Cita de Roosevelt
"Ningún país, sin importar su riqueza, puede permitirse el derroche de sus recursos humanos. La desmoralización causada por el desempleo masivo es nuestra mayor extravagancia. Moralmente es la mayor amenaza a nuestro orden social" (Franklin Delano Roosevelt)
"Ningún país, sin importar su riqueza, puede permitirse el derroche de sus recursos humanos. La desmoralización causada por el desempleo masivo es nuestra mayor extravagancia. Moralmente es la mayor amenaza a nuestro orden social" (Franklin Delano Roosevelt)
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martes, 25 de abril de 2017
martes, 21 de marzo de 2017
España debe abandonar el euro inmediatamente y recuperar su soberanía monetaria
Fuente: Elaboración propia a partir de datos publicados por el INE
Es innegable que se ha producido un crecimiento económico desde que la insensata política de austeridad radical que nos impusieron Bruselas y el BCE fue suavizada. Sin embargo observen que todavía en el cuarto trimestre de 2016 no habíamos superado el nivel de producción alcanzado en 2008. ¡Treinta y cuatro trimestres después la economía española sigue produciendo menos que al inicio de la crisis! Probablemente ésta es la recuperación económica posterior a una recesión más lenta que se haya observado desde la Guerra Civil. En la anterior crisis económica iniciada en el último trimestre de 1992 la economía recuperó su nivel de actividad previo en tan solo siete trimestres. Pese a todo el triunfalismo exhibido por las autoridades españolas lo cierto es que nos enfrentamos a un fenómeno sin precedentes que debería avergonzarnos. Cuando la Comisión Europea proclama el éxito de las políticas de austeridad lo sorprendente es que no haya más economistas denunciando tamaña tergiversación de los hechos.
Las consecuencias de esta larga crisis han sido letales para las familias. Nuestra tasa de desempleo, más propia de un estado fallido de África que de un país de la OCDE, sigue siendo de las más altas del mundo occidental. La tasa de desempleo juvenil, el colectivo más perjudicado por la crisis, sigue siendo superior al 42%, la más alta de Europa. Hemos perdido a una generación entera. Se han publicado abundantes datos que demuestran que muchas familias han descendido de clase social. Otro legado de la crisis es la tasa de desempleo de larga duración más elevada de Europa. Este fenómeno afecta sobre todo a ciudadanos mayores de 50 años. Entre los parados de larga duración de esa cohorte dos tercios llevan más de un año sin trabajar. Muchos no volverán a encontrar un empleo y por ello verán su nivel de vida reducido para siempre. A la pérdida permanente e irreversible de renta se añadirá la injuria de que se les reconocerá una pensión menor a la que habrían disfrutado de haber podido seguir trabajando. No es admisible ninguna complacencia ante la magnitud de la tragedia.
Fuente: elaboración propia a partir de datos publicados por Eurostat
Lamentablemente no nos encontramos solos. Es cierto que el proceso de financiarización puesto en marcha por el neoliberalismo desencadenó una crisis internacional sin precedentes cuyos daños han tardado en ser reparados. La lógica de la austeridad que se apoderó del pensamiento económico dominante ha impedido que los gobiernos actuasen con mayor determinación. Pero la mayoría de los países occidentales han superado ya el nivel de la producción que tenían antes de la crisis. Ése no es el caso de varios estados pertenecientes a la zona Euro (España, Italia, Portugal, Finlandia y Grecia) que siguen con un PIB en términos reales inferior al de 2007. El factor euro no es una coincidencia.
Cuando la economía española parece estar saliendo de la crisis muchos podrían pensar que es un mal momento para recomendar la recuperación de la soberanía monetaria. Sin embargo los argumentos en favor de la soberanía monetaria son muy contundentes.
En primer lugar es innegable que de haber tenido nuestra propia moneda en 2010 no habríamos sufrido el ataque de los mercados contra nuestra deuda soberana. Tampoco habría sido posible que el BCE y Bruselas hubiesen chantajeado a nuestro gobierno exigiendo la imposición de políticas de austeridad en el peor momento posible. Fuera de la unión monetaria, nuestra economía se habría recuperado de la crisis en 2011 o 2012. Es cierto que el BCE ahora compra nuestra deuda pública en los mercados, lo cual nos ha emancipado de ellos temporalmente. Sin embargo, estos programas de compra de deuda soberana son provisionales y además están condicionados al cumplimiento de objetivos de austeridad. Bruselas apremia a España para que siga reduciendo su déficit. Ni los tratados ni la ideología que domina en las instituciones europeas han cambiado ni lo harán.
