subida del desempleo intensa en todos los países de la OCDE. Sin embargo la mayoría de las economías de ese club han recuperado niveles parecidos o inferiores a los del inicio de la crisis. En Japón la tasa de desempleo actualmente es del 3,38%, en Corea del Sur del 3,64% y en EEUU del 5,29% tras alcanzar un pico de 9.62% en 2010. Solo los países de la Eurozona mantienen tasas de desempleo superiores al 10% y dentro de ella se encuentran campeones mundiales del desempleo como España, Grecia o Italia. Si naciones altamente industrializadas y densamente robotizadas han conseguido recuperar los niveles de empleo anteriores a la crisis entonces claramente la causa del desempleo debe buscarse en causas coyunturales y no en la tecnología.

La automatización permite liberar mano de obra de tareas rutinarias o pesadas que puede ser reubicada en tareas incluso más gratas. Pero liberar trabajadores puede ser un problema en un país donde no se crean nuevas oportunidades laborales. La condición necesaria, como en el ejemplo de Gardiner, es que exista financiación para poner en marcha estas nuevas actividades. Éste no es el caso de los países pertenecientes a la zona euro en donde la creación de moneda por los estados está restringida por los tratados de la Unión Europea y la creación de crédito depende solo de las expectativas del negocio bancario.

La estadística sugiere más bien que el caso español es una aberración dentro de una zona geográfica que se comporta como una anomalía. Los datos estadísticos de nuestra economía muestran una correlación elevadísima entre la caída de la inversión y de la ocupación entre 2007 y 2013 (Ilustración 2). La caída en la confianza en diversos sectores privados también correlaciona con un incremento de la tasa de desempleo, sobre todo el sector de la construcción (Ilustración 3). Finalmente el crecimiento del crédito a hogares y empresas muestra una desaceleración en el primer trimestre de 2007 —momento que coincide con el inicio de la crisis y las primeras pérdidas de empleo— e incluso se vuelve negativo a finales de 2013 —momento álgido del desempleo– (Ilustración 4).


Ilustración 2. Variación interanual de la tasa de ocupación y de la formación bruta de capital fijo. Elaboración propia a partir de datos publicados por el INE.

Ilustración 3. Evolución de la tasa de paro y de los índices de confianza de los sectores de la construcción, industrial y minorista. Fuente de los datos: INE. Se han invertido las escalas de los índices de confianza.


Ilustración 4. Evolución interanual del crédito a hogares y empresas. Fuente de los datos: Banco de España


Así pues, la causa del desempleo no fue la tecnología sino una insuficiente demanda agregada motivada por el fin de la burbuja inmobiliaria que habían financiado los bancos. Una actuación oportuna del estado que hubiese creado nuevo dinero en el inicio de la crisis con gasto deficitario habría detenido la hemorragia de los empleos remunerados. Las políticas de la UE han creado un problema de gran gravedad, pero se despista a la población con explicaciones oportunistas.

Ofuscadas, las izquierdas han caído en la trampa de atribuir el desempleo a la globalización y a la tecnología. Ante un problema que el diseño institucional del euro ha creado, en lugar de buscar la respuesta adecuada exigiendo la abolición de los criterios irracionales de Maastricht y oponiéndose a los planes de consolidación fiscal, gran parte de la izquierda se resigna ante un problema cuya solución no acierta a ver. Es entonces cuando se postula el reparto del trabajo –como si fuese un bien escaso que debe ser racionado— o se propone una magra renta básica para que los excluidos no protesten.

Incluso, si aceptáramos que la tecnología estuviera generando desempleo de forma tan rápida que no diese tiempo para reubicar a trabajadores desplazados por la tecnología  ¿por qué no podríamos implantar reglamentación que la frenara para permitir una adaptación de la sociedad más gradual o directamente impida la robotización en ámbitos que consideremos inadecuados? Debemos convencernos de que no es el hombre el que está al servicio de la Economía sino que es ella la que debe servirnos. Poner al hombre en el centro puede significar, por ejemplo, que decidamos prohibir los vehículos sin conductor o cerrar la plataforma Uber porque compite de forma desleal con el colectivo de transporte reglado de pasajeros. En la industria del automóvil las zonas robotizadas de las no robotizadas están separadas porque las máquinas podrían crear peligro para los seres humanos ya que no pueden tener conciencia de su entorno. Este es uno solo de los ejemplos de limitación reglamentaria a la expansión de los robots en la fábrica. Luchar contra el desempleo es una responsabilidad del estado, nuestro agente para resolver los problemas que el sector privado no puede o no quiere.

Referencias

Anslow, L. (26 de noviembre de 2016). www.timeline.com. Obtenido de Robots have been about to take all the jobs for more than 200 years: https://timeline.com/robotshavebeenabouttotakeallthejobsformorethan200years5c9c08a2f41d#.
Gardiner, G. (2004). The Primacy of Trade Debts in the Development of Money. En L. Wray, Credit and State Theories of Money (págs. 160-161). Northampton, MA: Edward Elgar.
Gorle, P., & Clive, A. (2013). Positive Impact of Industrial Robots on Employement. Londres: Metra Martech.
Keynes, J. M. (1930). Economic possibilities for our grandchildren. En J. M. Keynes, Essays in Persuassion.