Cita de Roosevelt

"Ningún país, sin importar su riqueza, puede permitirse el derroche de sus recursos humanos. La desmoralización causada por el desempleo masivo es nuestra mayor extravagancia. Moralmente es la mayor amenaza a nuestro orden social" (Franklin Delano Roosevelt)

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martes, 23 de mayo de 2017

Portugal sale del procedimiento de déficit excesivo y esa es una mala noticia

Editorial publicado en RedMMT



Escrito por Redacción


Esta semana hemos conocido que la Comisión Europea ha sacado a Portugal del procedimiento abierto por déficit excesivo. Muchos progresistas han cantado albricias y explican la noticia como una prueba de la superior capacidad de gestión del gobierno de Costas, en coalición con los partidos de la izquierda, y lo contrastan con el hecho de que España, bajo la presidencia de un gobierno conservador y corrupto, siga incluido en el proceso de déficit excesivo. Hay un problema de corrupción, pero no es un problema de corrupción.

Creemos que tal posición es un grave error de apreciación. En Portugal la tasa de desempleo es del 10%, un guarismo alejadísimo del pleno empleo y que probablemente esconde una realidad social más trágica ya que no computa a los que han abandonado la búsqueda activa de empleo o han abandonado el país. En estas circunstancias la acción correcta es subir el déficit, no bajarlo. El gran economista Abba Lerner desarrolló el concepto de finanzas funcionales para determinar la política fiscal adecuada a la consecución de los objetivos de pleno empleo y estabilidad de precios:


El principio de juzgar por los efectos ha sido aplicado a muchos otros campos de la actividad humana, se conoce como el método científico que se opone al escolástico. El principio de juzgar las medidas fiscales por la forma en que operan o funcionan en la economía podríamos llamarlo Finanza Funcional.

Esto llevó a Abba Lerner a definir una simple regla para un gobierno que trata de maximizar el bienestar de la sociedad:


Si existe desempleo es conveniente reducir impuestos o aumentar el gasto. Si hay un exceso de demanda de forma que hay pleno empleo con precios al alza que amenaza con inflación la política adecuada es la contraria. Esta es la primera ley de las finanzas funcionales. (Selected Economic Writings of Abba P. Lerner, 1983)

Las finanzas funcionales dejan sin efecto los principios de las finanzas “responsables” en los que creen las autoridades de Bruselas. Atenerse a las insensatas reglas fiscales impuestas en el Tratado de Maastricht es plegarse a una ideología obsoleta y conservadora que antepone ridículos objetivos presupuestarios basados en una fracción (déficit fiscal en porcentaje del PIB) carente de significado y adverso al bienestar del pueblo.

Lamentamos que el Gobierno socialdemócrata de Portugal haya renunciado a las señas de identidad de la izquierda plegándose a irrelevantes reglas de “decoro” fiscal que solo sirven a intereses oligárquicos. Este tipo de actitudes han caracterizado la gestión de los acomplejados partidos socialdemócratas que han preferido someterse a los dogmas del pensamiento neoliberal antes que defender con convicción políticas a favor de la mayoría social que acaben de una vez con la lacra del desempleo en el sur de Europa.

Pedimos a los partidos progresistas de Europa que despierten ante los cantos de sirena a ritmo de fado que llegan desde Portugal y tengan el coraje de presentar un discurso alternativo, enfrentándose a las autoridades de Bruselas si fuese menester. La prioridad es el pleno empleo, y si hay que despojarse de un Banco Central Europeo que mira hacia otro lado forzando la austeridad presupuestaria y obviando el sufrimiento social a favor de unas estructuras de poder que nos esquilman, no queda más opción que dotarse de soberanía monetaria y abandonar este diseño disfuncional y sus frugales apariencias de cambio.

lunes, 6 de junio de 2016

Abandonar la histeria por el déficit público para cambiar Europa

Artículo publicado por el compañero Esteban Cruz en la sección Luces Rojas de Infolibre el pasado 6 de junio de 2016.

