Cita de Roosevelt

"Ningún país, sin importar su riqueza, puede permitirse el derroche de sus recursos humanos. La desmoralización causada por el desempleo masivo es nuestra mayor extravagancia. Moralmente es la mayor amenaza a nuestro orden social" (Franklin Delano Roosevelt)

martes, 16 de julio de 2019

En respuesta a Roberts: defensa de la teoría monetaria moderna, la pieza que le faltaba al marxismo. Parte III


Ésta es la tercera parte de una serie de tres artículos. Las dos partes anteriores se pueden encontrar en estos vínculos:

El valor de la moneda

Una cuestión central en la crítica de Roberts es si el estado puede determinar el valor del dinero o no. Inclusive asimila nuestra teoría del valor del dinero a la propuesta del socialista utópico John Gray consistente en la emisión de títulos con un precio que representaría el valor de las aportaciones al stock nacional. El argumento no se sostiene porque la TMM se limita a describir la operativa de nuestro sistema monetario actual, no trata de hacer una propuesta utópica.
El valor de la mercancía queda determinado por el trabajo socialmente necesario para obtenerla. Pero, en términos monetarios ¿cuánto vale una hora de trabajo? Para Roberts el precio del dinero se decide en el tiempo mediante el movimiento del capital fijo así como por el tiempo de trabajo socialmente necesario. Pero lo que no queda claro es mediante qué mecanismos se produce tal proceso. Ya hemos visto que este razonamiento es circular. Además, en un sistema capitalista, con crisis periódicas de sobreproducción y burbujas financieras, un sistema descentralizado como el que postula daría lugar a constantes inflaciones y deflaciones de una intensidad mayor a la que vivimos habitualmente. En sus propias palabras el dinero “perdería [su valor] si no guardase relación con el valor creado por los sectores productivos de la economía capitalista que determina el trabajo socialmente necesario. El resultado será pues la inflación o la caída de los beneficios empresariales”.

El problema tiene solución más sencilla si introducimos al Estado en la ecuación. Si éste exige una cierta unidad de tiempo de trabajo a cambio de entregar una unidad de su moneda entonces el sistema de ecuaciones queda determinado. Tal solución resulta inconcebible si no se comprende el poder de monopolio del emisor que va más allá de definir cuál es la unidad de cuenta y la forma del dinero. Todo monopolista fija el precio de aquello que produce. En su descripción de la TMM Roberts nos atribuye la afirmación de que son los impuestos los que dan valor al dinero. Pero para la TMM la función de los impuestos es otra: crear demanda para asegurar que el dinero del Estado sea aceptado y por tanto reservar recursos reales que se canalizarán hacia los fines públicos. La explicación del precio del dinero está en la cita de Tcherneva que él mismo recoge en su texto pero cuya comprensión se le escapa: el precio del dinero queda fijado por lo que exige el Estado a cambio de entregar una unidad monetaria. Luego en el sector privado surge el vector de precios relativos de todas las demás mercancías que permitiría una equivalencia de unas mercancías con otras. Por ejemplo, si el estado paga la construcción de un hospital o el sueldo de un médico seguramente estará fijando una referencia para los precios de construcción y los sueldos de personal sanitarios formados en el mercado privado.

La propuesta de plan de trabajo garantizado (TG) es una herramienta que pretende introducir dinero a cambio de entregar una hora de trabajo. Es un programa completamente endógeno pues su tamaño crecería en coyunturas negativas estabilizando el ciclo. Es una potente herramienta de estabilización del ciclo económico y de los precios. El sueldo mínimo quedaría determinado de facto por el salario pagado por el TG. La forma de introducir el dinero en la economía importa y por tanto el TG está muy lejos de la renta básica universal (RBU) que lo introduce a cambio de nada. Sorprende que un marxista, tan obsesionado por vincular el precio del dinero a su representación de transacciones económicas reales, no se haya percatado de esta diferencia crucial.

