Cita de Roosevelt

"Ningún país, sin importar su riqueza, puede permitirse el derroche de sus recursos humanos. La desmoralización causada por el desempleo masivo es nuestra mayor extravagancia. Moralmente es la mayor amenaza a nuestro orden social" (Franklin Delano Roosevelt)

domingo, 19 de junio de 2022

Curso de verano de teoría monetaria moderna: Nuevos retos de investigación

La Teoría de la Moneda Moderna, una escuela de pensamiento surgida a finales de los 90 del siglo pasado, ha agitado el campo de la Economía Política a raíz de la crisis financiera global ante la cual las escuelas dominantes manifestaron dificultades para analizar sus causas y proponer soluciones eficaces. La TMM ha conseguido atraer a numerosos activistas y especialistas de otras disciplinas que están produciendo propuestas novedosas para afrontar nuestros problemas como el Green New Deal y planteamientos originales en otras disciplinas como el Derecho.

En el ámbito académico se da muy poca información acerca de la TMM. Por eso es tan importante que la Universidad Autónoma de Madrid haya abierto sus puertas para la organización de un curso de verano en su campus de Lavapiés (Madrid) entre los días 6 y 8 de julio.

Este curso tiene el propósito de dar a conocer los fundamentos teóricos de la TMM presentados por algunos de sus proponentes más destacados. Se abordarán algunas aproximaciones a retos contemporáneos como la lucha contra el cambio climático o el ejercicio de la soberanía monetaria. Asimismo se presentarán algunos avances en la investigación de problemas económicos contemporáneos como la inflación o el desarrollo de modelos macroeconómicos.


El programa se puede descargar desde este enlace.

La matrícula se puede gestionar desde este enlace.

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https://www.migranodearena.org/reto/curso-de-verano-de-teoria-monetaria-moderna-nuevos-retos-de-investigacion


lunes, 25 de abril de 2022

Episodio de inflación transitorio

 

Resumen para personas con poco tiempo

La reputación del neoliberalismo se ha fundado en su éxito en la lucha contra la inflación. Pero es un fraude.

La era de la baja inflación se ha basado en el petróleo barato y en desplazar la fabricación al Sudeste asiático, donde los salarios son más bajos, a costa de una mayor fragilidad de las cadenas logísticas.

El reciente episodio de inflación, como no se había experimentado en Europa desde los años 80, demuestra que el neoliberalismo sólo ha conseguido estanflación cuando el cártel petrolero nos sube el precio del barril y deflación cuando nos lo baja; pero siempre con paro elevado.

Algunos economistas poco rigurosos atribuyen la inflación a la política monetaria poco convencional aplicada por los bancos centrales desde hace más de una década. Otros hablan de una economía recalentada que exigiría responder creando inflación.

En este artículo se demuestra que no tenemos una economía recalentada porque producimos menos que antes que la pandemia y además lo salarios siguen estancados.

En cambio se aporta evidencia de que las causas de la inflación están en

  1. las disrupciones y al comercio internacional y la actividad productiva generados por la pandemia.
  2. Las subidas de los precios de la energía.

Se argumenta que la inflación será transitoria y durará lo que tarden en resolverse los cuellos de botella logísticos y productivos y surtan efecto las medidas para moderar los precios de la energía.

El neoliberalismo se ufana en haber derrotado la inflación durante los años 70-80 del siglo pasado. El pensamiento neoclásico reivindica para sí saber cómo derrotar la inflación dando primacía a la política monetaria y cuestionando la utilidad de la política fiscal. Pero si fueran honestos, reconocerían que sólo han conseguido estanflación cuando el cártel petrolero nos sube el precio del barril y deflación cuando nos lo baja; aunque siempre con paro elevado. Derrotar el poder de negociación de la clase trabajadora era el objetivo real de la economía neoclásica; la inflación solo pasaba por allí.

[Si los neoliberales] fueran honestos, reconocerían que sólo han conseguido estanflación cuando el cártel petrolero nos sube el precio del barril y deflación cuando nos lo baja; pero siempre con paro elevado.

En los últimos meses hemos observados niveles de inflación que no se habían experimentado en Europa desde los años 80. La UE se vanagloriaba de la estabilidad de precios que había traído el euro pero el Banco Central Europeo (BCE) no conseguía alcanzar su objetivo de inflación anual inferior pero cercano al 2%. En realidad lo que teníamos era una deflación perpetua (bajos precios con alto desempleo) pero ellos estaban convencidos de que eran sus políticas monetarias –a través de una gestión que anclaba las expectativas en su pintoresca teoría de la inflación— las que habían conseguido el triunfo contra la inflación.

La era de baja inflación se fundó en un petróleo barato y en las estrategias de globalización que llevaron la producción industrial a los países de mano obra barata del sudeste asiático. De paso alargaron y fragilizaron las cadenas de suministro. El pensamiento dominante nos ha vendido como un éxito esta globalización que ha reducido los costes de fabricación. Pero se les olvida mencionar que estas estrategias también beneficiaron desproporcionadamente a las grandes corporaciones cuyos márgenes no han dejado de crecer, a costa de unos salarios menguantes. En España —con la excepción de la burbuja inmobiliaria y la política de sostenimiento de rentas salariales aplicada durante la pandemia— la participación de los salarios en el PIB no ha dejado de bajar desde los años 80.

 

[caption id="attachment_20730" align="aligncenter" width="655"] Ilustración 1. Participación de los salarios en el PIB al coste de los factores (Fuente: elaboración a partir de datos de AMECO)[/caption]

El sueño de los precios bajos ha llegado a un abrupto final en 2021 cuando la disrupción de las cadenas de suministro causada por la pandemia reveló la extrema fragilidad del modelo globalizador. Simultáneamente, las decisiones del cártel de países productores de petróleo nos ha recordado la imprudencia de no haber planificado la transición a otro modelo sostenible pese a estar más que avisados desde los años 70 del siglo pasado de la conveniencia de romper nuestra dependencia de los combustibles fósiles.

El sueño de los precios bajos ha llegado a un abrupto final en 2021 cuando el impacto de la disrupción de las cadenas de suministro causado por la pandemia reveló la extrema fragilidad del modelo.

La parte más exaltada del neoliberalismo quiere volver a las viejas políticas ensayadas desde los años 80 a partir de una interpretación completamente fantasiosa de las causas del reciente episodio de inflación.

No han tardado demasiado las mentes más “preclaras” del pensamiento reaccionario en atribuir la inflación a fenómenos monetarios. Sin embargo estas lumbreras tendrían que explicarnos cómo las operaciones de flexibilización cuantitativa que el BCE lleva aplicando desde hace una década no generaron inflación antes de la pandemia. Las teorías de efectos retardados de la teoría cuantitativa del dinero resultan estrambóticas y no merecen mayor comentario.

Más preocupantes resultan las posturas de economistas neokeynesianos como el inmerecidamente celebrado Paul Krugman, quien esta semana publicaba un artículo expresando su alarma ante el episodio de inflación que estamos padeciendo y pidiendo políticas que resulten en un aumento del desempleo.

«La economía de Estados Unidos todavía parece sobrecalentada. El aumento de los salarios es algo bueno, pero en este momento están aumentando a un ritmo insostenible. Este crecimiento salarial excesivo probablemente no retrocederá hasta que la demanda de trabajadores vuelva a alinearse con la oferta disponible, lo que probablemente, —me da coraje decir esto— significa que necesitamos ver que el desempleo aumente al menos un poco.»

Paul Krugman es conocido por sus repentinos cambios de opinión. Lo mismo mañana te dice que no hay motivo para alarmarse por la inflación. Pero no tiene empacho en proponer un “poquito” de sufrimiento a parte de la población. Obviamente esas medidas de creación de desempleo no le afectarán a él personalmente. En cualquier caso, para que una estrategia de desempleo funcionara para bajar el precio del barril, tal como lo hizo en los años 70-80, no bastaría un poco de desempleo; la creación de desempleo tendría que ser masiva.

Lo que no está causando la inflación

En este artículo analizaré el actual episodio de inflación y explicaré por qué creo que será transitorio para entender por qué el análisis de los neoliberales exaltados yerra el tiro. Miraremos algunos datos —es un poco tedioso, lo sé, pero necesario para entender lo que está ocurriendo— En otro artículo posterior abordaré las políticas que están aplicando las autoridades, por qué creo que serán inútiles o contraproducentes y que recomendaciones de política económica propondría ante este episodio desde una óptica de teoría monetaria moderna.

