Cita de Roosevelt

"Ningún país, sin importar su riqueza, puede permitirse el derroche de sus recursos humanos. La desmoralización causada por el desempleo masivo es nuestra mayor extravagancia. Moralmente es la mayor amenaza a nuestro orden social" (Franklin Delano Roosevelt)

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viernes, 26 de enero de 2018

Cuando crees que eres Robin Hood también creerás que te tienen que rescatar



Artículo publicado originalmente en el Blog de la Fundación Alternativas el pasado 25 de enero de 2018.




El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, se está esmerando. Ha empezado el año introduciendo en el debate político, dominado desde hace meses por el ‘monotema’, un asunto de calado social. Para ello ha echado mano de una obsesión de Ferraz: las pensiones y su sostenibilidad. La campaña comenzó con alarmismo por el agotamiento de la hucha de las pensiones. Me asombra el celo del PSOE al reivindicar su gestión del Fondo de Reserva, nombre técnico de esa alcancía donde el Estado guarda deuda emitida por él mismo. Me sorprende porque la invención de esa hucha se inspira en principios neoliberales de capitalización de las pensiones incompatibles con los de solidaridad intergeneracional propios de nuestro sistema de reparto. En otro artículo he argumentado que la hucha de las pensiones no es una bandera de la izquierda. Poco importa. Se trataba de captar la atención de sus envejecidas bases electorales para poder presentarles su propuesta estrella de la temporada. La cuesta de enero parece época propicia para reflexionar sombríamente sobre excesos y presupuestos domésticos.


Tranquilos, señoras y señores mayores: el PSOE tiene el plan que sosegará las inquietudes que previamente les han inoculado. Prometen levantar 2.745 millones de euros anualmente con dos nuevos impuestos a la banca y a las grandes empresas y la subida de las cotizaciones a la Seguridad Social para las rentas superiores a 45.000 euros brutos anuales. Nos dicen que es justo que la banca rescatada ahora nos rescate pagando un nuevo impuesto incremental sobre el impuesto de sociedades del 8% y otro impuesto del 0,1% sobre las transacciones financieras que ordenen empresas con una capitalización de mercado superior a los 1.000 millones de euros (la mayoría de las empresas del IBEX 35 superan esa capitalización). “Rescate por rescate”, nos cuenta el PSOE.


¡Qué imprudencia poner al Estado en situación de dependencia de las grandes empresas!


Vaya por delante que no objeto al aumento de los impuestos sobre las rentas altas y las grandes empresas. En este país el Estado lleva demasiando tiempo tratándolas con algodones. El pilar fundamental de nuestro sistema tributario son los llamados impuestos directos que recaen mayoritariamente sobre las rentas del trabajo. Los gobiernos del PSOE y del PP llevan décadas reduciendo la progresividad de los impuestos discriminando gravemente las rentas del trabajo respecto a las rentas del ahorro. Según datos facilitados por la AEAT, el tipo efectivo tributado sobre las rentas del ahorro no superó el 10% en 2014 mientras que, para las rentas del trabajo, el tipo medio efectivo fue del 14%.


La causa de mi crítica a la idea del PSOE no procede de un aborrecimiento por la creación de nuevos impuestos, sino de las premisas de origen ideológico neoliberal que la contaminan. Implícitas en la propuesta de crear impuestos finalistas para asegurar las pensiones se hallan una serie de falacias que proceden de la escuela económica neoclásica y que llevan décadas aprisionando ideológicamente a los partidos socialdemócratas. Refleja creencias como que el Estado tiene que financiar su actividad mediante impuestos o el temor reverencial a los déficits y deuda públicos, a los que se atribuyen supersticiosamente todo tipo de males como el improbable crowding out del sector privado o la generación de amenazas inflacionistas. En las mentes progresistas estas falacias desembocan en otra más que les es peculiar: la falacia de Robin Hood. Es decir, creer que el estado necesitaría extraer dinero de los ricos antes de financiar los servicios públicos.


Esta creencia coloca al Estado en una posición de debilidad, subalterna al gran capital, de pedigüeño que tiene que extraer una limosna de los ricos para redistribuirla hacia las clases medias (recordemos que en España la política social nunca fue pensada para atender las necesidades de los pobres).


La creencia en el estado Robin Hood es una desgracia para los políticos progresistas porque la disposición emocional del capitalismo oligárquico condiciona las políticas sociales. Los progresistas han tolerado el libre movimiento de capitales cediendo a argumentos de eficacia en la asignación que son bastante cuestionables. Recordemos que fue el PSOE el que negoció el Tratado de Maastricht. El temeroso socialdemócrata está persuadido de que si enojamos al capitalista con un exceso de tributación trasladará sus depósitos bancarios a otros lares más acomodaticios.


Craso error porque, lejos de necesitar los impuestos para financiarse, el Estado tiene la capacidad de crear el dinero. En cambio, las grandes empresas y las personas adineradas solo son meros usuarios de una divisa que ha creado el Estado, único monopolista en su emisión. El Estado consiente que los bancos participen de ese monopolio creando instituciones que estabilizan el sistema bancario y aceptando el dinero crediticio como medio de pago para liquidar las deudas tributarias. Pero, lejos de necesitar el dinero de los oligarcas, el Estado puede crearlo a coste cero. El sector privado, salvo que se dedique a la falsificación de moneda, no puede crear moneda. Si estudiamos el balance consolidado del sector privado solo el Estado y las exportaciones pueden entregarles los activos financieros que permiten que tenga una posición de ahorro neto positivo.


Cuando el Estado paga una pensión simplemente está creando dinero. De hecho lo que hace es una anotación contable en el banco del pensionista. Un jubilado podría perfectamente quedarse delante de la pantalla de su ordenador y observar cómo el día de abono de su pensión los dígitos que representan su saldo bancario aumentan en el importe de su pensión. Ese dinero no sale de una empresa o de un banco, lo crea el Estado. El Gobierno no necesita que Robin Hood se lo quite a los ricos.


La función de los impuestos, frente a lo que cree el equipo de Pedro Sánchez, no es la de financiar al Estado sino la de crear demanda por la moneda que ha éste introducido en la economía al ejecutar el gasto público. Los impuestos además destruyen el dinero creado por el Estado.


Un político armado de este conocimiento puede diseñar impuestos más eficaces. Puede utilizarlos para drenar poder de compra si la inflación mostrara su patita aunque hace años que no la vemos por estos lares. También puede someter a los ricos a mayor tributación, no para sacarles un dinero que el Estado no necesita, sino para evitar que consuman una cuota de los recursos reales desproporcionada como cuando construyen mansiones horrorosas o impedir que retengan poder de compra en lugar de reintegrarlo al circuito económico. Los impuestos pueden servir para pastorear las actividades del sector privado alejándolo de aquéllas socialmente indeseables y encauzándolo a otras socialmente más útiles y beneficiosas (por ejemplo desincentivando el uso de combustibles fósiles).


