Cita de Roosevelt

"Ningún país, sin importar su riqueza, puede permitirse el derroche de sus recursos humanos. La desmoralización causada por el desempleo masivo es nuestra mayor extravagancia. Moralmente es la mayor amenaza a nuestro orden social" (Franklin Delano Roosevelt)

martes, 14 de octubre de 2014

¿Por qué no es posible la vuelta al patrón oro?

La modernidad y el progreso siempre tienen sus detractores. Los amish decidieron mantenerse apegados a sus castizas vestimentas y modo de vida tradicional y rechazaron las ventajas de la tecnología contemporánea. Los carlistas de España rechazaron la llegada del liberalismo y propugnaron la vuelta al antiguo régimen provocando hasta tres guerras civiles. Los creacionistas han conseguido que en algunas escuelas del Medio Oeste estadounidense no se enseñe la evolución de las especies en los colegios. Mariló Montero y los actuales directivos de Televisión Española siguen defendiendo tradiciones bárbaras como el Toro de la Vega o las corridas, preferentemente en horario infantil.

Algunos economistas, sobre todo de la escuela austriaca, se han mostrado partidarios de anclar el precio de nuestra moneda a una materia prima, como ocurrió durante la era del patrón oro que se inició en el siglo XIX y se abandonó definitiva tras el colapso del sistema de Bretton Woods en 1971.  En este sistema, surgido tras la Segunda Guerra Mundial, el precio de la divisa de EEUU se fijó a razón de 35 dólares por onza de oro. Las demás divisas fijaban su cotización a su vez con la de EEUU y, si disponían de dólares, podían exigirle a la Reserva Federal su conversión en metal. El sistema se vino abajo porque EEUU necesitaba expandir su oferta monetaria para hacer frente a la Guerra de Vietnam, el choque de los precios del petróleo y la implantación de sus nuevos programas sociales. Los franceses amenazaron con convertir sus reservas de dólares a oro si los americanos continuaban expandiendo su oferta monetaria y exigieron que las emisiones de nueva moneda tuvieran el respaldo de reservas de oro en valor equivalente. El presidente Nixon tomó la decisión de abandonar temporalmente la convertibilidad y dejar que la moneda fluctuase libremente.

La vuelta al patrón oro es imposible salvo que queramos inducir una contracción tan monumental de la economía que la actual depresión de la Eurozona parezca un resfriado comparado con un caso de Ébola. El patrón oro (oro-oro, en el sentido que pretende nuestro economista rallado) exigiría que todas las emisiones de moneda tuvieran su respaldo por un valor equivalente en metal amarillo.
Pues bien, las reservas de oro en los Bancos Centrales de toda la zona Euro ascienden a 338 mil millones € (datos del Banco Central Europeo). El agregado monetario M3 según datos del BCE asciende a 10 billones €. Regresar al patrón oro supondría una contracción de la oferta monetaria similar a la experimentada por un cuerpo atraído por un agujero negro del centro de nuestra galaxia. El PIB total de la Eurozona asciende a unos 10 billones € y por tanto todas nuestras reservas de oro no suponen ni el 4% del tamaño de nuestro PIB. De volver al patrón oro, sin que aumentara la velocidad del dinero hasta romper la barrera del sonido, nuestra economía se contraería sin remedio. Se produciría una deflación tremendamente destructiva para comerciantes, asalariados y fabricantes; o vista de otra forma, el precio del oro subiría hasta la estratosfera.  ¿Y si nos pusiéramos a cavar en busca de todo el oro que pudiera quedar en nuestros subsuelo? La producción mundial de oro no superó las 2.700 toneladas en 2012, equivalente a unos $ 26 millones al precio actual, que por otra parte fluctúa mucho y está sometido a una fuerte especulación. Esa producción anual no sirve ni para pagar las propinas en los bares. La vuelta al patrón oro es manifiestamente imposible salvo que intencionadamente se busque la destrucción de todas las economías modernas.


Al margen de que no parece demasiado inteligente dejar que el crecimiento de la oferta monetaria esté limitada por la generosidad de la naturaleza lo cierto es que el oro no es un buen anclaje para los precios porque su cotización resulta demasiado volátil. Un mejor anclaje para la moneda es el precio del trabajo, que manifiesta leves variaciones de su precio respecto a la mayoría de los bienes. El siguiente gráfico muestra la evolución del índice de precios del oro y de los costes salariales tomando como índice las condiciones vigentes al final del primer trimestre de 2000. Es fácil observar que el precio del trabajo ha oscilado mucho menos que el del oro. Además es difícil especular con el precio del trabajo. Resultaría sorprendente que un operador de mercado tratara de contratar a un elevado número de trabajadores para especular con su precio. Por estas razones el salario es un buen anclaje para los precios. Si el estado es capaz de fijar el precio del trabajo asegurará tanto una elevada estabilidad de precios. 



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