El problema va más allá de las erradas políticas de austeridad que se impusieron desde Bruselas en 2010. Nos enfrentamos a un fallo estructural en el diseño de la moneda común europea. El tratado de Maastricht cercena la capacidad de actuación de los Estados ya que los priva del respaldo de un banco central y limita su capacidad de actuación ante una recesión. La moneda común también impide que un estado con dificultades causadas por su balanza comercial deprecie su moneda para recuperar parte de la competitividad perdida.
La catástrofe social que ha legado la crisis económica requiere de una respuesta decidida por parte del Estado. La adecuada es que el Estado incurra en un gasto fiscal deficitario probablemente superior al 8% sobre el PIB durante al menos dos o tres años. Esto es imposible dentro del rígido marco fiscal impuesto por los tratados europeos que nos impone una senda de reducción del déficit hasta que éste sea inferior al 3%.
El tiempo se agota
Tenemos que ser conscientes de que el tiempo se agota. Si no acometemos ahora un plan de crecimiento basado en un potente estímulo fiscal, nos apartaremos para siempre de la senda de crecimiento potencial del PIB que teníamos en 2007. Nos encontraremos con dos generaciones perdidas de jóvenes. Muchas personas han perdido toda esperanza de encontrar una oportunidad laboral. Esto implica que nunca podrán hacer realidad ninguna aspiración personal legítima: desarrollar una carrera, mantener una relación de pareja, emanciparse y establecer su propio hogar, tener hijos, llevar un nivel de vida materialmente digno, etc.
Existe otro problema más difícil de entrever a corto plazo. Seguir en la unión monetaria europea nos condena a ser un agente secundario en Europa limitado a ofrecer productos hortofrutícolas y servicios de hostelería a los más prósperos vecinos del norte. Se nos permitirá tener un pequeño tejido industrial en algunas zonas que han acertado a conservar lo que sobrevivió a la "reconversión" industrial de los 80 (en realidad un desmantelamiento en toda regla). Pero gran parte de este tejido fabril será auxiliar del aparato productivo de Alemania.
Necesitamos acometer una urgente modernización de nuestro sistema productivo. Solo un estado que cuente con la potestad de encauzar recursos reales cuantiosos hacia nuevas actividades industriales y tecnológicas puede conseguir una transformación real. Esto solo puede hacerlo un estado con capacidad de crear moneda fiduciaria, es decir, dotado de soberanía monetaria. La UE carece de una instancia federal con una visión transformadora de la periferia y capaz de movilizar los recursos hacia ese nuevo modelo económico.
Recientemente el Grexit ha retornado a los medios como tema candente ante la evidencia de que los rescates no sirven para sacar a Grecia de la depresión y de que necesitará un nuevo rescate para evitar el default. La situación de ese país es aún más dramática que la de España. Claramente Grecia se beneficiaría de una salida de la cárcel de deuda y la liberación de unos tratados que impiden a su gobierno iniciar una política fiscal expansiva. La falta de coraje del gobierno de Tsipras y una opinión pública temerosa de la reintroducción de una moneda nacional explica que aún no se haya producido este evento. Restableciendo la dracma, Grecia podría recuperar el crecimiento muy rápidamente, ya que un estado que disfruta de un monopolio de emisión de moneda puede comprar todo lo que se encuentre a la venta en su territorio. Es decir, el Gobierno griego tendría la capacidad de dar ocupación a todos los recursos ociosos en su país. La pregunta no es si Grecia saldrá de la zona euro sino cuándo.
España debería tomar nota pero al igual que en Grecia, nuestras élites están comprometidas con el proyecto europeo. Considero que el establishment español tiene un serio problema que va más allá de la negación de la realidad. Podríamos exculparlo pensando que las élites empresariales y políticas son incapaces de entender que el diseño de la moneda común ha sido erróneo. Pero lamentablemente la cuestión es más grave. Carecen de la sensibilidad humana necesaria para actuar con decisión en la reparación de los daños que ha causado la crisis a sus conciudadanos más desafortunados. Inquieta pensar que este establishment se comporta en realidad como las "élites compradoras" del antiguo imperio colonial portugués, cuyos intereses estaban mejor alineados con los de la metrópolis que con los de sus compatriotas. De otro modo, cuesta entender el enamoramiento de nuestro establishment con un proyecto europeo extremadamente peligroso para la estabilidad y el bienestar de nuestra sociedad. Nuestros dirigentes carecen totalmente de un proyecto de país que vaya más allá de repetir mecánicamente que la "solución es más Europa" sin explicar en qué consiste tal "solución".
