Cita de Roosevelt

"Ningún país, sin importar su riqueza, puede permitirse el derroche de sus recursos humanos. La desmoralización causada por el desempleo masivo es nuestra mayor extravagancia. Moralmente es la mayor amenaza a nuestro orden social" (Franklin Delano Roosevelt)

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viernes, 12 de diciembre de 2014

Dinero a cachos

¿Es dinero el Bitcoin? Hace algunos años un misterioso habitante del Imperio del Sol Naciente diseñó un algoritmo que crea automáticamente monedas virtuales. El invento ha tenido cierto éxito y algunos comerciantes los aceptan como medio de pago. Avispados inversores han tomado posiciones especulativas en Bitcoins. Incluso algunos libertarios le auguran un gran futuro porque es una moneda que no controla ningún estado. ¿Qué otra cosa podría hacerle más ilusión a un libertario? Pero ésa es una forma de pensamiento mágico: atribuirle a determinados objetos una sustancia valiosa porque sí.

Es verdad que existen y han existido circuitos privados en los que se aceptan monedas emitidas por particulares como medio de pago. En el siglo XIX los bancos privados podían emitir billetes de banco. Incluso algunos recordamos como, en el siglo pasado, El Corte Inglés emitió su propio dinero que llamaban “cortis”. Quien escribe estas líneas recuerda haber tenido una trifulca con un dependiente de ese centro comercial que se había empeñado en entregarle cortis en lugar de pesetas con la vuelta. Le pregunté si le parecía bien que la siguiente compra la pagara con billetes del Monopoly. Hoy existen cheques comida que entregan las empresas a sus empleados y que incluso aceptan algunos supermercados.

Medios de pago que circulan por circuitos privados han existido siempre. Lo importante es que haya alguien dispuesto a aceptarlos como medio de pago y, preferiblemente, que esté dispuesto el emisor debería a respaldar sus emisiones aceptando convertir su dinero en moneda de curso legal. Si no se aceptara su convertibilidad a otra moneda de curso legal, ese dinero privado experimentaría una volatilidad incontrolable. Esto le sucederá al Bitcoin: su valor no lo controla nadie; nadie asegura su convertibilidad a dinero de curso legal a una tasa de cambio fija. Nadie respalda las emisiones con reservas. Por fuerza la cotización del Bitcoin será volátil, oscilando entre 0 (su valor verdadero) e infinito (su precio para los necios).

Evolución de la cotización Bitcoin/dolar USA

Me cuentan que Microsoft admite los pagos en Bitcoins en EE.UU. No sé qué hará Microsoft con sus Bitcoins. A buen seguro que veremos algún proveedor, escaso de poder de negociación, obligado a aceptarlos. Me pregunto si sus empleados aceptarán cobrar en Bitcoins. A ver qué les pasaría a estos empleados si un día se encuentran con la desagradable sorpresa de que su empleador quiere pagarles en Bitcoins. Espero que el Gobierno de EE.UU. tenga el buen juicio de impedir ese tipo de maniobras.




Advierto a quien acepte tales medios de pago que lo haga bajo su propia responsabilidad. Si mañana el estado prohibiere el uso de cheques comida en restaurantes más vale que se haya gastado Vd. todos los que tenía antes de entrar en vigor el decreto. Si El Corte Inglés hubiese quebrado en 1980 los cortis no habrían valido nada. Si mañana se perdiere la confianza en el Bitcoin y ningún comerciante los aceptare su cotización se hundiría sin remedio. Los especuladores que hayan invertido en Bitcoins verían cómo se esfuma su dinero y nadie acudiría a rescatarlos.

Según los neochartalistas, no se podría definir el Bitcoin como dinero en tanto no sea admitido por algún estado como medio para pagar los impuestos. Según esta escuela de pensamiento económico, el dinero lo crea el estado al entregarlo a cambio de los servicios y productos que adquiere. Ese dinero no tendría ningún valor si no fuera porque el estado lo acepta como medio de pago de impuestos. La razón es que, si el estado entregara papelitos de colores a sus proveedores y trabajadores, pero luego no los recogiera mediante impuestos, cada vez habría más en circulación provocando su depreciación, o lo que es lo mismo, una hiperinflación. Si el estado no utilizara su fuerza coercitiva para obligar a los ciudadanos a pagar impuestos nadie recogería el dinero del estado.