El irreversible proceso de globalización conducido por el progreso tecnológico y la desregulación de los mercados ha provocado una creciente interdependencia entre las economías nacionales y, sin embargo, las instituciones no están acompañando a semejante fenómeno de integración económica. El ejemplo más claro lo tenemos en la zona euro, donde la existencia de un mercado común no ha llevado consigo la creación de una autoridad fiscal federal que coordine las políticas fiscal y monetaria, compensando las dinámicas asimétricas surgidas de la interrelación de participantes con diferentes estructuras productivas y culturas. Tampoco la evolución del sistema monetario ha ido conforme a la de un régimen de acumulación capitalista basado en dinero fiduciario-crédito, una convención social no respaldada por mercancía alguna y que no debería ser susceptible de concentración en manos privadas ni marcar los límites a la circulación de bienes y servicios por su escasez. La captura de los bancos centrales por el pensamiento gregario que caracteriza a estas instituciones, y que ha mantenido las restricciones ligadas a un sistema patrón-oro anacrónico, ha impedido a los Gobiernos disponer del espacio fiscal adecuado para alcanzar sus objetivos económicos y sociales.

Ante el estricto impedimento del Banco Central Europeo de financiar a los Estados miembro, éstos tienen la obligación de ceñirse a una restricción presupuestaria delimitada por su capacidad de recaudación, debiendo ir a los mercados a pedir todo lo que la sobrepase y quedando con ello rehenes de las condiciones que les sean impuestas, despojándolos de su soberanía. Esta camisa de fuerza impide desarrollar políticas progresistas en el actual marco de la Unión Monetaria o, cuanto menos, hacerlo con un margen de maniobra muy reducido. La posición de dependencia de los Estados con respecto a los mercados es insalvable en esta Europa de los mercaderes cuyo pilar fundamental es la libertad de movimientos de capitales.

La soberanía popular debe ser canalizada a través de un marco institucional que custodie un espacio operativo adecuado mediante la coordinación de las políticas monetaria y fiscal. En base a ello, rechazamos las imposiciones en materia de déficit. Existiendo recursos humanos no movilizados por la iniciativa privada y disponibles para contribuir al proceso de aprovisionamiento social, creando riqueza y satisfaciendo así una serie de necesidades que no son cubiertas, el uso del déficit no debe comprenderse más que como la herramienta que permite ponerlos en marcha, no una restricción. Desde este planteamiento la existencia de desempleo significa que el déficit no es el suficiente, apoyándose tal aseveración en un principio contable básico: que el gasto de un agente económico es el ingreso de otro. Por tanto, las políticas de austeridad que recortan el gasto inevitablemente deben tener de forma automática el mismo efecto en los superávits privados, es decir, reducen los fondos de empresas y familias, los ahorros y beneficios que determinan su consumo e inversión y por tanto, la producción y el empleo, agravando la depresión económica. De hecho, el déficit es lo que ha permitido al Partido Popular llegar a esta doble sesión de comicios maquillando los datos macroeconómicos de su pésima gestión.

La soberanía monetaria, esto es, la posibilidad de financiarnos directamente del Banco Central, nos proveería de los fondos necesarios para llevar a cabo una serie de objetivos económicos y sociales elegidos democráticamente a todos los niveles, desde lo local a lo regional y estatal, y que a día de hoy quedan como metas secundarias ante la histeria que acarrea el incumplimiento de los compromisos de déficit en el actual marco institucional, donde los Estados operan con una moneda extranjera que es el euro. Además de limitar los efectos perjudiciales del ciclo económico estabilizando las expectativas privadas, disponer de soberanía monetaria nos posibilitaría buscar objetivos sociales diferentes al lucro capitalista. Entre estos fines se incluyen la inversión necesaria para el cambio de modelo productivo y el avance hacia las energías renovables, la visibilización y dignificación del trabajo de cuidados, o el apuntalamiento de los servicios públicos.

La arquitectura del euro ata de pies y manos a los Estados estableciendo mecanismos perversos y eficaces para hacer a Gobiernos electos retroceder en sus demandas conforme los empujan a la posibilidad de suspensión de pagos, siendo así obligados a ajustarse a un nuevo equilibrio presupuestario en una peor situación. Es por ello que desde la Asociación por el Pleno Empleo y la Estabilidad de Precios (APEEP) rechazamos las demandas hechas en el actual marco institucional que se ciñen a la restricción presupuestaria, ya sea por el lado de los gastos como por el de los ingresos, mareando la perdiz con plazos y velocidades de reducción del déficit y quitas o mutualizaciones de la deuda.

Necesitamos un Plan B para Europa, el cual pasa por el cuestionamiento directo del diseño del euro y la puesta en marcha de un conjunto de decisiones emprendidas de manera unilateral por los Estados, a poder ser, en coordinación con otros Gobiernos desobedientes. La unanimidad exigida para reformar los Tratados hace exiguas las posibilidades de afrontar una modificación de las políticas económicas dentro de la eurozona. Una re-edición del Plan A con la aspiración de conseguir ciertas concesiones, confiando en el mayor tamaño de nuestro país para obtener unos resultados diferentes a Grecia en unas hipotéticas negociaciones con las autoridades europeas, tal y como se desprende de los 50 puntos del acuerdo programático de Unidos Podemos para las elecciones del próximo 26 de junio, acabaría disciplinando las exigencias de un potencial gobierno de cambio conforme progresivamente se debilita su posición financiera, con lo cual la rebeldía mostrada sería efímera.