El coco de la hiperinflación

El desconocimiento de las implicaciones de la soberanía monetaria lleva a que su gestión sea caótica en muchos países. Por ejemplo muchos países transigen con la inflación tolerando la indexación de precios y salarios o no entendiendo su papel central en la determinación del dinero. Esa comprensión escapa a Roberts y por eso su artículo incluye una admonición sobre los efectos inflacionistas de las políticas de gasto deficitario. Es un argumento de hombre de paja. Resultan irritantes, por aburridas y reiterativas, las constantes alusiones tanto de los críticos mainstream como de los marxistas a Zimbabue, Venezuela, Argentina o Turquía.

Para Roberts la función macroeconómica del déficit descrita por la TMM contraría el postulado de que el dinero solo tendría valor porque hay un valor en la producción que lo respalda. Si las expectativas de la producción financiada por los bancos no son validadas por el mercado, la moneda se devalúa al no corresponderse el dinero que circula en la economía con la producción real de bienes y servicios, aumentando el precio de éstos. Curiosamente a Roberts parece escapársele que los fracasos de las apuestas hechas por los bancos privados sobre la organización de la producción efectuada por los capitalistas también afectarían al valor de la moneda. Inconscientemente va de la mano de los neoliberales que solo ven riesgo de inflación en el gasto público pero nunca en los procesos de creación de dinero bancario.

Un lector atento de los trabajos de los teóricos de la TMM ya se habría percatado de que reiteradamente advierten de que si se pretenden ejercer políticas de gasto que superen la producción o recursos reales disponibles puede haber inflación, sea el origen del dinero estatal o bancario. Efectivamente en situaciones de caída dramática de la capacidad productiva, como la que siguió a la guerra de liberación del pueblo de Zimbabue y una desafortunada política de reparto de fincas entre antiguos combatientes o como cuando las potencias arrebataron a la República de Weimar tras la firma del Tratado de Versalles gran parte de su tejido productivo a la vez que se le exigían indemnizaciones exorbitantes, la pretensión de mantener el nivel de gasto nominal anterior puede desencadenar una hiperinflación.

Sin embargo, reconociendo que los gobiernos que disfrutan de soberanía monetaria no tienen una restricción financiera, en ningún momento los autores de la TMM han afirmado que puedan gastar sin límite. Decimos que tales gobiernos se enfrentan a límites en los recursos reales que están a la venta en su propia moneda. Puede ampliar su espacio fiscal elevando los impuestos pero su gasto tendrá que tener en cuenta esos límites.

La realidad es que, en el escenario actual en el que abundan los recursos ociosos y experimentamos una preocupante atonía de la demanda privada, es improbable que se produjere un proceso inflacionista si los gobiernos aplicaran una política fiscal expansionista. El contexto es importante para decidir qué políticas fiscales, de gasto y estructurales aplica el gobierno. En este sentido recomendamos la excelente revisión de Nathan Tankus, Rohan Gray y Scott Fulwiller sobre las causas de la inflación y cómo estabilizar los precios desde la perspectiva de la TMM (Tankus, Gray, & Fulwiller, 2019).

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El hombre de paja del trabajo garantizado

Ante la reciente crisis Roberts nos reprocha proponer simplemente un aumento del gasto público anticíclico en línea con otros neokeynesianos como Krugman. Estos autores defienden una estabilidad presupuestaria a lo largo del ciclo postura de la que estamos alejadísimos. Los teóricos de la TMM proponemos que el déficit público se convierta en una variable residual expandiéndose cuanto sea necesario para restaurar el pleno empleo, preferentemente mediante un plan de empleo garantizado.

Para Roberts nuestra propuesta de TG sería una mera política keynesiana para sostén del capitalismo. A partir de allí el artículo da patinazos más serios al aseverar que “al parecer no pagaría un salario digno”. Pero las últimas propuestas de TG en EEUU hablan de un salario de US$15,00 por hora, lo que se traduce a un salario anual de $27.000 que desafortunadamente muchos no ganan actualmente en el sector privado. De hecho pretendemos fijar unos estándares de contratación digna y salario mínimo que ninguna norma legal es capaz de garantizar actualmente. A Roberts le enoja también que el TG plantee fundamentalmente puestos no cualificados. ¡Evidentemente! Los ingenieros aeronáuticos y los técnicos informáticos no suelen estar en paro. Lo que pretendemos es buscar soluciones para los que son excluidos por un mercado del que, incluso en las recuperaciones económicas, se quedan fuera.