Padecen de una seria ceguera sobre la naturaleza de nuestra relación con los socios europeos. Estos han demostrado la más absoluta insensibilidad hacia los sufrimientos causados a la población de los países periféricos. Su actitud es más propia de sociópatas que de los aliados que creen tener los dirigentes españoles. Ninguno de los países superavitarios ha asumido la necesidad de contribuir a nuestra rápida salida de la crisis con una política expansiva que redujera sus abultados superávit comerciales. Éstos fueron la contrapartida a nuestro endeudamiento externo y privado y su reducción habría facilitado la salida de la crisis en la periferia. Por supuesto, una transferencia de rentas está fuera de toda cuestión. Los países del núcleo duro europeo, apoyados partidariamente por las instituciones europeas, impusieron todos los costes de la salida de la crisis sobre nosotros y prefirieron rescatar a los grandes bancos alemanes y franceses que a los pueblos del sur. Estos países hegemónicos no están dispuestos a modificar los tratados para reparar los fallos de diseño del euro. Sin la existencia de un demos europeo y sin un gobierno federal capaz de abordar un proyecto ambicioso de transformación es ingenuo pensar que Europa resolverá nuestros problemas.
Las sociedades mediterráneas padecen de un bajo nivel de autoestima. Quizás por eso estamos encadenados a una relación patológica que recuerda a las de esas mujeres maltratadas que aún no han aceptado que su marido las tortura física y mentalmente. Urge que la sociedad española abra los ojos y entienda que somos nosotros los responsables de encontrar la solución más conveniente para nuestros problemas. Esto no es nacionalismo trasnochado, es sencillamente lo que hacen los estados escandinavos, como Suecia o Dinamarca, que se negaron a entrar en la unión monetaria porque pronosticaron, acertadamente, que exterminaría sus estados de bienestar. Sin titubear debemos recuperar el principal símbolo de identidad de un estado democrático y soberano: la moneda. No hay soberanía democrática sin soberanía monetaria. Regeneración democrática de nuestra política para someter a las oligarquías y soberanía monetaria son las dos caras de la misma moneda.
sábado, 10 de octubre de 2015
¿Y si salimos del euro? Aspectos operativos.
Recientemente desde la Asociación por el Pleno Empleo y la Estabilidad de Precios (APEEP) hemos preparado una ponencia que queríamos presentar en el Encuentro Internacional por la Salida del Euro celebrado en Barcelona los días 10 y 11 de octubre. No nos fue posible acudir por la imposibilidad de conseguir un billete de tren. No obstante, creo que tiene interés y por eso la comparto en mi blog.
Jorge Amar. Presidente
Stuart Medina. Vicepresidente
Hay gente que piensa que, si España abandona el euro, mañana la luz no se encendería al darle al interruptor. Sin embargo, tenemos mucha experiencia en el proceso de introducir una nueva moneda. ¿Recordamos que hace apenas tres lustros sustituimos la peseta por el euro? Ese proceso ocurrió sin incidentes. Volver a las divisas nacionales no tiene por qué ser tan complicado como nos quieren vender los partidarios del euro.
En los próximos párrafos abordamos únicamente el caso sencillo de una salida unilateral de la economía española. No nos ocupamos del caso de una disolución acordada de la moneda común ni el de una salida simultánea de varios países. Sin embargo creo que muchas de las soluciones serían válidas para todos los escenarios citados.
Por tanto, la introducción de una nueva moneda es algo tan sencillo como anunciar que, en adelante, todos los impuestos se pagarán en nuevas pesetas, reales, escudos, pesos, maravedíes o como quiera que se llame la nueva moneda.
Para evitar la toma de posiciones de los agentes, la salida se debe anunciar por sorpresa, con los bancos ya cerrados durante el fin de semana, y ser aprobada mediante una reunión de urgencia de las Cortes.
Los tratados europeos no contemplan ningún mecanismo de salida del euro porque los autores del tratado pretendían que la moneda común fuera irreversible. Nos queda el artículo 50 del TUE, que permite a un estado retirarse voluntariamente de la UE. Pero, si no queremos salir de la UE, debe plantearse como un acto de recuperación de soberanía. España debería agarrarse a dos tipos de argumentos jurídicos. En primer lugar, podría argüir que los tratados sobre la unión monetaria le causan unas dificultades económicas que tienen un coste insoportable. A la luz de las escandalosas tasas de desempleo, crecimiento de la pobreza y caídas de la producción creo que el argumento es incuestionable. En segundo lugar, podría alegar incumplimientos de los tratados por parte de un BCE, que no actuó a tiempo para asegurar la estabilidad financiera pues no evitó una masiva fuga de depósitos en 2011 y que se extralimitó en sus competencias al chantajear al gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero con la carta confidencial que le envió Jean Claude Trichet en 2010.