Tratados de Maastricht


Cierto es que el ingreso de España en la Unión Monetaria Europea ha limitado ese poder de nuestro Estado, cesión que no fue inocente pues respondía al designio neoliberal de someter completamente nuestra sociedad a las "fuerzas del mercado". Aun así, los mecanismos operativos de nuestro sistema monetario siguen siendo esencialmente los mismos aunque estén muy condicionados a la aplicación de límites arbitrarios señalados en los Tratados de Maastricht, esos que negoció el PSOE.


Para asegurar las pensiones no hace falta ningún impuesto. Basta con que la población adulta tenga empleo en actividades que produzcan bienes y servicios en suficiente cuantía como para que haya un excedente que se destine a los jubilados. Un impuesto sobre las transacciones financieras no sirve para ese propósito.


El impuesto sobre las transacciones financieros es una vieja bandera de algunos movimientos progresistas. Tradicionalmente se ha postulado como herramienta para contener el desarrollo de una actividad crediticia generadora de burbujas y especulación dentro del modelo de capitalismo financiarizado. ¿Tiene mérito la propuesta del PSOE entonces como instrumento contra la financiarización? Es improbable. El impuesto a las transacciones parte de una visión de economía de mercado según la cual ésta se puede regular alterando los precios de forma que tal impuesto introduciría fricciones sobre las transacciones financieras desincentivándolas y reduciendo así su volumen. Pero un impuesto como sugiere el PSOE del 0,1% realmente no parece tan gravoso como para conseguir ese fin. Este empeño en mandar tenues señales al mercado se parece a pretender que se puede apagar un incendio echando cubitos de hielo. Si el PSOE considera que estas transacciones son dañinas deberían proponer su prohibición o limitación con ­ ¡válgame Dios!­ regulación eficaz, la prohibición de aquéllas que son claramente lesivas o incluso, — ¿por qué no?— la nacionalización de bancos.


Así pues ¿para qué queremos ese nuevo impuesto? Ni va a cumplir con el propósito de financiar las pensiones, como he explicado, ni va a desincentivar el desarrollo del capitalismo financiarizado.


Subir los impuestos a las grandes empresas de mayor capitalización no me parece mal pero hay que entender qué se pretende conseguir. Me parece mucho más acertado un impuesto que contribuye a mejorar la equidad fiscal. Por eso me permito hacerle una sugerencia al PSOE: someter a las rentas del ahorro a la misma presión fiscal que se aplica ahora a las rentas del trabajo.


Concluyo compartiendo con ustedes la principal razón de mi perplejidad. ¿A qué viene esa obsesión con la sostenibilidad de las pensiones? ¿Por qué es ésa la única partida cuya sostenibilidad está en cuestión y no, por ejemplo, el presupuesto de la Casa Real, el de tendido de kilómetros de AVE o el de Defensa? ¿Por qué tienen que ser las pensiones las únicas prestaciones sociales que se ‘financian’ a través de un presupuesto segregado de los generales del Estado? ¿Acaso tenemos una caja de la sanidad pública, otra para las políticas educativas, u otra para defensa? No necesitamos que rescaten al Estado; dejen de amedrentar a la población.

martes, 15 de noviembre de 2016

La crisis del PSOE, explicada a los italianos

Los compañeros de Rete MMT me publican un artículo que explica el golpe dentro del PSOE que llevó a Rajoy al poder. (En italiano). En el siguiente enlace se encuentra el artículo:


“Coup de parti” nel Partito Socialista Spagnolo

martes, 18 de octubre de 2016

El PSOE perdido en su dilema

Artículo publicado originalmente en la sección Luces Rojas del diario Infolibre el 18 de octubre de 2016.


El 19 de junio de 1989, el Gobierno de Felipe González incorporó la peseta al mecanismo de cambios del Sistema Monetario Europeo (SME) con la "banda ancha" que permitía una fluctuación del 6% en torno al tipo central. Ese momento fue calificado por el ministro de Economía, Carlos Solchaga, como "una de las más trascendentes que ha tomado el Gobierno" (El País, 1989). Sin duda lo fue. Es posible que los socialistas todavía no sean conscientes de las consecuencias que tendría esa decisión para el país y para su propio partido.

Hay que reconocerles a los dirigentes europeos una extraordinaria obcecación en imponerse regímenes monetarios disfuncionales. El hecho de que determinados países necesitasen mayores márgenes de fluctuación debió alertar a los dirigentes europeos acerca de la futilidad de fijar los tipos de cambio e ilustrarlos acerca de la utilidad de los tipos de cambio fluctuantes. Los intentos anteriores de crear un sistema de tipos de cambio fijos habían fracasado debido a que imponían ajustes asimétricos. El dominio comercial de la industria alemana generaba déficits en la balanza de pagos de las naciones menos competitivas como Francia, Italia, Reino Unido o España. Los desequilibrios de la balanza de pagos presionaban a la baja las cotizaciones de las divisas de los países deficitarios obligando a intervenciones de sus respectivos bancos centrales para sostenerlas mediante subidas de tipos de interés y ventas de reservas. Si bien los tratados comprometían al Bundesbank, el banco central alemán, en el sostenimiento de los tipos de cambio la realidad es que su colaboración fue siempre reticente. Esta cooperación habría exigido que Alemania bajase sus tipos de interés para reducir el atractivo de los depósitos bancarios en marcos. Los economistas alemanes del Bundesbank siempre temieron que bajar los tipos de interés y vender marcos para comprar las divisas de sus socios comerciales podría dar lugar a tensiones inflacionistas. La fobia a la inflación se impuso al cumplimiento de sus obligaciones y frecuentemente Alemania dejó que el peso del ajuste recayera sobre sus socios de la CEE.

El SME sufriría una profunda crisis en 1992 poco tiempo después de la reunificación alemana y del ingreso de España. Helmut Kohl había decidido cambiar todos los marcos de la antigua República Democrática Alemana por marcos de la República Federal aplicando un tipo de cambio de uno a uno, muy alejado de la cotización de mercado donde el precio del marco oriental valía una cuarta parte. El Bundesbank decidió subir los tipos de interés para contener los efectos potencialmente inflacionistas de tal medida. Esta decisión generó una crisis monetaria en toda Europa pues los demás países se vieron obligados a aumentar sus tipos de interés para evitar la salida de depósitos hacia Alemania. En Suecia el banco central tuvo que fijar el tipo de intervención para operaciones a un día en el 500%. Este escritor, a la sazón empleado de una empresa sueca, recuerda llamadas de pánico desde la casa matriz reclamando todos los saldos en cuentas bancarias de la filial española. Para contener las presiones especulativas, en agosto de 1993 los países europeos decidieron ampliar estas bandas de fluctuación hasta el 15%.


