Cita de Roosevelt

"Ningún país, sin importar su riqueza, puede permitirse el derroche de sus recursos humanos. La desmoralización causada por el desempleo masivo es nuestra mayor extravagancia. Moralmente es la mayor amenaza a nuestro orden social" (Franklin Delano Roosevelt)

viernes, 17 de febrero de 2017

El dinero y el comercio internacional

En este post trataremos sobre la interacción entre economías ubicadas en zonas monetarias distintas que se conectan a través del comercio internacional. Concretamente examinaremos lo que ocurre cuando una economía incurre en un déficit comercial.

Supongamos que la empresa IMPORTASA, residente en la zona euro, desea importar vehículos fabricados por la empresa ACME ubicada en la zona monetaria del dólar de los EEUU. IMPORTASA quiere vender esos vehículos a otros residentes en la zona euro y por tanto a cambio recibirá depósitos denominados en esa moneda. Sin embargo ACME tiene como moneda funcional el dólar. IMPORTASA tiene un negocio que solo puede generar depósitos denominados en euros. ACME desea recibir dólares a cambio de la venta de los automóviles que fabrican. Esto plantea un dilema que puede ser resuelto de dos maneras.

  1. Alguien en el país exportador desea obtener a cambio un depósito denominado en la moneda del país deficitario.
  2. Un residente en el país exportador nos concede un préstamo denominado en la divisa del país exportador. 
Operativamente este dilema lo resuelve una entidad financiera que puede intermediar entre el exportador y el importador. Pero en esencia el intermediario financiero simplemente traslada el problema a otra entidad o a otra persona.

Si pasamos del caso particular de una empresa al de una economía agregada y suponemos que ésta incurre en un déficit comercial es decir, que las compras a extranjeros han superado en valor a las exportaciones al resto del mundo el dilema es el mismo. Una vez saldadas todas las transacciones comerciales entre residentes y extranjeros, quedará una posición neta deficitaria denominada en alguna moneda; puede ser en nuestra moneda o en divisas extranjeras. Veamos ambos escenarios a continuación.

El país exportador desea obtener a cambio de sus exportaciones un depósito denominado en la moneda del país deficitario


En el primer caso, cuando nuestra economía es deficitaria, los extranjeros aceptan cobrar mediante depósitos denominados en euros. En el futuro estos depositantes podrían decidir ejercer este poder de compra y de esta manera la balanza comercial se equilibraría. Un déficit comercial en euros hoy podría transformarse en un superávit comercial en el futuro.


La conclusión relevante es que un déficit comercial simplemente puede ser la imagen refleja del deseo los extranjeros de mantener depósitos denominados en nuestra moneda. Esto es lo que hacen los chinos, los alemanes o los coreanos. Producen bienes y servicios que exportan a otros países. Estas naciones exportadoras, presentadas como parangón de la competitividad y el éxito por el pensamiento económico dominante, mantienen un superávit comercial durante muchos años con el resto del mundo. ¿Qué reciben a cambio? Simplemente una anotación contable en una divisa extranjera


Un caso paradigmático es el de la relación entre China y los EEUU. Los chinos exportan mucho al país americano. A cambio reciben depósitos en dólares. Podrían utilizarlos para ir a Disneylandia, comprar coches fabricados en Detroit o fármacos sintetizados por una farmacéutica americana. Sin embargo, prefieren mantener los depósitos en dólares, al parecer por tiempo indefinido. El gráfico siguiente muestra la balanza comercial de los EEUU con China que ha sido permanentemente deficitaria hasta alcanzar los 350 mil millones de dólares. En la prensa leeremos a menudo que EEUU está cada vez más endeudado con el país asiático. Eso sería peligroso para la nación americana porque el día que China no desee financiar a EEUU podría suponer el hundimiento de su economía. ¿De verdad? Piénsenlo otra vez: ¿qué pueden hacer los chinos si ya no desean tener depósitos en dólares? Pueden utilizarlos para comprar bienes y servicios a la venta en dólares, es decir, producidos en EEUU. No parece un escenario muy amenazante.

Fuente: US Census

Fugas del circuito


¿Es preocupante que los residentes de un estado se endeuden respecto al resto del mundo en su propia moneda? Sí hay un pequeño problema. Debemos ser conscientes de que cuando los extranjeros desean materializar el ahorro generado por sus ventas a nuestro país en depósitos denominados en nuestra moneda se produce una fuga del sistema económico. Las importaciones son un destino de las rentas generadas en nuestro país por los factores productivos (capital o trabajo). Si estas rentas no se destinan a comprar bienes y servicios producidos en nuestro país se producirá una caída de la demanda interna que puede llevar a una caída de la producción y un aumento del desempleo. Recordemos que a nivel macroeconómico

INGRESO=GASTO=PRODUCCIÓN.

Si imaginamos la economía como un circuito podemos visualizar las importaciones como una fuga que detrae poder de compra de éste. Esto es lo que representa de forma estilizada el siguiente gráfico.


Por tanto, si no todo nuestro ingreso se destina a gasto dentro de nuestra economía entonces la producción caerá. ¿Cómo conseguimos que no caiga la producción y se genere desempleo?

Para evitarlo tiene que existir algún agente nacional dispuesto a consumir más de lo que ingresa por importe equivalente al déficit comercial. Es decir, tiene que haber un agente dispuesto a endeudarse. Una posibilidad es que se endeude el sector privado. (Veremos en un post posterior que esto fue lo que ocurrió en España cuando entramos en el euro).

Pero si el sector privado desea ahorrar solo queda otro agente que puede desahorrar: el sector público, el gobierno. Para que no caiga la producción en nuestra economía el estado debe incurrir en un gasto deficitario para compensar las fugas de poder de compra al exterior. El estado puede suplir el poder de compra no utilizado con mayores inyecciones de gasto público o reduciendo los impuestos. Este es el célebre "déficit gemelo" que preocupaba por ejemplo a los economistas de la escuela de Cambridge.

Este endeudamiento del estado puede revertirse en el momento en que el sector exterior decide comprar más de lo que nos vende. En el caso de que tuviéramos un superávit comercial permanente podría ser conveniente que el estado redujera su gasto o aumentara los impuestos para evitar que la presión exportadora genere tensiones inflacionistas. La obsesión alemana por mantener un superávit de sus cuentas públicas es un ejemplo de una política que compensa el excesivo superávit exterior de su sector privado.