A Roberts el TG le recuerda a la Renta Básica Universal (RBU). No habrá seguido los debates entre los partidarios del TG y la RBU. Invito a los lectores a consultar la crítica a la RBU como operación de remate del neoliberalismo de este autor y de Andrés Villena (Villena Oliver & Medina Miltimore, 2017) o el artículo de Esteban Cruz que contrasta la función macroeconómica del TG frente al análisis meramente ético dentro de un marco neoclásico de los proponentes de la RBU (Cruz Hidalgo E. , 2017). La diferencie entre la RBU y el TG reside en que el primero pretende mantener el statu quo neoliberal con unidades de consumo mínimo aisladas en una sociedad desintegrada. En cambio el TG refuerza el poder negociador de los trabajadores y trastorna el marco de relaciones laborales para que la decisión sobre las tareas a realizar ya no dependa de una organización capitalista en exclusiva.

El hombre de paja de la restricción externa

Otro favorito de los críticos de la TMM es presentarla como una teoría solo apta para naciones que gozan de una moneda de reserva y no aplicable para otras en desarrollo. Reiteramos que no se puede elegir si la TMM se aplica o no. En todos los países los teoremas acerca del sistema monetario son los mismos.

La TMM ha defendido la libre flotación de las divisas para evitar que la soberanía fiscal se vea comprometida por compromisos que anclan su valor al de otro país. Estos obligan a supeditar la política económica de un estado al mantenimiento de un tipo de cambio mediante la inversión improductiva en reservas del banco central, la elevación de los tipos de interés y las políticas de depresión de la demanda interna que a corto plazo crean desempleo y a largo plazo perpetúan las situaciones de subdesarrollo porque deprimen la inversión de forma permanente.
Parecería que los tipos de cambio fijo son trucos de circulación que sí agradan a Roberts. Nuestra posición es que esas políticas cambiarias obligan a las naciones a practicar un mercantilismo que es deflacionista para la economía mundial ya que las obliga a mantener posiciones en reservas de divisas que suponen la retirada de activos financieros netos del circuito económico mundial. La política de acumulación de reservas de divisas en los bancos centrales, prescrita por los organismos multilaterales y los economistas mainstream, se han convertido en los agujeros negros de la Economía mundial al ejercer un efecto deflacionista y depresor del comercio mundial.

Roberts también nos atribuye que no defendamos el control de capitales y al parecer prescribimos que la República Bolivariana de Venezuela “imprima billetes” sin límites. Esto es completamente falso como se deduce de una lectura seria de las propuestas de Bill Mitchell, Randall Wray o Fadhel Kaboub que abogan por la introducción de controles de capitales, sobre todo de dinero caliente, que causan las violentas oscilaciones en el tipo de cambio que padecen muchos países en desarrollo. Fadhel Kaboub ha analizado con profundidad los conceptos de soberanía monetaria y las restricciones a las que se enfrentan los países en vías de desarrollo proponiendo políticas de sustitución de importaciones que desarrollen los tejidos productivos domésticos.

Falta de fervor revolucionario

Somos plenamente conscientes de que describimos una institución monetaria dentro de un sistema económico capitalista. Eso nos ubicaría en la despreciable categoría de reformistas porque pretenderíamos sostener el capitalismo en vez de superarlo. Efectivamente, proponemos políticas que ayudan a gestionar un sistema caótico propenso a las crisis financieras, períodos de desempleo elevado, crisis de sobreproducción y elevada desigualdad. Parece que Roberts atribuye a nuestros “trucos de circulación” más eficacia de la que concede en otros lugares de su texto.