Han sido varios los teóricos de la TMM, como Randall Wray o Bill Mitchell que han señalado que esta subida de precios ni mucho menos se puede atribuir a un “sobrecalentamiento” de la economía. Han advertido también de la naturaleza transitoria del fenómeno. Bill Mitchell ha advertido que “transitoria” no significa que vaya a durar unas semanas sino que durará mientras se den las actuales  tensiones inflacionistas como los confinamientos en China, que dificultan el tráfico de mercancías y que los trabajadores acudan a sus puestos de trabajo, o la estúpida e inoportuna guerra de Putin en Ucrania, o como la las decisiones de los países productores de subir el precio del barril. Este análisis se puede confirmar y completar con una revisión de los datos relevantes para nuestra economía.

Empecemos por preguntarnos si la economía española está sobrecalentada. Unos pocos datos nos confirman que no. Basta consultar los datos de PIB en volumen (una medida de la producción real) que publica el Instituto Nacional de Estadística (INE) para comprobar que el primer trimestre de 2022 el nivel de producción seguía por debajo de los niveles prepandemia. Aunque el paro ha descendido sigue estando en el 13,33% y el INE nos informa de que el número total de horas efectivas semanales trabajadas por todos los ocupados  en el último trimestre de 2021 era inferior al del último trimestre de 2019. No hemos recuperado el nivel de producción previo a la pandemia y, por tanto, sigue sobrando capacidad productiva.

No hemos recuperado el nivel de producción previo a la pandemia y, por tanto, sigue sobrando capacidad productiva.

[caption id="attachment_20731" align="aligncenter" width="688"] Ilustración 2. PIB, índice de volumen encadenado ajustado por estacionalidad y efrectos de calendario (Fuente: INE)[/caption]

En la encuesta de Utilización de la capacidad productiva en los establecimientos industriales que publica el INE solo el 22,5 de los respondedores aseguró que estaban produciendo a más del 90% de su capacidad. Es un porcentaje superior al de los meses de la pandemia pero significa que un 77,5% de las empresas están por debajo del 90% y el 49,7% estaban por debajo del 79%.

Los datos de otras economías europeas o las de EEUU nos arrojarán similares resultados: no hemos recuperado los niveles de producción y ocupación anteriores a la pandemia. Es más, la actual crisis energética y la guerra ucraniana van a debilitar la recuperación económica pospandémica. Según la última encuesta entre pronosticadores profesionales que periódicamente realiza el BCE las proyecciones de crecimiento del PIB para 2022 se han revisado a la baja para los países de la zona euro, sobre todo para el segundo trimestre. Es una osadía afirmar que la economía esté recalentada y que hace falta adoptar medidas para reducir la actividad.

[caption id="attachment_20732" align="aligncenter" width="637"] Ilustración 3. Previsión de crecimiento trimestral del PIB de la zona euro según pronosticadores profesionales encuestados por el BCE (Fuente: Supply chain bottlenecks in the euro area and the United States: where do we stand? ECB Economic Bulletin, Issue 2/2022)[/caption]

La ministra Calviño y el gobernador del Banco de España, Hernández de Cos, han pedido moderación salarial para evitar la aceleración de la inflación. Esta petición es innecesaria. No hay ninguna presión salarial en los precios. Muchos trabajadores están esperando todavía a que les reconozcan un incremento salarial por el poder adquisitivo perdido en 2021. Según datos que publica el Ministerio de Trabajo la subida salarial promedio acordada para 7.677.139 trabajadores — ¿qué habrá ocurrido con los demás?— por convenio se ha quedado en el 1,47%, más de cinco puntos porcentuales debajo de la inflación registrada el año pasado. Y eso ha sido un promedio. ¡La mayoría de los trabajadores se ha quedado en 1,18% o menos! La pérdida de poder adquisitivo de una clase trabajadora que ha perdido toda su fuerza negociadora hace décadas está siendo histórica. Lo que ganaron durante la pandemia ya ha sido fulminado.

[caption id="attachment_20741" align="aligncenter" width="605"] Ilustración 4. Variación salarial por convenio a diciembre de 2021 (Fuente: Ministerio de Trabajo)[/caption]

Lo que sí está causando la inflación

El análisis de los datos nos permite entender que una de las causas son las disrupciones al tráfico comercial y la actividad productiva que ocasionó y sigue ocasionando la pandemia de COVID-19. El Sudeste asiático fue el lugar donde se originó la pandemia y donde se produjeron los primeros cierres y confinamientos. Añádanse los cierres de fronteras, la suspensión de los vuelos y la interrupción del comercio internacional y no cuesta entender por qué bajó la producción, se vaciaron los almacenes y resultó imposible comprar una bicicleta, se sucedieron las roturas de stock o se presentaron problemas de suministro de semiconductores. Estos problemas han sido identificados por el BCE que publicó un interesante informe hace unos meses reconociendo el impacto de estos cuellos de botella en las economías de EEUU y Europa.

«Los cuellos de botella de la cadena de suministro surgen de la interacción de varios factores. En primer lugar, el fuerte repunte de la demanda mundial de bienes manufactureros, en parte inducido por la rotación del consumo de servicios en el contexto de las medidas de contención relacionadas con la pandemia, no fue acompañado por un aumento equivalente en la oferta de bienes. En segundo lugar, algunos sectores se han visto afectados por una grave escasez de oferta, en particular de semiconductores, con una oferta que lucha por adaptarse al aumento de la demanda de productos y equipos electrónicos, y en el sector de la automoción, que se está recuperando gradualmente tras una fuerte caída de la producción en 2020. Finalmente, las interrupciones en la industria de la logística, que resultan principalmente de la actividad de los buques portacontenedores, la congestión portuaria y las estrictas medidas de cierre en algunos países asiáticos clave que producen insumos intermedios, exacerbaron aún más los cuellos de botella en el suministro.»

Sin embargo estos cuellos se están descongestionando gradualmente

«las presiones de la cadena de suministro, aunque siguen siendo históricamente altas, han alcanzado su punto máximo y han comenzado a disminuir en ambas economías (…) Particularmente en los Estados Unidos, la proporción de pedidos sobre inventarios (…)  está mejorando, lo que sugiere que las empresas están comenzando a reconstruir los inventarios y que los cuellos de botella pueden estar disminuyendo.»

A las disrupciones del comercio internacional hay que añadir que los patrones de gasto fueron alterados por la pandemia. La población confinada en 2020 y 2021 no pudo gastar en ocio y restauración así que redirigió parte del gasto hacia otras partidas, fundamentalmente hacia televisores y otros juguetes electrónicos, que fue la partida de gasto familiar que más creció en 2020, alimentos y bebidas, equipos de telefonía electricidad. Muchos de estos gadgets se producen en el Sudeste Asiático y había que importarlos de allí. La mayor demanda y las dificultades para rellenar inventarios han debido contribuir al incremento de los precios.

Gasto por subgrupos, incremento anual20202019
09.1 T Equipos audiovisuales, fotográficos y de procesamiento de información18.45.1
02.1 T Bebidas alcohólicas15.46.7
12.5 T Servicios financieros n.c.o.p.11.4-5.0
04.5 T Electricidad, gas y otros combustibles8.95.7
06.1 T Productos, aparatos y equipos médicos5.53.9
08.1 T Equipos de telefonía y fax5.415.7
04.2 T Alquileres imputados de vivienda5.32.8
01.1 T Alimentos4.91.5
01.2 T Bebidas no alcohólicas4.2-5.9
10.2 T Enseñanza Secundaria y Postsecundaria no Superior2.5-1.8
08.2 T Servicios postales, de telefonía y fax0.8-3.3
04.4 T Suministro de agua y otros servicios relacionados con la vivienda0.21.8
12.4 T Seguros-0.8-0.7
04.1 T Alquileres reales de vivienda-1.38.5
05.3 T Aparatos domésticos-6.2-2.1
09.2 T Otros bienes para el ocio, el deporte y la cultura (juegos, instrumentos musicales, jardinería, mascotas, etc.)-7.8-1.0
10.3 T Enseñanza Superior -10.411.6
05.4 T Menaje y herramientas del hogar-11.3-1.5
12.1 T Cuidado personal-11.40.2
09.4 T Prensa, libros y artículos de papelería-11.9-5.1
05.5 T Bienes y servicios para el mantenimiento corriente del hogar-12.7-4.5
02.2 T Tabaco-13.0-5.1
05.1 T Muebles y accesorios, alfombras y otros revestimientos de suelos-13.0-1.4
10.1 T Enseñanza Infantil y Primaria -13.2-2.7
12.6 T Otros servicios n.c.o.p.-13.7-8.5
05.2 T Artículos textiles para el hogar-17.5-2.8
10.4 T Enseñanzas no definida por nivel-18.511.2
06.2 T Servicios médicos, ambulatorios y hospitalarios-19.62.5
07.2 T Utilización de vehículos personales-21.4-1.1
04.3 T Conservación y reparación de la vivienda-26.27.3
07.1 T Adquisición de vehículos-26.211.0
12.3 T Protección social-27.712.8
03.1 T Vestido-28.8-3.7
03.2 T Calzado-30.0-2.9
12.2 T Efectos personales n.c.o.p.-35.4-8.3
11.1 T Restauración y comedores-40.5-2.6
11.2 T Servicios de alojamiento-42.77.9
09.3 T Servicios recreativos, deportivos y culturales-45.64.8
07.3 T Servicios de transporte-52.8-5.4
09.5 T Paquetes turísticos-72.63.5