Las instituciones importan y en su papel está tanto el restringir como el liberar la capacidad de actuación de la acción colectiva. Es esencial cambiar las reglas de juego para devolver a manos de la soberanía popular herramientas que le han sido quitadas y sin las cuales está a merced de los vaivenes de los mercados, equilibrando con ello las articulaciones de poder que hoy están claramente desbalanceadas en favor de agentes trasnacionales. El primer paso para hacer políticas progresistas es abandonar el discurso del equilibrio presupuestario y la reducción del déficit, y centrarse en objetivos reales como son acabar con la lacra individual y social que es el desempleo y avanzar en la justicia social en diversos aspectos, con los que transformar esta Europa en la Europa de los pueblos. Una Europa solidaria, verde, feminista y ante todo, democrática.
_____________________Esteban Cruz Hidalgo es economista y vicepresidente de la Asociación por el Pleno Empleo y la Estabilidad de Precios

sábado, 27 de septiembre de 2014

Hazle un favor a tu vecino: monta una fiesta. Es hora de que los alemanes se diviertan.

Haciendo alarde de músculo comercial

La semana pasada la Comisión Europea publicó un informe sobre la marcha de las exportaciones europeas (Euro area international trade in goods surplus €21.2 bn ). Uno no puede dejar de notar un cierto tono triunfalista, un tonillo de satisfacción de las autoridades europeas sobre el éxito exportador europeo.

Yo creía que el mercantilismo era una idea obsoleta del siglo XVII pero me equivocaba. Muchos todavía creen que un déficit comercial es síntoma de un mal que socava nuestra economía, una atrofia de nuestra musculatura industrial. En cambio un superávit comercial haría patente la superioridad de nuestra industria competitiva, sana, vigorosa y capaz de abrirse mercados en el extranjero, seduciendo a clientes extranjeros con el diseño y la calidad de nuestros productos bien diseñados y fabricados, apreciados por su gran calidad y atractivo. El alemán exportador hoy pasea confiado por el mundo, seguro de su éxito como país, modelo a imitar por las escleróticas economías de la periferia europea.

Imaginemos un concierto de naciones hipermusculadas compitiendo en un imaginario campeonato de culturismo exportador. Si todas ellas exhibieran ubérrimos balances comerciales dotados de generosos y carnales superávits comerciales ¿sería posible que no hubiera ninguna con un déficit en su balanza comercial? Sabemos que es imposible. Quizás en un mundo ideal las naciones comprarían bienes y servicios por valor equivalente al de los que exportan dejando las balanzas saldadas con precisión milimétrica en 0,0000 €. Pero también sabemos que eso es imposible. Siempre habrá alguna nación con un superávit comercial y por tanto siempre habrá al menos una con un déficit comercial.

Balanzas sostenibles

Sería ideal que las balanzas comerciales oscilaran en torno a cero, unos años con signo positivo y otros con déficit. No hay duda de que un déficit en la balanza comercial puede llegar a ser insostenible si se prolonga en el tiempo. Cuando una nación importa mucho más de lo que exporta esa diferencia tiene que financiarse; es decir, su economía se está endeudando frente al exterior. Si la situación se prolonga Kenneth y Rogoff nos cuentan que se llega a la crisis y se paga una penitencia de años sin crecimiento.

Eso no significa que un déficit comercial sea siempre pernicioso. Permite a un país financiar su crecimiento económico con deuda externa si tiene una capacidad de ahorro doméstica limitada. Por ejemplo España invirtió durante los años de la burbuja el 30% de su PIB pero solo tenía un ahorro equivalente al 20%; la diferencia tenía que financiarse del exterior.