El cuerpo de los teóricos de la TMM no es un bloque monolítico, al igual que tampoco lo es el de los teóricos marxistas. Afortunadamente algunos de éstos, como Bellofiore, Reuten o Terzi, se han mostrado abiertos a la TMM mientras que otros, como Astarita, Harvey o el propio Roberts han mostrado una hostilidad que los acerca a nuestros críticos neoliberales. Dentro de la TMM hay economistas que efectivamente solo aspiran a reformar el capitalismo y otros que simpatizan con la idea de superar el marco capitalista. Podemos destacar el marxismo de un Bill Mitchell o la propuesta de socialismo fiduciario de Carlos García (García, 2017) que describe como un gobierno conocedor de la potencia del sistema monetario puede facilitar el tránsito a un sistema socialista o comunista.
En la Historia varios sistemas han precedido al capitalismo como el comunismo primitivo, la economía esclavista o el feudalismo. Cada uno de estos ha durado cientos si no miles de años. De hecho el capitalismo es un recién llegado que no ha cumplido más de 300 años. Hay que reconocerle éxito en su capacidad de elevar la producción hasta niveles nunca antes conseguidos. Podría durar otros 500 años o caer el año que viene. No lo sabemos ni nos consideramos dotados para la futurología. Tampoco los marxistas pueden predecir cómo ni cuándo el capitalismo será superado ni mucho menos Marx dejó claro qué tipo de sistema sucedería al capitalismo. Mientras algunos marxistas renuncian a postular políticas que ayuden a mitigar las consecuencias del capitalismo esperando a que llegue esa Revolución, no sabemos si mañana o dentro de 2.000 años, nuestros objetivos son más modestos: describir cómo funcionan los sistemas económicos reales y hacer propuestas que ayuden a limitar los daños sociales que causa el capitalismo. Nuestro compromiso actual como economistas es proponer medidas que maximicen el bienestar de la población.
También estaremos encantados de explicarles a los marxistas que nos quieran escuchar cómo podrían gestionar eficazmente un sistema monetario sin caer en las trampas en las que se han dejado atrapar el chavismo o la URSS de los años 80. Nosotros leemos a Marx y escuchamos a los marxistas. ¿Nos escuchan ellos a nosotros?

Referencias


Backhaus, H.-G. (1980). On the dialectics of the value-form”, Thesis eleven, 1(1), pp.99-120. Thesis Eleven, 99-120.
Cruz Hidalgo, E. (22 de 02 de 2017). ¿Pueden el Trabajo Garantizado y la Renta Básica Universal cumplir sus promesas? Obtenido de CTXT: https://ctxt.es/es/20170222/Firmas/11085/Debate-trabajo-garantizado-renta-basica-universal-izquierda-estado.htm
Cruz Hidalgo, E., Parejo Moruno, F., & Rángel Preciado, J. (2019). El equivalente general en la génesis del dinero de Marx: El dinero como criatura del Estado. Obtenido de https://www.researchgate.net/publication/331399995_El_equivalente_general_en_la_genesis_del_dinero_de_Marx_El_dinero_como_criatura_del_Estado
Cruz Hidalgo, E., Parejo Moruno, J., & Rángel Preciado, J. (2019). THE GENERAL EQUIVALENT IN THE MARX’S GENESIS OF MONEY: MONEY AS A STATE CREATURE. Asociación Española de Historia Económica. Documentos de trabajo.
García, C. (25 de 1 de 2017). Socialismo Fiduciario. Obtenido de Mundo Obrero: http://www.mundoobrero.es/pl.php?id=6640
Graeber, D. (2011). DEBT. The First 5,000 Years. Brooklyn,. New York:: Melville House Publishing.
Graziani, A. (2003). The Monetary Theory of Production. (Federico Caffè Lectures). Cambridge: Cambridge: Cambridge University Press.
Hudson, M. (06 de 04 de 2018). Palatial Credit: Origins of Money and Interest. Obtenido de Michael Hudson: https://michael-hudson.com/2018/04/palatial-credit-origins-of-money-and-interest/
Mitchell-Innes, A. (2004). What Is Money? En L. R. Wray, Credit and State Theory of Money (págs. 14-49). Southhampton, Massachusetts: Edward Elgar Publishing Inc.
Tankus, N., Gray, R., & Fulwiller, S. (1 de marzo de 2019). An MMT response on what causes inflation. Obtenido de Financial Times: https://ftalphaville.ft.com/2019/03/01/1551434402000/An-MMT-response-on-what-causes-inflation/
Villena Oliver, A., & Medina Miltimore, S. (30 de 08 de 2017). El señuelo de la RBU: cómplice necesario para el remate del neoliberalismo. CTXT. Obtenido de https://ctxt.es/es/20170830/Firmas/14631/RBU-neoliberalismo-trabajo-garantizado-ctxt-empleo.htm
Wray, L. R. (1999). THEORIES OF VALUE AND THE MONETARY THEORY OF PRODUCTION. EconWPA, Macroeconomics. doi:10.2139/ssrn.150497
Wray, L. R. (2018). Teoría Monetaria Moderna. Berlín: Lola Books.

