Cita de Roosevelt

"Ningún país, sin importar su riqueza, puede permitirse el derroche de sus recursos humanos. La desmoralización causada por el desempleo masivo es nuestra mayor extravagancia. Moralmente es la mayor amenaza a nuestro orden social" (Franklin Delano Roosevelt)

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domingo, 24 de septiembre de 2017

RECUPERAR EL ESTADO: LO QUE NINGÚN IZQUIERDISTA DEBERÍA PERDERSE


LUGAR: ECOO, C/Escuadra 11, Madrid
FECHA: 28 DE SEPTIEMBRE DE 2017
HORA: 18:30



La crisis del orden neoliberal ha resucitado una idea política que se creía que estaba destinada a la basura de la historia. El Brexit, la elección de Donald Trump, y la reacción neonacionalista, anti-globalización y antiestablishment que se han apoderado de Occidente revelan el anhelo por una reliquia del pasado: la soberanía nacional.


En respuesta a este desafío contemporáneo, el economista William Mitchell y el politólogo Thomas Fazi reconceptualizan el estado nacional como un vehículo para el cambio progresista. Nos muestran cómo, a pesar de los estragos del neoliberalismo, el estado todavía detenta los recursos necesarios para el control democrático de la economía y las finanzas de una nación. El giro populista ofrece una apertura para desarrollar una ambiciosa pero viable estrategia política de izquierda.


RECUPERAR EL ESTADO ofrece un análisis político urgente, provocativo y clarividente de nuestra situación actual, y presenta una estrategia integral para revitalizar la economía progresista en el siglo XXI.
WILLIAM MITCHELL

es Profesor de Economía y Director del Centro de Empleo y Equidad en la Universidad de Newcastle, Australia. Es autor de varios libros como La Distopia del Euro (Lola Books, 2016) y Reclaiming the State (Pluto, 2017). Se le considera como uno de los principales economistas heterodoxos y sus ideas han sido adoptadas por el Partido Laborista.

THOMAS Fazi

es escritor, periodista, traductor e investigador. Sus artículos han aparecido en numerosas publicaciones. Es el autor de The Battle for Europe (Plutón, 2014) y coauthor de Reclaiming the State (Pluto, 2017).

domingo, 8 de mayo de 2016

El economista australiano Bill Mitchell visita España

07 de mayo de 2016
Bill Mitchell, uno de los principales proponentes de la Teoría Monetaria Moderna (TMM), está realizando una gira por varias capitales españolas para presentar la versión en castellano de su libro, la Distopía del Euro: Pensamiento Gregario y Negación. El libro ha sido publicado en España por la editorial Lola Books fundada por el compañero de la Asociación por el Pleno Empleo y la Estabilidad de Precios (APEEP), Carlos García.

Esta obra describe con erudición el proceso que llevó a la integración monetaria europea a partir de la crisis del sistema fundado en Bretton Woods. Repasa los sucesivos intentos de crear mecanismos de tipos de cambio fijos que siempre acabaron fracasando. Mitchell describe cómo el proceso de integración monetaria, marcado por la intensa rivalidad franco alemana, fue evolucionando gradualmente desde un proyecto de inspiración keynesiana a otro monetarista. Los primeros estudios encargados por las Comunidades Económicas Europeas, recogidos en los informes Werner (1970) y McDougall (1977), consideraban que una unión monetaria sin unión fiscal no era viable. Sin embargo, el proyecto europeo se enfrentaba a la realidad de que los franceses no estaban dispuestos a renunciar a su soberanía fiscal y los alemanes tenían serias reticencias a renunciar a su moneda pues desconfiaban de los países del sur. Bajo la Comisión Delors, se ignoraron las conclusiones de los primeros informes y se propuso una unión monetaria sin unión fiscal. El desprecio de la función fiscal es uno de los rasgos más característicos del monetarismo. Los estados conservarían su poder fiscal y, para aplacar las inquietudes alemanas, se impusieron unas arbitrarias reglas fiscales que de facto incapacitarían a los estados para responder a una crisis. Mitchell analiza la senda que llevó a la crisis financiera global agudizada en la periferia europea por el fallido diseño de la moneda común y la inicua respuesta de la troika —la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Europeo— ante la crisis de deuda griega. Mitchell plantea tres soluciones a la situación de la zona euro: crear una unión fiscal plena, financiación monetaria directa del BCE a los estados o ruptura de la unión monetaria y concluye que solo ésta última es viable. El editor español ha reordenado los capítulos de forma que el lector se encuentra al principio del libro con las soluciones.