Pero un déficit prolongado puede llegar a ser insostenible. No importa tanto que una economía tenga un déficit como que pueda atender los pagos de la deuda externa ya sea con crecimiento económico ya con exportaciones futuras. España acumuló varios años de déficit en la balanza comercial llegando incluso en 2007 a un déficit equivalente al 10% de su PIB, algo que debería haber encendido todas las alarmas en el puesto de mando pero cuya gravedad se menospreció porque "estábamos en el euro". Es importante la moneda en la que te endeudas. EE.UU. ha incurrido durante varios años en déficit comerciales elevadísimos. Pero se endeuda en su propia moneda ya que los extranjeros aceptan encantados el billete verde.Si te endeudas en una moneda extranjera durante mucho tiempo en cambio puedes llegar a tener problemas de solvencia cuando el acreedor deja de confiar en ti.¿Era el Euro la moneda de España o era una moneda extranjera? Visto con retrospectiva parece más bien que lo segundo.



Alemania: el superávit perpetuo

Veamos el comercio exterior desde la otra orilla ¿Puede un país vivir en un superávit comercial perpetuo?. Los datos publicados por la CE revelan que, como todos los anteriores, de nuevo este año Alemania arroja un superávit en su balanza comercial por valor 100 mil millones € hasta el 30 de junio, o sea 200 MM € en términos anuales ó más del 7% de su PIB. Alemania lleva años exhibiendo una extraordinaria fortaleza exportadora. El gráfico que facilitamos a continuación muestra como además ese vigor exportador se acentuó a partir de la creación del Euro.  Así como sabemos que un déficit prolongado no lo es ¿puede ser sostenible un superávit para la eternidad?





Para responder entendamos primero qué significa que un país tenga un superávit de 200 MM € cada año, como en el caso germano. En primer lugar:  que produce una cantidad de bienes y servicios superior a la que puede absorber su mercado doméstico. Si el ahorro es igual a la producción de bienes y servicios menos el consumo, se desprende que además genera un ahorro que no es capaz de invertir en su propia economía y que forzosamente debe invertir fuera de su país.

Desde la creación del Euro y la entrada en vigor del tratado de Maastricht los alemanes han podido destinar estos excedentes de ahorro al resto de Europa sin incurrir en riesgos de cambio de moneda y con la ventaja de que no existe ninguna limitación al libre movimiento de capitales y mercancías. El lector se dará cuenta de la enorme masa de ahorro que Alemania ha puesto a disposición de Europa si considera que esos 200 MM € que exporta cada año son equivalentes al 20% del PIB español. La conclusión es evidente: desde los años 2000 la economía alemana ha financiado las burbujas inmobiliarias de España e Irlanda y además los derroches de los gobiernos portugués y griego.

No hay nada que ningún gobierno español hubiese podido hacer para frenar esta avalancha de dinero pues, repito, dentro de la UE hay libre circulación de capitales y nuestros bancos y cajas de ahorros estaban encantados de tomar estos fondos para financiar nuestra insana afición a enladrillar el campo y la costa. Quizás las administraciones públicas españolas hubiesen podido aplicar políticas fiscales para desalentar la inversión en el sector inmobiliario; pero no lo hicieron. En su Libro El Dilema, 600 Días de Vértigo el presidente Zapatero desvela que valoró la posibilidad de suprimir la desgravación fiscal a la vivienda y añade «desisitimos de ello por el rechazo social que podría haber generado» −es lo que tiene gobernar con las encuestas en la mano, que luego pierdes las elecciones−. Pero por mucho que nos fustiguemos ahora por no haber hecho los deberes la verdad es que, cuando entra la marea, no hay barrera humana que pueda represarla. El dinero caliente alemán habría encontrado otra rendija por donde colarse.

¿Por qué genera Alemania tanto ahorro? Podría uno pensar que esta potencia exportadora reportaría enormes beneficios a los trabajadores alemanes. La realidad es que éstos han visto su poder adquisitivo mermado por una política de represión salarial como explica Neil Irwin en un artículo publicado recientemente en The New York Times. La renta per cápita disponible real de los alemanes de renta media simplemente no ha crecido ni siquiera al ritmo de las ganancias de productividad entre 1990 y 2010. Esto ha permitido que Alemania se volviera übercompetitiva, no pudiera consumir todo lo que produce y exportara billones de euros de ahorro a costa de crear una crisis de deuda en la zona Euro. Muy interesante el análisis sobre costes laborales unitarios comparados que hace Francesco Saraceno en http://fsaraceno.wordpress.com/2014/09/11/labour-costs-who-is-the-outlier/ : demuestra que la nación con el comportamiento aberrante ha sido Alemania.