Se anunciará un tipo de cambio de paridad 1:1 con el euro para evitar el problema del redondeo. En adelante la nueva moneda fluctuará libremente. Empeñarse en mantener un tipo de cambio fijo en una economía con tendencia a incurrir en déficits comerciales solo puede hacerse con tipos de interés elevados y altas tasas de desempleo
En aplicación de la lex monetae se redenominará la deuda pública en la nueva moneda al tipo de cambio 1:1. Esto equivale a una reestructuración de deuda que, en lugar de colocar a los acreedores en contra de la posición del gobierno, como en el caso de que tuvieran que asumir una quita, les alinea para que, en la medida de sus posibilidades, actúen para sostener el tipo de cambio, ya que, a partir del mismo momento de la redenominación, pasará a ser flotante. Se puede pedir la apertura de una línea de swap de euros ilimitada y temporal al BCE para que éste, siendo acreedor de deuda pública nacional, en su interés de minimizar las perdidas por la redenominación, actué como freno a la depreciación de la nueva moneda con respecto al euro.
Se reclamaría al BCE la devolución de las aportaciones que se hicieron al capital inicial de esa entidad a prorrata de la participación del Banco de España en el actual.[1] El nuevo banco nacional se hará cargo de lo reintegrado. El nuevo banco central recapitalizará los bancos que lo necesiten con la nueva moneda y pondrá en marcha un sistema de compensación de pagos de forma inmediata.
Los depósitos bancarios no se redenominarán obligatoriamente en la nueva moneda para evitar tanto una gran oferta inicial de esta, como para que el ritmo de cambio sea decidido por los agentes privados a medida que la necesiten para pagar impuestos y realizar otras operaciones dentro del país. Sería conveniente que la introducción de la nueva moneda coincidiera con el inicio de una campaña de recaudación lo que incrementaría la demanda inicial de la misma. Los depósitos que voluntariamente se redenominen tendrán una cobertura por el fondo de garantía de depósitos del 100% en la nueva moneda. El resto de contratos bajo jurisdicción nacional se redenominarán en la nueva moneda.
El objetivo es impedir fugas de depósitos al extranjero de carácter especulativo que puedan obligar a recapitalizar los bancos. Pero no es necesario cerrar los bancos ni establecer un “corralito”. El resto de las transacciones bancarias deben seguir realizándose con total normalidad.
Los aspectos operativos anteriormente citados pueden entrar en conflicto con la legislación europea en cuanto a los siguientes asuntos:
A) Al declarar que el Estado solo aceptará y realizará pagos en la nueva moneda ¿el euro dejará de tener la consideración de moneda de curso legal siendo la nueva la que ostente ese estatus de forma exclusiva? Según los tratados de la UE “Los billetes de banco emitidos por el BCE y los bancos centrales nacionales serán los únicos billetes de banco de curso legal dentro de la Unión”. Si bien está claro que el estado puede imponer que todos los pagos y cobros se realicen en su moneda, ¿plantearía problemas en los pagos entre los agentes privados en el interior?
B) Los poderes sobre política monetaria que conceden los tratados y el estatuto del BCE dejarían de tener efecto sobre el territorio nacional en el momento de la introducción de la nueva moneda aunque no haya una previa declaración de salida del euro. ¿Qué efectos, tanto legales como políticos, tendrían siempre que el euro siga existiendo tras la salida? Sin procedimiento regulado de salida de la eurozona, ¿es posible y legal que el BCE ponga inconvenientes a la recuperación del capital inicial del BCE y las reservas en divisas que en su día se aportaron? Siendo razonable desde el punto de vista económico que el BCE facilitara una línea swap al nuevo banco emisor puede que se negara desde el punto de vista político (ya hemos presenciado este tipo de comportamiento con los rescates a Irlanda Grecia Portugal etc...).
C) En el caso de que la salida se hiciera en contra de los deseos de los restantes miembros de la eurozona ¿qué medidas de represalia política podrían darse durante el proceso aparte de los mencionados desde el BCE, como por ejemplo sobre la unión aduanera o la supresión de controles en frontera?
La amenaza de una hiperinflación es un espantajo agitado frecuentemente por los partidarios del euro. Pero, el factor que determina si hay inflación es que la demanda agregada supere la capacidad de producción real de la economía. Con una tasa de desempleo del 23% y con un índice de producción industrial que todavía se encuentra al 80% del nivel de 2006 es más que dudoso que la economía no tuviera capacidad real para atender un crecimiento de la demanda. Si empezamos a tener problemas de inflación es que la salida del euro ha sido exitosa en acabar con el desempleo.
En segundo lugar, hay que ser consciente de que la moneda es un monopolio del estado. Todo monopolista tiene la potestad de fijar el precio. Por tanto, si se aplican políticas de gasto no inflacionistas no tiene por qué haber inflación. Para evitar la inflación basta con tener un buen sistema tributario que drene liquidez excesiva sobre todo si nos encontramos cerca del pleno empleo. El estado puede además favorecer procesos de compra pública que favorezcan menos a los grandes oligopolios (el capitalismo de amiguetes con sus sobrecostes de la corrupción).