lunes, 15 de julio de 2019

En respuesta a Roberts: defensa de la teoría monetaria moderna, la pieza que le faltaba al marxismo. Parte II


Este artículo es la segunda parte de una serie de tres artículos escritos en respuesta a la crítica de Michael Roberts a la teoría monetaria moderna.

La endogeneidad del dinero

Roberts reconoce que, al igual que el marxismo, para la TMM el dinero es una variable endógena. Roberts nos alecciona describiendo que el “circuito capitalista comienza con el capitalista y el dinero, a través de la acumulación y la exploración del trabajo, y llega de nuevo al capitalista”. No nos hace falta tal recordatorio, diversas publicaciones como las de Wray (Wray, Teoría Monetaria Moderna, 2018) o Graziani (Graziani, 2003) describen tal circuito en detalle. Efectivamente, en una economía monetaria de producción las empresas toman prestado para financiar el proceso productivo. Las empresas emprenden la producción contratando trabajadores gracias al crédito bancario. Esta deuda creada con la concesión de crédito, supone la emisión de dinero. Los empresarios reembolsan el préstamo cuando las mercancías son vendidas mediante la entrega al prestamista de los depósitos acumulados, saldando así la deuda previamente contraída.


La creación por los bancos de los recursos financieros exigidos como condición previa a la puesta en marcha de la producción, invierte la causalidad expuesta en la economía neoclásica entre ahorro e inversión. Los préstamos crean los depósitos y por tanto, no hay necesidad de que los bancos tengan depósitos previos basados en reservas o en oro, con el fin de extender préstamos. En definitiva el proceso se inicia con el deseo de un empresario correspondido por el análisis de un banquero acerca de sus posibilidades de recuperar el préstamo.


No hay pues ninguna incoherencia con la clásica expresión de Marx que describe el proceso de acumulación, D-M-D’, siendo D’>D la relación que validaría el cálculo realizado por capitalista. La labor del banquero es crear esos medios de pago que permitirán al empresario movilizar la fuerza de trabajo y las materias primas que necesita para poner en marcha el proceso productivo.
Pero una correcta comprensión del capitalismo implica reconocer la función básica de los bancos privados: hacer de intermediarios entre el Banco Central y los demandantes de crédito, no entre acreedores y deudores de fondos prestables. La relación institucional clave de la economía capitalista es sin duda ésta, la integración del endeudamiento estatal y los préstamos bancarios, puesto que lo primero dota de transferibilidad y aceptación a los segundos. Solo así ha sido posible financiar un mayor volumen de procesos productivos en el capitalismo (Cruz Hidalgo, Parejo Moruno, & Rángel Preciado, 2019).


Roberts no atina a reconocer un componente crítico del sistema monetario: el circuito vertical de la moneda. La TMM describe un circuito horizontal de naturaleza plenamente endógena. Pero a Roberts se le escapa este otro circuito vertical, cuyo flujo inicial es una decisión de gasto del estado. En la fase de reflujo los impuestos destruyen el dinero cerrando el circuito. Este dinero es aceptado por el sector privado porque lo necesitará para pagar impuestos. Esta es la clave para entender la aportación de la TMM al debate sobre el circuito monetario. Este dinero de alta potencia (cuentas de reservas y efectivo) creado por el Estado apalanca el circuito horizontal al crear activos financieros netos para el sector privado.