Bill Mitchell en la Universidad de Badajoz acompañado de activistas de la APEEP, profesores y estudiantes.

Bill Mitchell ha realizado sendas charlas en la sede del Club de Amigos de la UNESCO de Madrid (CAUM) y en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Badajoz donde fue presentado al público por representantes de la APEEP. En el acto de Madrid participó también el economista Eduardo Garzón. Estaba prevista también la participación de su hermano Alberto Garzón, dirigente de Unidad Popular, pero se interpuso el proceso de confluencia de su partido con PODEMOS para configurar una única candidatura de la izquierda que concurrirá a las elecciones de junio. En la Universidad de Badajoz el acto contó con las intervenciones del miembro de APEEP Esteban Cruz y del profesor José Manual Parejo, profesor de Historia del Pensamiento Económico.

Mitchell viaja ahora a Barcelona donde será presentado por Antoni Soy, profesor de Economía Aplicada de la Universitat de Barcelona. La siguiente parada es Valencia donde lo acompañarán Jorge Amar, presidente de la APEEP y Raúl de Arriba, profesor en la Facultad de Economía de la Universitat de València. Los madrileños tendrán una última oportunidad de conocer al autor en un acto en la sede de Attac España acompañado de Ricardo Zaldívar, presidente de Attac España, y Juan Laborda, profesor de Economía de la Universidad Carlos III de Madrid.

En las presentaciones que realizó en Madrid y Badajoz Mitchell describe cómo en la élite europea se impuso una forma de pensamiento gregario impregnado de ideología neoliberal. Desmonta el mito tan querido por los neoliberales de que la austeridad puede producir crecimiento. Antes al contrario, la austeridad fiscal en una situación de caída del gasto privado solo puede resultar en una profundización de la recesión. Mitchell demuestra que ha sido la política fiscal expansiva del gobierno de Madrid, consentida hipócritamente por la Comisión Europea, la que explica el crecimiento del PIB a partir de 2013.

A continuación narra cómo el triunfo ideológico del monetarismo a partir de los años 70 del siglo pasado llevó al abandono de las políticas de pleno empleo ya que el desempleo pasó a ser una herramienta de la política macroeconómica al servicio de la redistribución de las rentas del trabajo al capital. El autor explicó como el BCE salvó al euro gracias a su programa de compra de títulos de deuda emitidos por los estados de la periferia europea. Sin embargo, las restricciones al espacio fiscal de los estados impiden una reactivación decidida de nuestras economías. Si bien una unión fiscal plena, con una instancia federal capaz de ejecutar decisiones de gasto que compensaran las caídas de la demanda privada en los territorios de la zona euro afectadas por un shock asimétrico, sería una solución teóricamente deseable y posible, considera que ésta no es viable en la Europa actual. Existen rivalidades nacionales, barreras idiomáticas y diferencias culturales que impiden hacer realidad esta opción. Por eso considera que la solución para estados como España es realizar una salida unilateral del euro. Aunque la salida tiene costes, el crecimiento económico se recuperaría muy rápidamente.

Desde sus primeras formulaciones monetaristas engendradas en guaridas académicas hasta el triunfo ideológico del paradigma neoliberal a lomos de la crisis petrolera pasaron tres décadas. El neoliberalismo ha agotado su recorrido al causar una grave crisis que ha erosionado la cohesión de nuestras sociedades. La TMM está formulando la respuesta urgente para reparar los daños que ha causado a nuestra sociedad. Lenta pero inexorablemente el mensaje de la TMM está calando en una sociedad castigada por la crisis que necesita otro paradigma.



viernes, 5 de junio de 2015

Los lunes al Sol (IV)

Las uniones monetarias europeas: la contumacia en el error

Post conjunto de Stuart Medina y Miguel Navascués

6 de junio de 2015.

El reciente libro de Mitchell, “Eurozone Dystopia. Group Think and Denial on a Grand Scale” describe con gran erudición los sucesivos intentos de los países europeos de establecer regímenes cambiarios desde los años 70. Todos estos sistemas eran propensos a la inestabilidad porque no contemplaban mecanismos que compensaran los desequilibrios que acumulaban los países con balanzas comerciales deficitarias. Reiteradamente los países más débiles se encontraban con fuertes presiones devaluatorias de su moneda.