Los extranjeros nos han dado un préstamo en moneda extranjera. 


Examinemos el segundo caso. Por ejemplo, un banco en la zona dólar concede un préstamo en dólares al importador ubicado en la zona euro. Al hacerlo constituye un nuevo depósito en esa divisa a favor del importador quien lo puede utilizar para pagar a su proveedor extranjero.

Esta operación  crea un problema diferido. Si los importadores no pueden generar dólares en su propio negocio tendrán que vender euros para comprar dólares, dicho de otra manera, tendrán que encontrar a alguien que necesita euros y esté dispuesto a entregar dólares a cambio. Por ejemplo, el comprador de esos depósitos denominados en euros podría ser un exportador que ha conseguido dólares pero realmente necesita su moneda funcional para pagar a sus acreedores o pagar sus impuestos. (Operativamente estas transacciones no se hacen directamente entre importadores y exportadores sino que normalmente intervendrá alguna institución financiera que puede casar esta oferta y demanda). Sin embargo en este caso trasladamos el problema a otro agente nacional que se queda endeudado en una moneda extranjera. Este agente tiene que ser capaz de generar flujos de caja denominados en esa divisa en el futuro para pagar el principal más los intereses.

Los riesgos del endeudamiento en moneda extranjera


En una economía que se endeuda en moneda extranjera y que no es capaz de generar divisas por importe suficiente para saldar la deuda habrá más compradores de divisas que vendedores. La consecuencia de la sobreoferta de moneda nacional y el exceso de demanda de divisas es que la primera se depreciará respecto a la segunda.

La depreciación de la divisa encarece las importaciones y abarata las exportaciones. Esto puede equilibrar la balanza comercial. Pero también tiene el inconveniente de que las personas y empresas previamente endeudadas en divisas extranjeras tendrán que ofrecer más unidades de su moneda nacional en el futuro cuando compren la moneda extranjera que necesitan para pagar a sus acreedores. Si no son capaces de  afrontar ese encarecimiento de sus préstamos externos pueden entrar en situaciones de insolvencia. (Además el encarecimiento de las importaciones  puede transmitirse a los precios finales causando inflación, sobre todo si la economía es muy abierta tema que trataremos en un post posterior). Es poco recomendable endeudarse en moneda extranjera salvo que uno tenga probada capacidad de generar los flujos de caja en la misma moneda que le permitan atender el servicio de su deuda.

En los años de la burbuja inmobiliaria española algunas entidades financieras ofrecieron a sus clientes de forma torticera e imprudente préstamos hipotecarios denominados en yenes o francos suizos. Estos bancos engañaron a sus clientes arguyendo que así podrían beneficiarse de los tipos de interés más bajos vigentes en esas zonas monetarias. Cuando el franco suizo se apreció respecto al euro algunos de los que picaron se encontraron con un encarecimiento imprevisto de sus cuotas hipotecarias. Los hogares normalmente perciben ingresos en la moneda de su propio país. Para ellos endeudarse en una moneda extranjera implica asumir un riesgo cambiario que puede tener proporciones excesivas para una economía doméstica.

El riesgo de endeudarse en moneda extranjera también es relevante para los los estados. Muchos gobiernos de economías menos desarrolladas han recurrido a financiación en divisas para abastecerse de tecnología extranjera, bienes de capital o armamento. Estas compras se financian frecuentemente con deuda externa denominada en divisas extranjeras. Este tipo de operaciones son las que pueden originar una crisis de deuda externa.

Tal fue el caso de los países de América Latina en los años 70 cuyas economías llegaron a acumular un nivel de endeudamiento externo equivalente a casi el 50% de su renta nacional bruta. El proceso fue fomentado por bancos de inversiones que animaron a los gobiernos a entrar en unas operaciones de financiación que se revelarían muy imprudentes El problema de endeudamiento se vio acentuada por la depreciación de sus monedas que elevó el valor nominal de estas deudas expresadas en la divisa nacional. Estas economías llegaron a un punto en el que ya no fueron capaces de generar suficientes divisas procedentes de sus exportaciones como para atender el servicio de su deuda externa y además seguir importando bienes básicos del extranjero. La necesidad de destinar una gran parte de las exportaciones a pagar intereses y principal a los acreedores extranjeros implicó que una parte importante de sus recursos se desviaran a un uso socialmente inútil. Para atender esos pagos los estados tuvieron que aplicar políticas de austeridad que perjudicaron sobre todo el gasto social, deprimieron la economía y dejaron a muchas personas sin empleo y sumidas en la miseria. La crisis de la deuda causó una década pérdida en América Latina.

Por tanto, debemos ser conscientes de que la ventaja de ser un emisor en régimen de monopolio se limita a todos los bienes y servicios que se hallan a la venta en la moneda que emite el estado y no aplica a los bienes y servicios producidos en el extranjero.

Analicemos la balanza de capitales desagregada por divisas


Tradicionalmente los países publican una balanza comercial que muestra el saldo de las exportaciones y las importaciones de bienes y servicios. Si añadimos la balanza de rentas, que recoge los pagos al extranjero por intereses, dividendos, salarios pagados a trabajadores extranjeros menos los ingresos por los mismos conceptos, obtenemos la cuenta corriente.

El saldo de la balanza por cuenta corriente está compensado por la balanza de capitales que recoge la financiación neta recibida del extranjero si mantenemos un déficit o la financiación neta concedida a extranjeros si conseguimos un superávit en la balanza por cuenta corriente.

Cuando una economía incurre en un déficit comercial más o menos prolongado esto no representa un riesgo mientras los extranjeros están dispuestos a mantener saldos denominados en la moneda del país deficitario. En cambio, si los extranjeros prefieren que los pagos se hagan en su propia moneda o en la de un tercer país, imponen sobre los importadores la obligación de realizar una serie de pagos periódicos al acreedor en esa moneda con posterioridad. Además si estas empresas u hogares no los pudieran conseguir su estado no podrá rescatarlos —por ejemplo, nacionalizando sus negocios— para saldar su deuda con el acreedor extranjero.