Ese año España se vio obligada a realizar hasta cinco devaluaciones pese a lo cual aguantó el tirón y continuó en el SME. Sin embargo las medidas de ajuste requeridas para defender la permanencia de España en el SME llevaron la tasa de desempleo hasta cerca del 23% superando el anterior record durante la crisis producida la subida de los precios del petróleo entre los años 70 y 80. Quizás si España no se hubiese comprometido a mantener un tipo de cambio artificial el gobierno hubiese podido aplicar un programa presupuestario anticíclico. Lejos de plantear un programa de este tipo el gobierno de González implantó medidas de contención del gasto social. En abril de 1992 un Real Decreto recortaba las prestaciones del paro, tanto en su cuantía como en su duración, al tiempo que endurecía las condiciones para acceder al seguro de desempleo. Esta disposición, conocida como el "decretazo" y rechazada unánimemente por los sindicatos, que convocaron una huelga general en mayo de 1992, fue el primer paso del fin de la política socialdemócrata puesta en marcha en 1989, entre otras cosas, porque el gobierno debía reducir drásticamente el déficit público para tratar de cumplir las condiciones del Programa de Convergencia de la Unión Europea (Marín Arce, 2000). Estas políticas provocaron la definitiva derrota electoral de los socialistas de Felipe González en 1996 al que sucedió José María Aznar. A diferencia del Reino Unido que resolvió no volver a participar en un experimento europeo, España, Portugal e Italia –los futuros PIGS– no escarmentaron y siguieron con obstinación el camino de la unión monetaria.

Rebobinemos la cinta hasta el año 2010. Tras negar en 2008 la crisis económica –seguramente para evitar el coste político de reconocerla en plena campaña electoral–, el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero acometió un plan de expansión que inyectó más de 12.000 millones de euros en la economía a través del Plan Español para el Estímulo de la Economía y el Empleo, más conocido como Plan E. Muchos la criticaron por considerarlo extravagante pero el punto de vista de este autor es que esa política fue correcta y, si acaso, pecó de tímida. El plan se destinó a inversiones en los ayuntamientos, actuaciones de Investigación y Desarrollo, fomento de las energías renovables, actuaciones medioambientales, rehabilitación de edificios públicos, rehabilitación de viviendas y atención a la dependencia, entre otros programas. Pese a haber sido injustamente criticado, el plan dio resultados con una leve recuperación en 2010 tras la fortísima caída de la actividad económica del año anterior. Quizás algunos programas se estructuraron con excesiva premura y por tanto no tuvieron el impacto deseable, pero era lo mejor que se podía hacer desde un gobierno presupuestariamente constreñido ante una caída espectacular de la actividad económica. Probablemente España habría salido de la depresión en 2011 si el Plan E hubiese tenido continuidad pero la crisis griega y la reacción "austérica” lo abortaron prematuramente.

Poco después de ganar las elecciones de octubre de 2009 el desventurado nuevo primer ministro griego, George Papandreou, confesaba a sus pares europeos que el gobierno conservador que le había precedido mintió a la Unión Europea acerca de laverdadera magnitud del déficit griego. Anunció una estimación corregida del déficit que alcanzaría el 12,5% del PIB, un escándalo para los sacrosantos objetivos del Tratado de Maastricht. La escalada de la prima de riesgo sirvió de excusa para satisfacer los insensatos instintos de austeridad de ese nefasto cuarteto integrado por Merkel, Barroso, Sarkozy y Trichet. Las instituciones europeas impusieron en mayo de 2010 el giro a las políticas de “consolidación fiscal”.

En la reunión del Ecofin de 9 de mayo de 2010 la ministra de Hacienda española, Elena Salgado, llamó a Zapatero para decirle que habían llegado a un punto intermedio entre el recorte que exigía Alemania y el que pretendía realizar España: 5.000 millones para 2010 y 10.000 para 2011. En total el 1,5 por ciento de PIB. "España y Portugal serán observados y vigilados" (Guindal, 2012) decía la hierática y agria canciller alemana Merkel, quien por fin conseguía imponer el dogma alemánsobre toda Europa. En agosto, mientras se disparaba en los mercados la prima de riesgo, Jean Claude Trichet mandaba su carta-chantaje exigiendo una serie de reformas de tenor neoliberal como condición para comprar deuda pública española. Tal carta imponía un conjunto de reformas legales que constituían un mandato claro sobre la legislación que debían aprobar las Cortes Españolas y una extralimitación de las competencias del Banco Central Europeo.

Quizás la reacción más acertada para España habría sido abandonar el euro en ese mismo momento y recuperar la libertad para continuar la política presupuestaria expansiva imposible de aplicar dentro del rígido corsé del Tratado de Maastricht y del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Pero los socialistas españoles jamás habrían tomado una decisión semejante porque antes que defensores de la clase trabajadora son europeístas. En el epílogo de su obra, ZP exime de responsabilidades a los que impulsaron el Tratado de Maastricht:

"Pero debo dejar claro que considero injusto cualquier intento de responsabilizar de los males actuales a quienes concibieron y aprobaron el Tratado de Maastricht. Sería injusto, primero porque, a pesar de los 'defectos de fabricación' de la moneda común, el euro es un proyecto que, sin duda, merece la pena. El euro es Europa y Europa es más importante que cualquier crisis económica, por dura que ésta sea. Y, segundo, porque es políticamente indecoroso que los gobernantes miren hacia atrás en un tiempo de dificultades graves. (…) Algo ha fallado en el modelo del euro. Algo muy serio. El euro impulsó su prosperidad y su crecimiento, pero sin bases sólidas. Pero la UE y el euro son proyectos irrenunciables, y más aún en la era de la globalización" (Rodríguez Zapatero, 2013).

En definitiva, aquí Rodríguez Zapatero nos da la clave del pensamiento de muchos políticos devotos del europeísmo: el proyecto europeo es tan importante que todo lo demás está a su servicio. No está el euro al servicio de los europeos; somos los europeos los sacrificados en el altar del magno designio.