Como explicamos en el post anterior, para defender sus tipos de cambio, los bancos centrales debían contar con reservas de moneda extranjera. Pero al agotarse estas reservas, los bancos centrales se veían obligados a subir los tipos de interés para evitar la fuga de capitales y aplicar políticas de austeridad que limitaran las demandas y las importaciones. Estas políticas enfriaban la economía y provocaban aumentos de desempleo por lo que generaban inestabilidad política y conflictividad social. En cambio los países superavitarios (normalmente Alemania, Holanda) podían evitar la apreciación de su moneda vendiendo la propia y acumular reservas de moneda extranjera o bajando sus tipos de interés. Sin embargo los bancos centrales de estos países temían las consecuencias inflacionistas para sus economías de estas medidas. Para el BundesBank la prioridad absoluta fue siempre la estabilidad de precios. Por eso los países superavitarios frecuentemente dejaron que cada palo aguantara su vela y no intervinieron para mantener las cotizaciones de las monedas de sus socios.

Debido a las tensiones cambiarias, las devaluaciones fueron frecuentes en los sistemas monetarios europeos convirtiendo el compromiso de mantener el tipo de cambio fijo en papel mojado. Las tensiones produjeron también repetidas salidas y realineaciones de las paridades en los sucesivos sistemas monetarios. Los problemas de estos sistemas monetarios se derivaban en parte de la asimetría que suponía que los países deficitarios tenían que soportar la carga del ajuste (subidas de tipos de interés, políticas de rigor presupuestario). Alemania hizo lo posible por vaciar de contenido las instituciones y reglas que hubieran permitido el desarrollo de un sistema más simétrico. Por ejemplo se negó a la creación de fondos que hubieran podido prestar fondos a los países en dificultades. Alemania no estaba dispuesta a facilitar financiación a países “derrochones”.

El primer experimento fue la “serpiente monetaria dentro del túnel” que se instituyó por el Acuerdo de Basilea de 1972. Permitía una fluctuación máxima de las paridades del 2,25 % y una fluctuación máxima del 4,5% respecto del dólar USA. La serpiente no duró mucho y no tardó en desmontarse ante los reiterados ataques especulativos. El déficit comercial de EE.UU. y los superávit de Japón y Alemania provocaron reiterados ataques especulativos. Primero abandonó el la libra esterlina. En 1973 la Banca d’Italia tuvo que dejar flotar la lira italiana. Los esfuerzos de los bancos centrales de Japón y Alemania no resultaron efectivos y finalmente el dólar se devaluó un 10% y también se dejó que el yen japonés flotara libremente. Tras la Guerra árabe-israelí y el embargo petrolero, Francia trató de mantenerse dentro del sistema con varias entradas y salidas hasta que en 1976 se vio obligada a abandonarlo definitivamente.

No contentos con haber comprobado el fracaso de esta primera unión monetaria. A finales de los años 70, bajo los mandatos de Giscard d’Estaing en Francia y Schmidt en Alemania, se acordó crear el Sistema Monetario Europeo (SME) con el ECU como cesta de divisas de referencia. Además se creaba una línea de Financiación a Muy Corto Plazo (Very Short Term Financing o VSTF) gestinado por el Fondo Monetario de Cooperación Europeo.

El compromiso por mantener las paridades convirtió a los países deficitarios de nuevo en pasto de los especuladores. Algunos lectores recordarán como en 1992 la libra esterlina fue objeto de un ataque orquestado por George Soros. Alemania echó leña al fuego subiendo sus tipos de interés para controlar los riesgos inflacionistas derivados de la absorción de la antigua RDA. Mitchell recoge un incidente narrado por Whitney, (1992) y Mallaby (2010) durante una cumbre de septiembre de 1992. Norman Lamont, el ministro de Hacienda británico, golpeaba con el puño la mesa y gritaba al presidente del Bundesbank, Helmut Schlesinger. «Aquí hay doce ministros sentados en esta mesa reclamándole que bajen sus tipos de interés. ¿Por qué no lo hace?».  Italia negoció una devaluación de la lira. El Banco de Inglaterra luchó desesperadamente por mantener el tipo de cambio de la libra esterlina. El 16 de septiembre de 1992, el célebre “miércoles negro”, tras comprar 1.000  millones de libras (esfuerzo fútil frente a los billones que simultáneamente vendía Soros), subió el  tipo de interés primero al 12% y al 15% al día siguiente.  Esa tarde el Reino Unido abandonó el SME y al día siguiente lo hacía Italia. España devaluó la peseta un 5% y de nuevo se vio forzada a hacerlo en 1993. 

