Cita de Roosevelt

"Ningún país, sin importar su riqueza, puede permitirse el derroche de sus recursos humanos. La desmoralización causada por el desempleo masivo es nuestra mayor extravagancia. Moralmente es la mayor amenaza a nuestro orden social" (Franklin Delano Roosevelt)

lunes, 4 de marzo de 2019

El Green New Deal, un pacto verde para garantizar nuestro futuro.



Stuart Medina Miltimore
22 de febrero de 2019

Parte I. Planteamiento del problema

Pocos cuestionan que nos enfrentamos a una crisis climática que podría hasta señalar la linde entre dos eras geológicas, quizás el fin del antropoceno. Es irrefutable que los niveles de gases de efecto invernadero han aumentado su concentración en nuestra atmósfera. Los niveles de dióxido de carbono (CO2), que alcanzan ya las 400 partes por millón, casi duplican los promedios históricos. Sabemos que esta contaminación se debe al aprovechamiento de combustibles fósiles. Casi todos los expertos atribuyen a la emisión de gases de efecto invernadero como el CO2 un potente impacto sobre el clima del Planeta. Las temperaturas de la Tierra están casi un grado centígrado por encima de la media de los registros históricos. Las superficies de los océanos se han calentado 0,4ºC. Las capas de hielo en Groenlandia, la banquisa ártica y el hielo de la Antártida se fragmentan y derriten. La longitud y espesor de los glaciares han menguado. El deshielo ha elevado los niveles de los mares unos 20 centímetros lo cual puede llevar a la desaparición de algunas tierras hasta ahora emergidas (NASA, 2019).
Las consecuencias de este calentamiento global no se agotan en el deshielo. Al parecer el aumento en el gradiente de temperaturas favorece la ocurrencia de eventos climáticos extremos con mayor frecuencia de huracanes, ciclones, olas de frío o de calor e inundaciones. Los regímenes pluviométricos cambian, posiblemente aumentando la aridez en algunas zonas, por ejemplo, de nuestro país.
Estos cambios avanzan a un ritmo imperceptible en la escala temporal de las personas lo cual favorece la negación. Quizá esa gradualidad explique la mezcla de complacencia y ausencia de reacción ante una probable catástrofe climática. Entre los expertos y los concienciados cunde la alarma ante la falta de reacción de muchos gobiernos y la impresión es que se acaba el tiempo para remediar o detener, si no revertir el calentamiento global. La demora en la actuación es la forma más mortífera de negación. Pero no nos equivoquemos, no se trata de salvar el Planeta. Puede que dentro de mil años haya cocodrilos nadando en el Ártico pero para entonces lo más probables que el hombre se haya extinguido o, si sobrevive, su calidad de vida sea lamentable. Pero el planeta ya ha sobrevivido a numerosos episodios de calentamiento global y extinciones masivas. Se trata de mantener un entorno sostenible para la pervivencia de nuestra especie.
La derrota de quienes luchan por convencer a la sociedad de la urgencia de actuar es muy probable si no entendemos otro fenómeno coetáneo igualmente perverso. La amenaza climática no se puede desligar de otra plaga que recorre los países avanzados. Es fácil describir sus síntomas. Los afectados padecen de un malestar permanente ante la insultante concentración de riqueza; observan la congelación de sus ingresos en términos absolutos; se enojan por la percepción de que la clase política está carcomida por la corrupción y alineada con intereses de grandes empresas; y son muy conscientes de su propia impotencia para influir en las políticas públicas. Esta enfermedad es el paroxismo de la crisis del neoliberalismo, un recetario político que se ha aplicado de forma implacable sobre sociedades que habían alcanzado un alto grado de bienestar hasta los años 70 u 80. Hasta esa época las sociedades avanzadas habían aplicado políticas keynesianas, muy exitosas en términos de reparto renta pero que resultaban poco atractivas para las oligarquías empresariales.