El gobierno debe evitar o minimizar el endeudamiento en moneda extranjera. Si nos endeudamos en nuestra moneda el gobierno siempre podrá garantizar que los extranjeros cobrarán su deuda. Incluso, si hubiese alguna entidad financiera o empresa del sector privado excesivamente endeudada en euros el estado siempre podría nacionalizarla si considera que su quiebra o liquidación dañaría la economía nacional.

En cambio si nos endeudamos en otra divisa para comprar bienes y servicios al extranjero podemos encontrarnos con problemas para atender los pagos en el futuro porque tenemos que asegurarnos de que podremos hacernos con esas divisas en el futuro.

Esto es especialmente válido para economías menos desarrolladas.

¿Quiere esto decir que un país pobre no debe importar bienes del extranjero? La realidad es si un país es pobre y carece de tejido industrial para producir bienes y servicios que realmente interesen a los nacionales de otros países ninguna política de tipos de cambio puede resolver ese problema. En este caso un gobierno responsable tratará de encauzar las entradas de divisas extranjeras hacia la compra de bienes extranjeros que sean realmente de primera necesidad como fármacos o material sanitario o bienes de capital que pueden mejorar la capacidad productiva del país en el futuro.

Lo que debe minimizar o desincentivar es la entrada de bienes suntuarios que son socialmente poco útiles. Lamentablemente, en muchos estados subdesarrollados, muchos de ellos con débiles mecanismos democráticos de control y elevadas desigualdades sociales, las élites suelen poner la economía a su servicio y podemos ver cómo una parte de los ingresos por exportaciones, normalmente de materias primas producidas gracias al duro trabajo de campesinos y mineros, se destina a la importación de vehículos de lujo y otros bienes suntuarios. Esto no solo expone el país a crisis de deuda futuras sino que supone un ejemplo de cómo las élites explotan a las clases populares.

Una política que fomente la sustitución de importaciones o las restricciones al libre movimiento de capitales pueden ser aconsejables para las economías menos desarrolladas o para las que no cuentan con una divisa utilizada como moneda de reserva. El gobernante prudente permitiría la constitución de préstamos a favor de empresas y ciudadanos de esa economía denominados en moneda extranjera condicionada a la comprobación de que los depósitos se destinen a la compra de equipamiento que aumenten el potencial productivo de la economía en el futuro. También puede ser útil limitar los depósitos constituidos a favor de extranjeros para especular en los mercados financieros. Este tipo de operaciones suele generar movimientos de grandes capitales que pueden causar una gran volatilidad en la cotización de la divisa.

Es desafortunado que los servicios estadísticos nacionales no suelen publicar la balanza de capitales desagregada por divisas. Un incremento del endeudamiento externo denominado en divisas extranjeras sería un motivo de alerta mientras que un endeudamiento en la propia moneda plantea menos problemas. Una balanza de capitales que no desagrega por divisas hace que perdamos de vista esa información crítica.

En un post posterior hablaremos de los regímenes cambiarios y defenderemos la necesidad de que el tipo de cambio sea flotante para asegurar una verdadera soberanía monetaria. También hablaremos de qué determina las posiciones ahorradoras o deficitarias de los sectores de una economía.

domingo, 5 de febrero de 2017

¿Qué es el dinero? Parte V

En una serie de posts anteriores hemos explicado qué es el dinero. Esta es la serie hasta ahora:

¿Qué es el dinero? Parte I
¿Qué es el dinero? Parte II
¿Qué es el dinero? Parte III
¿Qiué es el dinero? Parte IV

En este post quería mostrar la un vistazo la relación entre los balances de los agentes que participan en el sistema monetario. Podemos visualizar el sistema monetario como una serie de balances encadenados.

Si para empezar examinamos el balance del estado (en el que consolidamos al gobierno y al banco central pues este es una entidad cuyo único accionista en la mayoría de los países es el estado) veremos que el pasivo incluye las monedas y billetes en circulación, las cuentas de reservas cuyos titulares son los bancos comerciales que participan en el sistema del banco central y las emisiones de deuda pública. Cuando el estado gasta crea nuevo dinero un proceso que consiste básicamente en una secuencia de cuatro apuntes contables:


  • El Tesoro carga la cuenta del acreedor del estado y anota un abono en su cuenta en el Banco Central.
  • El Banco Central carga la Cuenta de Depósitos del Tesoro y abona la cuenta de reservas del banco en el cual el acreedor mantiene su cuenta corriente.
  • El banco comercial adeuda su cuenta de reservas y abona la cuenta corriente de su cliente
  • El cliente hace el cargo en la cuenta corriente y abona la cuenta de su cliente, el estado.

El cobro de impuestos consiste en una secuencia de apuntes inversa a la anteriormente descrita y por tanto destruye dinero.

El gobierno emite deuda pública cuando el gasto público es superior a sus ingresos fiscales. Esto es una pura convención institucional. Sería igualmente efectivo recurrir a descubiertos en cuenta en el banco central.

Los balances de los bancos comerciales incluirán en su activo las cuentas de reservas en el banco central, una cartera de títulos que incluye sus inversiones en deuda pública y una cartera de créditos y préstamos a empresas y hogares. En el pasivo de los bancos comerciales encontraremos los depósitos que mantiene hogares y empresas.

Finalmente hogares y empresas registrarán en su activo estos mismos depósitos y en su pasivo los préstamos y créditos que les han concedido los bancos.

Cada transacción real entre los agentes del sector privado no financiero (el pago de un salario, la compraventa de una vivienda, el suministro de mercancías de un proveedor, etc.) generará transferencias entre ellos que se reflejarán en un cambio de titularidad de fondos en depósitos bancarios.

Si algún hogar o empresa necesita un préstamo de un banco, el banco constituirá un nuevo depósito a su favor. Este es el proceso de creación de dinero bancario. En cambio cuando un hogar o empresa amortice un préstamo sus depósitos se reducirán. La amortización de préstamos destruye el dinero.

Estas transferencias entre depósitos pueden ocurrir dentro de la misma entidad bancaria o entre distintos bancos. En este caso puede ser que un banco puede ver que sus depósitos totales aumentan o disminuyen.