El SME empezó a cuestionarse cuando Francia decidió hacer un referéndum sobre el tratado de Maastricht en 1992. El resultado fue positivo, pero tan apretado que los mercados pusieron en duda que todos los paises estuvieran calurosamente a favor. A su vez, el Tratado de Maastricht fue el intento de Francia de "sujetar" a una Alemania unificada, algo que Francia no deseaba de su enemigo histórico. El acuerdo pactado fue que a Alemania se le permitía unificarse si "se sometía" al euro...

Todas las monedas fueron atacadas y vencidas, salvo el franco francés. ¿Por qué? Como se descubrió después, el Bundesbank, por orden del Gobierno, había puesto a disposición del Banco de Francia una cantidad a sin limite de marcos alemanes. El fracaso del SME debió ser el aviso del seguro fracaso del euro que se avecinaba, pero las apuestas políticas eran ya irreversibles. Todas la teorías ad hoc que se lanzaron para que la gente aceptará el euro, eran pura ideología. Mientras, del otro lado del Atlántico venían serias advertencias del problema que se iba a crear.

El experimento le había costado al Reino Unido una crisis económica y un aumento innecesario del paro. Gran Bretaña aprendió la lección y nunca más volvió a entrar en una unión monetaria europea. Los políticos españoles e italianos, aquejados de un ingenuo “europapanatismo”, volvieron a caer en la trampa.  Finalmente los estados europeos decidieron crear la Unión Monetaria Europea con un Banco Central Europeo. El engendró se basó en el Informe Delors, que, con un marcado sesgo neoliberal y a diferencia de lo propuesto por el informe Werner, renunciaba a una unión fiscal. El Informe Werner fue redactado en 1970 y consideraba como condición ineludible para el éxito del proyecto que hubiera una unión fiscal con una centralización de la política económica bajo la responsabilidad de una Comunidad Europea responsable ante el Parlamento Europeo. Al parecer, Delors consideraba que esa unión fiscal era innecesaria en el diseño monetarista de su proyecto. Bastaría con los límites de deuda pública y déficit marcados de forma totalmente arbitraria por el Tratado de Maastricht y cuya inutilidad el tiempo se encargaría de demostrar.

Los franceses pensaron que al crear el BCE y el Euro arrebatarían a Alemania la moneda y el control sobre la política monetaria. El problema fue que el diseño neoliberal de las instituciones europeas en la práctica acentuó los problemas de los sistemas monetarios europeos anteriores porque privó definitivamente a los estados de su capacidad de devaluar en caso de entrar en problemas de balanza de pagos. Fue la ceguera ideológica de los dirigentes europeos de aquellos años, como Valery Giscard d’Estaing, Raymond Barrre, Scmidt, Schröeder, Chirac, Felipe González, etc. la que aparcó las recomendaciones del informe Werner y adoptó el neoliberal proyecto de Delors. La unión monetaria sin unión fiscal ha permitido que Alemania siguiera practicando su política mercantilista y de exportación de la deflación que ha llevado a las economías más débiles de la periferia al paroxismo actual de depresión y desempleo masivo.

Este empeño se ha cobrado un altísimo precio en la merma de las tasas de crecimiento económico y en un crecimiento de las tasas de paro. De facto, las países de Eurolandia acabaron convertidas en una "zona marco" donde el Bundesbank dictaba la política monetaria a sus socios europeos.

España en el sistema monetario europeo

Así pues, la combinación del cambio de foco de la política macroeconómica hacia la estabilidad de precios frente a las políticas de pleno empleo y el empeño en fijar los tipos de cambio probablemente sean explicaciones mucho más convincentes de la pertinazmente elevada tasa de desempleo en España que las narrativas sobre competitividad de la economía española. ¿Quién iba a invertir en un negocio y crear empleo en una nación sometida permanente al ajuste presupuestario y el rigor?