Gracias al episodio de inflación de los años 70, al que el keynesianismo no supo responder, el neoliberalismo capturó las elites occidentales con promesas de competitividad y crecimiento económico que restablecerían la rentabilidad de un sector empresarial amenazado por la combatividad de la clase trabajadora y la estabilidad de precios. Sin embargo, los resultados en términos de crecimiento económico han sido decepcionantes. Nunca las economías avanzadas habían crecido tan poco. Para echar sal sobre la herida esta era neoliberal ha engendrado un panorama social de desigualdad y precarización. Además, el ansia desreguladora ha contribuido a generar crisis financieras cada vez más frecuentes y profundas.
El prontuario económico neoliberal repite como un mantra el mismo juego de instrucciones para hacer frente a las crisis económicas: andanadas de privatizaciones; más “liberalización” que en realidad es la creación de normas favorables para las grandes empresas; nuevos tratados de libre comercio anunciados con fanfarria por las autoridades de Bruselas como la panacea que nos traerá un bienestar insospechado pero que siempre parecen beneficiar a los mismos; o políticas activas de empleo que culpabilizan al parado y nunca aportan los empleos prometidos. Cada ciclo genera un nuevo estrato de personas precarizadas, que oscilan entre el desempleo y el subempleo, con sueldos que ya no garantizan un nivel de bienestar material digno. Todo esto ocurre precisamente en la época de mayor capacidad industrial de la Historia si bien la calidad de los productos deja mucho que desear y los costes ambientales de la actividad fabril son excesivos.
Ante la crisis climática se nos dice que los gobiernos deben limitarse a establecer incentivos “de mercado” para que el sector privado, pletórico de energías creativas gracias a las políticas “business friendly”, se ocupe de resolver los problemas. Así se crean impuestos al carbono para desincentivar el consumo de combustible fósiles (mecanismo de precios de mercado). Se acotan áreas al tráfico privado —siendo honestos habría que reconocer que el proyecto Madrid Central supone la reserva de una zona urbana a una minoría privilegiada que puede pagarse los nuevos vehículos híbridos de cero emisiones— sin potenciar el transporte público como alternativa. Sólo se restringen algunas actividades como el cierre de las minas de carbón ya poco atractivas para los empresarios.
No es que estas medidas ambientalistas no estén justificadas pero muchas de ellas perjudican a personas cuyo medio de vida depende de actividades tradicionalmente asociadas a la emisión de gases de efecto invernadero. Se amenaza el futuro de personas que carecen de salidas profesionales alternativas al desempleo: los mineros del carbón asturiano o de Virginia Occidental, los poseedores de furgonetas propulsadas por motores diésel, los empleados de las centrales de producción energética de El Bierzo y otros colectivos y comunidades observan estupefactos y crecientemente airados como sus medios de vida tradicionales están periclitados. Tras la caída de esas actividades sigue la ruina económica de sus comunidades locales.
Esas medidas son el palo que castigan mayoritariamente a las clases populares sin rozar los privilegios de las elites. La estrategia del presidente neoliberal francés, Emmanuel Macron, que combinó bajadas de impuestos a las grandes fortunas, profusas medidas de liberalización y desregulación —que pretendían fomentar una cultura emprendedora y acabar con añejos “privilegios” sindicales—, ha acabado detonando las violentas algaradas de los chalecos amarillos. Visto así, tampoco extraña que, en los EEUU, el discurso negacionista de Trump haya atraído a quienes se veían amenazados por un ambientalismo que no les ofrecía un futuro que sustituyera al presente que se pretende aniquilar.