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La interpretación marxista del dinero carece de una aportación fundamental de la tradición keynesiana: el dinero como instrumento de ahorro. Keynes incorpora la preferencia por la liquidez a su análisis del circuito monetario y del ciclo económico. Efectivamente, para horror de Roberts, el déficit público sostiene los beneficios de los capitalistas, no solo porque ayuda a validar sus inversiones comprando parte de la producción no vendida y posibilitando que el trabajo prácticamente abstracto se convierta en trabajo socialmente necesario. De esta manera el Estado compensa las fugas del circuito económico provocadas por las decisiones del sector privado de no consumir. Manteniendo un déficit el Estado crea el instrumento de ahorro sin riesgo en el que se materializan parte de los beneficios monetarios de la clase capitalista. Esta función es crítica para el capitalismo. Un beneficio monetario siempre tiene que ser una deuda emitida por otro agente: endeudamiento del proletariado, deuda de otros países, deuda del Estado. El reduccionismo de pensar que la oferta monetaria (D) solo puede ser aumentado a D’ si la producción capitalista incrementa el valor de las materias primas que venden por más dinero requiere que alguien aporte D’-D al circuito. El sector privado —y dentro de él con mayor garantía de éxito los capitalistas— desean aumentar la masa monetaria más allá de lo que exige el circuito económico como instrumento de ahorro.
Sin comprender el papel del dinero del Estado solo se llega a una confusión entre el circuito horizontal (el dinero bancario) que se abre cuando los bancos conceden créditos y se cancela cuando se amortizan los préstamos y el vertical (dinero creado con una decisión de gasto público y destruido por los impuestos). Ese desconocimiento explica frases tan oscuras como ésta de Roberts: “Los bancos hacen préstamos y así crean dinero (emitido por el estado)”. A lo cual replicamos: o es creado por el estado o es creado por los bancos. Sigue Roberts “El dinero es depositado por los receptores de préstamos y pagan impuestos al estado.” Efectivamente el Estado ha admitido el dinero bancario en pago de impuestos desde el siglo XIX ayudando, por cierto, a dotarle de valor. Pero, si no reintegra ese dinero al circuito económico (por ejemplo por una obcecación del estado en alcanzar el equilibrio presupuestario como ocurre en la zona euro) los empresarios y hogares no podrán recuperar los fondos que necesitan para amortizar el principal de sus deudas y mucho menos serán capaces de pagar los intereses devengados. Esto solo es posible si existe un agente que esté dispuesto a incrementar el circulante con su desahorro (el sector exterior o el público) o los bancos deciden crear nuevos préstamos (dinero extra). Pero sabemos que los procesos de endeudamiento del sector privado no pueden perpetuarse porque acabarán siempre en una crisis financiera. Sólo el Estado puede estabilizar el sistema financiero gracias a su monopolio emisor. En cualquier caso, la oferta monetaria seguiría siendo endógena pues, aunque el estado acepte el dinero bancario en pago de impuestos, al retirar reservas del sistema, creará un déficit en el mercado interbancario que el banco central se verá obligado a suplir reintegrando reservas en el sistema si no quiere bloquear el sistema de compensación de pagos.


Lejos de ser incompatible con la visión endógena del dinero bancario esta visión del papel del Estado. .Este no controla la oferta monetaria pues tanto sus decisiones de gasto, por efecto de los estabilizadores automáticos, como sus políticas de recaudación, dependen de las tomadas por los agentes del sector privado. El estado puede pretender unos objetivos presupuestarios que se cumplirán o no en función del comportamiento del sector privado. Por ejemplo, ante una subida de tipos impositivos, el sector privado puede responder incrementando el ahorro y reduciendo por tanto las bases imponibles. El dinero vertical también es una variable endógena al igual que el dinero horizontal. Además, las prescripciones de los economistas adscritos a la TMM, en especial la del trabajo garantizado (TG), van orientadas precisamente a endogeneizar el déficit público para que responda automáticamente a la coyuntura de manera anticíclica.