Si analizamos la inflación ‘subyacente’ (la que mide los precios al consumo excluyendo los de la energía) comprobamos que el problema procede sobre todo de la energía y, en menor medida, de los alimentos. A pesar de que hay alguna transmisión a los demás precios, como demuestra su trayectoria ascendente, en marzo estaba en el 3,4 % en tasa interanual. Alto para una población ya acostumbrada a la deflación perpetua pero soportable y que confirma que muchos sectores no están repercutiendo los incrementos de costes a sus precios.

[caption id="attachment_20733" align="aligncenter" width="608"] Ilustrración 5. IPC, variación interanual a marzo de 2022 (Fuente: INE)[/caption]

Así lo confirma el análisis desagregado por grupos que facilita para marzo el INE. Los dos grupos que más contribuyeron al aumento de los precios fueron vivienda y transporte (un sector intensivo en energía).

[caption id="attachment_20734" align="aligncenter" width="609"] Ilustración 6. Grupos que más contribuyen a la inflación (Fuente: INE)[/caption]

Pero es que, además, el grupo de vivienda se descompone en cuatro subgrupos y, de nuevo, comprobamos que es el ‘045 Electricidad, gas y otros combustibles’ el que ha experimentado el mayor incremento: ¡80% en tasa interanual!

Variación anual del gasto de los  hogaresVariación anual en %
Subgrupos del grupo vivienda2022M03
041 Alquiler de vivienda0,9
043 Conservación y reparación de la vivienda4,8
044 Suministro de agua y otros servicios relacionados con la vivienda1,3
045 Electricidad, gas y otros combustibles80,0

Los datos no dejan lugar a muchas dudas. El factor que ha impulsado la inflación es el precio de la energía. La salida de la pandemia ha coincidido una decisión del cártel de países productores de petróleo de subir el precio del barril a niveles no observados desde 2014, que así trata de recuperar los ingresos perdidos durante la pandemia. El absurdo conflicto ruso-ucraniano ha empeorado la situación para Europa al llevar el precio del gas natural en Europa a niveles sin precedentes. Este impacto se ha amplificado con la liberalización del mercado eléctrico bajo un modelo de casación marginalista donde desde el primer hasta el último kW h se cotizan al precio de la energía más cara metida en el sistema (la producida con gas) como analizamos en un artículo anterior.

[caption id="attachment_20735" align="aligncenter" width="750"] Ilustración 7. Precio gas natural en Europa (Fuente: FRED St. Louis)[/caption]

El absurdo conflicto ruso-ucraniano ha empeorado la situación para Europa al llevar el precio del gas natural en Europa a niveles sin precedentes. Este impacto se ha amplificado con la liberalización del mercado eléctrico bajo un modelo de casación marginalista

¿Hasta cuándo?

Hay indicios de que los precios podrían empezar a descender en un plazo relativamente corto. Gracias a las exportaciones desde EEUU a Europa el precio del gas natural ha empezado a descender lo cual se reflejará en el precio de la electricidad. A la bajada de los precios de la luz esperamos que contribuya el acuerdo que ha logrado el Gobierno de España con la UE para que se reconozca una excepcionalidad ibérica y se desvinculen gas natural y electricidad. También ha caído algo en las últimas semanas el precio del barril.

[caption id="attachment_20736" align="aligncenter" width="644"] Ilustración 8. Exportaciones de gas natural desde EEUU a Europa.[/caption]

 

[caption id="attachment_20737" align="aligncenter" width="374"] Ilustración 9. Precios del gas natural en Europa.[/caption]

Esta impresión coincide con la de los expertos a los que consulta el BCE. En la última encuesta entre pronosticadores profesionales correspondiente al primer trimestre de 2022 que publica el BCE periódicamente se observa que la mayoría de estos considera que la expectativa de inflación para 2022 estaría entre el 2,5% y el 2,9%. Para 2023 y 2024 las respuestas modales son 2% -2,4% y 1,5%- 1,9% respectivamente. Es decir, según la teoría de las expectativas, que ha guiado tradicionalmente a los bancos centrales, lo mejor que puede hacer el banco central en estos momentos es no tocar los tipos de interés.

[caption id="attachment_20738" align="aligncenter" width="628"] Ilustración 10. Encuesta de pronosticadores profesionales del BCE: expectativas de inflación. (Fuente: Supply chain bottlenecks in the euro area and the United States: where do we stand? ECB Economic Bulletin, Issue 2/2022)[/caption]

No han desaparecido todos los nubarrones del horizonte. Ya hemos comentado cómo el modelo de globalización nos ha puesto a merced del atasco más monumental de la historia, todo para maximizar los beneficios de las grandes multinacionales que realmente disfrutan de la capacidad logística y poder de mercado para imponer estas estructuras contaminantes y frágiles a los consumidores. El rebrote de la COVID-19 y nuevo confinamiento decretado por el Gobierno chino en Shanghai, quizá la mayor zona fabril del mundo, puede generar nuevas tensiones logísticas. La siguiente figura muestra todos los barcos que están a la espera de descargar sus mercancías a la entrada de uno de los puertos con mayor tráfico comercial del mundo. Un atasco gigantesco que puede volver a causar retrasos de entregas y fabricación. Transitorio, repito, significa mientras se den las circunstancias actuales.

[caption id="attachment_20739" align="aligncenter" width="553"] Ilustración 11. Mapa de los barcos esperando a descargar en el puerto de Shanghai.[/caption]

Conclusiones

No hay ninguna evidencia de que el episodio de inflación que estamos viviendo pueda deberse a un sobrecalentamiento de la demanda, a reclamaciones salariales desorbitadas o a políticas monetarias que llevan aplicándose desde hace más de una década. En cambio sí sobran evidencias de que las subidas de precios se deben a causas coyunturales como las disrupciones logísticas y la subida de los precios de la energía. Hay quienes quieren vendernos un relato ficticio para justificar las mismas políticas desacertadas de siempre: más austeridad en la implacable lucha del neoliberalismo contra las clases populares. En el siguiente artículo contrastaremos las recetas del mainstream con las propuestas que haría un gobernante informado por un conocimiento de la TMM.

Keep calm and learn MMT

viernes, 18 de marzo de 2022

Pensiones: una contrarrevolución silenciosa

 Publicado originalmente en El Salto el pasado 14 de marzo.

Resumen para personas con prisas

  • El ministro de Trabajo y Seguridad Social, José Luis Escrivá, ha presentado en el Congreso de los Diputados una reforma legal que permitiría al Estado promover un fondo de pensiones gestionado por entidades financieras privadas.
  • Este modelo implica que los trabajadores destinarían una parte de su ahorro a su propia jubilación. De esta manera quienes tienen mayores retribuciones ahora gozarán de mejores pensiones en el futuro. Pensiones dignas para las personas de mayor renta, pensiones básicas para los demás. No nos parece mal que a nivel individual las personas decidan ahorrar para mejorar su calidad de vida en el futuro pero nos preocupa que se haga en detrimento del sistema de aportación definida actualmente vigente.
  • Lo que nos repugna es que el Estado destine dinero público a estos fondos. Es decir, en vez de utilizar sus presupuestos para mejorar la vida de las personas hoy, se dedicará a meter dinero en la especulación financiera.
  • No hay ninguna justificación económica para que el Estado se dedique a especular en los mercados financieros. Nada compromete la capacidad financiera del Estado para pagar pensiones en el futuro porque siempre tiene la capacidad de crear nuevo dinero.
  • Lo que debe preocupar al Gobierno es planificar desde ya los recursos necesarios para atender las necesidades de las cohortes del baby boom que se jubilarán en unos años. Es decir, debe de planificar la construcción de plazas de residencias y la contratación y formación de personal sanitario y cuidadores para atender a las personas mayores.