En los balances de los bancos todas estas transacciones entre particulares generarán cambios en sus balances que les obligan a  recalcular su posición de reservas. Al calcular la posición pueden descubrir que se ha generado un exceso de reservas, que tratarán de colocar en el mercado interbancario, o un déficit en cuyo caso tratarán de obtenerlas del interbancario.  De esta forma se producen transferencias de cuentas de reservas entre los bancos. Estas transacciones no cambian el total de reservas en el sistema bancario. Para que cambie el volumen de reservas tiene que intervenir el banco central.

Los bancos centrales acomodarán la oferta de reservas para alcanzar su objetivo de tipos de interés. Si hay un exceso de reservas en el sistema bancario el tipo de interés interbancario tenderá a reducirse. Si el tipo de interés del mercado interbancario cae por debajo de su objetivo, el banco central puede drenar el exceso de reservas, por ejemplo vendiendo títulos de deuda pública a los bancos. Por el contrario, si hay un déficit de reservas el tipo de interés tenderá a subir. El banco central puede intervenir ofreciendo líneas de liquidez o comprando títulos de deuda que están en las carteras de los bancos. Esta operación  inyecta reservas en el sistema.Además estas operaciones de compra de títulos de deuda pública influye en su precio y por tanto determinar el rendimiento de la deuda pública. De esta manera el banco central puede determinar el tipo de interés de referencia para todos los plazos, tanto los de corto (menos de 1 año) como los de largo plazo (más de un año).

De esta forma los balances de los agentes están interrelacionados y las decisiones de unos agentes causan cambios voluntarios e involuntarios en los balances de otros. Pero hasta ahora hemos tratado los circuitos monetarios como circuitos domésticos cerrados.




lunes, 30 de enero de 2017

El desempleo es siempre una decisión política

Artículo conjunto de Miguel Carrión, Esteban Cruz y Stuart Medina publicado originalmente en El Diario el pasado 23 de enero de 2017.


Desde hace tres años asistimos a un esfuerzo propagandístico para convencernos de que "la crisis ya es historia". Tales proclamas suelen acompañarse del reconocimiento a la generosidad de los ciudadanos por sus “sacrificios”, que se presentan como necesarios y repartidos de “forma justa”, siendo exigidos en nombre de la eficiencia económica.

Hagamos inventario de estos sacrificios. El INE nos informa de que en el primer trimestre de 2013 la tasa de desempleo alcanzó el 26,97%, y desde entonces ha retrocedido hasta el 18,91%. Esta cifra sigue siendo demasiado elevada como para certificar el final de la crisis, pero además oculta mucha información relevante. En el segundo trimestre de 2008 los españoles trabajamos 722 millones de horas. En el segundo trimestre de 2016 lo hacíamos 620 millones de horas, lo que es un fiel indicio de cómo arraiga la precariedad. El mero porcentaje de paro tampoco refleja que más de 650.000 personas han abandonado el mercado de trabajo, ni que España es uno de los países europeos con mayor tasa de temporalidad (25%). Más de 2,5 millones de personas llevan buscando empleo desde hace más de un año. Muchas personas de 30 años nunca han trabajado, y muchas otras mayores de 45 años que perdieron su empleo hace años es probable que nunca más vuelvan a trabajar.

Los políticos se complacen por los resultados de unas políticas que dejan sin empleo a gran parte de la población activa porque la opinión pública se ha acostumbrado a tolerar el mayor dispendio de activos de nuestra sociedad: el del capital humano. La constitución española de 1978 en su artículo 40.1 compromete al estado en la promoción de la estabilidad económica y el pleno empleo:

Los poderes públicos promoverán las condiciones favorables para el progreso social y económico y para una distribución de la renta regional y personal más equitativa, en el marco de una política de estabilidad económica. De manera especial realizarán una política orientada al pleno empleo.

Los sucesivos gobiernos elegidos al amparo de esta constitución han incumplido este mandato. Con el régimen del 78 se inicia un período casi secular de elevado desempleo.







Evolución de la Tasa de desempleo en España.

El pensamiento económico dominante ha elaborado nociones aberrantes para defender que sólo las fuerzas del mercado pueden determinar el nivel de empleo. En esta visión el estado queda relegado a un papel subordinado, limitado a suprimir las rigideces que impiden que oferta y demanda de trabajo se ajusten a un supuesto equilibrio de mercado, incluso aunque el precio del trabajo esté por debajo del nivel de subsistencia institucionalizando el fenómeno de los trabajadores pobres. La devaluación de las capacidades, habilidades, y creatividad, de las personas a través del desempleo no sólo nos priva de un potencial bienestar presente basado en la movilización de recursos reales que hoy están parados, sino que hipoteca nuestro futuro.

El desempleo es siempre una decisión política. El desempleo consolida el poder de quienes detentan el poder económico, y protege a quienes ven en la movilidad social una amenaza. El miedo a perder un empleo artificialmente escaso disciplina a la población. Y la imposición de límites al déficit público, además de ahogar el progreso de la sociedad, permite el mantenimiento del desempleo.

Una alternativa es la Teoría Monetaria Moderna (TMM). Según ésta, sólo quien emite la moneda en régimen de monopolio tiene la capacidad financiera suficiente para garantizar siempre y en toda circunstancia el pleno empleo. Solo el emisor de la moneda puede hacerse cargo de las inversiones estratégicas necesarias para construir la sociedad que queremos y dar una respuesta estructurada y directa a los retos a los que nos enfrentamos como comunidad. En la zona del euro, el deficiente gasto público y el consiguiente desempleo son condiciones que la Unión Monetaria Europea (UME) se autoimpone. Al ser la UME la misma que crea el euro, solo puede eliminar el desempleo en la zona del euro comprando el trabajo que esté disponible en su moneda, pero decide no hacerlo al anteponer el déficit al desempleo como objetivo político.


Perseguir el interés general en política económica quiere decir, ante todo, eliminar restricciones para utilizar al máximo el potencial del sistema. Esto requiere dejar crecer el déficit público cuanto sea necesario para el mantenimiento del pleno empleo. Para una entidad con soberanía monetaria, aumentar el déficit o sostenerlo en el tiempo supone únicamente que en su registro contable se apunte que inyecta más fondos a la economía de los que detrae de ella.