De resultas durante la última década Alemania ha acumulado una posición financiera neta respecto al resto del mundo sencillamente gigantesca de 1,1 billones € (100% del PIB español ó el 41 % del PIB alemán). Vistas así las cosas ¿verdad que el elevado superávit alemán empieza a verse como causa de un desequilibrio grave en la economía europea? Merkel y los bancos alemanes deben estar muy preocupados acerca de la posibilidad de cobrar esta deuda y quizás esto explique su irracional obsesión con la austeridad de los demás países: quieren que los gobiernos ahorren para que los PIGS puedan pagar la deuda. Merkel y Bruselas quieren que tu estado haga recortes en sanidad y educación y que esos recursos se destinen a devolver los préstamos a la Landesbank de turno. Irracional porque la austeridad y la depresión económica impiden que los gobiernos recauden impuestos y ahorren. Irracional porque la única forma de que Alemania se cobre las deudas es gastándose el crédito que ha concedido al resto del mundo.

Frente a la austeridad utilicemos la cabeza

En cuanto llegó la crisis griega, gestionada tan penosamente por las autoridades europeas, el chantajista Jean Claude Tritchet al frente del BCE y el dúo Merkel-Sarkozy  los capitales alemanes se retiraron de los mercados periféricos, causando el hundimiento de nuestra burbuja inmobiliaria, contagiando a la deuda pública y elevando a la estratosfera la llamada prima de riesgo. Esta hemorragia se ha tapado mediante la barra libre de liquidez que ha abierto el BCE a nuestros bancos. Los capitales alemanes se han retirado de la periferia pero inadvertidamente siguen aquí: el dinero lo depositan ahora en el BCE que vuelve a prestárselo a los bancos del sur. Vean si no la evolución de los saldos del TARGET2,

Fuente: http://www.eurocrisismonitor.com/


Para resolver la crisis europea Alemania predica virtuosismo. "Fijaos en nosotros", dicen, "también tuvimos problemas e hicimos las dolorosas reformas que hogaño nos han convertido en una gran potencia exportadora". Pero estas reformas "mercantilistas" las pudieron hacer porque había otras naciones dispuestas a incurrir en un déficit comercial. Es hora de que los flujos se reviertan y de que Alemania se cobre sus préstamos al resto del mundo de la única forma posible: sí, incurriendo en un pecaminoso déficit comercial. Es la única manera de que nosotros, los PIGS ibéricos podamos pagar nuestra deuda y volver a crecer. A la pleamar del ahorro alemán debe seguir la bajamar.

La débil demanda interna alemana cercena las oportunidades de inversión en el sector privado. En su blog Paul de Grauwe explica que ha llegado la hora de revertir la desacertada decisión tomada en 2010 de reducir la inversión pública. Esto se podría hacer a un coste muy bajo pues el país se endeuda a tipos de interés cero.  Para sacar a Europa de su marasmo deflacionista Alemania debería liderar un programa de inversión pública. Actualmente su tasa de inversión pública es de las más bajas de la eurozona: un magro 1,6% del PIB frente al 2,3% en el resto de países. Es hora de que los alemanes organicen unos juegos olímpicos, suban los salarios de sus funcionarios, construyan algunos aeropuertos, introduzcan un salario mínimo y manden a sus jubilados a las islas griegas de vacaciones. Como alternativa podrían condonarles la deuda a los griegos y los españoles y dejar que quiebren sus bancos, esos que incautamente prestaron el dinero a los países del sur. Los alemanes perderían sus ahorros pero es lo que pasa cuando los guardas debajo del colchón y nunca los usas: que acabas siendo el más rico del cementerio.



Nota técnica:


Veamos la relación entre ahorro y saldo comercial. Sabemos que el Producto Interior Bruto (PIB) es la suma de todos los bienes y servicios que produce una economía. Desde el punto de vista del gasto por tanto el PIB es igual al consumo de los hogares (C), la inversión de las empresas (I), el gasto del gobierno (G) y las exportaciones (X) menos las importaciones (M), o sea PIB=C+I+G+X-M.

Sabemos también que el ahorro (S) es la diferencia entre lo que produce una economía y lo que gasta. Si restamos del PIB el consumo (C) y el gasto público (G) obtenemos el ahorro de una economía S=PIB-C-G=I+X-M, por tanto el ahorro es igual a la inversión más el saldo comercial. Esta es una simple identidad contable. Si un país no comerciara con el resto del mundo el ahorro sería siempre igual a la inversión. Pero cómo vivimos en una economía abierta sabemos que si un país quiere invertir más de lo que ahorra puede captar ahorro del exterior (déficit comercial). Por el contrario, como en el caso alemán, si consume menos de lo que produce y no encuentra oportunidades de inversión  en cuantía equivalente a ese ahorro, puede prestárselo al resto del mundo.