El problema que tiene el Bitcoin es que existe un algoritmo para su creación pero no parece haber ninguno para su destrucción y, por tanto, para crear escasez de la criptomoneda si su valor empieza a caer. Éste es el gran riesgo para el especulador en Bitcoins: se puede encontrar con que no exista suelo para su inversión.

Hoy no me consta que ningún estado acepte Bitcoins para el pago de impuestos. Salvo que un ejército de libertarios esté dispuesto a ocupar un determinado territorio, por ejemplo una isla del Caribe, e imponer a sus habitantes el pago de un impuesto en Bitcoins por haberlos liberado de la tiranía anterior, esa moneda virtual nunca será dinero. De todas formas tal operación sería incoherente con el pensamiento libertario. Ningún gobernante en su sano juicio aceptaría como dinero una moneda que crea un misterioso algoritmo diseñado por un japonés desconocido. Solo a un gobernante enajenado se le ocurriría ceder el control de la oferta monetaria a otra entidad completamente independiente que no esté sometido al control del estado; bueno, o a uno de un estado europeo. El algoritmo creador del bitcoin limita el número de unidades que se pueden crear. Esto limitaría su utilidad como moneda pues la oferta no podría crecer a partir de ese límite lo cual frenaría el crecimiento de cualquier economía que pretendiera utilizarla en lugar de su propio dinero.

El término bitcoin es engañoso porque en realidad no es dinero. En realidad la criptomoneda es más parecida a un activo como el oro. Al igual que el oro, la cantidad disponible en la Tierra es limitada y además cuesta encontrarlo. Es éste último aspecto el que resulta irritante. Es obvio que yo no tengo tiempo ni ganas de ponerme a buscar bitcoins. Esa tarea parece que se reserva a informáticos avispados. Pero ¿qué valor crea para la sociedad alguien que ha pasado horas delante de un ordenador para encontrar un bitcoin? En realidad ninguno. El comprador de bitcoins debería ponderar la posibilidad de que no esté comprando un activo real sino premiando a unos estafadores profesionales. Si prefiere utilizar bitcoins como reserva de valor es su elección pero ¿si quiere algo que se parezca al oro por qué no comprar ese metal directamente? Al menos el oro sí tiene utilidad industrial.



Un buen repaso sobre el Bitcoin y sus riesgos aparece en este artículo publicado en el Wall Street Journal por  Eric Tymoigne.

domingo, 12 de octubre de 2014

PODEROSO CABALLERO ES DON DINERO

Madre, yo al oro me humillo,
Él es mi amante y mi amado,
Pues de puro enamorado
Anda continuo amarillo.
Que pues doblón o sencillo
Hace todo cuanto quiero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Nace en las Indias honrado,
Donde el mundo le acompaña;
Viene a morir en España,
Y es en Génova enterrado.
Y pues quien le trae al lado
Es hermoso, aunque sea fiero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Son sus padres principales,
Y es de nobles descendiente,
Porque en las venas de Oriente
Todas las sangres son Reales.
Y pues es quien hace iguales
Al rico y al pordiosero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

¿A quién no le maravilla
Ver en su gloria, sin tasa,
Que es lo más ruin de su casa
Doña Blanca de Castilla?
Mas pues que su fuerza humilla
Al cobarde y al guerrero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Es tanta su majestad,
Aunque son sus duelos hartos,
Que aun con estar hecho cuartos
No pierde su calidad.
Pero pues da autoridad
Al gañán y al jornalero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Más valen en cualquier tierra
(Mirad si es harto sagaz)
Sus escudos en la paz
Que rodelas en la guerra.
Pues al natural destierra
Y hace propio al forastero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.
(Francisco de Quevedo)

Quevedo escribió un famoso soneto que denigraba el dinero y sin embargo me atrevería a decir que es una de las creaciones más sublimes del ser humano. El dinero es unidad de cuenta que nos permite asignarle precio a las cosas facilitando su intercambio. Sin dinero el comercio sería reducido a un engorroso trueque. El dinero es una reserva de valor pues al contrario que otros bienes, no se deteriora y en lugar de almacenar toneladas de grano u otros productos perecederos, podemos guardar nuestras riquezas en forma líquida. Nos permite saldar nuestras deudas pues la moneda de curso legal debe ser aceptada como medio de pago. Pocas instituciones humanas cumplen tantas funciones y son por tanto tan útiles.