El palo para las clases populares; la zanahoria para las oligarquías. Se crean subvenciones públicas para que el sector privado encuentre razones —jugosos beneficios en iniciativas empresariales sin  riesgo— para invertir en determinadas actividades tales como la construcción de centrales eólicas o granjas solares. La intención es que el sector privado lidere una transformación energética evitando que los Estados, que se consideran poco capacitados para dirigir proyectos ambiciosos e innovadores, actúen. En el colmo de la ingenuidad no faltan quienes esperan que los billonarios dediquen esfuerzos filantrópicos al cambio climático.
El imperante régimen neoliberal deja inermes a las sociedades para dar respuesta a la doble crisis climática y social. El Estado, encadenado por limitaciones institucionales y financieras imaginarias, carece de herramientas eficaces para dar respuesta a uno de los mayores desafíos de la humanidad. La despolitización arrebata el poder de decisión a los parlamentos y se lo entrega a organismos multilaterales “independientes”. Confiar la solución a las fuerzas del mercado o a prohibición de determinadas actividades sin ofrecer una alternativa atractiva a los perdedores del cambio de modelo energético expone el ciego optimismo de las élites.
Estas pretensiones solo pueden derivar en melancolía porque es difícil que los agentes del sector privado accedan a los ingentes recursos financieros que requiere una transformación radical de nuestro modelo climático. Es absurdo pensar que encontrarán oportunidades de negocio suficientemente atractivas como para abandonar completamente un modelo energético que resulta relativamente barato y para el cual todo el sistema productivo contemporáneo está adaptado. Lo que se está pidiendo es una transformación profunda, radical y sistémica de una escala que el sector privado es incapaz de asumir.
Pensemos, por ejemplo, en la necesidad de reformar toda la industria automovilística para adaptar los vehículos a una motorización eléctrica con la consiguiente sustitución de la red de gasolineras por otra de conexiones de recarga y recambio de baterías, incluso planteando un cambio de régimen de tenencia para el usuario que debería cambiar el coche en propiedad por el de alquiler. O consideremos la escala de unas obras de infraestructuras necesarias para introducir trenes de alta velocidad que puedan sustituir, al menos parcialmente, al mucho más contaminante tráfico aéreo. Por último, tomemos en cuenta la enormidad de la tarea de modernizar y adaptar el parque inmobiliario de todo un país para que las viviendas sean carbono-neutrales sin menoscabo de la comodidad de sus moradores.
Aquí viene al caso recordar cómo las dos apuestas tecnológicas más interesantes del Estado Español de los últimos años fueron decididamente impulsadas por el Gobierno. Me refiero a la promoción de las energías eólicas y la red de ferrocarriles de alta velocidad. Ambas iniciativas han revitalizado o engendrado nuevos sectores industriales con un interesante potencial exportador. Este precedente nos da una idea de cómo los grandes proyectos transformadores suelen requerir del liderazgo político y de los recursos del Estado.
Por tanto, el capitalismo en su fase neoliberal contemporánea se pierde en su laberinto de la austeridad para la mayoría y se muestra impotente para encontrar los recursos necesarios para resolver la doble crisis social y ambiental. Sin embargo, en los EEUU, la joven y refrescante congresista Alexandria Ocasio Cortez está proponiendo una alternativa que permitiría recuperar los pactos sociales rotos y abordar de forma decidida y ambiciosa el reto del cambio climático sin generar nuevas marginaciones sociales. La propuesta del Green New Deal, o Nuevo Trato Verde, es un ambicioso programa, comparable en su escala al plan Marshall, el plan de construcción de autopistas de Eisenhower o la carrera espacial de las eras de Kennedy y Jruschov. En el pasado esa escala de ambición consiguió que la economía Estadounidense creciera a tasas que nunca más se han vuelto a observar. Tras varias décadas de “estancamiento secular”, se demuestra el agotamiento de un modelo económico que cabalga a lomos de un aparato industrial y energético obsoleto. Quizás sea necesario una iniciativa descabelladamente ambiciosa para construir una alternativa a un sistema averiado.