Si, como pensamos, la nueva moneda no tiene por qué devaluarse significativamente, tampoco debemos esperar que se produzca un proceso de importación de inflación por un encarecimiento de las importaciones. En todo caso, este impacto en los precios, de producirse, sería un shock único que, con una adecuada gestión, no tiene por qué prolongarse en el tiempo.
Disponemos de una Fábrica Nacional de Moneda y Timbre que puede fabricar monedas y billetes. En la página web del BCE se cuenta que antes de la introducción del euro había 15 imprentas produciendo mil millones de billetes al mes. Por tanto una imprenta podría imprimir 67 millones en un mes. El Banco de España dice en su página web que la producción de billetes requerida en España para el lanzamiento del euro fue de 1.924 millones repartidos entre las siete denominaciones (5 €, 10 €, 20 €, 50 €, 100 €, 200 € y 500 €). Al ritmo citado de 67 millones al mes tardaríamos 28 meses en conseguir los billetes necesarios.
El problema de la falta de metálico puede ser menos grave de lo que parece. El porcentaje de dinero físico sobre la masa monetaria total hoy en día es pequeño, inferior al 8% de la magnitud M2. Un estudio de abril de 2011 del BCE halló que, en cerca del 70% de las empresas de la eurozona, las transacciones en efectivo representaban menos del 5% de su facturación. Además ya existe una limitación de pagos en efectivo de 2.500 € por transacción.
El inconveniente de la falta de monedas y billetes es fácil de resolver con soluciones tecnológicas. Es posible hacer pagos de bajo importe mediante transacciones electrónicas, aplicaciones de pago on-line, monederos electrónicos y aplicaciones para teléfonos móviles.
El mayor problema es el uso de monedas y billetes para las máquinas expendedoras, algunas de las cuales recaudan para empresas públicas o concesionarias (autopistas, transportes por ferrocarril etc…). Es necesario preparar un plan de contingencia para atender los problemas que se planteen y dirigir el diseño de los billetes y monedas de manera que sea solo un cambio de software para continuar funcionando y no obligar a un cambio de hardware en todas estas máquinas. Hasta que las nuevas monedas y billetes entren en circulación habría que permitir el uso de los euros al cambio oficial asumiendo el riesgo de que sean acaparados y desaparezcan de la circulación.
Las empresas han obtenido préstamos por valor de 292 mil millones € de no residentes. Dada la escasa internacionalización de la mayoría de las empresas españolas, entendemos que la mayor parte de este saldo lo adeudan grandes empresas (las del IBEX35). Algunas empresas han financiado su expansión internacional con préstamos y emisiones de deuda. Presumiblemente, una gran parte de esos préstamos se destinaron a inversiones reales en otros países y otros activos financieros. No conocemos qué porcentaje de esta deuda está sometida a ley extranjera. Sin embargo, para empresas muy internacionalizadas, como el Grupo Santander o Telefónica, el mercado español representa un porcentaje pequeño de su facturación. El problema para ellas es, por tanto, una cuestión de gestión de riesgos de cambio y de tipos de interés, pero su negocio es lo suficientemente internacional como para que puedan hacerse con las divisas que necesitan con las que atender el servicio de los préstamos denominados en moneda extranjera. En el peor de los casos algunas empresas deberán deshacerse de sus inversiones internacionales vendiendo sus filiales en Alemania o América Latina a sus competidores.
Al día siguiente de la salida de España del euro se plantearán numerosos problemas jurídicos y logísticos que tendremos que resolver. Pero no existen razones para pensar que se producirían alteraciones macroeconómicas inmanejables. Un célebre estudio publicado por Andrew Rose, en el que repasaba 69 rupturas de uniones monetarias producidas desde la Segunda Guerra Mundial, reveló que los países que han abandonado uniones monetarias suelen ser mayores, más ricos y más democráticos que los que han continuado dentro de esos infelices matrimonios monetarios. A este hallazgo hay que añadir que, aunque Andrew Rose encuentra una mayor tasa de inflación en aquéllos, en general no se produjeron graves perturbaciones macroeconómicas ni antes, ni durante, ni después del abandono.
No hay crisis financiera que no pueda remediar una expansión fiscal lo bastante amplia. Proponemos salir del euro para poder realizar el ajuste fiscal que los tratados europeos impiden realizar. Si salimos del euro y seguimos aplicando políticas de austeridad, este esfuerzo habrá sido baldío. La creación de una nueva moneda, abre un abanico de posibilidades, entre otras, establecer un programa de garantía de empleo y financiar desde el estado una transformación del modelo productivo gracias a la creación de un potente sector académico y un sistema de investigación de primer orden.
http://apeep-tmm.tumblr.com/
Contacto: infoapeep@googlegroups.com
Nota: Agradecemos a Warren Mosler, que recientemente nos visitó, que compartiera con nosotros algunas ideas prácticas. Para aquéllos que estén interesados, la siguiente imagen de una transparencia suya, puede ser de utilidad para entender cómo plantea el problema.