De acuerdo con esto, proponemos sustituir en los Tratados europeos los mecanismos arbitrarios que imposibilitan que la economía europea alcance el pleno empleo sin generar un aumento generalizado de precios. Proponemos reemplazar la histeria en torno al estado contable de la autoridad fiscal por una política de hacienda funcional que supedita el nivel de gasto a la consecución de objetivos en la economía real, tales como la supresión de la pobreza, la mejora de los servicios públicos, el cuidado del medio ambiente y de las personas, la modernización del aparato productivo o la transición energética.

En lugar de usar la bolsa de desempleados con la excusa de regular la inflación, forzando a los ciudadanos al paro o la emigración, la TMM propone financiar una bolsa de empleados a la que el sector privado pueda acudir en busca de trabajadores activos, simplemente ofreciendo a éstos unas condiciones mejores que el suelo fijado por el sector público para su contratación. Los planes de empleo de transición serían programas permanentes de empleo público que ofrecerían un puesto de trabajo a todo aquél que desee trabajar, con una retribución fijada por encima del umbral de la pobreza y en condiciones dignas, en actividades separadas del sector público tradicional y sin entrar a competir con el sector privado. El tamaño de la bolsa de empleo de transición crecería en las recesiones y disminuiría en las recuperaciones, compensando el ciclo económico. Además, ligando el salario de transición al objetivo de inflación se ayudaría a la estabilidad de precios.

Técnicamente todo esto es aplicable dentro del euro, pero en cualquier caso es absolutamente necesario para cada estado miembro dotarse también de una solución alternativa que prevea la adopción de una moneda nacional. Esto es así ya sea para hacer frente a una posible implosión de la zona euro debida a la evolución de la situación política de países como Francia, Italia u Holanda; ya sea porque la Unión Europea no esté dispuesta a eliminar de su ADN sus actuales reglas de austeridad antidemocráticas, antisociales y antieconómicas.

martes, 17 de enero de 2017

Acto Desempleo 0%

El 25 de enero se celebra en Madrid una cumbre sobre Teoría Monetaria Moderna que organizan las asociaciones española Red MMT e italiana Rete MMT. En el acto se hablará de las finanzas funcionales, es decir, de una aproximación a la política fiscal basada en sus resultados sobre la economía real y no centrada en la histeria de su saldo contable y de la garantía del pleno empleo a través del plan de empleo de transición. Vamos a desafiar el relato económico de las elites.

En el acto participan Pavlina Tcherneva, profesora asociada de Economía en el Bard College de Nueva York, donde también es directora de los programas de economía y de Economía y Finanzas. También es investigadora en el Levy Economics Institute of Bard College y del Binzagr Institute of Sustainable Prosperity.

Además participan Nacho Álvarez, profesor de economía de la Universidad Autónoma de Madrid; Manolo Monereo, profesor de ciencias políticas; el economista Eduardo Garzón; y Juan Laborda, profesor de finanzas de la Universidad Carlos III y Alfredo D'Attorre, diputado por el Partito della Sinistra Italiana. Actuaremos como anfitriones los activistas de Red MMT Stuart Medina, Esteban Cruz e Ivan Invernizzi.

Toda la información está disponible en la página web del evento MMT Desempleo 0% donde os podéis inscribir.


lunes, 16 de enero de 2017

Lanzamiento de Red MMT



La Asociación Red MMT inicia su

andadura para difundir y divulgar la Teoría Monetaria Moderna.

La Teoría Monetaria Moderna es una necesidad histórica basada en los siguientes principios inspiradores:
  1. Hacia el desempleo cero. No entendemos que se tolere la mayor ineficiencia de nuestras sociedades, el despilfarro de nuestros activos más preciados: las personas. 
  2. Aumentar el aprovisionamiento social. Las personas desempleadas que pueden y quieren trabajar deben movilizarse para proporcionar bienes y servicios que la sociedad necesita y que se dejan sin cubrir. 
  3. Erradicar la precariedad laboral. No podemos permitir que se mantenga un ejército de reserva de desempleados para disciplinar a la fuerza de trabajo en sus demandas de unos derechos y condiciones laborales dignas. 
  4. Equidad e integración. El empleo no es solo una actividad para adquirir una renta monetaria, sino un mecanismo de desarrollo personal y de sociabilidad, de integración y lucha contra la discriminación de género, raza y etnia. 
  5. Reducir la incertidumbre personal. Los efectos perniciosos sobre la salud psicológica provocados por el estrés, la ansiedad y la depresión podrían minorarse eliminando la inseguridad relativa al empleo; además de facultar a los individuos a dejar pasar menos oportunidades para iniciar proyectos de todo tipo por miedo a perder su principal fuente de ingresos. 
  6. Transformar la inversión. La inversión es el elemento crucial que da forma a nuestras sociedades. El sector privado se mueve por el deseo de acumulación de beneficios, siendo las expectativas de obtenerlos el motor que les lleva a tomar las decisiones sobre en qué sectores invertir. El sector público no se ve limitado a los mismos condicionantes, pudiendo ejecutar inversiones transformadoras que no se guían por el mero objetivo del lucro o rentabilidad. 
  7. Equilibrio entre el sector público y el sector privado. Frente a la opulencia privada, es urgente un desarrollo parejo de los servicios públicos que redunde en un bienestar compartido por todos los ciudadanos. 
  8. Descentralizar y fortalecer la democracia. Si bien existe un componente jerárquico en cuanto a la financiación, el diseño de los Programas de Trabajo Garantizado desde abajo garantizaría un uso correcto de los activos disponibles en función de las necesidades y objetivos particulares de cada región o municipio. 
  9. Incluir la esfera reproductiva. Hacer visibles estos activos mediante una remuneración no sujeta a motivos de mercado no supondría su mercantilización, sino la socialización del trabajo de cuidados. 
  10. Cómo y para qué crecer. Es importante no fijarse metas cuantitativas y abordar en qué sectores crecer socializando al inversión y qué consumos desincentivar vía impositiva. Ligar la creación de empleo y la sostenibilidad ambiental como objetivos simultáneos de política económica es esencial para invertir el impacto que dejamos sobre el planeta sin fallar en el intento. 