 

Los países europeos han padecido desde 2008 dos períodos de convulsión económica: la crisis financiera global y la crisis pandémica. En cada uno de ellos hemos oído que, esta vez sí, se iba a replantear el modelo neoliberal. Pero en cuanto las aguas regresan a su cauce, las élites recuperan la sangre fría y los arrepentimientos proferidos en momentos de flaqueza se olvidan rápidamente.

El proyecto neoliberal avanza shock a shock. Así fue como la crisis financiera global permitió introducir una reforma laboral que ha sido instrumental para la represión salarial en el proceso de conversión de la economía española en una neta exportadora bajo el modelo mercantilista postulado por la Unión Europea. La crisis pandémica podía haber servido para replantear la globalización extrema que ha fragilizado nuestras cadenas de suministro, proponer una reducción permanente de la frenética actividad causante de la crisis climática o invertir en la recuperación de nuestro deteriorado estado del bienestar. Pero esta no es la salida que ha planteado el equipo económico de Pedro Sánchez.

Nadia Calviño, María Jesús Montero y José Luis Escrivá constituyen un grupo cohesionado por la solidez doctrinal en torno al pensamiento económico neoclásico. Han sabido mover sus fichas con destreza, anticipándose a sus socios de gobierno para proponer un plan de recuperación financiado con fondos “europeos”, que al no ser nacionales, permiten condicionarlo al proyecto político de la UE. Acceder a los fondos Next Generation EU exigía presentar un Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR) coherente con el programa neoliberal de la Comisión Europea.

Escrivá ha conseguido colocar a través de ese instrumento —y mucho alarmismo sobre su sostenibilidad— la reforma de las pensiones que venía persiguiendo desde que dirigía la AIReF. En el PRTR ya estaba la “creación de un fondo de pensiones de empleo de promoción pública, gestionado por el sector privado, al que puedan adscribirse planes de pensiones del sistema de empleo de aportación definida para la jubilación”. El sistema de pensiones de Escrivá tiene tres patas: una pública con un carácter progresivamente residual; una segunda articulada en torno a las Pensiones Privadas de Empresa; y una tercera en el fondo de pensiones de empleo de promoción pública.

El ministro quiere que en el período 2021-2025 hayan suscrito estos planes 9.000.000 de trabajadores y para el 2050 pretende que la mayoría de los asalariados tengan como referencia esos Planes Privados de Empresa

El ministro quiere que en el período 2021-2025 hayan suscrito estos planes 9.000.000 de trabajadores y para el 2050 pretende que la mayoría de los asalariados tengan como referencia esos Planes Privados de Empresa. El objetivo enunciado en julio de 2021 de reducir la cuantía de las pensiones públicas en 30.000 millones de euros va en esa dirección.

La propuesta había pasado desapercibida enterrada un documento extenso y de lectura farragosa. Pero ya no podemos ignorarla. El 4 de marzo se registró en el Congreso de los Diputados el Proyecto de Ley de regulación para el impulso de los planes de pensiones de empleo, por el que se modifica el texto refundido de la Ley de Regulación de los Planes y Fondos de Pensiones. Este proyecto contempla la promoción pública de fondos de pensiones.

Un modelo socialmente regresivo

Es desconcertante que la noticia haya sido acogida con indiferencia en la opinión pública. El modelo propuesto es análogo a otras privatizaciones y segregaciones de servicios públicos como la enseñanza concertada o los seguros médicos privados.

El modelo público de reparto y de prestación definida pretende no dejar a nadie atrás y promueve una salida colectiva. En un modelo de capitalización esto no ocurre puesto que las aportaciones al fondo de pensiones serán mucho mayores para las personas que perciban retribuciones más elevadas. El resultado de la generalización de este modelo será una segregación entre perceptores de pensiones dignas —las complementadas con las percepciones del fondo público de pensiones— y perceptores de pensiones públicas básicas. El fondo de pensiones de promoción pública es un caballo de Troya que puede concluir con un modelo de capitalización donde cada cual mira por sí. Se introduce de esta forma un factor de ruptura en la solidaridad intergeneracional.

El fondo de pensiones de promoción pública es un caballo de Troya que puede concluir con un modelo de capitalización donde cada cual mira por sí

Inicialmente el tamaño del fondo será pequeño pero no importa cuán irrelevantes sean ahora las aportaciones de las administraciones públicas al fondo. Se abre la veda para que un próximo gobierno conservador priorice las aportaciones a los fondos de pensiones sobre el sistema de reparto y aportación definida.

Es crucial entender que este dinero saldrá de los presupuestos generales sin incrementar el bienestar presente de ningún colectivo. Podría destinarse la misma cantidad de dinero a los salarios de las plantillas del sector público. Alternativamente podría destinarse a complementar las pensiones de las personas actualmente jubiladas o a otras políticas de gasto social. Dadas las restricciones institucionales que imponen los tratados de la UE al gasto público resulta indecente que una parte acabe colocada en inversiones bursátiles, contribuyendo a hinchar burbujas financieras, en lugar de atender necesidades sociales perentorias.

Estas inversiones en fondos de pensiones no están exentas de riesgo financiero. ¿Qué pasa si las personas ahorradoras pierden una parte considerable de los derechos consolidados debido a una mala gestión? ¿Cómo se resarciría a un trabajador que se jubilara precisamente en un momento que coincidiera con una crisis financiera que liquidara parte de su ahorro? Los sistemas de pensiones públicas carecen de este riesgo. Que Escrivá presente este modelo de capitalización como sostenible es, pues, un sarcasmo.

La escasa capacidad de ahorro de gran parte de la población es la consecuencia de más de una década de políticas de represión salarial iniciadas con la reforma laboral de Rajoy

El proyecto de ley no oculta la intención de fomentar el desarrollo del negocio financiero. En la exposición de motivos de la ley se expresa sorpresa por “el estancamiento del patrimonio de los planes de pensiones de empleo desde 2012” y porque el “nivel de ahorro a través de los planes de pensiones de empleo no llegue al 1 por ciento de la masa salarial de la población activa ocupada alcanzando a poco más del 10 por ciento de la población activa ocupada”. No debería sorprender. La escasa capacidad de ahorro de gran parte de la población es la consecuencia de más de una década de políticas de represión salarial iniciadas con la reforma laboral de Rajoy.

Los gestores de fondos languidecen en el estancamiento pero la reforma de Escrivá les echa un capote. El fondo de promoción pública supondrá la contratación de una entidad gestora y de una depositaria. Las entidades financieras accederán además a una masa de ahorro financiero, parcialmente creado a través de aportaciones de las Administraciones Públicas.

El cuestionamiento permanente de las pensiones públicas

El apoyo social al modelo de capitalización se ha construido sobre un discurso ya añejo que cuestiona la sostenibilidad de las pensiones. Se utiliza el dato de las crecientes tasas de dependencia, la proporción de personas dependientes (personas menores de 16 años o mayores de 64) sobre la población en edad de trabajar (entre 16 y 64 años). La inminente jubilación de las cohortes nacidas durante el ‘baby boom’ se presenta como el apocalipsis de las pensiones.

El apoyo social al modelo de capitalización se ha construido sobre un discurso ya añejo que cuestiona la sostenibilidad de las pensiones

Pero este alarmismo parte de una comprensión errada de los sistemas de pensiones públicas. Estos son un mecanismo para transferir un excedente productivo desde la población trabajadora a la población dependiente. Su sostenibilidad depende por tanto de que tal excedente exista, es decir, de que haya una población trabajadora cuya productividad sea suficiente como generarlo. La productividad de la economía española actual sobra para mantener a la población dependiente. Si lo que se cuestiona es esa capacidad, entonces se debe planificar desde ya la construcción de las infraestructuras necesarias y la formación y contratación del personal especializado en los cuidados de las personas mayores.