Jorge Amar. Presidente
Stuart Medina. Vicepresidente
Introducción
La organización de un proceso de ruptura monetaria tiene cierta complejidad operativa, en primer lugar porque hay una serie de cuestiones jurídicas y legales a las que hay que atender y, en segundo lugar, porque genera temores a devaluaciones de la moneda, procesos inflacionistas, quiebras y defaults, etc…Hay gente que piensa que, si España abandona el euro, mañana la luz no se encendería al darle al interruptor. Sin embargo, tenemos mucha experiencia en el proceso de introducir una nueva moneda. ¿Recordamos que hace apenas tres lustros sustituimos la peseta por el euro? Ese proceso ocurrió sin incidentes. Volver a las divisas nacionales no tiene por qué ser tan complicado como nos quieren vender los partidarios del euro.
En los próximos párrafos abordamos únicamente el caso sencillo de una salida unilateral de la economía española. No nos ocupamos del caso de una disolución acordada de la moneda común ni el de una salida simultánea de varios países. Sin embargo creo que muchas de las soluciones serían válidas para todos los escenarios citados.
1º Introducción de la nueva moneda
La moneda que emite el estado no es más que un crédito fiscal. La gente demanda la moneda del estado porque sirve para pagar los impuestos que impone el estado. El gasto público pone la moneda en manos del público. Los impuestos sirven para retirar la moneda y son el mecanismo que le da valor a la moneda. Este es el funcionamiento de un sistema de circulación fiduciaria.Por tanto, la introducción de una nueva moneda es algo tan sencillo como anunciar que, en adelante, todos los impuestos se pagarán en nuevas pesetas, reales, escudos, pesos, maravedíes o como quiera que se llame la nueva moneda.
Para evitar la toma de posiciones de los agentes, la salida se debe anunciar por sorpresa, con los bancos ya cerrados durante el fin de semana, y ser aprobada mediante una reunión de urgencia de las Cortes.
Los tratados europeos no contemplan ningún mecanismo de salida del euro porque los autores del tratado pretendían que la moneda común fuera irreversible. Nos queda el artículo 50 del TUE, que permite a un estado retirarse voluntariamente de la UE. Pero, si no queremos salir de la UE, debe plantearse como un acto de recuperación de soberanía. España debería agarrarse a dos tipos de argumentos jurídicos. En primer lugar, podría argüir que los tratados sobre la unión monetaria le causan unas dificultades económicas que tienen un coste insoportable. A la luz de las escandalosas tasas de desempleo, crecimiento de la pobreza y caídas de la producción creo que el argumento es incuestionable. En segundo lugar, podría alegar incumplimientos de los tratados por parte de un BCE, que no actuó a tiempo para asegurar la estabilidad financiera pues no evitó una masiva fuga de depósitos en 2011 y que se extralimitó en sus competencias al chantajear al gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero con la carta confidencial que le envió Jean Claude Trichet en 2010.
2º Tipo de cambio fluctuante
Se anunciará un tipo de cambio de paridad 1:1 con el euro para evitar el problema del redondeo. En adelante la nueva moneda fluctuará libremente. Empeñarse en mantener un tipo de cambio fijo en una economía con tendencia a incurrir en déficits comerciales solo puede hacerse con tipos de interés elevados y altas tasas de desempleo
3º Tratamiento de la deuda pública
En aplicación de la lex monetae se redenominará la deuda pública en la nueva moneda al tipo de cambio 1:1. Esto equivale a una reestructuración de deuda que, en lugar de colocar a los acreedores en contra de la posición del gobierno, como en el caso de que tuvieran que asumir una quita, les alinea para que, en la medida de sus posibilidades, actúen para sostener el tipo de cambio, ya que, a partir del mismo momento de la redenominación, pasará a ser flotante. Se puede pedir la apertura de una línea de swap de euros ilimitada y temporal al BCE para que éste, siendo acreedor de deuda pública nacional, en su interés de minimizar las perdidas por la redenominación, actué como freno a la depreciación de la nueva moneda con respecto al euro.
4º Restablecimiento del Banco de España como banco emisor nacional de la nueva moneda
Se reclamaría al BCE la devolución de las aportaciones que se hicieron al capital inicial de esa entidad a prorrata de la participación del Banco de España en el actual.[1] El nuevo banco nacional se hará cargo de lo reintegrado. El nuevo banco central recapitalizará los bancos que lo necesiten con la nueva moneda y pondrá en marcha un sistema de compensación de pagos de forma inmediata.
