Cita de Roosevelt

"Ningún país, sin importar su riqueza, puede permitirse el derroche de sus recursos humanos. La desmoralización causada por el desempleo masivo es nuestra mayor extravagancia. Moralmente es la mayor amenaza a nuestro orden social" (Franklin Delano Roosevelt)

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lunes, 8 de junio de 2015

Un nuevo plan E del PSOE

Villaviciosa de Odón a 8 de junio de 2015.

Se ha publicado esta noticia hoy en el diario El Mundo:

¿Un nuevo Plan E del PSOE?


Analicemos las palabras de la CEOE publicadas en este artículo con un poco de calma:
"Esto es volver a una variante del Plan E de Zapatero, al dogma olvidado de que se puede crear empleo artificialmente. Es como extender el PER"
1. "Volver a una variante del Plan E". Sí, para los neoliberales ese plan es un escándalo, pero da la casualidad que, de haber continuado España habría salido de la recesión en 2011.
2. "El dogma olvidado". Sí, los políticos europeos se han olvidado hace ya mucho tiempo de que los estados pueden y deben asegurar el pleno empleo. Concretamente la última vez que hubo pleno empleo en España estaba vivo Franco, lo cual es un baldón sobre esta democracia. Desde los años 70 el dogma es luchar contra la inflación y mantener el tipo de cambio fijo para entrar en el euro creando desempleo. Un dogma miserable y ciego.
3. "Se puede crear empleo artificialmente." Sí, señores de la CEOE. Incluso el puesto de trabajo del Sr. Rosell es una creación artificial, no el resultado de un fenómeno natural como la aurora boreal o el granizo. Los empleos los crean los hombres para procurar su bienestar y su felicidad. La economía al servicio del hombre y no el hombre al servicio de la economía. Todos los puestos de trabajo son artificiales. Si esperáramos a que la fertilidad del terreno y las lluvias abundantes fueran a crear el puesto de trabajo del Sr. Rosell éste estaría en el desempleo (lo cual no sería ninguna pérdida para la humanidad).
4. "Es como extender el PER". Si no hay nada mejor, se crea el PER, que por cierto tiene un coste ridículo para la economía española, unos 200 millones de euros (el 0,02% del PIB español, una gota de agua ante la enormidad de la catástrofe que se ha cernido sobre la población rural de esta país). No hace falta un PER, sino un plan de empleo garantizado por el estado para todo aquél capaz y dispuesto a trabajar por un salario. Hay que poner a todo el mundo a trabajar. El desempleo es un lujo que una sociedad no se puede permitir. El valor de los bienes y servicios que se han dejado de producir en estos últimos 7 años de crisis al menos habrá ascendido a 800 mil millones de euros, fácilmente equivalente al 80% del PIB español. Si pusiéramos a toda esta gente a trabajar el impacto sobre la economía sería brutal.
Las asociaciones de empresarios se han convertido en una clase miserable. Así les va: cuanto más desempleados haya menos venderán las empresas y más quiebras habrá. Deberían estar Vd. proponiendo un plan para la contratación inmediata de 2,5 millones de desempleados si les preocupara ya no el bien de España, que no les preocupa nada, sino la buena marcha de sus negocios. Pero es que, además de ser malas personas, Vds. son tontos del bote.
Y, Sr. Pedro Sánchez, si 200.000 empleos públicos en un país con más de 5 millones de parados es lo máximo que puede hacer Vd. para resolver el desempleo, demuestra una vez más que su partido no merece nuestra confianza para resolver los problemas de desempleo de este país. No tengo ninguna duda de que, una vez en el poder, Vd. nos hará un Hollande. Mejor deje paso a otro más valiente.