Para la joven democracia española, recién salida de la larga noche de la dictadura franquista, la entrada en la CEE era una prioridad política. Antes de la entrada en la CEE ya ensayaba con tipos de cambio fijo y políticas de ajuste acordadas por los Pactos de la Moncloa en 1978 para hacer frente al shock del petróleo.
«A partir de 1978, las políticas de ajuste derivadas de los Pactos de la Moncloa son contrarrestadas negativamente por la presencia del segundo shock energético, que provoca otra fuerte crisis del sector exterior y una nueva devaluación en 1982. La segunda mitad de los ochenta se caracteriza por una peseta que tiene como punto de referencia la integración en la C.E.E., y finalmente en el S.M.E., lo que conduce a políticas antiinflacionistas que producen altos tipos de interés y una apreciación nominal y real de la moneda española[1].»
España entró en las CEE en 1986. En los años anteriores los técnicos del Banco de España se habían resistido a renunciar al margen de maniobra que habría implicado entre en el mecanismo de tipos de cambio del SME. Pese a no estar obligada…

«…ya desde 1986, los márgenes de maniobra de la política monetaria se habían reducido sensiblemente como consecuencia de una política de tipo de cambio combinada con una incipiente liberalización de los movimientos de capital. Durante el período 1986-1987, las autoridades monetarias españolas siguieron de cerca la evolución de la peseta con respecto al marco alemán y de febrero de 1988 a junio de 1989 el Banco de España practicó una política de shadowing del MTC interviniendo en los mercados de cambios según la lógica interna del SME. [2]»

Finalmente será a

«finales de 1986 cuando el Presidente Felipe González se pronuncie, por primera vez y total claridad, a favor de una «entrada rápida, o incluso muy rápida, en el SME».[3]
El fenómeno de las devaluaciones se repitió años más tarde con España ya integrada en la CEE y en el SME.
«Así, en los primeros noventa, el ya mencionado alto valor de nuestra divisa, unido a un deterioro de los fundamentos de nuestra economía que erosionaban la credibilidad exterior en la gestión de la política económica española, llevó a la necesidad de devaluar hasta en cuatro ocasiones desde 1992 hasta 1995, ante las presiones que nuestra moneda estaba soportando en los mercados de divisas en un contexto de crisis del S.M.E. Estas devaluaciones condujeron a una depreciación nominal y real de la peseta para iniciar, una vez superada la crisis del S.M.E. a partir de la segunda mitad de los noventa, la senda de la convergencia nominal derivada de los criterios de Maastricht, que culminaría, primero, con la fijación irrevocable de los tipos de cambio y, finalmente, con la desaparición de las monedas nacionales en las primeras semanas del año 2002[4].
En definitiva, España lleva aplicando políticas de rigor presupuestario, control de la inflación y de tipos de cambio fijo desde hace décadas. No olvidemos que durante todo este tiempo el Banco de España lleva recomendando la moderación salarial (y de los beneficios)[5]. Pero si el PIB de una nación es igual a su renta, es decir, la suma de los salarios, los beneficios, las rentas mixtas y los impuestos sobre la producción y las importaciones está claro que pedir moderación en el aumento de las rentas, como hacen los sucesivos gobernadores, no puede implicar otras cosa que deprimir la economía permanentemente.

El siguiente gráfico, muestra el tipo de cambio peseta marco alemán (que lógicamente se fija a partir del momento en que se fijaron irrevocablemente los tipos de cambio en la zona euro. Se aprecian claramente los picos correspondientes a las sucesivas devaluaciones. El empeño de las autoridades por impedir lo inevitable tuvo su impacto en el aumento inexorable del desempleo a lo largo de los años 80 y primeros 90.



Durante un breve interludio, en el que los agentes llegaron a creerse que el euro eliminaba los riesgos-país dentro de Eurolandia, la entrada de capitales del Norte de Europa permitió financiar la burbuja inmobiliaria. Cuando se acabó la fiesta la imposibilidad de ajustar el tipo de cambio forzó todo el brutal peso del ajuste sobre nuestra economía y el factor trabajo.

Las consecuencias de tratar al trabajador como una mercancía.


Los neoliberales ven al trabajo como una mercancía más que debe intercambiarse en el mercado. Si se quiere que haya más demanda de esa mercancía no hay más que rebajar su precio y mejorar su calidad para que resulte más atractiva. Es lo mismo que pasa con los pepinos, los rábanos o los barriles de petróleo. Siempre habrá un precio que iguale oferta y demanda.