Una preocupación sincera por el bienestar de las personas jubiladas del futuro implica, por ejemplo, dotar a nuestro sistema de bienestar con plazas residenciales y personal sanitario suficientes. Con más de un 40% de desempleo juvenil no parece que el Estado esté trabajando en esa línea. Prefiere dejar que el desempleo crónico descapitalice a la población trabajadora erosionando así la productividad futura de nuestra economía.

Argumentos espurios

El proyecto de ley es víctima de mitos como que el “aumento del ahorro colectivo permitirá contar, en el conjunto de la economía nacional, con un mayor volumen de recursos disponibles para invertir y aumentar la capacidad productiva”. Cae en una de las más burdas falacias de la composición. El ahorro individual efectivamente permite que un individuo pueda contar con más poder de compra en el futuro. Pero si todos decidimos aumentar nuestro ahorro simultáneamente, lo único que conseguiremos es que las empresas vendan menos creando un entorno desfavorable a la inversión. Fomentar el ahorro financiero hoy simplemente deprime el consumo y no contribuye en nada a aumentar la producción de bienes y servicios en el futuro.

Fomentar el ahorro financiero hoy simplemente deprime el consumo y no contribuye en nada a aumentar la producción de bienes y servicios en el futuro

Las restricciones financieras que preocupan a Escrivá son puramente imaginarias puesto que el Estado tiene la capacidad de crear poder de comprar y transferirlo a la población dependiente de forma ilimitada. Ninguna política presupuestaria realizada hoy por el Estado afectará a su capacidad de pago en el futuro. Tampoco la creación de instrumentos, privilegiados fiscalmente, para la colocación del ahorro individual es una solución.

No tenemos ninguna objeción a que los individuos busquen colocar sus ahorros en productos financieros si así lo desean. Lo que nos preocupa es que se destine dinero público a los mercados financieros y la amenaza de la segregación clasista en nuestro estado del bienestar. Disfrutar de una pensión digna no debe depender de la capacidad de ahorro individual.

jueves, 3 de marzo de 2022

Desconciertos monetarios

 

Resumen para gente sin tiempo.

¿Qué se analiza en este editorial?

  • Me pregunto si la recuperación económica tras la pandemia es tan vigorosa como nos dice el Gobierno. ¿Podría haber sido mejor?
  • Analizo las consecuencias de una decisión del Banco Central Europeo: no comprar más deuda pública española.

Principales conclusiones

Se ha producido un rebote de la producción esperable en 2021. No podía ser de otro modo pues en 2020 muchos sectores no pudieron producir por culpa de los confinamientos decretados durante la pandemia.

En la anterior crisis económica, iniciada en 2009, se respondió con políticas de austeridad que la alargaron innecesariamente. Una lección valiosa de esta crisis pandémica es haber dejado que funcionasen los ‘estabilizadores automáticos’ lo cual ha facilitado este rebote.

NOTA: Los ‘estabilizadores automáticos’ son elementos de los presupuestos del gobierno que actúan de forma contraria al ciclo económico. Por ejemplo la recaudación de impuestos cae dejando más dinero en el bolsillo de la gente o suben algunos gastos públicos tales como las prestaciones de desempleo. Actúan de forma de compensan la caída en la producción del sector privado.

El Gobierno no acompañó la caída de impuestos con un recorte de gastos y eso ha sido beneficioso.

El Gobierno podía  haber hecho una política más ambiciosa (gastar más o bajar impuestos) para que la recuperación fuese más rápida. De hecho somos los rezagados de la UE.

Algunas personas creen que hay una inconsistencia entre los datos de la producción y los del empleo. Fueron mucho mejores los datos de reducción del paro y creación de empleo que los del aumento de la producción.

Sin embargo hay algunos síntomas tempranos de agotamiento de este rebote. Debemos esperar a que haya más datos para llegar a una conclusión definitiva.

Tras el final de los confinamientos pandémicos se han producido aumentos de precios causados por dificultades en restablecer las cadenas logísticas, atender la avalancha de pedidos por compras que no se pudieron hacer entonces y subidas en los precios de la energía.

Algunos economistas ortodoxos han iniciado una campaña histérica sobre las subidas de precios e incluso han cometido la torpeza de atribuirlas a los aumentos de deuda pública que inevitablemente acompañaron a las políticas aplicadas para contener la caída de la producción.

Esta política se pudo hacer porque el Banco de España compró toda la deuda pública que emitió el Tesoro de España. Pero esto no es ningún motivo de alarma: esa deuda se la debe el bolsillo izquierdo del Estado al bolsillo derecho del Estado. A cambio hay más dinero en el sector privado.

Sin embargo una amenaza se cierne sobre nosotros: el Banco Central Europeo ha dicho que no va a comprar más deuda de nuestro Estado. Esto ha provocado una subida del tipo de interés que tiene que pagar el Estado por su deuda. Me parece un cinismo terrible que el Banco Central Europeo deje en cero el tipo de interés que pagan los bancos pero deja que suba el tipo de interés que pagan los gobiernos.

Esta decisión del Banco Central Europeo compromete la capacidad de nuestro gobierno para aplicar políticas que ayuden a la recuperación económica española y deben ser denunciadas.

¿Qué se puede hacer?

  • Denunciar la política irresponsable del Banco Central Europeo en contra de los Gobiernos y señalar que nos trata peor que a los bancos.
  • Y, como siempre, recordar una vez más la importancia de recuperar nuestra moneda, la peseta. Sin nuestra moneda no podemos prosperar.

Recuperación en “V” asimétrica

Advertía en mi anterior artículo de diciembre que si

«desaparecen las compras del BCE la prima de riesgo volverá a casa como el turrón por Navidad. Su decisión es un aviso a navegantes: más vale que las administraciones públicas vayan reduciendo sus posiciones deficitarias. Las políticas de estímulo fiscal se acaban y volvemos a las de austeridad, deflación y altos niveles de desempleo.»

Recientes acontecimientos quizás me estén dando la razón. Pero, para entender por qué, analicemos brevemente la coyuntura macroeconómica española. Recientemente el Instituto Nacional de Estadística (INE) ha publicado algunos datos macroeconómicos correspondientes al último trimestre de 2021 que sugerían que la recuperación económica tras la pandemia iba por buen camino.

Un rebote que era esperable.

Según la estimación del INE el PIB creció un 5,2% en 2021. Sin duda sería un buen dato en cualquier otro año. Pero debe ser matizado al compararlo con el colapso del año anterior provocado por el cierre forzoso de amplios sectores de la economía. Si el PIB cayó un 11% en 2020, recuperar un 5,2% implica que seguimos por debajo del nivel de producción registrado en 2019. Un rebote que era más que esperable. Lo que debemos analizar es si esa recuperación podría haber sido más rápida. El hecho de que muchos otros estados avanzados ya hubiesen recuperado el nivel del PIB de 2019 a finales de 2021 así lo sugiere.

El siguiente gráfico muestra cómo ha variado el PIB para los estados miembros de la UE desde 2019, poco antes de que nos golpease la pandemia. La línea roja indica el nivel de producción cuarto trimestre de 2019. Es un listón que tenemos que recuperar cuanto antes. Las barras verticales azules indican el nivel de producción de cada estado en el tercer o cuatro trimestre de 2021. Muchos no han facilitado a EUSTAT su dato más reciente por lo que he tenido que utilizar el del anterior. Esto hace la comparación más desfavorable para el Gobierno de España porque significa que muchos ya habían recuperado el nivel de producción anterior a la pandemia en el tercer trimestre. Parece que España necesita más trimestres para la recuperación.

Ilustración 1. Fuente: eleaboración propia a partir de datos de EUSTAT

 

Cierto es que España está entre los países que sufrieron las mayores caídas del Producto Interior Bruto en el segundo trimestre de 2020, lo cual se puede explicar por el draconiano confinamiento aplicado en ese trimestre y nuestra excesiva dependencia del turismo. (¡Ojo! no pienso que ese confinamiento no debió hacerse, todo lo contrario, pero debió acompañarse de una política fiscal para tiempos de crisis grave).

Las políticas de sostenimiento de rentas y los ‘estabilizadores automáticos’ (fundamentalmente los ERTE y dejar actuar la caída de la recaudación) paliaron en parte la caída del PIB.