Ilustración 1. Crecimiento del PIB De los EEUU desde el año 1934

martes, 19 de febrero de 2019

Las reglas de Liberland

Imaginemos un universo paralelo donde no aplicaran las reglas que se observan en el nuestro. Por ejemplo, podríamos pensar en uno donde no hubiera gravedad; donde la luz fuera oscura y la oscuridad luminosa; donde no pasara el tiempo; en fin, dejemos volar la imaginación y podemos llegar a inventar un mundo onírico.

En Economía también hay soñadores que han imaginado un mundo paralelo. Se agrupan en varias escuelas pero en todas ellas sus reglas son diferentes a las observadas en la vida real. Entre estos soñadores podemos incluir a muchos de nuestros economistas más mediáticos, habituales invitados a tertulias televisivas como Juan Ramón Rallo, Daniel Lacalle, Gonzalo Bernardos o José Carlos Día. He bautizado ese universo paralelo como Liberland. He aquí algunas de estas reglas comparadas con las que operan en nuestro universo. En ese universo se ha observado un fenómeno cuántico de forma que, a veces, Liberland se convierte en Venezuela.

Reglas que aplican en nuestro mundo
Reglas que aplican en Liberland
A cada deuda le corresponde un crédito.
Solo hay deudas, nadie tiene activos financieros. Si el estado se endeuda no se crea riqueza para el sector privado.
El dinero lo crean el estado o entidades reguladas por el estado como los bancos. Los contribuyentes son meros usuarios de la moneda.
El dinero lo crean los contribuyentes.
Los tipos de interés de referencia los marca el banco central. El tipo de interés es una variable exógena.
El tipo de interés lo determina el mercado.
No hay ningún tipo de interés natural.
Existe un tipo de interés “natural” en el que se igualan el ahorro y la inversión.
La base monetaria es una fracción de la oferta monetaria. Los bancos calculan su posición de reservas después de decidir cuánto van a prestar. Si el banco central no facilita las reservas que piden los bancos de forma agregada al menos uno de ellos tendrá un déficit de reservas y el sistema de pagos dejaría de funcionar correctamente.
Existe un misterioso multiplicador del dinero de forma que, si el banco central crea nuevo dinero, éste se multiplica como hizo Jesucristo con los panes y los peces y se transforma en nuevos préstamos bancarios.
El estado no puede controlar la oferta monetaria. Es una variable endógena.
El estado puede y debe determinar el incremento de la oferta monetaria para que no haya inflación.
La inversión crea su propio ahorro.
La inversión se financia con fondos prestables que salen del ahorro de las familias y que son limitados.
El estado puede movilizar recursos ociosos con políticas de gasto público.
Para que haya más fondos prestables hay que bajar los impuestos y reducir el gasto público. Nunca hay recursos ociosos.
El estado normalmente debe estar en déficit.
Liberland se convierte en Venezuela cuando el estado tiene déficit
El desempleo es consecuencia de una escasez en la demanda agregada, por ejemplo, como consecuencia de las políticas de austeridad.
El desempleo es consecuencia de una preferencia por el ocio de los trabajadores. Si aceptan un salario más bajo encontrarán trabajo.
El servicio de la deuda pública genera pagos entre personas de la misma generación.
La deuda pública se carga sobre los hombros de las generaciones futuras. Para servir la deuda nuestros descendientes tendrán que enviar producción del futuro al pasado de algún modo. Quizá con una máquina del tiempo.
No es posible que todos los países tengan un superávit comercial a la vez y por tanto las estrategias de crecimiento basadas en exportaciones no son posibles para todos.
Liberland comercia con el planeta Saturno y siempre puede conseguir un superávit comercial.
El salario es un coste para la empresa, pero también es un centro de distribución de rentas. Bajar los salarios podría resultar en una caída de la demanda agregada y aumentar el desempleo.
El mercado de trabajo es como el de los rábanos o los plátanos, existe un precio que vacía el mercado cuando se igualan oferta y demanda. Si hay desempleo la solución es bajar el salario.
La inflación es un fenómeno complejo que puede iniciarse por un shock de oferta (por ejemplo: una subida de los precios del petróleo) y prolongarse por culpa de un conflicto por el reparto de las rentas entre capital y trabajo.
Si la oferta monetaria crece demasiado es porque el estado ha aumentado la base monetaria. Eso causa inflación porque la inflación es siempre un fenómeno monetario. Venezuela.
Si hay desempleo el estado puede estimular la demanda agregada con un incremento del gasto público.
Venezuela
El estado nunca puede quebrar si se endeuda en su propia moneda.
Venezuela
El dinero es una deuda del emisor. Se crea mayoritariamente con apuntes contables desde un ordenador.
El dinero son lingotes de oro o algo parecido representado por resguardos llamados billetes de banco.

miércoles, 2 de enero de 2019

¿De dónde viene el dinero?

Durante el mes de diciembre utilicé hilos de Twitter para describir de forma esquemática el origen del dinero. He recogido esa secuencia de twits en este post:

¿De dónde viene el dinero? Esta pregunta sencilla, sorprendentemente, no saben responderla muchos economistas formados en las facultades que enseñan la doctrina ortodoxa. El dinero actualmente no representa ningún metal precioso custodiado en un sótano del banco central. Tampoco representa toda la riqueza de la nación ni cosas por el estilo. El dinero es simplemente un reconocimiento de una deuda del emisor. Éste se compromete a redimirla cuando el tenedor la entrega. Por ejemplo, el dinero del estado se redime cuando alguien la entrega en pago de impuestos. Pero me adelanto. Veamos esto con más detalle.

Actualmente el dinero, en su mayor parte, no tiene forma física. El dinero toma la forma de apuntes contables en un ordenador. Pese al entusiasmo de los tecnoutópicos con la burbuja del Bitcoin, el dinero es digital desde hace décadas.

Existen tres formas de meter dinero en una economía: 
  1. creación de dinero por el estado, 
  2. creación de dinero por los bancos,
  3. creación de dinero desde el sector exterior.

Creación de dinero por el estado


El estado (hablo del que está dotado de soberanía monetaria, no de los que están integrados en la disfuncional unión monetaria europea), disfruta de un monopolio: define la unidad monetaria que se utilizará para medir los crédito, es el emisor de aquello que sirve para pagar impuestos
Una analogía es que el estado mantiene una gran hoja de cálculo en la que registra todos los créditos fiscales que ha obtenido el sector privado.