Infórmate en www.redmmt.es






domingo, 15 de enero de 2017

Acto desempleo cero

El 25 de enero se celebra en Madrid una cumbre sobre Teoría Monetaria Moderna que organizan las asociaciones española Red MMT e italiana Rete MMT. En el acto se hablará de las finanzas funcionales, es decir, de una aproximación a la política fiscal basada en sus resultados sobre la economía real y no centrada en la histeria de su saldo contable y de la garantía del pleno empleo a través del plan de empleo de transición. Vamos a desafiar el relato económico de las elites.

En el acto participan Pavlina Tcherneva, profesora asociada de Economía en el Bard College de Nueva York, donde también es directora de los programas de economía y de Economía y Finanzas. También es investigadora en el Levy Economics Institute of Bard College y del Binzagr Institute of Sustainable Prosperity.

Además participan Nacho Álvarez, profesor de economía de la Universidad Autónoma de Madrid; Manolo Monereo, profesor de ciencias políticas; el economista Eduardo Garzón; y Juan Laborda, profesor de finanzas de la Universidad Carlos III y Alfredo D'Attorre, diputado por el Partito della Sinistra Italiana. Actuaremos como anfitriones los activistas de Red MMT Stuart Medina, Esteban Cruz e Ivan Invernizzi.

Toda la información está disponible en la página web del evento MMT Desempleo 0% donde os podéis inscribir.


lunes, 9 de enero de 2017

¿Qué es el dinero?: Parte IV

Las reservas bancarias

En un post anterior abordamos la cuestión de la creación del dinero bancario. En él vimos que el dinero bancario son los depósitos que esos abren a nombre de su clientes cuando conceden préstamos. Este dinero es un pasivo para los bancos.

Este post va a ser mucho más técnico. La cuestión que abordamos ahora es ¿qué clase de dinero utilizan los bancos? Por supuesto los bancos pueden tener depósitos abiertos en otras entidades financieras. Sin embargo, a diferencia de los demás ciudadanos, los bancos pueden abrir cuentas en el banco central. Estas cuentas se llaman 'cuentas de reservas'. 

Las cuentas de reservas son simplemente depósitos que mantienen los bancos en el banco central. Estas cuentas son un pasivo de esta entidad y un activo de las entidades financieras. Podemos decir que el banco central es el banquero de los bancos.

En la siguiente imagen aparece el lado del Activo del balance de un banco español, el Banc de Sabadell. He señalado la cuenta en la que figuran los saldos en caja (monedas y billetes) y los depósitos en bancos centrales. En esta partida se recogen las cuentas de reserva del Banc de Sabadell, en definitiva un tipo de depósito en el banco central.


Obviamente en el balance del Banco Central Europeo deben aparecer las cuentas de reserva como un pasivo. En la siguiente ilustración aparece parte del balance del Banco de España. Las reservas aparecen el epígrafe 2.1. Cuentas corrientes (incluidas las reservas mínimas). 


Los bancos procurarán mantener el nivel más bajo posible de reservas porque estas cuentas no ofrecen más rentabilidad que la que quiera pagar el banco central. Sin embargo los bancos necesitan mantener un saldo mínimo de reservas en primer lugar por una exigencia del regulador. En el Eurosistema,

las reservas mínimas se calculan aplicando un coeficiente, actualmente el 1%, llamado coeficiente de reservas o coeficiente de caja, a los saldos, a fin de mes, de determinados pasivos de las entidades de crédito, generalmente a plazos inferiores a dos años que, en conjunto, forman lo que se denomina base de reservas. Las reservas así determinadas se deben mantener durante un período de un mes y se remuneran al tipo de interés de las operaciones principales de financiación del Eurosistema. El período de mantenimiento de reservas se inicia a partir del día de la liquidación de la primera operación principal de financiación posterior a la reunión del Consejo en la que tomen decisiones de política monetaria. Una entidad cumple las exigencias de mantenimiento de reservas durante ese mes si la media de los saldos diarios en su cuenta en el banco central no es inferior a la cantidad exigida (Glosario de Política Monetaria. Página web del Banco de España).
Además los bancos pueden mantener un nivel de reservas para asegurar un nivel de liquidez mínimo. Estas reservas sirven para que los bancos compensen pagos entre ellos. Supongamos que un banco A tiene que depositar en cuentas de sus clientes transferencias y cheques procedentes de otro banco B. A su vez el banco B tiene que hacer lo propio con medios de pagos procedentes del banco A. Lo que hacen es saldar sus posiciones al final del día. Si tras saldar esas posiciones el banco A adeuda al banco B una cantidad de dinero lo que hará es ordenar la trasferencia de ese importe desde su cuenta de reservas en el banco central a la cuenta de reservas que mantiene el banco B.

Es importante entender que los bancos no se dedican a prestar reservas a los particulares. Cuando los bancos dan un préstamo crean nuevos depósitos, no están en ningún caso prestando las cuentas de reservas. Las cuentas de reservas son depósitos que mantienen los bancos en el banco central. Pueden transferir estos depósitos a otros bancos pero no a un particular u otra entidad que no sea miembro del sistema de bancos centrales.

La creación y destrucción de reservas


Las reservas bancarias forman parte de lo que se llama la 'base monetaria', que  está constituida por las monedas y billetes de curso legal en manos del pública y las cuentas de reservas. Al igual que los bancos pueden crear nuevos depósitos también el banco central tiene una capacidad de crear nuevas cuentas de reservas. Para entender el proceso de creación de nuevas reservas veamos de forma esquelética el balance de un banco central:

Activos (A)=Reservas (R) + Billetes en circulación (B) + Depósitos del Gobierno (DG)

Además de mantener las cuentas de reservas de los bancos los bancos centrales emiten los billetes de banco y mantienen las depósitos del estado. Una de las funciones históricas de los bancos centrales ha sido la de mantener las cuentas de los gobiernos. Si consultamos la página web del Banco de España encontraremos que entre sus funciones está la siguiente:

El Banco de España mantiene las cuentas en euros o en divisas del Tesoro y de las Comunidades Autónomas que así lo solicitan, realizando por su cuenta ingresos y pagos y, en general, desarrollando cualquier actividad bancaria del Gobierno central, de las autoridades regionales y locales o de cualquier otra institución pública. Esta actividad no puede dejar en descubierto ni proporcionar facilidades crediticias. 
El Banco de España, además, actúa como agente financiero de la deuda pública, contribuyendo con sus medios técnicos a facilitar los procedimientos de emisión, amortización y de gestión. 
El Banco de España tiene prohibida la compra directa de las emisiones de la deuda pública. Solo puede adquirir títulos públicos en los mercados para el ejercicio de sus tareas de intervención monetaria.
Los cambios en el balance del banco central se pueden representar con la siguiente ecuación:

ΔA=ΔR+ΔB+ΔDG

Si queremos estudiar los cambios en las cuentas de reservas podemos reordenar la expresión anterior de la siguiente manera:

ΔR=ΔA-ΔB-ΔDG

Por tanto las reservas de los bancos crecen (decrecen) cuando 1) aumentan (reducen) sus activos, 2) el público reduce (incrementa) las cantidades de efectivo que desea mantener o 3) el gobierno reduce (aumenta) sus depósitos en el banco central cuando hace transferencias al sector privado. Este último mecanismo forma parte de lo que hemos llamado circuito vertical del dinero. Examinemos este mecanismo en primer lugar.

La creación y destrucción de nuevas cuentas de reserva y el circuito vertical del dinero


En los estados dotados de soberanía monetaria una forma de crear esas reservas es el circuito vertical de creación de dinero que describimos en el post anterior. Cuando el estado hace un pago normalmente da una instrucción para que se adeude la cuenta que mantiene el Tesoro en el banco central y se abone la de su acreedor como haríamos cualquiera de nosotros al ordenar una transferencia a nuestro casero o a un comerciante. Esta instrucción genera un par de apuntes contables intermedios en el banco central: se adeuda el depósito del Tesoro en el banco central y se abona la cuenta de reservas del banco del beneficiario de la transferencia. Finalmente el banco privado adeuda su cuenta de reservas en el banco central y abona la cuenta de su cliente. De esta manera el estado ha creado nuevo dinero: un depósito bancario de una persona o entidad del sector privado ha aumentado su saldo y éste tiene su contrapartida en un aumento de la cuenta de reservas del banco privado. A primera vista esto resulta complicado de entender porque se produce una complicada secuencia de apuntes contables. Quizás le ayude al lector ver el impacto de una operación de pago de 100 euros del estado en los balances del tesoro, el banco central, el banco privado y el proveedor del estado.

A) En la contabilidad del tesoro se producen estos apuntes


B) En la contabilidad del banco central se registra el siguiente apunte contable.


C) En la contabilidad del banco privado "A" se registraría el siguiente apunte


D) Finalmente en la contabilidad del proveedor podríamos ver los siguientes apuntes registrados:



Es esta cuádruple contabilidad lo que ofusca lo que está ocurriendo sin embargo la mecánica de creación de dinero y de cuentas de reservas es sencillísimo y se puede representar en una hoja de cálculo.  Quizás a algunos lectores les resulte más clara esta representación gráfica de los cambios en los balances de cada uno de los cuatro agentes que intervienen en la transacción que figura a continuación.


En cualquier caso el resultado final de una decisión de gasto del estado es que se han creado nuevos depósitos en el sector privado y nuevas cuentas de reservas en el banco central. En sentido contrario, el pago de impuestos destruye el dinero creado a través del gasto público. Cuando un ciudadano paga sus impuestos su banco adeuda su cuenta corriente y abona la cuenta de reservas. El banco central adeuda la cuenta de reserva del banco y abona el depósito del tesoro en el banco central.

Es fundamental comprender que una característica del circuito vertical es que el gasto público incrementa la posición financiera neta del sector privado. Como consecuencia de una decisión de gasto del estado algún agente del sector privado se encuentra con un depósito bancario que antes no existía. A la inversa, los impuestos destruyen activos financieros netos del sector privado.

Si el estado incurre en un déficit es evidente entonces que estará añadiendo activos financieros netos al sector privado. Es decir, el déficit del estado es el ahorro del sector no gubernamental. En cambio, si incurre en un superávit estará reduciendo los ahorros del sector privado. Como el sector privado tiene una preferencia por mantener una posición financiera neta positiva lo normal históricamente es que los estados incurran en déficit fiscal casi todos los años.

En cambio el circuito horizontal, el relacionado con la creación de depósitos ligados al crédito bancario que examinamos anteriormente, no añade activos financieros netos al sector privado. ¿Por qué? Porque si el banco concede un préstamo a un particular también constituye un depósito por el mismo importe. Aunque el prestatario luego se gaste el saldo anotado en su nuevo depósito lo único que ocurre es que la titularidad de ese depósito será transferido a un tercero en el mismo o en otro banco. Sin embargo, a nivel agregado en el sector privado el crédito y los depósitos seguirán siendo del mismo importe aunque de signo contrario y por eso el saldo neto de activos financieros del sector privado será cero. Hay más activos financieros pero también hay más pasivos financieros.

Las emisiones de deuda pública


Teóricamente, si un déficit público se prolonga en el tiempo, eventualmente el saldo de los depósitos del estado en el banco central se volvería negativo. Es decir, en este caso el banco central consentiría que el estado tuviera un descubierto en cuenta. Sin embargo, muchos estados han establecido restricciones institucionales que prohíben a los bancos centrales la financiación del déficit del estado. Por ejemplo, el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea en su artículo 123.1 dice:
Queda prohibida la autorización de descubiertos o la concesión de cualquier otro tipo de créditos por el Banco Central Europeo y por los bancos centrales de los Estados miembros, denominados en lo sucesivo bancos centrales nacionales, en favor de instituciones, órganos u organismos de la Unión, Gobiernos centrales, autoridades regionales o locales u otras autoridades públicas, organismos de Derecho público o empresas públicas de los Estados miembros, así como la adquisición directa a los mismos de instrumentos de deuda por el Banco Central Europeo o los bancos centrales nacionales.
Para evitar los descubiertos, cuando el estado incurre en déficit, convencionalmente el tesoro emite deuda pública por importe equivalente al déficit fiscal. El efecto final es que la emisión de deuda en los balances de los bancos es que se reducen los saldos de sus cuentas de reservas y aumentan por valor equivalente los saldos en sus tenencias de títulos de deuda pública.