Las políticas de sostenimiento de rentas y los ‘estabilizadores automáticos’ (fundamentalmente los ERTE y dejar actuar la caída de la recaudación) paliaron en parte esa caída. Pero queda la duda de si no se podía haber hecho más para amortiguar la caída. De hecho países que sufrieron caídas similares a las de España como Portugal, Reino Unido o Hungría ya han recuperado la producción de 2019 o están muy cerca de conseguirlo. Lo menos malo que se puede decir de la actuación del gobierno español es que podría haber sido mejor.  La Ministra Calviño —como saben los lectores de nuestro sitio, una de nuestras favoritas en RedMMT— auguraba que España sería uno de los Motores de Crecimiento en 2022 y que un crecimiento del 6,5% en 2021, previsión que nosotros cuestionamos hace unos meses. Es el conservadurismo fiscal de la propia ministra el que impide que se realicen sus augurios.

Por otra parte llama la atención que la mayor parte del crecimiento del último trimestre de 2021 se atribuye a las exportaciones y a la inversión. En cambio el consumo de los hogares, que había tirado del PIB en trimestres anteriores —gracias a una bolsa de ahorro acumulada en los hogares durante el confinamiento y las ganas de gastarlo una vez concluido confinamiento— cayó respecto al trimestre anterior. Dado que el 4º trimestre es el de la campaña navideña esto sugiere que el poder de compra ha perdido fuelle aunque ha podido influir también la sexta oleada de la pandemia. También, y esto es más preocupante, cayó el gasto público. Esto indica una prematura retirada de estímulos fiscales que, unida a una recaudación tributaría récord, podría comprometer la capacidad de ahorro del sector privado. Recuerden también que desde Red MMT hemos criticado la lentitud e insuficiencia de los fondos Next Generation en los que tanto confían Pedro Sánchez y su equipo económico para la recuperación económica.

Tabla 1. PÎB Volumen encadenado. Tasas de variación intertrimestral (%). Fuente: INE

La encuesta de población activa del cuarto trimestre de 2021 aportó mejores noticias. En el último trimestre aumentó el número de personas ocupadas en 153.000 y, en todo el año, se han creado más de 800.000 puestos de trabajo. De esta forma hemos superado el número de empleados que había a finales de 2019. La buena noticia queda parcialmente oscurecida por el hecho de que el número de personas que abandonaron la actividad –ni trabajan ni buscan empleo- ha superado ampliamente el número de personas que se incorporaron al mercado de trabajo. Tampoco nos parece positivo que, ante la evidente descapitalización de las plantillas del sector público y las altísimas tasas de desempleo que aún asolan este país, se haya decidido prescindir de 8.500 empleados.

La mayor robustez del mercado laboral respecto al PIB plantea algunas dudas acerca de la correcta estimación del PIB salvo que se acepte que se hayan contratado trabajadores aunque sean menos productivos. Quienes así lo afirman se aferran, además de a los datos de contratación de asalariados, a los buenos datos de cifras de negocios, pernoctaciones y recaudación tributaria. No tenemos capacidad de cuestionar los datos del INE pero conviene recordar que todos se basan en encuestas y estimaciones. El PIB es una estimación; no es un dato cierto. El dato de la EPA se basa en una encuesta; no es el dato de paro registrado. En cualquier caso no podemos descartar que el INE tenga que corregir al alza el dato de crecimiento del PIB.

Sin embargo recomiendo cautela. El análisis de los balances sectoriales muestra que el sector público alcanzó un pequeño superávit en el tercer trimestre de 2021 lo cual sugiere un posicionamiento fiscal excesivamente conservador que parece haber dado por terminada una crisis que ni mucho menos puede considerarse resuelta. Recuérdese que un ahorro del gobierno es siempre equivalente a un endeudamiento o desahorro del sector no estatal. Solo el superávit comercial ha permitido que el sector privado doméstico ahorrase durante el tercer trimestre de 2021. Socavar el ahorro privado no es lo más conveniente para estimular la demanda agregada de la economía española en estos momentos.

Ilustración 2. Fuente: elaboración propia a partir de datos del INE.

Por otra parte un indicador adelantado, el Índice Compuesto de Gerentes de Compras (PMI) de España de Markit, cayó debajo del umbral 50 en enero. Este índice se basa en encuestas a gerentes de compras del sector privado. «Lecturas por encima de 50 indican el crecimiento de la economía y pueden tener un impacto positivo en las cotizaciones del euro; las lecturas por debajo indican una eventual contracción de la economía, y las inferiores a 42, una posible recesión. El excesivo conservadurismo fiscal del gobierno podría abortar la recuperación económica».

A diferencia de la crisis financiera global  (CFG) iniciada en 2009, en esta ocasión se evitó el error de esa política de austeridad draconiana que entonces la prolongó innecesariamente.

En definitiva, los datos del cuarto trimestre de 2021 no fueron malos. Pero, sí, habríamos deseado una política fiscal más ambiciosa del Gobierno español. Al fin y al cabo, según la EPA, la tasa de paro sigue superando el 13%. Pero se pueden extraer lecciones importantes de la gestión de la crisis pandémica. A diferencia de la crisis financiera global  (CFG) iniciada en 2009, en esta ocasión se evitó el error de esa política de austeridad draconiana que entonces la prolongó innecesariamente. No se acompañaron las caídas de recaudación con recortes de gasto y se aplicó una política de sostenimiento de rentas que ayudó a conseguir un rápido rebote de la economía.

Nubarrones

‘Deflación’ puede ser un término que muchos crean superado ante la secuencia de datos que confirman una creciente inflación en nuestra economía. La recuperación nos ha traído un fenómeno que no se observaba desde hace muchos trimestres en España: la inflación. En los últimos meses el IPC ha estado por encima del 6%. Hemos explicado anteriormente que esto se podía atribuir a las dificultades logísticas producidas por el vaciamiento de los almacenes durante la pandemia, cuellos de botella para responder al desembalse de la demanda y las subidas de los precios de la energía. El cártel de productores de petróleo necesita resarcirse de las pérdidas de ingresos que sufrieron durante 2020.

Pensamos que estas subidas de precios serán transitorias puesto que los problemas logísticos acabarán por resolverse. El índice subyacente, que excluye a los componentes más volátiles como energía y alimentos, ha repuntado un poco, lo cual sugiere alguna transmisión a otros precios de las tensiones en el mercado energético, pero sigue estando en torno al 2%. Tampoco creemos que el cártel de países productores de petróleo seguirá subiendo los precios del barril mucho más. Tarde o temprano se resolverá el problema de Ucrania que está dificultando el suministro de gas natural y cuyo precio tanto influye en el de la luz.

Pero lo más importante es entender que no se dan las circunstancias para que se produzca una espiral de precios-salarios como la de los años 70. La clase trabajadora, acuciada por altas tasas de desempleo y escasamente sindicalizada, no tiene capacidad para recuperar el poder adquisitivo perdido por lo que se comerá la inflación de los últimos meses. Un primer atisbo de moderación de los precios lo vimos en enero cuando cayeron los precios un 0,4% respecto al mes anterior. Una golondrina no hace verano pero este dato podría marcar un cambio de tendencia.

Ilustración 3. Fuente INE.

Hemos comentado además que la demanda de los hogares ha caído el pasado trimestre así como el gasto público. Por todas estas razones resulta sorprendente que en círculos de economistas neoclásicos se empieza a levantar la voz de alarma y exigir una política monetaria más restrictiva. Esto no tiene ningún sentido por varias razones.

  • En primer lugar, sabemos que subir los tipos de interés no va a conseguir que los productores de petróleo y gas natural bajen sus precios. Tampoco conseguirá que se resuelvan los problemas logísticos.
  • En segundo lugar, Warren Mosler ha planteado una hipótesis razonable: los tipos de interés funcionan al revés de como los imagina el pensamiento mainstream, consiguen aumentar los precios por los efectos de renta y por su impacto en la formación de precios a futuro. En todo caso la evidencia empírica muestra muchos casos de países donde subir tipos de interés no consigue abatir la inflación. También sabemos que bajar los tipos de interés no desencadena necesariamente un boom de la inversión. ¿Ejemplos? España en los últimos diez años. Recae sobre los economistas neocláscos la carga de la prueba: tiene que demostrar su axioma  —bajar tipos de interés conduce a una caída de la actividad económica— y, más importante, ¿por qué eso sería deseable en estas circunstancias?