Es un lugar común decir que en origen el dinero fue un metal precioso, plata u oro, amonedado. La moneda no era más que una pieza metálica con un sello que garantizaba la pureza y peso de la pieza. Sin embargo los reyes podían cobrarse un señoreaje por acuñar moneda entregando monedas con un valor intrínseco inferior al nominal. El sentido común parecía indicar por tanto que el valor de la moneda procedía de su contenido en plata u oro y que la moneda surgió de forma consuetudinaria como medio para facilitar el comercio y evitar el engorroso trueque.

Sin embargo la Aantropología y la Historia cuestionan esta visión convencional. Nuestra explicación acerca del origen del dinero parece deberse más bien a nuestra experiencia moderna. El antropólogo David Graeber piensa que el origen está en el intercambio de regalos en las primitivas sociedades agrarias. Según su punto de vista el dinero surge como una forma de reconocer una deuda y por tanto estaría más bien vinculado al desarrollo del crédito que a la función de intercambio. La primera moneda del hombre sería pues un reconocimiento de deuda, una promesa de pago en el futuro. En las sociedades primitivas no existía la moneda y todo el intercambio se basaba en promesas. Tú me das hoy una calabaza yo mañana te doy algo equivalente en grano, por ejemplo. Randall Wray describe los hallazgos de tablas con muescas encabezadas por el nombre del deudor. Estas muescas se perpendicularmente a lo largo de una línea que luego servía para partir la cuenta por la mitad de forma que cada parte, deudor y  acreedor, conservaban un registro fidedigno. Al saldar su deuda el deudor aportaba su mitad que se podía cotejar con la que conservaba el acreedor.

En realidad hasta la edad moderna la moneda apenas se utilizaba para las transacciones diarias. Desde tiempos inmemoriales el comercio se ha basado en el crédito y en las obligaciones de reciprocidad. Durante el feudalismo el vasallo quedaba obligado a entregar a su señor una parte del producto de su trabajo, en realidad estaríamos hablando de un impuesto no monetario. El dinero parece que lo introdujeron los reyes como una especie de ficha o vale que reconocía una deuda. Antes que pagar a sus mercenarios o sus funcionarios con grano o aceite era más sencillo hacerlo con un título de deuda que el receptor podía utilizar en el mercado para comprar lo que necesitara. El valor de esos vales se derivaba simplemente de que el soberano los aceptaba como medio de pago de impuestos.

No hay otro modo de entender que las monedas hechas de metales de bajo valor como el hierro o el bronce hubiesen circulado en la antigüedad. De hecho el valor nominal solía ser bastante superior al del contenido en plata u oro de las monedas antiguas y por tanto su valor no podía derivarse del precio del metal sino de su uso como medio de librar el pago de impuestos. Parece ser que el uso de metales precios para acuñar moneda se debió más bien a que su escasez dificultaba la falsificación de la moneda.

La idea de que debía haber una correspondencia entre el valor nominal y el facial de la moneda es relativamente moderna y fue algo que tardó mucho en conseguir el estado moderna a costa de grandes dificultades, entre otras la obligación de acumular grandes reservas para poder estabilizar el precio del oro y de la plata y, por ende, el de la moneda. La naturaleza y la capacidad de extraer metales de la tierra limitan la cantidad disponible de plata y oro y por eso su precio podía experimentar oscilaciones salvajes. El problema de los patrones metálicos es que generan grandes problemas de escasez de moneda y así fue hasta que se pudo aumentar la producción sobre todo gracias al descubrimiento de las minas americanas de plata y oro. 