No pretendemos con esto decir que defendamos que los capitalistas materialicen sus beneficios a costa del déficit público o a base de políticas mercantilistas. De hecho, defendemos los tipos de interés cero permanentes, consideramos que la banca es un servicio público y repudiamos el mercantilismo. Varios de nosotros hemos postulado la creación de bancos públicos cuando no la nacionalización directa de las instituciones existentes. Pero de partida, la TMM se limita a describir la realidad institucional bajo la que opera nuestro sistema económico actual.

¿De dónde viene el dinero para pagar los impuestos?

Sin un circuito vertical solo los beneficios monetarios de los capitalistas servirían para pagar los impuestos como aduce Roberts. Pero es imposible que el sector privado pague al estado los impuestos con el dinero creado por los capitalistas (los bancos) sin causar una quiebra porque los préstamos tienen que volver a los bancos aumentados por los intereses. O bien el dinero que entra en la Tesorería del estado se reintegra en el circuito y, por tanto, la recaudación queda completamente al albur de las decisiones tomadas desde el sector bancario, o el estado es capaz de crear nuevo dinero y entregar al sector privado aquello que sirve para pagar los impuestos.


La operativa que describe Roberts confunde flujo financiero (impuestos) con flujo real (entrega de un excedente al estado). Un sistema monetario basado únicamente en dinero bancario no puede conseguir la redistribución del excedente sin llevar al sistema a una crisis financiera masiva. Tal sistema fiscal basado en dinero bancario exclusivamente es el que pretendía conseguir el diseño neoliberal de la zona euro. La crisis iniciada en 2008 demostró su inviabilidad para los países que mantienen un déficit por cuenta corriente y obligó al Banco Central Europea a aportar liquidez a los gobiernos por la puerta de atrás con el programa APP.


Por cierto, el gasto público no necesita financiarse con emisión de deuda pública, ésa es una mera operación de gestión de la política monetaria que se ha institucionalizado debido a las fobias neoliberales sobre la “monetización del déficit”.


Esto no quiere decir que la situación de todos los ciudadanos sea la misma. Uno bien posicionado en la jerarquía social o un gran monopolio privado de la construcción tendrá un acceso más fácil al dinero del Estado —y también al bancario— que una persona socialmente marginada y por tanto podrá conseguir dinero directamente de alguna partida de gasto público. Como dicen Cruz y Parejo la “tesis sobre la explotación aquí presentada se puede describir, no como una consecuencia de la propiedad privada de los medios de producción, sino del control del dinero en una economía monetaria de producción que los capitalistas se arrogan gracias a la elaboración de unas reglas arbitrarias para restringir la acción del Estado. La expansión del déficit público es condición de existencia misma para el modo de producción capitalista, pero choca con los intereses de los capitalistas para organizar la producción (Cruz Hidalgo, Parejo Moruno, & Rángel Preciado, 2019).

Los trucos monetarios.

Roberts escribe que “los impuestos no pueden absorber por completo el dinero porque los impuestos lógicamente se producen después de un cierto nivel de gasto en la producción privada. Los impuestos son generados cuando el sector privado gasta y los gobiernos deciden utilizar los impuestos para movilizar algunos recursos para el estado. Los ingresos privados y el gasto en recursos preceden a los impuestos.” Disentimos. Los impuestos no están necesariamente ligados al gasto ni a la producción. Que muchas figuras impositivas se hayan diseñado así tiene que ver con otras consideraciones como las de equidad o eficacia recaudatoria. Un gobierno puede perfectamente imponer un impuesto de capitación o un impuesto sobre el suelo como proponen los georgistas. La función del impuesto es obligar al sector privado a entregar parte de su producción al estado, en definitiva, ampliar el espacio fiscal del Estado. Una vez establecido el impuesto el sector privado tendrá que conseguir aquello que sirve para pagarlos.


Efectivamente el déficit público puede aumentar la oferta monetaria pero no por un dictat del estado como atribuye Roberts a la TMM. El estado puede incurrir en un déficit, algo que a Roberts le resulta peligroso y potencialmente inflacionista, pero de hecho ésa es la situación normal de los estados. Baste examinar la evolución del saldo de las cuentas públicas de los principales países de la zona euro, los adalides mundiales de la austeridad, para darse cuenta de que el superávit público no solo es infrecuente sino que es además insostenible porque lleva a un rápido deterioro de los balances del sector privado y a la deflación.