El problema es que los trabajadores no son una mercancía sino que son personas y además resulta que son consumidores, inversores y ahorradores. Si seguimos imponiendo la carga de las recuperaciones década tras década, recesión tras recesión, sobre sus espaldas, laminando sus derechos, generando incertidumbre y ansiedad, cercenando sus proyectos vitales, lo único que conseguiremos es lo que tenemos: desaliento del consumo, caída de la natalidad (en un suicidio gradual y colectivo de la clase trabajadora), caída de la inversión e imposibilidad de renovar el tejido empresarial (porque ¿quién va a apostar en un mercado deprimido con una tasa de desempleo insultantemente elevada?)

Y he aquí la inconsistencia de los neoliberales. Todo su empeño en conseguir una fuerza de trabajo flexible y barata solo puede resultar en una caída permanente de la demanda. De tal forma que el empresario, quejoso de los elevados salarios puede, por un lado observar con entusiasmo la caída de sus costes laborales unitarios, para luego lamentarse de una caída en ventas que devorará sus márgenes empresariales. Finalmente el empresario se dará cuenta de que, para mantener su cuota de mercado, tiene que bajar los precios. Por tanto resultará que sus costes unitarios medidos en términos reales (descontado el efecto de las caídas de precios) no se han reducido. En estas condiciones, por mucha reforma estructural que se haga ¿quién es el inversor que se atreve en invertir en empresas tecnológicas para cambiar el modelo productivo?



[1] : Aixalá Pastó, José (2002): "Una historia del tipo de cambio de la peseta (1868-2002)", [en línea] 5campus.com, Economía Aplicada <http://www.5campus.com/leccion/peseta> [y añadir fecha consulta]
[2] Manuel Sanchis i Marco* DE LAS MONEDAS NACIONALES AL SISTEMA MONETARIO EUROPEO: LA APORTACIÓN DE LOS SERVICIOS DE LA COMISIÓN
[3] Ibidem
[4] : Aixalá Pastó, José (2002): "Una historia del tipo de cambio de la peseta (1868-2002)", [en línea] 5campus.com, Economía Aplicada <http://www.5campus.com/leccion/peseta> [y añadir fecha consulta]

martes, 2 de junio de 2015

El señuelo de la mutualización de la deuda

Artículo escrito conjuntamente por Stuart Medina y Jorge Amar. Este artículo fue anteriormente publicado en InfoLibre el 31 de mayo de 2015.

Hace unos días Guillermo de la Dehesa, economista, presidente de honor del CEPR (Centre for Economic Policy Research) de Londres  y antiguo secretario general de Comercio, y luego Secretario de Estado de Economía bajo los gobiernos de Felipe González publicó, en El País un artículo titulado "¿Tiene realmente futuro la zona euro?". Suponemos que el artículo habrá pasado relativamente desapercibido pero es interesante leer una opinión que se aleja del predominante "europapanatismo[1]". Recomendamos la lectura de este artículo porque contiene un análisis certero de los fallos de la moneda común europea. Obviamente su perspectiva es neokeynesiana aunque también se inspira en el análisis sobre Áreas Monetarias Óptimas de Mundell, un neoliberal que, curiosamente, apoyó la creación del Euro porque representaba una oportunidad de privar a los estados de las herramientas macroeconómicas clásicas. Aunque parte de postulados ajenos a la Teoría Moderna del Dinero, podemos estar de acuerdo en su conclusiones. Resulta evidente que la carencia de un gobierno federal europeo ha privado a la Unión Europea de su capacidad de hacer frente de forma eficaz a un shock asimétrico. Coincidimos con de la Dehesa en que
"Prueba de la falta de una política fiscal común es que hoy las tasas de crecimiento del A(rea) E(uro), cinco años después de la Gran Recesión, son menos de la mitad que las de EE.UU. y Reino Unido, que pueden utilizar ambas políticas macroeconómicas. Más aún, ningún estado importante de la Eurozona cumple hoy su objetivo del 60% de deuda sobre el PIB, salvo los más pequeños como Estonia, Eslovaquia, Letonia, Lituania y Luxemburgo. Crear ahora una política fiscal única para enfrentar dichos choques asimétricos necesitaría un deseo compartido por todos los estados miembros y un cambio de los tratados. Modificarlos y ratificarlos llevaría hasta diez años, al haber estados miembros que necesitan aprobarlo por referéndum. Demasiado tiempo para una decisión tan urgente y necesaria."
Sin embargo, lejos de proponer una devolución de la soberanía monetaria a los estados, que sería el corolario lógico de su análisis, de la Dehesa propone una solución que él y otros economistas propusieron desde el Instituto para el Nuevo Pensamiento Económica y que.ya fue descartada por los estados acreedores. Ésta consiste en una mutualización temporal del exceso de deuda de todos los estados miembros, definiendo como tal la que supere ese 60% del PIB estipulada por el Tratado de Maastricht y que habría tenido su origen en la crisis financiera global y los fallos de diseño del euro. Este exceso se depositaría en un Fondo de Redención de Deuda (FRD) que se financiaría en los mercados emitiendo "euroletras" con la garantía conjunta y solidaria de los 19 estados miembros.