Poco después la tasa de desempleo volvía a dispararse y la economía española volvía a la recesión. En noviembre de 2011 el PSOE perdía estrepitosamente las elecciones y entraba en una profunda decadencia de la que quizás nunca se recupere. Es probable que el empeño de los socialistas por cumplir ante todo con sus responsabilidades europeas, dejando al Estado español inerme para proteger a los más débiles ante cada crisis económica, haya sido la tumba del partido más antiguo de España.


Referencias

El País. (17 de junio de 1989). La peseta asumirá la disciplina cambiaria del Sistema Monetario Europeo desde el lunes. El País. Obtenido de http://elpais.com/diario/1989/06/17/economia/614037606_850215.html
Guindal, M. (2012). Los días que vivimos peligrosamente. Ed. Barcelona: Planeta.
Marín Arce, J. (2000). Diez años de gobierno del PSOE (1982-1992). Historia Contemporánea. Espacio, Tiempo y Forma, Serie V, 189-209.
Rodríguez Zapatero, J.L. (2013). El Dilema: 600 días de vértido. Barcelona: Planeta.


jueves, 24 de diciembre de 2015

Spain after the elections

Although the political and business elites of Spain seem unaware of the fact, it appears that the European Monetary Union has destroyed yet another country’s political system. The elections in Spain last Sunday have yielded unclear results and much confusion domestically and abroad. The German cabinet is so perplexed that their spokesperson has declared that they do not know whom to congratulate for the electoral results. Shocked and confused, the Spanish establishment are still trying to digest the unsavory menu served by last Sunday’s elections. Only one thing is clear: it will not be easy to form a government in Spain. This is the first time that Spanish citizens went to bed after a general election not knowing who their next president of the government was going to be.

The following table shows the results in votes and seats. As expected, the two new upstart parties, Ciudadanos and Podemos made it into the Cortes with a large harvest of new deputies. Neither had representation in the Cortes until now. Remember that the latter did not even exist a year ago so their feat is the more astonishing.


Table 1. Electoral results and seats in the two houses of the Cortes by political party.

Pollsters faced an unprecedented challenge trying to forecast the outcome of the elections. It was clear that these new parties were going to collect a significant number of votes but there was no precedent on how to predict the electoral results, especially because there were many citizens who were undecided on the eve of the elections. Nevertheless, polls in the last week before the election were not too far off. Their biggest mistake was their estimate for Ciudadanos. Two weeks ago, some opinion polls were projecting that they could come in second ahead of the Socialist. However, they gained only 40 seats with 3.5 million votes, not a minor feat. Many cynically wondered if the pollsters had confounded their wishes with reality.

The conservative party, PP, came in first with 28% of the vote, as predicted, but it was a Pyrrhic victory: they have lost more than 3.6 million votes after amassing an unprecedented level of support in the previous elections of 2011.  The electoral system, where a small number of deputies represents many underpopulated provinces, gives the party coming in first a premium. Thanks to the distortions in the system, the PP got a portion of the seats in the lower House larger than its share of the vote as well as control over the Senate. Nonetheless, many of the PP’s former supporters did not buy the narrative of the economic recovery and corruption scandals angered many center right voters who turned to Ciudadanos instead. We ask ourselves if Mariano Rajoy has any remorse regarding their lack of empathy toward the victims of the economic crisis and the austerity policies or their tepid response to the constant flow of corruption scandals affecting his party.

In the left, the Socialdemocrats of PSOE obtained their worst result in their history since the return of democracy. However, given that opinion polls were predicting an even more catastrophic outcome for them, the party bosses were actually relieved and their leader, Pedro Sánchez, did not have to resign on the same night of the elections. They managed to retain some of their historic strongholds in Andalusia and Extremadura but they have become irrelevant in major regions such as Madrid, Catalonia and the Basque Country.

One wonders if the Socialist leadership is not embarrassed to see their party hemorrhage  5.5 million votes in less than 11 years. One further wonders if they are asking themselves the right questions about what they have done wrong. Sadly, for them, the initial response of president Zapatero to the Global Financial Crisis, a major stimulus package, was the correct one. In fact, the economy had started to recover in 2010. However, Zapatero’s quick submission to the austerity policies imposed by the Merkel-Trichet-Sarkozy hydra destroyed his party’s credibility. They now only retain the loyalty of aged working class voters. They have paid dearly for their Europeanism. Audaces fortuna iuvat; if they had shown some muscle before the demands of the European institutions in 2011 they might have retained the loyalty of the voters who have now abandoned them. For a party that wants to win elections in the leftist electorate being seen as a supporter of austerity is suicide; everybody knows that austerity leads to regressive distributions of income and wealth.

Looking at their faces when party leaders were making their statements on the night of the elections it was clear that only Pablo Iglesias, the leader of the Podemites, was satisfied. With 69 seats, they are now only 340,000 votes shy of displacing PSOE as the main party in the left. It was a bit odd that Pablo Iglesias drew several red lines as a condition for agreeing to a coalition with the Socialists. These include a change in the electoral system to make it more proportional, a referendum for the self-determination of Catalonia and shielding several social rights —such as the right to a home and public healthcare in the Constitution—. One would have expected that they would have put the emphasis on jobs and getting people out of poverty. The condition of a referendum in Catalonia is likely the price paid to include the supporters of the mayor of Barcelona in Pablo Iglesias’ coalition. The outcome of Podemos was spectacular in Catalonia where they came in first, displacing pro-independence parties who together got less than 35% of the vote in that region. Many citizens of that region want a referendum but not necessarily independence so, perhaps, other parties would be wise to consider this solution to the Catalan independence soap opera. Podemos also came in first in the Basque Country and Navarra, again displacing nationalist and regionalist parties who have dominated politics in those regions for decades; this is one of the most unexpected and interesting outcomes of these elections.

If Podemos had formed a coalition with Alberto Garzón’s Unidad Popular platform, led by Izquierda Unida (IU), they would have had gained an additional 14 seats, enough to form a left-wing coalition a la Portuguesa with PSOE. However, they ran separately and the electoral system has pummeled IU: only two seats despite receiving more than 900,000 votes. Many now blame Garzón and Iglesias for letting their egos get in the way of a radical anti-austerity coalition.

We now have the most fragmented Parliament in Spain’s history and this complicates the formation of a stable government beyond belief. An opinion article in El País read, “Welcome to Italy… but without Italians to manage it”. The Congreso de los Diputados or Lower House has 350 members. A candidate to form a government needs to win at least 176 thereof in a first vote or more ayes than nays in a second pass. It is hard to see which leader has the capacity to muster a stable coalition with the required level of support. The following table shows how many seats each potential coalition would total.

Figure 1. Potential parliamentary majorities.