Ilustración 1. Evolución de la capacidad (cifra positiva) o necesidad (negativa) de financiación de algunos estados de la Eurozona. Elaborado a partir de datos publicados por el Banco de España

El déficit público es además un potente instrumento de gestión del ciclo económico. A Roberts esta realidad lo escandaliza. Así cita a Cullen Roche quien encontraría reprobable que la “TMM trata de reinventar la rueda y argumentar que es culpa del gobierno (e implícitamente del resto de la sociedad) que no se pueda encontrar trabajo”. Pero es que hay antecedentes de políticas de pleno empleo en la etapa keynesiano. Hasta los años 70 del siglo XX se esperaba que el Estado aplicase políticas conducentes al pleno empleo. Lo hace actualmente China con su sistema mixto de capitalismo de amiguetes y dirigismo estatal y los EEUU con el keynesianismo militar de Trump.
El proceso productivo puede arrancar con una decisión de los capitalistas pero también con una decisión de gasto público que puede generar jugosas oportunidades de negocios rentables. Baste recordar cómo el Estado franquista desarrolló nuestra economía industrial utilizando el presupuesto del Estado y la banca pública o cómo la URSS transformó exitosamente una Economía tardofeudal en una potencia industrial capaz de derrotar finalmente al nazismo. Solo la rendición económica de la UE al neoliberalismo doctrinario explica que nuestros gobiernos hayan renunciado a gestionar el capitalismo y sus ciclos regulando la demanda efectiva. Ciertamente los capitalistas no tienen entre sus fines crear el pleno empleo así que, si el Estado puede conseguirlo y no lo hace ¿de quién es la responsabilidad cuando decide no aplicar una política fiscal expansiva —los trucos de la circulación que tanto irritan a Roberts? Por cierto ¿no serían también trucos de la circulación la expansión del crédito bancario?

Roberts aporta una pseudodemostración de la supuesta incapacidad de los estados para movilizar recursos productivos estableciendo una correlación inversa entre las tasas de desempleo y el nivel de gasto público en relación al PIB. Pero esa correlación no dice nada acerca del posicionamiento fiscal de esos gobiernos ante el ciclo. Ante un aumento del desempleo el Gobierno de EEUU, con un bajo nivel de gasto público en relación al PIB, puede optar por un aumento del déficit público instrumentado con una reducción de impuestos o un aumento del gasto militar mientras que Francia, pese a tener un gasto público mayor por cuestiones históricas sometida hoy a las absurdas restricciones de los tratados europeos, por mantener una política de austeridad que impida rellenar la brecha de la demanda abierta por la caída del gasto en el sector privado. En definitiva los estados intervienen para evitar las crisis de sobreproducción a las que el capitalismo inevitablemente conduce.

La demanda efectiva

Tanto la TMM como la teoría marxista al igual que la tradición poskeynesiana recogen el concepto de endogeneidad del dinero. Pero a Roberts le incomoda que los bancos creen dinero a petición de sus clientes o como resultado de un aumento de la actividad económica impulsada por los “animal spirits”, las expectativas de hacer jugosos negocios. Según Roberts en la teoría marxista es el ritmo de acumulación del capital y el consumo capitalista los que determinan la demanda de dinero. Pero ¿quiénes determinan esos ritmos de acumulación y consumo? Obviamente los capitalistas como clase con la intención de maximizar sus beneficios monetarios o su consumo. Por tanto detrás subyace una voluntad que se deriva de un análisis de las expectativas de la clase capitalista.


La existencia de fracasos empresariales es una característica inherente al capitalismo. Roberts parece admitir que el déficit público puede respaldar las inversiones de los capitalistas. El papel del Estado como emisor de moneda asegura que se presente la demanda efectiva y por tanto la venta de la producción y la generación de los beneficios del empresario, algo que parece desagradar a Roberts profundamente. Pero ¿acaso hemos discrepado desde la TMM con la noción de que vivimos en una sociedad capitalista en la que el Estado se somete a fenómenos de captura de los intereses de la clase capitalista?