lunes, 13 de abril de 2015

Maldita curva de Phillips

Villaviciosa de Odón a 15 de abril de 2015

Después de la 2ª Guerra Mundial los gobiernos aplicaron políticas de inspiración keynesiana, que combinaban estímulos fiscales y bajos tipos de interés, para acercarse al pleno empleo. Las décadas que van desde 1950 a 1970 fueron una época dorada de crecimiento e igualación de rentas. Pero los críticos al keynesianismo no perdieron comba. Si bien las tasas de inflación fueron moderadas hasta los años 70, la experiencia demostraba que los estímulos fiscales prolongados podían provocar un exceso de la demanda sobre la oferta, cuellos de botella y tensiones inflacionistas. Ya en 1958 el economista neozelandés, William Phillips,  describió una teórica relación inversa entre tasa de inflación y tasa de desempleo de forma que, si queríamos pleno empleo, habría que aceptar un aumento de precios y, si queríamos moderar los precios habría que aumentar el desempleo. Para evitar el “sobrecalentamiento” de la economía, una vez alcanzado el pleno empleo, los gobiernos se creían obligados a retirar los estímulos. Estas oscilaciones en las políticas generaban ciclos de “boom and bust”, expansiones seguidas de recesiones y caídas en el nivel de empleo.

Ilustración 1. Curva de Phillips

Actualmente la curva de Phillips es un concepto desacreditado. Si la dibujamos para la economía española de los últimos años obtenemos la figura que aparece en la ilustración 2. Si son Vds. capaces de llegar a alguna observación concluyente, más allá de que en España el desempleo es brutalmente elevado desde hace algunos años, les felicito. El concepto que ahora emplean los técnicos es el de “Non-Accelerating Inflation Rate of Unemployment (NAIRU)” o tasa de desempleo no aceleradora de la inflación. La idea subyacente sigue siendo tan miserable como la de la curva de Phillips: hay que combatir la inflación sacrificando vidas de personas. Salvo la pereza intelectual, no puede haber otra justificación para una idea tan absurda: arreglar un problema destruyendo capacidad productiva. En cualquier caso la realidad es que nuestros gobiernos, sobre todo a partir del período inflacionista iniciado con la crisis petrolera del año 1973, no han dudado en generar lo que Marx llamaría un “ejército industrial de reserva” para domar la inflación.


Ilustración 2. Curva de Phillips de la economía española.

La fobia a la inflación, desde mi punto de vista, responde más a unos intereses de clase vergonzantes que a una verdadera utilidad económica. Los episodios de hiperinflación en las democracias avanzadas han sido rarísimos y, aun así, se ha empleado como espantajo para atajar veleidades keynesianas. El episodio de los años 70 se debió más a la subida del petróleo que al pleno empleo, pero fue aprovechado para enterrar al keynesianismo. La obsesión antiinflacionista responde más bien a una oportunista argucia para erosionar el poder negociador de la clase trabajadora. Cuanto más real sea la amenaza de que los trabajadores podrían perder su empleo más fácil será rebajar sus condiciones laborales. Pero queda más elegante decir que el estado necesita sacrificar algo de empleo para controlar los precios. Son esos sacrificios pagados por la población para salir de la crisis que dicen reconocer los políticos pero que siempre son en cabeza ajena. La victoria ideológica de los neoliberales en Europa y EE.UU. a partir de los años 80 quizás explique que el problema del desempleo se haya cronificado en muchos países como el nuestro. España es una nación muy sacrificada.

A la lucha contra la inflación se añaden los compromisos de mantener un tipo de cambio artificial asumidos por muchos gobiernos. El patrón oro provocó crisis económicas que conducían a la deflación y altas tasas de desempleo en el período de entreguerras. La experiencia demuestra que, bajo regímenes de tipo de cambio fijo, el margen para aplicar políticas de pleno empleo se ve reducido por la necesidad de mantener un alto nivel de reservas; sobre para economías con déficit en la balanza de pagos. Este el caso de España que, además de responder a la inflación de los años 70 con políticas de ajuste, se empeñó en fijar su tipo de cambio respecto a las restantes monedas europeas. La unión monetaria europea es un ejemplo extremo de tipo de cambio fijo que ya ni siquiera deja el recurso de devaluar a nuestros gobiernos. Por ello, su diseño es fuertemente deflacionista. Desde la crisis del petróleo el pleno empleo se ha convertido en un lejano recuerdo que muchos de nosotros ni siquiera hemos vivido. Pareció que nos aproximábamos durante la burbuja a ese escenario más feliz. Sin embargo, su estallido y las fallidas políticas de austeridad causaron una hemorragia de empleo que no habría detenido ni la más ambiciosa reforma estructural neoliberal.