Clearly, Mariano Rajoy cannot form a center-right coalition with the sole support of Ciudadanos as it would fall short of the required parliamentary majority. A center-right coalition with the multitude of conservative nationalist and regionalist parties is unlikely since the PP has few friends amongst those who want to “break the unity of Spain”. A left-wing block is not easy to form either. Podemos, after all, is integrated by local coalitions in some regions, so they need to convince too many parties with conflicting agendas. Some “barons” in the PSOE have warned that they will not support a coalition with the “radicals” of Podemos who want to question the sovereignty of Spain in Catalonia. In any event, this left block would still fall short of the 176 votes needed. A rainbow coalition of left wing, regionalist and nationalist parties would also be challenging to manage. It is hard to see those who want independence of Catalonia in a coalition with the Socialist party.

Will we see a German style “Gross Koalition” of PP, Ciudadanos and PSOE? This would probably be the preferred choice of the European Commission, Mario Draghi, Angela Merkel and many in the Spanish establishment. However, it would be suicide for the Socialist: in two years’ time, Podemos would be the new Syriza and PSOE would follow the path of the now practically defunct PASOK. Pedro Sánchez has already declared that he will not support a cabinet led by Mariano Rajoy. Another scenario is that the PSOE allows the PP to govern, conditioned to a constitutional reform. The new magna chart would have to be endorsed in a referendum followed by dissolution of the Cortes and new general elections; probably in less than two years. Many, especially in the left, want constitutional reform to address the Catalan issue and shield some social rights in a nation traumatized by the dire consequences of austerity. The problem is building a consensus in the now fractious Cortes on what that new text should look like. In any event, with its control of the Senate, the PP can turn down any amendment to the constitution that is not to its liking.

The King has two months to propose a candidate who can secure a mandate. If no candidate earns the confidence of the Parliament, the monarch will have to call elections again. Spain has entered into unchartered territory since there is little experience with coalition governments that are more common north of the Pyrenees. The only thing clear is that the new government will have very little legitimacy to do anything meaningful, let alone Brussels style structural reform.

We hope that Brussels, Frankfurt and Berlin have picked up the message that their austerity, internal devaluation and structural reform recipe has failed to deliver and is self-defeating. The policies sponsored by the European leaders and dutifully applied by the two-party system led to appalling unemployment —the rate reached 27%; more than 50% in the youth— eviction of hundreds of thousands from their homes and sunk 30% of the population under the poverty line. The parties who applied them are now at risk of disappearing from the political scene to be replaced by upstarts. It is unlikely that a new government will now have the stomach to force down more “bitter pills” down the throats of their citizens. Spaniards want growth and jobs, not reforms without results.

Stability has vanished from the Spanish political system. In return, however, political life may become more democratic, interesting and transparent. We might also witness the formation of a Southern front within the EU.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Not Dancing Tango any Longer: The end of the Two-party System in Spain

Un análisis de la situación política pedido por los compañeros de Rete MMT. En inglés.

It would be fair to say that Spain had one of the most stable political systems in Western Europe. For 40 years, since the approval of the Constitution of 1978, two political parties have alternated in power, the Social Democrats of the PSOE (Partido Socialista Obrero Español or Spanish Socialist Workers Party), the oldest political organization in the country founded in 1879, and the conservative PP (Partido Popular or People’s Party). The electoral system, technically proportional, but strongly biased toward the formation of majorities thanks to the numerous electoral districts with small populations, each sending a small number of deputies to the Parliament, secured a sequence of absolute majorities in the Cortes. The tradition of two-party politics goes back to the “Restauracion” period of 1871-1927 until it broke down with the collapse of that regime and the instauration of the Second Republic. Then a plethora of political parties appeared and complicated the formation of stable governments. The trauma of the Civil War and the long dictatorship that followed helps explain both the electoral system’s bias towards the formation of large majorities and the conservatism of the electorate. The warp in this framework were the sundry, and mostly center-right, nationalist and regionalist parties, especially those of Catalonia and the Basque Country. The Communist Party, never a major force before the Civil War, but which distinguished itself in the fight against Fascism, saw disappointing results in the first democratic elections and languished until it coalesced with other splinter parties to form Izquierda Unida (IU), a protest party for disappointed or disgruntled socialist voters or diehard communists.

The peak of “bipartidismo” was 2008. The two big parties gained 92% of all the seats in the Lower House of the Cortes. The Eurocrisis is about to blow this system away. Our system is now in disarray and is entering unchartered territory, probably forever.

The problem with two-party systems is that it generates very contentious politics with little space left for middle ground positions and a poor level of nuanced debate and analysis. The privately owned media have played the sectarian game with little regard for objective reporting and the public media worked for the party in power. Bipartidismo, has created conditions for impunity in party linked corruption, especially through combined control of the judiciary and the complicit silence of the media, especially when cases affected their championed party. Most of the corruption cases were linked to the financing of the costly party organizations and electoral campaigns. The real estate boom, that ignited when Spain joined the Euro, provided ample fodder for the numerous influence peddling and embezzlement cases. Spanish and Northern Europe banks funded the construction companies who, in turn, had to convince the regional authorities, those who held the key to urban zoning, that this or that lot deserved to be built up, frequently with total disregard to any environmental concerns or public service provisioning. Both PSOE and PP have been involved in notorious cases although the conservative party seems to have acted a lot more shamelessly.

When the country joined the Eurozone, cash flowed into Spain like never before. Ordinary people got easy access to credit financing spent in durable goods, houses and expensive German cars. An influx of immigrant labor came in to fill in the demand for construction workers until the foreign population reached 12% of the total. For a decade, to use the phrase coined by former President Aznar, “España iba bien” (“Spain is doing well”). However, a huge pile of debt, that would hatch into a balance sheet recession, was inflating the bubble.

When Spain committed to it, nobody questioned the European Monetary Union with the exception of former IU leader Julio Anguita -but his was considered an extravagant position even by members of his own party. The European project was unanimously seen as the opportunity to integrate the country in European affairs from which we had been disconnected for too long. Spanish Euroenthusiasm verged on the naïve and the zeal of the new convert. No referendum leading to European integration was lost, unlike France. In fact, only one, to approve the aborted European Constitution, was ever held to interrogate the electorate on European matters.

The economic crisis that originated in 2008 and the suden interruption of the credit flows from German banks to the Spanish private sector put an abrupt end to the real estate boom. With the exception of the last remaining and aged Keynesian economists that saw it coming, few had warned of the impending crisis that would follow the collapse of credit. The consequences have been dire. Unemployment has seen records of 27% and youth unemployment has hovered around 50% for eight yeas now. The immigration phenomenon has been replaced by the emigration of the most talented part of the young population. The looming demographic crisis has seen deaths surpass births for the first time this year.