El estado necesita proveer bienes y servicios públicos para lo cual necesita contratar funcionarios, contratistas, comprar suministros, etc. Paga a estos proveedores con la moneda que emite.
El mecanismo es éste: un funcionario del Tesoro da la orden de pago al banco central, donde mantiene una cuenta. El banco central carga la cuenta del Tesoro y abona la cuenta del banco comercial donde el proveedor mantiene sus depósitos. Así se ha aumentado el saldo de la cuenta del banco comercial en el banco central. A estas cuentas las llamamos cuentas de reservas. El banco comercial, a continuación, carga en su contabilidad la cuenta del banco central y abona la de su cliente, el proveedor del estado.

¿Por qué los proveedores aceptan un apunte contable en pago de sus servicios? Porque ese dinero del estado es un crédito fiscal. El proveedor del estado está obligado a pagar impuestos. Todos estamos obligados a pagar tributos. Ese proveedor puede utilizar esos créditos para pagar sus impuestos y guardar los que le sobran o transmitirlos a un tercero que los necesite para pagar los suyos a cambio de otros bienes y servicios. En este post abordo en mayor profundidad el papel de los impuestos.

El proceso de pago de impuestos destruye el dinero creado en el paso anterior. Podemos hablar de una fase de flujo y otra de reflujo. Cuando alguien ordena el pago de impuestos a su banco, éste cara el depósito del contribuyente y abona una cuenta en el banco central. A su vez, el banco central carga la cuenta de reservas del Banco y abona la cuenta del Tesoro. Cuando el estado gastó se crearon nuevas reservas en el sector privado, cuando se pagan los impuestos estos saldos se reducen.

Así pues:

Gasto público=> aumento de reservas en el banco central a favor de los bancos comerciales=>aumento de depósitos en cuentas de hogares y empresas.

Pago de impuestos=>reducción de depósitos en cuentas de hogares y empresas=>reducción de reservas de los bancos comerciales en el banco central. Destruyen dinero.

Una conclusión importante de esta visión del dinero es que el estado no puede ser nunca insolvente, si se endeudamiento en su propia moneda. (Lo de Macri endeudando su país en dólares de EEUU es de juzgado de guardia, ver el análisis aquí). El estado siempre podrá crear nueva moneda para atender nuevas necesidades de gasto público. No tiene una limitación financiera.

Antes de que empiecen a hiperventilar los creyentes en la teoría cuantitativa del dinero hay que advertir que esto no es necesariamente inflacionista. La limitación a la que se enfrenta el estado es de recursos reales de la economía. El estado puede comprar todo aquello que se encuentra a la venta en si territorio a cambio de su moneda. Si no está en venta incluso puede conseguirlo subiendo los impuestos suficientemente. Sin embargo si nos acercamos a ese límite real puede desencadenarse un proceso inflacionario.

Ante las tensiones inflacionistas el estado puede tomar muchas medidas: subir los impuestos para reducir el poder de compra del sector privado, bajar el gasto público, eliminar las clausulas de indexación, etc. El monopolista siempre puede fijar el precio de aquello que produce.

En este sentido el estado puede determinar qué exige a cambio de entregar una unidad monetaria. Si exige una hora de trabajo a cambio de una unidad monetaria está determinando una relación de valor.
Si al año siguiente tal estado ofrece 1,10 unidades monetarias a cambio de una hora de trabajo entonces está despreciando voluntariamente su moneda y creando una inflación del 10%.

Si el estado no encuentra comprador de su moneda puede ser porque los impuestos sean demasiado bajos o porque su sistema de recaudación es ineficaz. Esto es frecuente en países poco desarrollados con estados débiles o fallidos. En este caso lo que puede hacer es renunciar a ejecutar mayor gasto público o aumentar la presión fiscal.

Pero esta no es la situación en los países avanzados. Es más, existe sobrada demanda por el dinero del estado y abundantes recursos desempleados. Por tanto el estado puede prestar nuevos servicios públicos sin aumentar los impuestos. Es decir, aumentar el déficit fiscal. En España, con una altísima tasa de desempleo, la izquierda tiene una actitud equivocada. Cree que hay que subir los impuestos antes de prestar nuevos servicios públicos. Pero en realidad lo procedente es aumentar el déficit fiscal hasta que desaparezca el desempleo. La razón es que el déficit fiscal es el ahorro privado. Y en España los balances de hogares y empresas están muy deteriorados.

De hecho, la posición normal del estado debe ser tener un déficit tan elevado como sea necesario para que se alcance el pleno empleo con estabilidad de precios y se satisfagan las necesidades de ahorro de la población.

En un estado con un sistema de prestaciones sociales poco desarrollado y amenazas constantes al sistema de pensiones paradójicamente el déficit público tendría que ser más elevado.