Sin embargo dudamos mucho de la eficacia de la propuesta. Pensamos que la iniciativa llega tarde. Resultó novedosa en 2012 pero, si entonces no convenció, no vemos por qué razón ahora los impulsores de los FRD tendrían éxito. Además ha dejado de tener sentido pues pretende un objetivo que ya se  ha conseguido por otras vías: reducir el tipo de interés que pagan los estados más endeudados y evitar que caigan presa de los pánicos del mercado. En la fecha en la que escribimos estas líneas el tipo de interés de las letras del Tesoro del Reino de España a 12 meses es de 0,02% ¡y el de plazo de 1 a 3 meses es negativo!

Este descenso de los tipos de interés de la deuda pública  no se debe a ninguna gestión virtuosa del Gobierno de Mariano Rajoy. Simplemente se ha comprobado que los tipos de interés son una variable exógena que marca el banco central y no una endógena que determinan los mercados. Bastó que Draghi anunciara que haría todo lo que estuviera en su mano para salvar al Euro y que el BCE iniciara las operaciones de compra masiva de deuda pública en los mercados secundarios (OMT) para conseguir este efecto.

Bill Mitchell, Profesor de Economía y Director del Centro de Plemo Empleo y Equidad (CofFEE), en la University of Newcastle (Australia), se ha mostrado muy crítico con este tipo de soluciones. En las galeradas de su libro Eurozone Dystopia, que se puede encontrar en internet (http://bilbo.economicoutlook.net/blog/?p=27666), comenta con sarcasmo:
" La pregunta evidente es ¿Para que molestarse? Varufaquis et al. (2013) reconocen esta cuestión. El BCE ya demostró con su Programa de Mercado de Valores, que se inició en mayo de 2010 y que consistió en compras ilimitadas por el banco central de bonos en el mercado secundario (es decir, en manos de inversores privados después de haber sido emitidos por el gobierno), que se podía despejar a los inversores privados en bonos de la ecuación en lo referente al establecimiento de tipos de interés (rendimiento de los bonos del gobierno). En septiembre de 2012, el BCE sustituyó el PMV con el programa de transacciones monetarias ilimitadas (OMT), y con fanfarria, declaró que "no se ponían límites cuantitativos ex ante sobre el tamaño de las transacciones monetarias ilimitadas” (BCE, 2012). La decisión del BCE de mostrarse dispuesta a comprar cantidades ilimitadas de deuda gubernamental implica que cualquier operador privado en bonos que intentara tomar una posición  contraria contra cualquier gobierno de la Eurozona perdería. Esencialmente, cualquier corredor de bonos sabrá que pueden fácilmente endilgarle al BCE cualquier compra de bonos en el mercado secundario. La lógica de la acción es que, al comprar grandes volúmenes de bonos con vencimiento a corto plazo (1 a 3 años) en el mercado secundario, el precio subirá reduciendo los rendimientos. Los operadores en bonos se ven obligados a comprar bonos del estado con vencimientos a más largo plazo si quieren rendimientos superiores lo cual eleva los precios y baja los rendimientos. La iniciativa implica que de hecho el BCE puede fijar los rendimientos al nivel deseado, incluso en cero. Implica que los economistas convencionales están equivocados si aducen que los déficit elevarían los tipos de interés hasta el punto en que los gobiernos llegarían a la insolvencia porque los mercados privados de bonos se negarán a comprar su deuda. Esa insolvencia solo puede ocurrir si el banco central de referencia se niega a comprar su deuda. Esa insolvencia solo puede darse si el banco central relevantes desiste de sus funciones de emisor de moneda. Una vez que entiendes lo relevante que es esto no tardas en darte cuenta de que el plan de rescate del BCE no es suficiente para restablecer el crecimiento porque se propone imponer la condicionalidad (austeridad) como requisito para la participar. El programa OMT por tanto no acierta a resolver el núcleo del problema cual es que el Sur de Europa está en una depresión y la única salida es una expansión del déficit público. El BCE está dispuesto a comprar bonos del Estado ilimitadamente – pero solo si sucumben a un paquete de austeridad fiscal que asegurará que sus perspectivas de crecimiento se deterioren aún más." (traducido del inglés por Stuart Medina)
El anterior programa del BCE, las llamadas OMT, resultó ineficaz para restablecer el crecimiento de los estados deprimidos del Sur de Europa, porque obligaban a los estados a someterse a un programa de austeridad. Por tanto las OMT estaban condenados al fracaso aunque se consiguiera que los tipos de interés cayeran a 0.