The initial response of the Zapatero government was an expansionist fiscal policy that took the Government deficit to 9% of GDP in 2010. Had the plan been allowed to continue it would have probably worked. However, the austerian reaction, plotted by Merkel, Sarkoy, Barroso and Trichet to save German and French banks in 2010, nipped the recovery in the bud. Trichet’s blackmail letter forced Zapatero to change the course to “expansionist austerity and internal devaluation”.


Figure 1. Evolution of Spanish GDP. Source: INE

The elections of 2008 were the swan song of “bipartidismo”. In 2011, irritated voters abandoned the PSOE who returned the worst result in their recent history. The recession propelled the inane and unimaginative Rajoy to the Government with an unprecedented level of support.  

But Rajoy was a champion of austerity. The austerity recipes led to an even deeper employment crisis and Rajoy’s popularity plummeted. The attempt to privatize parts of the excellent public healthcare system in Madrid, the suppression of the Christmas pay of public workers in 2012 and the steep hikes in tax rates alienated many of the PP's traditional middle class supporters. The change in course to fiscal expansion on the back of Draghi’s plan to save the Euro was probably too little, too late although some optimism has now returned.

Then a deluge of PP corruption scandals made it to the headlines. The omertà broke open probably because the money to keep people quiet was not flowing. Moreover, judges were irritated to see their pay checks reduced. New on-line papers and television channels divulged the corruption scandals affecting PP and PSOE. We saw major party officials parading through the court houses and in and out of jail.

The demise of the Spanish middle class, whose expectations had been thwarted by the crisis and the growing irritation with the PP opened a window of opportunity to new political parties. Many voters were not going back to the PSOE, who was discredited by its handling of the crisis. That Podemos is a middle class party is evident: support for them is higher amongst high income people with university degrees. Ciudadanos is also a middle class party but more "respectable" and conservative.

The shock to the political system came in the European elections of 2014. A whole host of new parties ran for the first time, but the surprise was the sudden breakthrough of PODEMOS (We Can), a party of professors from the School of Political Sciences who had acted as advisors to IU and leftist governments in Latin America and had participated in the “Indignados” movement of 2011. Their young pony-tailed leader, Pablo Iglesias, had acquired some prominence by participating in TV political debates. They had also created and online channel, La Tuerka TV, (possibly with funds provided by the government of Venezuela). Podemos used a new radical language denouncing the “caste” —the political and business elites— and calling for a repeal of the debt, even suggesting leaving the euro if need be. Pablo Iglesias spoke of the “Fatherland” giving it a progressive meaning in a nation where patriotism equates to being a rightwinger. Podemos managed to return 5 seats in the European Parliament and came in third place in Madrid. Interestingly, although many of their leaders came from the anticapitalist and communist youth, they  claimed that they could not be classified as right or left; they were trying to attract disgruntled PP voters. However, that ambiguous positioning in the right-left spectrum would prove unstable.

An older protagonist is the Catalan Ciutadans (Ciudadanos in Spanish), originally, and for years, a local party founded as a reaction to the Catalan nationalist policies imposing the vernacular language on all children at school attracting those dissatisfied with the ambiguous position of the local branch of the Socialists on this issue, most of whose voters are immigrants from other regions and not native Catalans. When Podemos started to surge in opinion polls, with its radical anti-austerity discourse, it became evident to the establishment that this was a serious threat. In mid-2015, Podemos was coming in third place in opinion polls and collecting a share of 25% of the estimated vote. El País and El Mundo, the main Madrid journals began a campaign to discredit them, revealing their connections to Venezuela. However, this was not enough. It was clear that the large corporations needed a new center right party, with a more modern image and untarnished by corruption scandals.  Podemos derided the attractive leader of Ciudadanos, Albert Rivera, as the white brand of the PP. However, in the municipal and regional elections, Ciudadanos came in third, disappointing, but the center right could now bet on a new horse. In those elections, Podemos decided not to run under its own brand and participated in local coalitions that managed to place their candidates as mayors of Madrid and Barcelona.

In Catalonia, dissatisfaction with the economic situation, years of nationalist agitation about regional funding and the clumsy management of the new Statute, partially declared unconstitutional by the Constitutional Court, combined to spawn an unprecedented rise in pro-independence sentiment. In Barcelona, it was easy to blame Madrid for the austerity policies. The corruption scandals that tarnished the leadership of the nationalist conservative party, Convergència I Unió (CiU), is probably behind the headlong radicalization of this previously compromising organization’s leadership: in independence, they have found a way out of their judicial and penal future.

Artur Mas, president of Catalonia, decided to call a plebiscitary regional election two months ago joining forces with the center left Esquerra Republicana de Catalunya in a coalition named “Junts pel Sí” (Together for Yes). The goal was to get a majority for independence. They fell shy of 48%, insufficient to press ahead with independence. However, the two moral winners were Ciutadans, who came in second, and the radical pro-independence libertarians, CUP, who gained enough seats to set the rules in the independentist camp -a bitter pill for the remains of Mr. Mas's conservative party after moderate regionalists dropped out of the drive for secession. To date, Junts pel Sí and CUP have not been able to agree on the formation of a new government. However, the Catalan elections revealed Ciudadanos as a true contender whereas Podemos did not obtain a good result. Ciudadanos has now dislodged a centrist anti-corruption party, UPyD, from the race.

The decline in the vote of Podemos proved the effectiveness of the campaign against them.  In addition, Podemos appears to have moderated its discourse in an effort to dispute voters from PSOE. This moderation might have diminished the appeal of the new party amongst more radical voters while they have lost the center right voters that they attracted in the first hours; the latter are now comfortable with Ciudadanos. Nonetheless, they seem to be regaining ground thanks to their media-savy leadership and a good performance in TV debates, possibly at the cost of the PSOE.

Rajoy has celled general elections for December 20. The result has never been more uncertain. The opinion polls draw a scenario in which three parties have almost equal shares and Podemos has been regaining ground in the past two weeks. Any outcome is now possible.




Figure 2. Evolution of vote estimates per party. Source: El Diario.