5º No se obligará a los ciudadanos a convertir sus depósitos en euros a la nueva moneda
Los depósitos bancarios no se redenominarán obligatoriamente en la nueva moneda para evitar tanto una gran oferta inicial de esta, como para que el ritmo de cambio sea decidido por los agentes privados a medida que la necesiten para pagar impuestos y realizar otras operaciones dentro del país. Sería conveniente que la introducción de la nueva moneda coincidiera con el inicio de una campaña de recaudación lo que incrementaría la demanda inicial de la misma. Los depósitos que voluntariamente se redenominen tendrán una cobertura por el fondo de garantía de depósitos del 100% en la nueva moneda. El resto de contratos bajo jurisdicción nacional se redenominarán en la nueva moneda.
6º Se establecerán controles de capitales y control de cambios de manera transitoria
El objetivo es impedir fugas de depósitos al extranjero de carácter especulativo que puedan obligar a recapitalizar los bancos. Pero no es necesario cerrar los bancos ni establecer un “corralito”. El resto de las transacciones bancarias deben seguir realizándose con total normalidad.
7º Aspectos jurídicos
Los aspectos operativos anteriormente citados pueden entrar en conflicto con la legislación europea en cuanto a los siguientes asuntos:
A) Al declarar que el Estado solo aceptará y realizará pagos en la nueva moneda ¿el euro dejará de tener la consideración de moneda de curso legal siendo la nueva la que ostente ese estatus de forma exclusiva? Según los tratados de la UE “Los billetes de banco emitidos por el BCE y los bancos centrales nacionales serán los únicos billetes de banco de curso legal dentro de la Unión”. Si bien está claro que el estado puede imponer que todos los pagos y cobros se realicen en su moneda, ¿plantearía problemas en los pagos entre los agentes privados en el interior?
B) Los poderes sobre política monetaria que conceden los tratados y el estatuto del BCE dejarían de tener efecto sobre el territorio nacional en el momento de la introducción de la nueva moneda aunque no haya una previa declaración de salida del euro. ¿Qué efectos, tanto legales como políticos, tendrían siempre que el euro siga existiendo tras la salida? Sin procedimiento regulado de salida de la eurozona, ¿es posible y legal que el BCE ponga inconvenientes a la recuperación del capital inicial del BCE y las reservas en divisas que en su día se aportaron? Siendo razonable desde el punto de vista económico que el BCE facilitara una línea swap al nuevo banco emisor puede que se negara desde el punto de vista político (ya hemos presenciado este tipo de comportamiento con los rescates a Irlanda Grecia Portugal etc...).
C) En el caso de que la salida se hiciera en contra de los deseos de los restantes miembros de la eurozona ¿qué medidas de represalia política podrían darse durante el proceso aparte de los mencionados desde el BCE, como por ejemplo sobre la unión aduanera o la supresión de controles en frontera?
8º Estabilidad de precios
La amenaza de una hiperinflación es un espantajo agitado frecuentemente por los partidarios del euro. Pero, el factor que determina si hay inflación es que la demanda agregada supere la capacidad de producción real de la economía. Con una tasa de desempleo del 23% y con un índice de producción industrial que todavía se encuentra al 80% del nivel de 2006 es más que dudoso que la economía no tuviera capacidad real para atender un crecimiento de la demanda. Si empezamos a tener problemas de inflación es que la salida del euro ha sido exitosa en acabar con el desempleo.
En segundo lugar, hay que ser consciente de que la moneda es un monopolio del estado. Todo monopolista tiene la potestad de fijar el precio. Por tanto, si se aplican políticas de gasto no inflacionistas no tiene por qué haber inflación. Para evitar la inflación basta con tener un buen sistema tributario que drene liquidez excesiva sobre todo si nos encontramos cerca del pleno empleo. El estado puede además favorecer procesos de compra pública que favorezcan menos a los grandes oligopolios (el capitalismo de amiguetes con sus sobrecostes de la corrupción).
Si, como pensamos, la nueva moneda no tiene por qué devaluarse significativamente, tampoco debemos esperar que se produzca un proceso de importación de inflación por un encarecimiento de las importaciones. En todo caso, este impacto en los precios, de producirse, sería un shock único que, con una adecuada gestión, no tiene por qué prolongarse en el tiempo.
9º Emisión de nuevas monedas y billetes
Disponemos de una Fábrica Nacional de Moneda y Timbre que puede fabricar monedas y billetes. En la página web del BCE se cuenta que antes de la introducción del euro había 15 imprentas produciendo mil millones de billetes al mes. Por tanto una imprenta podría imprimir 67 millones en un mes. El Banco de España dice en su página web que la producción de billetes requerida en España para el lanzamiento del euro fue de 1.924 millones repartidos entre las siete denominaciones (5 €, 10 €, 20 €, 50 €, 100 €, 200 € y 500 €). Al ritmo citado de 67 millones al mes tardaríamos 28 meses en conseguir los billetes necesarios.