La creación de dinero bancario


Como dije anteriormente, hay tres formas de meter dinero en una economía: a través del gasto público, gracias a las exportaciones de bienes y servicios y mediante la creación de depósitos bancarios. Paso a explicar el dinero bancario.


Los depósitos bancarios surgen cuando un banco concede un crédito a un cliente. Imaginemos que Vd. consigue un préstamo hipotecario del banco X. Lo que ocurre es que el banco introduce una serie de asientos contables en su contabilidad.Para los que tengáis nociones de contabilidad es algo parecido a esto:


DEBE                                                                             HABER
 __________________________________________________
100.000 € Préstamo                   I             Depósito cc 100.000 €


En el mismo acto el banco ha constituido un préstamo y ha abierto un depósito bancario a favor del cliente. ¡Presto! El dinero bancario ha surgido de la nada gracias a un teclado de ordenador.

No ha sido necesario obtener un depósito de otro cliente para prestárselo a otro cliente. Vaciar la cuenta corriente de otro cliente sería fraudulento. De hecho eso es lo que hace un prestamista, no un banco. Tampoco ha sido necesario mover lingotes de oro. La teoría de los fondos prestables no es cierta.

Frente a lo que suelen decir algunos periodistas de prensa económica, la idea de que el Banco Central Europeo va a a reactivar el mercado de crédito inyectando reservas no es cierta. Crear nuevas reservas no se traslada a nuevos préstamos. Los bancos necesitan las cuentas de reservas para saldar pagos entre ellos.

Lo que ocurre es lo siguiente: ahora que el cliente ha conseguido 100.000 € en su cuenta podrá girar un cheque a favor del promotor o constructor que le entregará la vivienda. Si el constructor tiene su cuenta en otro banco, ese cheque o transferencia se llevará a una cámara de compensación. Los bancos calculan a diario los importes deudores y acreedores que deben compensar entre ellos. El saldo se liquida con una transferencia de cuentas de reservas en el banco central. Estas transacciones ocurren dentro de la "hoja de cálculo" que mantiene el banco central. Solo los bancos participantes en el sistema pueden tener acceso a este tipo de cuentas. Las reservas no se pueden prestar a particulares pero los bancos se prestan reservas entre ellos en el llamado mercado interbancario.

Los bancos calculan periódicamente su posición de reservas. Si están cortos de reservas pueden pedirlas prestadas en el mercado interbancario. Si hay escasez en el sistema también pedirlas prestadas al banco central, que no dudará en facilitarlas si no quiere cargarse el sistema de pagos y el sistema bancario, salvo que el banco tenga problemas de liquidez o solvencia. Pero las reservas no limitan su capacidad de prestar. La teoría del multiplicador que se enseña en las facultades es falsa. Es uno de los mitos sobre el dinero que desarrollo en este post.


Como consecuencia de la operación de compra de la vivienda los depósitos que fueron creados con el préstamo original ahora acaban en manos de otra persona o empresa. Esos depósitos pueden circular por la economía porque el dinero bancario tiene la máxima aceptación. Esa aceptación procede del respaldo del estado. En primer lugar los depósitos son convertibles en monedas y billetes en el acto. En la jerarquía de dineros el del estado siempre está por encima. Además están el fondo de garantía de depósitos y el respaldo del banco central. El banco en este caso es un deudor que que solo puede redimir su obligación entregando un dinero de jerarquía superior (dinero del estado) o aceptándolo para cancelar el principal los intereses adeudados de los préstamos que concede. Por otra parte el banco no está limitado por la existencia de reservas en su actividad crediticia. Un banco concederá un nuevo préstamo si ve que hay una oportunidad de hacer negocio y si entran por la puerta de sus oficinas empresarios o clientes solventes. Eso significa que deben presentar proyectos rentables o capacidad de devolver el préstamo con otros activos que sirvan de garantía o capacidad de generar rentas en el futuro. Si entran clientes solventes por la puerta de la oficina bancaria el banco estará encantado de prestar. Por eso decimos que la oferta monetaria es endógena. Los bancos prestan cuando ven oportunidades, no prestan cuando desconfían de las posibilidades de que les retornen el dinero más los intereses. Por eso la oferta de dinero se comporta de forma procíclica.

El dinero creado por el sector exterior


En dos hilos anteriores he explicado cómo se introducen el dinero del estado y el dinero bancario en la economía. En este último hilo hablaré de otra posibilidad: el dinero creado por el sector exterior.