Ciudadanos is running with a neoliberal program designed by the economist Luis Garicano. Star proposals include a tax credit for low incomes, a single type of work contract, structural reforms, simplification of the tax systems and active employment policies; in few words the classic supply side economics  recipe that any European Commission would endores. Esteban Cruz and myself conducted detailed analysis of their economic program in Spanish printed in InfoLibre. Podemos is proposing a social democratic program that includes a basic income, a reversal of labor reforms introduced by the PP, promotion of clean energy,  redistributive tax reforms, increasing the minimum wage and introducing a system of Social Security payments that is proportional to income of self-employed workers. A key proposal is an audit of public debt. Both new parties share proposals to give Spanish democracy more transparence to fight corruption. Podemos is especially keen in blocking the "revolving doors", a metaphor used to describe the habit of former ministers and presidents joining boards of large corporations after leaving power, a practice which they denounce as influence peddling.

Izquierda Unida’s candidate, Alberto Garzón, is a friend of Modern Money Theory. They are the only ones to propose a job guarantee program but they are unlikely to get meaningful parliamentary representation. Garzón tried to form a coalition with Pablo Iglesias. It appears that old-timers within IU managed to unravel the “Confluencia” of the left but Podemos, IU and sundry left parties have formed coalitions in Catalonia, Galicia and Valencia. The anti-austerity field is being hotly contested by IU and Podemos.

PSOE, with its young new leader, Pedro Sánchez, has presented a "pragmatic" economic program with a partial repeal of the labor law reforms introduced by Rajoy, an emphasis on gender equality and a more gradual reduction of the fiscal deficit. Ciudadanos, Podemos and PSOE probably share a greater commitment to increase investment in R&D, something that PP has certainly neglected. But PSOE has a major credibility issue due to its association with the first stage of "belt-tightening" with the turn to austerity imposed by the EU institutions in 2010.

PP reversed its headlong course towards the austerity cliff in 2013, probably too late to win the elections with an absolute majority but enough to recover some voters and take first place. They will try to convince voters that it was the “bitter pill”, administered in the first half of their mandate, which has now restored growth and jobs creation in Spain.

Whoever wins will need to form a coalition to govern Spain in 2016. The catch is that they have no experience in this. What is clear is that the old parties have a generational problem: their voter base is increasingly aged. Younger voters are more likely to vote for the new parties. Will this lead to a new form of "bipartidismo" as senior citizens begin to pass away?



Figure 3. Vote estimate by age group.

martes, 3 de noviembre de 2015

Rescates ciudadanos: ¿renta básica o garantía de empleo?

28 de octubre de 2015

Artículo publicado originalmente en InfoLibre

Al acercarse la fecha de las elecciones a Cortes los partidos políticos han empezado a difundir sus propuestas. En el variado espectro situado a la izquierda han surgido varias propuestas dirigidas a atender al numeroso colectivo de damnificados por la crisis que, pese a la recuperación, aun languidecen en situaciones de paro y pobreza.

Es de sobra conocido que nuestro estado de bienestar es de los más ineficaces de Europa. El estudio Social Expenditure Update publicado por la OCDE[i] revela que, en las sociedades mediterráneas, las ayudas públicas pagadas en efectivo benefician a las rentas más altas. La razón es que muchas de estas ayudas están vinculadas a un historial laboral y a cotizaciones sociales excluyendo de su cobertura a personas marginadas que, con suerte, solo han podido trabajar en el sector informal. Además, no llegan a 1,2 millones los parados que reciben una prestación de desempleo cuando el total se acerca a los 5 millones. Por este motivo las situaciones de paro prolongado están teniendo un impacto tremendo en el aumento de la pobreza y la marginación. Es desgarrador reconocer que, aunque la economía se recuperara y volviéramos a los niveles de producción de 2007, probablemente muchos parados de larga duración ya no encontrarán empleo.

Dos propuestas que atienden a los que no tienen recursos están compitiendo en el mercado electoral. Por una parte, la renta mínima, también llamada renta básica; por otra, el plan de empleo garantizado. La primera parte con ventaja pues ha suscitado un cierto debate y existen propuestas competidoras. Sus adalides han sido Podemos, partido que ha mostrado algún titubeo cuando se empezó a cuestionar su viabilidad económica desde los medios de comunicación y los partidos “respetables”. Sin embargo recientemente el PSOE ha presentado una propuesta modesta y, quizás por ello, Podemos se siente más cómodo recuperándola con mayor decisión. La segunda ha pasado más desapercibida, quizás porque solo ha sido defendida por Izquierda Unida, para ser más precisos, por el candidato Alberto Garzón.

La renta mínima asegura a todos los ciudadanos un ingreso mínimo que garantice sus necesidades más elementales. La propuesta es muy antigua pues, ya en el siglo XVIII, el inglés Thomas Paine proponía un impuesto sobre la tierra y los patrimonios para destinar esos recursos a los más pobres; porque «la tierra, en su estado natural, era propiedad de toda la raza humana». Una propuesta limitada podría consistir en asegurar que todos dispongamos de esa renta mínima que nos asegure una vida digna sean cuales sean nuestras circunstancias.

Podemos propone una renta básica de € 600 mensuales con un 35% adicional si el perceptor convive con otra persona adicional en lo que llaman una “unidad de convivencia” y otro 20% por cada miembro adicional de la unidad familiar. En el caso de que la beneficiaria encontrara un empleo, la renta básica se iría reduciendo gradualmente. El PSOE propone una renta mínima que ha llamado “ingreso mínimo vital” que se reconocería como derecho en la Constitución “ante situaciones de carencia efectiva para el mantenimiento de una vida digna”. Su propuesta parece un poco más limitada pues sería una ayuda destinada a personas que se encuentran en situación de pobreza y el importe alcanza los 426 euros.

La garantía de empleo consiste en que el estado ofrece a todo aquél que esté dispuesto y sea apto para el trabajo un puesto remunerado en condiciones comparables a las de cualquier otro trabajador con un contrato indefinido. El empleo se desarrollaría en organismos públicos, agencias estatales y podría ampliarse a ONG. La idea fue planteada por Hyman Minsky hace varias décadas y la describí con cierto detalle en un artículo publicado en esta misma columna hace unos meses (http://www.infolibre.es/noticias/luces_rojas/2015/04/14/podemos_acabar_con_desempleo_garantia_empleo_31244_1121.html ). La garantía de empleo pretende conseguir varios objetivos. El primero es, obviamente, remediar situaciones de desempleo, pobreza y exclusión social. Además tiene la ventaja de actuar como una especie de stock de reserva que estabiliza los salarios y evita que, durante las crisis económicas, el ajuste se haga siempre a costa del empleo. El pool de contratados aumentaría en épocas de recesión mientras que, en épocas de bonanza, se reduciría por el aumento en la demanda de trabajadores por parte del sector privado. El programa estabilizaría los salarios y evitaría que los empresarios ofrecieran condiciones de explotación pues el trabajador siempre tendría la opción de recurrir al plan de empleo garantizado si sintiera que le están ofreciendo condiciones indignas en el sector privado.