El Imperio colonial español permitió a la corona acceder a las mayores minas de plata del mundo. Entre 1500 y 1750 de México y Perú provino más del 80% de la producción mundial de plata que osciló entre las 40.000 y las 70.000 toneladas. Durante un par de siglos la moneda española, o más precisamente la acuñada en América, circuló por todo el mundo en un circuito que llegaba a los centros financieros de Flandes y Génova o a los puertos comerciales de China de donde procedían valiosas manufacturas. Merced a la plata americana el Rey de España mantenía el ejército más potente de Europa. Adam Smith en La Riqueza de las Naciones, explica cómo el descubrimiento de las minas del Potosí inundó Europa y el mundo de plata y describe su efecto inflacionista con un minucioso análisis de la evolución del precio de del trigo expresado en libras, chelines y peniques desde la edad media hasta el siglo XVIII. La plata del Potosí alimentó una expansión del comercio internacional sin precedentes y provocó un aumento espectacular de la demanda de manufacturas europeas. Sin esa expansión de la oferta monetaria durante los siglos XVI a XVIII quizás no se habría producido la acumulación de capital en Europa que despertó la Revolución Industrial del siglo XIX. La plata del Potosí alimentó una expansión del comercio internacional sin precedentes y provocó un aumento espectacular de la demanda de manufacturas europeas. Sin esa expansión de la oferta monetaria durante los siglos XVI a XVIII quizás no se habría producido la acumulación de capital en Europa que despertó la Revolución Industrial del siglo XIX.


Quizás haya sido el comercio internacional el causante de la convergencia entre valor intrínseco y facial de la moneda. Un extranjero no estaba obligado a pagar impuestos al soberano de otro país y por tanto no habría aceptado el valor facial impuesto por el soberano a sus súbditos. Pero la necesidad de disponer de moneda de plata u oro creaba un problema para aquellos países que carecen de minas de oro o plata. La única forma de conseguir moneda era a través de la exportación de bienes. Un superávit en la balanza de pagos permite a un país acumular reservas de oro y plata. Un país que experimenta déficits prolongados agota sus reservas de oro y plata. La carencia de moneda equivale a una contracción de la oferta monetaria que tiene efectos depresivos severos sobre la economía. Hasta el siglo XIX no eran infrecuentes las crisis de falta de liquidez que sumían a los países afectados en prolongadas depresiones y deflaciones. No sorprende que el mercantilismo fuera una política tan popular en los siglos XVIII y XIX.

Para resolver los problemas generados por la escasez de plata y oro los bancos privados y luego los bancos centrales en régimen de monopolio crearon los billetes de banco cuyo respaldo eran depósitos de plata u oro. Ese respaldo no era del 100% pues los bancos solo conservaban en sus cofres una fracción el oro o plata que respaldaba sus emisiones. Teóricamente se podían redimir los billetes de banco por monedas de plata u oro presentándolos en ventanilla pero esa convertibilidad se fue abandonando gradualmente. En el siglo XIX la escasez de moneda era acuciante y obligó a autorizar emisiones de papel moneda. Una real orden de 3 de junio de 1833 por ejemplo autorizó al Banco Español de San Fernando a duplicar el importe de billetes en circulación, limitándolo a 12 millones de reales. El bimetalismo imperante en muchos sistemas monetarios a principios del siglo y que consistía en una tasa de cambio fijada por ley para cambiar moneda de plata por moneda de oro agravaba los problemas de escasez. Si la tasa de cambio del oro por la plata fijada por ley era de 15,5 a 1 pero en el mercado internacional la tasa era de 16 a 1 era un buen negocio comprar oro a la tasa oficial y venderlo fuera. La moneda de oro se acaparaba y solo circulaba la de plata, un ejemplo del funcionamiento de la Ley de Gresham. El bimetalismo se abandonó a finales del siglo XIX y se impuso el patrón oro.

A finales del siglo XIX el Reino Unido utilizaba un patrón oro pero las necesidades de financiar la primera Guerra Mundial obligaron a ese país a abandonarlo. La guerra provocó problemas de fugas de capitales y de balanza de pagos que debieron resolverse emitiendo papel moneda. Los demás países europeos no tardaron en seguir su ejemplo. Los intentos de reintroducirlo en el período de entreguerras duraron poco pues la Gran Depresión lo hizo insostenible. Muchos culpan al patrón oro de haber agravado las consecuencias de esa crisis económica.