Para ello partimos del análisis de la balanza comercial. Todos los países comercian con el exterior. Exportan e importante mercancías. También venden servicios como el turismo o los compran, por ejemplo, servicios de telemarketing prestados desde Sudamérica. Además podemos ceder nuestros factores de producción al extranjero a cambio de una renta. Por ejemplo trabajadores extranjeros que trabajan aquí y que remiten parte de sus rentas al extranjero.Todos estos componentes forman lo que se llama convencionalmente la balanza por cuenta corriente. Esta balanza es positiva cuando las exportaciones, las ventas de servicios o las rentas del extranjero por cesión de nuestros factores productivos superan a las importaciones, pagos por servicios recibidos o pagos de rentas al extranjero.

Quién vende algo al extranjero recibe algo a cambio. Normalmente será un depósito en un banco extranjero denominado en moneda extranjera o un depósito en su propia moneda que antes estaba en manos del comprador extranjero. Viceversa, quien compra algo del extranjero entrega un depósito denominado en su propia moneda o un depósito en moneda extranjera depositado en otro país. Cómo se obtienen esos depósitos en moneda extranjera sería materia para otra discusión. Puede que lo tuviera antes porque hubiese exportado antes, puede comprarlo a un exportador o puede que se lo haya prestado un banco extranjero. En cualquier caso, al final de cada período, una economía puede encontrarse con un déficit o superávit en la balanza por cuentas corriente. Si nuestro país tiene déficit los extranjeros habrán acumulado activos financieros que son pasivos financieros para nuestro país. Los extranjeros pueden tener depósitos a su nombre en euros en un banco español. O una entidad española puede haber reducido un saldo en una cuenta extranjera. El efecto neto es que el país deficitario ha reducido sus activos financieros netos respecto al resto del mundo.

La parte de la balanza comercial que financia el déficit por cuenta corriente se llama convencionalmente balanza de capitales. Su saldo es, por identidad contable, necesariamente igual al de la balanza por cuenta corriente pero de signo contrario. En otras palabras

Balanza por cuenta corriente+balanza de capitales=0

Una economía con déficit por cuenta corriente está endeudándose con resto del mundo. Genera activos financieros para otros países. Eso no es un favor que le hace el resto del mundo. Si los chinos venden sus portátiles y los alemanes sus BMW al resto del mundo y deciden no gastar los activos financieros que reciben a cambio es porque prefieren mantener esos saldos financieros. Los países que tienen un superávit en la balanza por cuenta corriente están financiando al resto del mundo. A cambio de sus exportaciones reciben meros apuntes contables.

Normalmente los países que mantienen superávit comercial durante muchos años lo consiguen a base de suprimir el crecimiento de salarios. Así sus empresarios consiguen un excedente de producción que sus trabajadores no consumen.El éxito comercial se basa a menudo en mantener a la población trabajadora viviendo por debajo de las posibilidades. En definitiva esto permite a los empresarios obtener un beneficio que se materializa en un ahorro monetario ubicado en otro país. Por tanto el superávit comercial es una de las fuentes de inyección de dinero en una economía que estimulan la producción y la demanda. Un país como Alemania consigue que su sector privado doméstico tenga un ahorro positivo pese a que el estado alemán mantiene un superávit fiscal gracias a su permanente saldo comercial positivo. En cambio, en una economía con un déficit comercial permanente, se produce una fuga en el sistema. Los consumidores destinan parte de su renta a comprar producción del extranjero. Cómo Ingreso=gasto=producción eso significa que parte de la producción nacional no se venda. Una producción que no se vende llevará a los empresarios a reducir su producción, lo cual aumentará el paro. Una solución es que los hogares se endeuden, como ocurrió durante nuestra burbuja inmobiliaria. Así los consumidores pueden comprar sus BMW y los pisos construidos en su país y el resto de la producción nacional. Pero el endeudamiento privado suele tener un recorrido limitado.

La otra es que el estado mantenga el nivel de producción y demanda elevando su gasto o bajando impuestos. Normalmente el déficit comercial suele ir acompañado de un déficit fiscal. Esta solución deja a todos contentos. Los exportadores tienen sus apuntes contables, los consumidores del país deficitario consumen más de lo que produce su economía. Quizá el perdedor sea el trabajador alemán o chino, que claramente vive por debajo de sus posibilidades. Está claro que el sector externo genera activos financieros para los países exportadores, pero estos nunca se reparten de forma equitativa. Otras cuestiones por analizar: los efectos sobre el desempleo de aquellos países cuyos gobiernos se empeñan en mantener políticas de austeridad cuando tienen un déficit comercial y qué pasa cuando un país con déficit por cuenta corriente pretende mantener dijo el tipo de cambio.