No existe ninguna razón científica que justifique la prohibición de los descubiertos más que la anquilosada práctica jurídica alemana impuesta a los demás estados europeos y el pensamiento económico obsoleto y convencional de los redactores de los tratados europeos. Se trata simplemente de vilipendiar el déficit público/ahorro neto del sector privado y condenar el gasto público como algo pecaminoso que debe ser evitado a toda costa. Veremos más abajo que, si es necesario, los bancos centrales comprarán estos mismos títulos de deuda pública para aumentar de nuevo el nivel de reservas. Lo único que cambia a efectos prácticos pues es la composición del activo de los bancos privados. Bueno, en realidad cambia algo más: donde antes los bancos, fondos de inversión, fondos de pensiones y otros inversores adinerados tenían unos depósitos que no pagaban intereses ahora tendrán títulos de deuda pública de la máxima solvencia y garantía que sí generan rentas. La prohibición de los descubiertos en el banco central no es enteramente inocente.

El suministro de reservas al sistema bancario


Anteriormente explicamos que otra causa de la variación en las reservas eran las variaciones de los activos del banco central. Estas variaciones tienen que ver con la política monetaria del banco central. Los bancos centrales modernos tratan de  determinar un tipo de interés a corto plazo de referencia. Este tipo suele ser el del mercado interbancario en el que unos bancos prestan sus reservas excedentarias a otros.Si hay un exceso de reservas los tipos de interés tenderán a bajar mientras que si hay una carencia de reservas los tipos de interés subirán. Para alcanzar su objetivo el banco central tendrá que acomodar el nivel total de reservas existentes en el sistema de bancos participantes en el sistema al nivel que lleve el tipo de interés interbancario al nivel que desea.

El banco central puede aumentar el nivel de reservas existentes en el sistema comprando activos financieros que se encuentran en las carteras de los bancos, normalmente títulos de deuda pública como las letras del Tesoro y los bonos del Estado. Esto tiene el efecto de aumentar el activo del banco central y su contrapartida, las cuentas de reservas, en el pasivo. Expresado mediante una ecuación:  ΔR=ΔA si hacemos ΔB=0 y ΔDG =0. 

Los bancos a su vez registrarán una variación en la composición de su activo: un aumento de sus cuentas de reservas y una reducción equivalente de sus inversiones de cartera. El banco central puede también crear cuentas de reservas abriéndoles a los bancos líneas de liquidez directamente. En este caso el banco central registra un préstamo en su activo y un aumento equivalente de reservas en su pasivo. Esta operación conseguirá que los tipos de interés del mercado interbancario caigan hasta el nivel deseado por el banco central.

La compra de títulos de deuda pública en el mercado secundario de paso significa también que el banco central puede determinar su precio y por tanto el rendimiento que ofrecen a los inversores. Por eso cuando en la prensa leemos que la prima de riesgo de la deuda pública de los estados del sur de Europa ha aumentado no debemos caer en el engaño de creer que ese precio refleja condiciones de mercado. Simplemente el Banco Central Europeo ha tomado la decisión política de no comprar suficiente deuda pública como para reducir su rendimiento.

A la inversa el banco central puede "drenar" reservas excedentarias en el sistema bancaria con operaciones inversas a las anteriormente descritas. Por ejemplo vendiendo títulos de deuda que tiene en su cartera a los bancos o desincentivando que los bancos acudan a las líneas de liquidez con un aumento de los tipos de interés que pide a cambio. En este caso el efecto es una reducción simultánea de los activos registrados en el balance del banco central y de las reservas en el pasivo. Estas operaciones permiten subir los tipos de interés hasta el nivel que desea el banco central.

Circulación de billetes


Por último las reservas bancarias pueden disminuir cuando el público desea aumentar sus tenencias de billetes de banco. Supongamos que una persona decide retirar efectivo de su cuenta bancaria. En este caso el banco los pedirá al banco central el cual los entregará cargando su importe en la cuenta de reservas de la entidad. Cuando el banco entrega los billetes a su cliente cargará a su vez el importe en la cuenta corriente de éste. De esta forma un aumento de los billetes en circulación produce una reducción de los niveles de reservas y de los depósitos bancarios.

La 'endogeneidad' de la oferta monetaria


En el sistema monetario moderno los bancos centrales no pretenden controlar el nivel de reservas. Durante la época del monetarismo, siguiendo los consejos de Milton Friedman, los bancos centrales intentaron fijar una tasa de crecimiento de las magnitudes monetarias en la creencia equivocada que había una relación constante entre base monetaria (monedas y billetes + cuentas de reservas) y oferta monetaria. Según los monetaristas y muchos economistas convencionales la oferta sería una variable exógena que podría determinar el banco central. El objetivo de las políticas monetaristas, que se intentaron aplicar sin éxito en los años 70 y principios de los 80, era controlar la inflación. Esta escuela postulaba la teoría cuantitativa del dinero que establecía una relación unívoca entre cantidad de dinero y crecimiento de los precios. En un post anterior expliqué que estas creencias eran erróneas y por qué el intento de controlar el crecimiento de las magnitudes monetarias fracasó.

La realidad es que la oferta monetaria es una variable endógena cuyo crecimiento depende de decisiones que toman los bancos y otros operadores financieros. En definitiva, cuando los economistas más simplistas hablan de que "imprimir billetes" es inflacionista ignoran que en realidad el fenómeno de la inflación es mucho más complejo y que la oferta monetaria puede aumentar como consecuencia de decisiones que toma el sector público pero también el sector privado.

Por tanto, actualmente los bancos centrales se dedican a acomodar el nivel de reservas para alcanzar un objetivo de tipo de interés. Por tanto, si un banco necesita aumentar sus cuentas de reservas siempre podrá acudir al banco central si no puede conseguirlas en el mercado interbancario. Los bancos centrales ya no se marcan objetivos cuantitativos sobre el nivel de reservas ni sobre ninguna magnitud monetaria.

En el siguiente post examinaremos dos mitos muy extendidos sobre las reservas bancarias y el funcionamiento de la banca: el mito del multiplicador del dinero y el mito de los fondos prestables.