Quizás el aspecto más interesante es el de evitar que la gente se “descapitalice” al pasar períodos de desempleo prolongado. La evidencia empírica demuestra que, en las épocas que suceden a las crisis económicas, las empresas prefieren contratar en primer lugar a aquéllas personas que llevan menos tiempo en el paro. También es conocido que las personas jóvenes que se incorporan al mercado de trabajo en épocas de alto desempleo suelen tener carreras profesionales menos fructíferas. La garantía de empleo permite a personas, que no podrían obtenerlo de otra manera, hacerse con un historial profesional. Por este motivo Warren Mosler lo llama también “empleo de transición”.

El objetivo no es quitarle trabajadores al sector privado sino facilitar que aquellos que no tienen empleo sean atractivos para el mercado. Tampoco plantea una competencia desleal a los empleados del sector público. Muchos de los puestos creados lo serían en el cuarto sector y no sustituirían a los funcionarios públicos.

Alberto Garzón ha propuesto un programa de garantía de empleo que contrataría a un millón de personas, sobre todo en áreas de servicios sociales, medio ambiente, cuidado de espacios urbanos y actividades recreativas, culturales y de ocio. Ofrecería un contrato indefinido retribuido con un sueldo 900 a 1.200 euros brutos mensuales con una duración de 25 horas semanales.

La pregunta que surge inevitablemente es ¿cómo se financiarían estos programas? Con unos niveles descomunales de pobreza y desempleo, estos programas de rescate ciudadano tendrían un coste elevado para el estado. La pregunta sobre la financiación es, por tanto, pertinente. La propuesta de IU presupone un aumento del gasto público de 15.000 millones de euros. Pero hay que tener en cuenta que esos salarios cotizan a la seguridad social y están sometidos a tributación por lo que parte del desembolso retornaría al estado. Por tanto sus proponentes aducen que costaría unos 9.000 millones, menos del 1% del PIB (recordemos que el rescate de las cajas llegó a costar el 4% del PIB español). Los cálculos que ha presentado Podemos a la opinión pública aseguran que su programa de renta básica, que beneficiaría a un colectivo mayor de personas que estiman en 7,8 millones de personas, tendría un coste inicial de 15 mil millones de euros gracias a una introducción gradual.

Los partidos que postulan la renta básica o el empleo garantizado arguyen que se podrían financiar con una más eficaz lucha contra el fraude fiscal, mejoras de los sistemas tributarios y una senda de reducción del déficit público más gradual. También alegan que sus propuestas serían sustitutivas de otras ayudas públicas, tales como la prestación de desempleo o la renta de inserción, y, por tanto, se reasignarían partidas presupuestarias ya existentes.

Al realizar este tipo de argumentos quizás la izquierda haya caído inadvertidamente en las trampas dialécticas del neoliberalismo con su fobia al gasto público y sus advertencias de que ya viene la inflación feroz. La izquierda tiene que enfrentarse a la tarea hercúlea de defender sus propuestas y además explicar por qué son viables ante una opinión pública escéptica. Debería empezar con un esfuerzo didáctico para recordar la extraordinaria eficacia que demostraron las políticas keynesianas aplicadas en el mundo occidental hasta los años 70. Habría de defender el potente efecto multiplicador que tendrían estos programas de gasto público. También se le podría pedir más coraje a la hora de exigir a la Unión Europea un cambio de políticas. Por ejemplo, en vista de la catastrófica situación social de nuestro país y otros de la periferia, sería exigible una política de transferencia de rentas desde los países con superávit comercial. También debería demandar una reforma del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea que permitiera al Banco Central Europeo financiar a los estados para que estos puedan superar los arbitrarios y contraproducentes límites impuestos por el Tratado de Maastricht sin ser reducidos a la disciplina presupuestaria por “los mercados”. Sabiendo que estas exigencias no serán atendidas, la izquierda debería estar dispuesta a apretar ese botón nuclear que es proponer la salida del euro.

La otra pregunta inevitable es si ambos programas son compatibles. En principio la respuesta, más allá de las limitaciones presupuestarias, es que lo son. De hecho, la propuesta de rescate ciudadano presentada por IU contempla combinarlos. La renta básica es más sencilla de aplicar. En cambio un programa de trabajo garantizado exige a la administración pública un esfuerzo de organización e imaginación. Por este motivo un gobierno se vería tentado de implantar un programa de renta básica antes que uno de garantía de empleo. Pero, ¿qué pasa si un ciudadano puede elegir entre cobrar la renta mínima o pedir un empleo? ¿Debe el estado ofrecerle ambas opciones?

El estado cuenta con la ventaja de que muchas personas no querrán participar en un programa de empleo garantizado; sobre todo aquéllas con mayor nivel formativo, probablemente preferirían seguir buscando un empleo en el sector privado.  El programa de empleo garantizado será siempre voluntario, no se obligará a nadie a trabajar si no lo desea. ¿Eso quiere decir que tendrían derecho a una renta mínima mientras buscan empleo?

Pienso que, a pesar del reto organizativo, el estado debería favorecer los programas de empleo garantizado sobre los de renta mínima. En primer lugar, un programa de renta mínima muy generoso tendría el efecto de retirar a personas aptas del mercado de trabajo. En una recuperación económica las empresas podrían encontrarse con dificultades para contratar empleados si un programa de renta básica ha retirado a parte de la fuerza de trabajo. Esto podría limitar la capacidad productiva e incluso generar tensiones inflacionistas.

Por otra parte la picaresca puede aprovecharse fácilmente de un programa de renta mínima. Algunas personas podrían verse tentadas a completar sus ingresos con un trabajo en el sector informal. Empresarios poco escrupulosos podrían aprovecharlo para pagar menos a sus trabajadores clandestinos convirtiendo la renta mínima en una subvención encubierta a las empresas. Finalmente, reconozcamos que determinadas tareas menos agradables dejarían de hacerse. Entre atender a ancianos severamente impedidos o trabajar en el servicio de recogida de basuras ¿quién no preferiría quedarse en casa cobrando una renta?

Un programa de garantía de empleo permite mantener a una fuerza laboral formada y preparada y además genera servicios que tienen valor para la sociedad. Además la Garantía de Empleo atiende a la profunda necesidad del ser humano de recibir el reconocimiento de sus semejantes implícito en percibir una retribución salarial. Creo que los programas de renta mínima deberían reservarse a colectivos que no tienen capacidad de trabajar como consecuencia de situaciones de invalidez, cargas familiares y otras que imposibilitan a una persona a ofrecer su trabajo.