Un modelo circuitista

En la serie de hilos anteriores traté de explicar el origen el dinero. Intentemos representarlo gráficamente. Partiré de un circuito económico estilizado donde solo hay intercambio real de mercancías y servicios. Los hogares reproducen la fuerza de trabajo que emplean los empresarios para producir bienes y servicios que se destinan a la venta en el mercado doméstico o a la exportación.


Los hogares compran esas mercancías y otras producidas en el extranjero para satisfacer sus necesidades de consumo. Hay también un gobierno que extrae recursos de la economía para entregar bienes y servicios públicos. Este circuito no se puede poner en marcha sin un agente que aporte crédito. Podemos imaginar que los bancos pueden adelantar el dinero necesario para que los empresarios contraten a los trabajadores e iniciar el ciclo productivo.




Los trabajadores cobran un salario que entra como renta en los hogares con la cual pueden comprar el producto de su trabajo en el mercado. De esta forma el empresario recupera el dinero que adelantó inicialmente y distribuir los beneficios a sus accionistas. También podemos imaginar que los bancos financien el consumo de los hogares con préstamos hipotecarios o préstamos al consumo. El dinero llegará a los empresarios que lo utilizarán para contratar trabajadores o pagar dividendos. Si el circuito funciona bien, tanto empresarios como hogares obtendrán fondos en el futuro para reintegrar los préstamos.

La amortización de los préstamos cancela el dinero inicialmente creado por los banqueros (por eso las fechas se pintan en rojo). El banquero espera recuperar más dinero del que prestó inicialmente. Quiere obtener unos intereses de donde salen sus beneficios. ¿Cómo es eso posible si solo existe el dinero que el mismo puso en circulación? ¿Quizá creando nuevos préstamos por mayor importe que los anteriores?

Es de esperar que los banqueros reinicien el siguiente ciclo productivo con nuevos préstamos pero eso no tiene que ocurrir necesariamente. Si las expectativas económicas empeoran podrían optar por no prestar.

Es obvio que en este esquema falta algún agente económico.Además el ciclo económico descrito tiene fugas. Hay compras que se hacen a productores extranjeros y por tanto las rentas que han pagado pueden no retornar al empresario. Los beneficios repartidos en forma de dividendos suelen acabar retenidos como ahorros y no se gastan.

El gobierno puede aportar los fondos adicionales que necesita la economía. El estado compra parte de la producción y emplea a parte de la fuerza de trabajo al ejecutar el gasto público.

Este gasto inyecta nuevo dinero en la economía y puede mantener el nivel de demanda para compensar todas las fugas del sistema: ahorro e importaciones. Incluso si los bancos deciden no dar préstamos el estado puede suplir la caída de demanda en el sector privado.aceptado antes tiene que imponer una obligación de pagar impuestos a la población.

Solo el estado puede aportar aquello que la población puede utilizar para pagar los impuestos. La población buscará con avidez ese dinero que necesita para redimir sus obligaciones tributarias. También pueden utilizar el dinero bancario para pagar los impuestos y el estado lo acepta (otra razón por la que el dinero bancario tiene aceptación).

Pero recordemos que los préstamos bancarios tienen que ser devueltos. Así pues el dinero bancario utilizado para pagar impuestos tiene que reponerse con nuevo dinero creado por el estado. Si no, los empresarios y hogares no podrán devolver los préstamos adelantados por los bancos. Los impuestos destruyen el dinero creado por el estado (no financian al estado), por eso están ilustrados con flechas rojas que llevan a un cubo de basura. Así pues, aunque los impuestos son necesarios para que el dinero sea aceptado es importante que siempre sean algo menores al gasto público. De lo contrario, entraríamos en un proceso deflacionista como el que asola a la Europa de la austeridad y la obsesión compulsiva y dogmática por el equilibrio presupuestario. Así que los beneficios de los empresarios y de los banqueros son en parte posibles porque el estado crea el dinero que permite materializar sus beneficios en forma monetaria.

Recordemos que las importaciones representan una fuga del circuito económico. Pero, a sensu contrario, las exportaciones representan una fuente de divisas y endeudamiento externo que dan salida a la producción que no consume la población nativa.

Kalecki desarrolló la famosa ecuación de beneficos. Estos son iguales a : +inversión +consumo de los capitalistas +déficit del gobierno +superávit comercial +endudamiento de los trabajadores. El circuito económico y monetario descrito recoge algunas de estas fuentes de beneficio. En un post anterior expliqué esta ecuación.

Todos los gráficos anteriores se pueden describir en este gráfico resumen pero está mucho más atestado.