En su retorcida teoría, esa caída de la inversión crearía desempleo y así se conseguiría abatir la inflación reduciendo el consumo de todos. Muerto el perro, se acabó la rabia. ¿Qué sentido tiene responder a estas subidas de precios reduciendo la producción doméstica? Ninguno, pero los economistas ortodoxos son como perros de Pavlov: en cuanto ven que el IPC aumenta una décima se ponen a salivar pensando en las mayores rentas que el Estado va a transferir a las grandes fortunas en pago de intereses. Dinero gratis a cambio de no hacer nada. Una renta básica para billonarios. ¿A qué billonario no le gustaría?

Aviso a navegantes.

El Banco Central Europeo parece coincidir con mi análisis y ha comunicado que no subirá los tipos de interés…a los bancos.

Entonces todo está bien. El Gobierno puede seguir con políticas fiscales anticíclicas ¿no?

No tan deprisa. Recuerden que estamos en la zona euro y que España carece de soberanía monetaria. El Banco Central Europeo, presidido por Christine Lagarde, no trabaja en pro del bienestar de la ciudadanía de esta castigada península. En una reciente nota de prensa el BCE dijo que mantiene su previsión de que la inflación volverá a su objetivo del 2% y que no piensa subir los tipos de interés a los bancos. Pero el BCE sí anunció el pasado 3 de febrero que daría por finalizado el programa de compras de emergencia pandémica en marzo y que reduciría también las compras del programa APP gradualmente hasta cancelarlo en 2023.

Pero el BCE sí anunció el pasado 3 de febrero que daría por finalizado el programa de compras de emergencia pandémica en marzo y que reduciría también las compras del programa APP gradualmente hasta cancelarlo en 2023. Esto es preocupante.

Recordemos que las compras del Banco de España autorizadas por el BCE han hecho posible que la deuda pública española se apreciara librándonos de la vigilancia de los mercados.

NOTA: existe una relación inversa entre precio y rendimiento de un título de deuda. Si el precio cae en el mercado, como el tipo de interés es fijo, el dueño de ese título obtiene un mayor rendimiento en relación al precio que ha pagado. Si el rendimiento que exige el mercado sube entonces el Tesoro tiene que emitir nuevos títulos de deuda que pagan un interés equivalente.

Recuerden que antes de que el Banco de España empezara esas compras la prima de riesgo —la diferencia entre el rendimiento que paga un bono español y el que paga un bono alemán, percibido como el de riesgo más bajo— había escalado a más de 6 puntos. La prima de riesgo comprometía la solvencia del Estado Español.

Desde que inició sus compras en 2012 nuestro gobierno ha podido respirar con cierta tranquilidad aunque esta ayuda del BCE estuvo condicionada a la aplicación de políticas fiscales “prudentes” que han impedido una recuperación rápida de la crisis financiera global.

Gracias a esas compras actualmente el Banco de España ya es titular del 33% de la deuda del Tesoro. Es decir el Banco de España ha comprado toda la deuda que emitió el Tesoro. Tranquilos porque esa deuda ahora se la debe el Estado a sí mismo. Pero, desde que comunicó su decisión de seguir apoyando a los bancos pero no a los estados el rendimiento del bono español a 10 años no ha dejado de subir. En menos de dos semanas ha pasado de 0,60% a 1,3%.

La decisión del BCE compromete la capacidad del Gobierno español para aplicar políticas anticíclicas vigorosas.

Ilustración 4. Tipo de interés del bono a 10 años. Elaboración propia a partir de datos de mercado

La decisión del BCE compromete la capacidad del Gobierno español para aplicar políticas anticíclicas vigorosas. Por ahora un tipo de interés del 1,3% es perfectamente asumible. Simplemente bancos y fondos de inversión recibirán más pasta del Gobierno. Es socialmente regresivo pero soportable. Puede repugnar que unas pocas grandes fortunas reciban más dinero que todos los perceptores del ingreso mínimo vital juntos pero ése es el resultado de las recetas neoclásicas. Lo preocupante es el mensaje que lanza el BCE: “os dejamos a merced de los mercados así que vayan ajustando las cuentas públicas.” Esta ominosa advertencia ha sido acompañada de una inoportuna recomendación de Gueorguieva, la sucesora de Christine Lagarde en el Fondo de Miseria Instantánea, perdón, Fondo Monetario Internacional, para que España entre en una senda de reducción de déficit. Nuestra ministra favorita, Nadia Calviño, preside ahora el Comité Monetario y Financiero del FMI. No puede ser ajena a esta recomendación. Tenemos al lobo guardando a las ovejas.

Los economistas mainstream habían aprendido algunas cosas de la crisis anterior pero no tantas y siguen con reacciones pavlovianas a las subidas de precios. Una lástima.

Como siempre, desde Red MMT denunciamos la futilidad y estupidez de subir los tipos de interés y seguimos recordando la urgencia de recuperar la soberanía monetaria.

Respice finem

 

Tensiones de precios

Hay un problema de subidas de precios pero no hay un problema de inflación. Al menos si nos atenemos a la definición académica como un proceso continuado en el tiempo de alzas de precios o, visto de forma recíproca, como la caída continuada en el tiempo del valor de la moneda. Es cierto que, en los dos últimos meses, el Índice de Precios al Consumo ha marcado ascensos del 5,5%, tasas que no se veían desde hace más de dos décadas.

Ilustración 1. IPC noviembre de 2021 (fuente INE)

Pero las causas están sobradamente identificadas y explicadas por el Instituto Nacional de Estadística en su boletín mensual. Los grupos con mayor impacto en este aumento del índice fueron la vivienda (por los costes de la energía y la electricidad) y el transporte de pasajeros. Ambos recogen el impacto de las alzas que han experimentado el petróleo y el gas natural. Recordemos que en 2020 el precio del barril de petróleo se hundió a mínimos históricos. No había ni espacio físico para almacenar los barriles. El rebote era bastante previsible. Pero el proceso parece que se está agotando. Tras el anuncio de los países productores de que incrementarían gradualmente la producción, aunque no tanto como querrían los EEUU, y el enfriamiento de expectativas causado por el rebrote de la pandemia el precio ha empezado a descender.

Ilustración 2. Precio del barril Brent

El alza del precio del gas ha impactado, a través del sistema de casación de precios marginalista, en el precio del Kw h. Tras alcanzar un máximo en EEUU ha empezado también a caer. Sin embargo, en Europa las tensiones con Rusia a cuenta de Ucrania y Bielorrusia, las presiones de EEUU para evitar la construcción del gasoducto NordStream 2, la falta de buques para transportar gas a los puertos europeos y el invierno en ciernes conspiran para que el precio en los mercados europeos se desvincule del americano y siga registrando máximos. Difícilmente pueden considerarse estos problemas, fundamentalmente de origen político, como un fenómeno monetario. Ese desacoplamiento en los precios de EEUU y Europa ha generado una oportunidad de arbitraje. Se conocía ayer que buques cargados de gas dirigidos a puertos de EEUU se han desviado a Europa donde los compradores estaban dispuestos a pagar más. Yo apostaría por que en un par de meses empiece a caer el precio del gas natural en Europa también.

Ilustración 3. Precio del gas natural en EEUU. (Fuente Ycharts)

Figura. 4: precios del gas natural en el mercado europeo (Fuente: Trading Economics)

Añádanse algunas dificultades logísticas causadas para restaurar las cadenas logísticas tras los confinamientos y cierres del tráfico internacional del año pasado y probablemente la mayor parte de las tensiones en los precios quedan satisfactoriamente explicadas. El siguiente gráfico muestra de forma dramática la evolución de los inventarios durante la pandemia. Es evidente que los almacenes se estuvieron vaciando y agotando durante meses. Volver a los niveles de inventarios previos ha generado tensiones en el transporte internacional y en la capacidad de respuesta de los fabricantes que ahora se ven inundados de pedidos tras meses de actividad interrumpida o reducida.

Ilustración 5 Fuente INE: Encuesta Coyuntural sobre stocks y existencias. Octubre 2021.