Tras la Segunda Guerra Mundial el acuerdo de Bretton Woods introdujo una limitada convertibilidad del oro del dólar y de las demás monedas respecto al dólar. Los bancos centrales podían intercambiar sus reservas de dólares por oro a razón de $35 la onza. En los años 60 Francia decidió cambiar sus reservas de dólares generando tensiones con EE.UU. Finalmente Nixon decidió abandonar la convertibilidad internacional del dólar en 1971 en gran parte debido a los problemas derivados de financiar la Guerra de Vietnam y de hacer frente a un creciente déficit en la balanza comercial.
El abandono del patrón oro fue saludado por Keynes quien afirmó “nos hemos quitado un enorme peso de encima” pues “el comercio británico recibiría un estímulo mucho más importante de lo imaginable. Es una gran noticia para nuestros empresarios, fabricantes y desempleados que puedan saborear la esperanza de nuevo”.   Debemos sin duda celebrar que en nuestros tiempos se ha renunciado a esa bárbara reliquia del pasado. Hoy en día solo algunos sedicentes economistas liberales, profundamente reaccionarios, como el economista que asesora a Mariló Montero en TVE1, Juan Ramón Rallo, defienden la vuelta al patrón oro. Mariló Montero defiende el Toro de la Vega así que no debería sorprendernos su afición por difundir tradiciones bárbaras.

Circulación fiduciaria

Pero si la moneda no es convertible ¿por qué confía la gente en la moneda “de papel” creada por el estado? La respuesta tradicional es que los agentes “se fían” del estado, de allí procede el término “moneda fiduciaria”. Algunos recordarán que en los antiguos billetes de banco españoles aparecía la leyenda “El Banco de España pagará al portador… X pesetas”. Era un vestigio de cuando los billetes de banco eran convertibles en moneda metálica. Obviamente eso era una ficción desde hacía ya muchas décadas. Hoy en día un billete de 20 euros vale lo que dice el Banco Central Europeo que vale. Pero intrínsecamente nuestro dinero no vale nada. El dinero es simplemente un título que nos reconoce un derecho sobre futuros flujos de ingresos.

Si el dinero no vale nada ¿por qué no se deprecia hasta disolverse triturado en un proceso inflacionista? De hecho se han dado períodos de inflación muy elevada tras el abandono del patrón oro. La hiperinflación alemana del año 23 o la de algunos países latinoamericanos de los años 80 son célebres. Sin embargo los bancos centrales cuando están bien gestionados regulan el crecimiento de la oferta monetaria de forma moderada para asegurar el cumplimiento de un objetivo de inflación moderada.

Teoría monetaria moderna

Entender que el estado no solo regula la oferta monetaria sino que además crea el dinero tiene consecuencias potencialmente revolucionarias. Si el estado quisiera, podría acabar con el desempleo. ¿Cómo? Comprando los servicios y contratando los trabajadores que el sector privado no quiere adquirir. ¿Y cómo lo podría pagar? Con dinero que crea el estado. Las únicas restricciones a las que se enfrenta el estado son la inflación y los arreglos institucionales. Por ejemplo, el estado español no puede hacerlo pues hace más de 10 años renunció a su soberanía monetaria.

La teoría monetaria moderna o neochartalismo postula que, puesto que el estado crea el dinero, su capacidad de compra es ilimitada y además el estado nunca puede ser insolvente. Además los neochartalistas describen y explican los flujos y relaciones entre los balances de los distintos agentes económicos. He creado este blog para dar un repaso a la teoría monetaria moderna y divulgarla.

En España y Europa padecemos una tasa innecesariamente elevada de desempleo y sufrimiento para la población. Opino que las causas se derivan en gran parte de nuestras instituciones y políticas monetarias. La teoría monetaria moderna puede ayudar a quitarnos las legañas de los ojos y entender que otra política es posible. En las próximas entradas de este blog iré describiendo mis reflexiones sobre el neochartalismo y dando a conocer el trabajo de algunos de sus precursores y proponentes como Georg Friedrich Knapp, Alfred Mitchell-Innes, Hyman Minsky, Randall Wray o Wynne Godley.