El problema de la falta de metálico puede ser menos grave de lo que parece. El porcentaje de dinero físico sobre la masa monetaria total hoy en día es pequeño, inferior al 8% de la magnitud M2. Un estudio de abril de 2011 del BCE halló que, en cerca del 70% de las empresas de la eurozona, las transacciones en efectivo representaban menos del 5% de su facturación. Además ya existe una limitación de pagos en efectivo de 2.500 € por transacción.
El inconveniente de la falta de monedas y billetes es fácil de resolver con soluciones tecnológicas. Es posible hacer pagos de bajo importe mediante transacciones electrónicas, aplicaciones de pago on-line, monederos electrónicos y aplicaciones para teléfonos móviles.
El mayor problema es el uso de monedas y billetes para las máquinas expendedoras, algunas de las cuales recaudan para empresas públicas o concesionarias (autopistas, transportes por ferrocarril etc…). Es necesario preparar un plan de contingencia para atender los problemas que se planteen y dirigir el diseño de los billetes y monedas de manera que sea solo un cambio de software para continuar funcionando y no obligar a un cambio de hardware en todas estas máquinas. Hasta que las nuevas monedas y billetes entren en circulación habría que permitir el uso de los euros al cambio oficial asumiendo el riesgo de que sean acaparados y desaparezcan de la circulación.
10º Deuda del sector privado
Las empresas han obtenido préstamos por valor de 292 mil millones € de no residentes. Dada la escasa internacionalización de la mayoría de las empresas españolas, entendemos que la mayor parte de este saldo lo adeudan grandes empresas (las del IBEX35). Algunas empresas han financiado su expansión internacional con préstamos y emisiones de deuda. Presumiblemente, una gran parte de esos préstamos se destinaron a inversiones reales en otros países y otros activos financieros. No conocemos qué porcentaje de esta deuda está sometida a ley extranjera. Sin embargo, para empresas muy internacionalizadas, como el Grupo Santander o Telefónica, el mercado español representa un porcentaje pequeño de su facturación. El problema para ellas es, por tanto, una cuestión de gestión de riesgos de cambio y de tipos de interés, pero su negocio es lo suficientemente internacional como para que puedan hacerse con las divisas que necesitan con las que atender el servicio de los préstamos denominados en moneda extranjera. En el peor de los casos algunas empresas deberán deshacerse de sus inversiones internacionales vendiendo sus filiales en Alemania o América Latina a sus competidores.
Conclusiones
Al día siguiente de la salida de España del euro se plantearán numerosos problemas jurídicos y logísticos que tendremos que resolver. Pero no existen razones para pensar que se producirían alteraciones macroeconómicas inmanejables. Un célebre estudio publicado por Andrew Rose, en el que repasaba 69 rupturas de uniones monetarias producidas desde la Segunda Guerra Mundial, reveló que los países que han abandonado uniones monetarias suelen ser mayores, más ricos y más democráticos que los que han continuado dentro de esos infelices matrimonios monetarios. A este hallazgo hay que añadir que, aunque Andrew Rose encuentra una mayor tasa de inflación en aquéllos, en general no se produjeron graves perturbaciones macroeconómicas ni antes, ni durante, ni después del abandono.
No hay crisis financiera que no pueda remediar una expansión fiscal lo bastante amplia. Proponemos salir del euro para poder realizar el ajuste fiscal que los tratados europeos impiden realizar. Si salimos del euro y seguimos aplicando políticas de austeridad, este esfuerzo habrá sido baldío. La creación de una nueva moneda, abre un abanico de posibilidades, entre otras, establecer un programa de garantía de empleo y financiar desde el estado una transformación del modelo productivo gracias a la creación de un potente sector académico y un sistema de investigación de primer orden.
Para mayor información:
http://apeep-tmm.tumblr.com/
Contacto: infoapeep@googlegroups.com
Nota: Agradecemos a Warren Mosler, que recientemente nos visitó, que compartiera con nosotros algunas ideas prácticas. Para aquéllos que estén interesados, la siguiente imagen de una transparencia suya, puede ser de utilidad para entender cómo plantea el problema.
[1] El Banco de España tiene una
participación del 8,84% en el capital de la entidad y, por tanto, los restantes
socios deberían pagar al menos 1.984 millones € para sacarlo del accionariado.
Además el BCE tendría que devolver unas reservas que fueron aportadas por el
Banco de España por valor de 5.123 millones €
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