La tasa anual de la inflación subyacente (excluidos alimentación y energía) aumentó en noviembre tres décimas, hasta el 1,7%. Pero es un nivel bastante aceptable, incluso bajo, que, por otra parte, sucede a varios trimestres de valores cercanos a 0%. Habría que tener un punto de neurosis o ser alemán para encontrar ese nivel alarmante. Es evidente que las tensiones que muestran los precios son coyunturales y gradualmente volveremos a una normalidad que, lamentamos recordar, ha sido de deflación durante más de una década. Esto ha sido así por la atonía de una demanda deprimida por las políticas de austeridad y la debilitada capacidad negociadora de la clase trabajadora que ni siquiera puede plantearse recuperar el poder adquisitivo perdido en estos últimos meses. En estas condiciones sería una osadía pensar que pudiera desencadenarse una espiral de precios-salarios que perpetuara mucho tiempo estas tensiones de precios.

Lejos de ser un fenómeno monetario, la inflación es sobre todo un fenómeno distributivo. Probablemente los trabajadores se coman estas subidas de costes. La ministra Calviño ya advirtió hace unos días que “hay que evitar alzas salariales que conviertan la inflación en estructural”. Delata las preocupaciones de un mainstream incapaz de sentir la más mínima empatía hacia una clase trabajadora que lleva perdiendo participación en la renta nacional desde hace décadas. En otros países con mercados laborales más cercanos al pleno empleo, como EEUU o Reino Unido, se han observado incrementos salariales que sí podrían ayudar a perpetuar estos incrementos de precios. Pero lo más probable es que los salarios no recuperen el poder adquisitivo perdido.

Histeria de inflación

Este episodio de precios tensionados, seguramente esporádico en una tendencia secular a la deflación, ha servido para desencadenar una histérica campaña advirtiendo sobre la inminente llegada del lobo de la inflación. Además de las cautelas de la ministra Calviño sobre lo inconveniente que resultaría que los trabajadores fueran compensados hemos oído al Gobernador del Banco de España advertir de que “se podría producir un traslado de los costes al conjunto de bienes y servicios de consumo” y de que “existe un riesgo de inflación salarial que dañe la creación de empleo, y la actividad económica en última instancia”. Para Hernández de Cos la curva de demanda en el de trabajo es como la de las frutas y verduras en un mercado de abastos: para vaciarlo basta bajar suficientemente los precios. La Confederación Española de Organizaciones Empresariales, una entidad cuyo conservadurismo roza niveles histriónicos, advierte de la delicada situación en la que se encuentra el tejido empresarial derivada del aumento de los costes de producción”. La delicada situación de trabajadores que no llegan a fin de mes, de las personas desahuciadas de sus viviendas y de los millones de parados parece que no merece tanta atención de este agente social.

Similares reacciones de hipocondría inflacionaria hemos observado fuera de España. El nuevo ministro alemán de Economía, Lindner, ha alzado la voz de alarma sobre los riesgos de la inflación. El CEO de Black Rock, uno de los mayores fondos de inversión con posiciones relevantes en casi todas las empresas del IBEX 35, advertía de que la inflación no sería transitoria y, fiel al magufismo de la teoría cuantitativa del dinero, la atribuía a “la cantidad de dinero en el sistema, la cantidad de estímulos monetarios y la cantidad de apoyo fiscal” que “nunca han estado a estos niveles tan altos”. Estos personajes merecen tanto crédito como la postura de Miguel Bosé sobre las vacunas pero son mucho más dañinos porque reciben la atención de la prensa y de los bancos centrales.

El economista australiano Bill Mitchell advertía hace unas semanas, en un magnífico post que analiza las causas de las recientes subidas de precios, que las protestas del mundo financiero delataban sus apuestas especulativas. Su objetivo es que los bancos centrales suban los tipos de interés. ¿Por qué?

Porque han apostado que subirán. Han asumido que los banqueros centrales se plegarán, como lo han hecho durante las últimas décadas dentro del paradigma neokeynesiano, y con su mentalidad de ‘gestión de expectativas’ subirán las tasas”.

Reacción de los bancos centrales

Bill Mitchell confiaba en que los bancos centrales, tras las lecciones aprendidas de sus políticas de flexibilización cuantitativa, esta vez no harían demasiado caso a los Pedros y el Lobo de la inflación. Sin embargo la semana pasada el Banco de Inglaterra ha tomado la homeopática decisión de subir los tipos de interés del 0,10% al 0,25%. Hace unos meses el banco central americano anunció que dejaba de considerar como objetivo prioritario la NAIRU (la tasa natural de desempleo, una variable ficticia imposible de observar inventada por Milton Friedman, para justificar la creación intencionada de desempleo en la santa cruzada contra la inflación). Era un avance positivo que debemos celebrar ya que implica que la Fed priorizará la reducción del desempleo y no sobreactuaría ante tensiones en los precios. Pero la Reserva Federal ha anunciado que va a retirar el soporte pandémico reduciendo sus operaciones de flexibilización cuantitativa. Por ahora, el Federal Funds Rate (el tipo interbancario) sigue en el 0,25% pero la Fed se muestra dispuesta a alistarse en una próxima lucha contra la inflación.

Más preocupante es el reciente anuncio del Banco Central Europeo (BCE) de que concluirá el programa de compras de la emergencia pandémica (PEPP) limitándose a partir de marzo del año que viene a mantener sus posiciones, es decir, a reinvertir el principal al vencimiento. El programa APP, mucho menos flexible ya que las compras deben hacerse a prorrata de la clave de capital entre los estados miembros, también irá menguando. Para “reforzar el impacto acomodaticio de sus tipos de intervención” subirán las compras provisionalmente hasta un ritmo de 40 MM €/mes en el segundo trimestre de 2022, lo bajarán a 30 MM € en el tercer trimestre y finalmente a 20 MM € desde octubre de 2022.

Ilustración 6. Compras de deuda pública del BCE (Fuente: BCE)

Si los bancos centrales conocieran el postulado mosleriano de que subir tipos de interés es inflacionista, al revés de lo que piensa el mainstream, no de plantearían estas políticas. Pero también es cierto que esto supondría reconocer que su capacidad de influir en los niveles de precios es nula y que sería perfectamente posible vivir sin estas enojosas instituciones. El mainstream sigue pensando que abordar directamente las causas de las subidas de precios (problemas logísticos, diseño institucional del mercado eléctrico, problemas en el suministro de energía) no sería productivo. Para los responsables políticos la solución está en transferir más rentas a individuos adinerados e instituciones financieras nacionales y extranjeras. ¡Seguro que eso resuelve el problema!

El BCE justifica sus operaciones de compra de deuda pública con el convencionalismo de que son útiles para transmitir su política monetaria al mercado. Pero, aunque digan que solo se trata de mandar señales, en realidad la utilidad de las operaciones de flexibilización cuantitativa es impedir que los estados más endeudados caigan en la insolvencia. Estas compras han funcionado como el mecanismo de financiación por la puerta de atrás de la deuda de los estados miembros de la zona euro durante la pandemia.

Por cierto, no está de más recordar que son los bancos centrales de cada estado los que realmente ejecutan esta política monetaria no convencional en una nueva demostración de que la unión económica y monetaria europea es una ficción. De hecho el Banco de España tenía a septiembre de 2021 una cartera de 368 MM€ de deuda pública española, el 32% del total de la deuda pública española viva, como se muestra en el siguiente gráfico. Gracias a esas compras la demanda de la deuda pública está asegurada hasta el punto de que, en las subastas que periódicamente realiza el Tesoro, supera en 2 veces la oferta.

Ilustración 7. Distribución por tenedores de la deuda pública en septiembre de 2021 (Fuente: elaboración propia a partir de datos publicados por el Tesoro Público)

 

Las alternativas que ahora se ofrecen a estos estados son una austeridad demoledora o la disolución de la zona euro. Pero no se equivoquen, el problema no es la deuda pública, es el euro.

Si desaparecen las compras del BCE la prima de riesgo volverá a casa como el turrón por Navidad. Su decisión es un aviso a navegantes: más vale que las administraciones públicas vayan reduciendo sus posiciones deficitarias. Las políticas de estímulo fiscal se acaban y volvemos a las de austeridad, deflación y altos niveles de desempleo. El paseo por el patio de la cárcel ha concluido, vayan regresando a sus celdas. Creo que las autoridades del BCE no han sopesado correctamente las consecuencias de su decisión que supone poner a los pies de los mercados a países con elevados niveles de deuda pública como Italia, Grecia o España. Las alternativas que ahora se ofrecen a estos estados son una austeridad demoledora o la disolución de la zona euro. Pero no se equivoquen, el problema no es la deuda pública, es el euro.