Las operaciones de QE que actualmente está realizando el BCE, tienen algunos límites, el más importante de los cuales es que son los bancos centrales de cada país los responsables de asumir hasta el 80% de estas operaciones. Esto evita que se mutualice la deuda de los estados, algo a lo que Alemania se niega. Por tanto, el único efecto adicional, supuestamente benéfico, al conseguido por la QE, que tendría la propuesta de de la Dehesa es que parte de la deuda de los estados se mutualizaría. Pero argüimos que es absolutamente innecesario que la deuda se mutualice para que el rendimiento de la deuda pública no lo determinen los mercados. Basta con que el banco central actúe como tal. Actualmente, solo la deuda pública griega no se beneficia de este efecto balsámico porque, digámoslo sin tapujos, los estados europeos han decidido chantajear al gobierno democráticamente elegido de Grecia para que retorne al dogma neoliberal de la austeridad como camino para salir de la crisis (y que, dicho sea de paso, tan espectacularmente está fallando pues el país está de nuevo en recesión).

Tres años después de la primera propuesta de de la Dehesa y sus colegas los daños a la economía de la periferia europea son irreversibles pues seguramente nos habremos apartado de la senda potencial del PIB para siempre.


La balbuceante, endeble e inicua recuperación económica de España se debe a que el Gobierno Rajoy se olvidó de la austeridad en un desesperado intento por ganar las elecciones de 2015. La Comisión Europea ha colaborado haciendo la vista gorda y no exigiendo el cumplimiento de los objetivos de déficit. Este pacto faustiano se volverá en contra del siguiente gobierno de España pues el ajuste se exigirá en 2016 lo cual provocará una recaída en la recesión. Pero este breve alivio de la depresión demuestra que lo que urge en Europa no es una mutualización de la deuda sino levantar de una vez los inútiles e innecesarios (salvo en la mente de los neoliberales obsesionados con el fantasma inexistente de la inflación) límites de déficit público, iniciar una política expansiva y eliminar la dogmática prohibición de que el BCE financie a los estados. 


[1] Europapanatismo. (de Euro y papanatismo) m. Actitud que consiste en admirar la Unión Monetaria Europea de manera excesiva, simple y poco crítica." 

viernes, 6 de febrero de 2015

Austeridad inteligente – la misma austeridad necia de siempre

Post de Bill Mitchell publicado originalmente el 26 de enero de 2015 en el blog Billy Blog

Versión original en inglés disponible en http://bilbo.economicoutlook.net/blog/?p=30044

(Traducción al castellano de Stuart Medina)
Bill Mitchell es Profesor de Economía y Director del Centro de Pleno Empleo y Equidad (CofFEE), de la University of Newcastle, en New South Wales, Australia. También es un músico profesional y toca la guitarra con la banda de Reggae-Dub, Pressure Drop, de Melbourne. La banda tuvo popularidad en las salas de conciertos de Melbourne a finales de los 70 y principios de los 80. La banda se reconfiguró a finales de 2010.

“En su forma actual, la UME es inviable a largo plazo”. Esta cita procede de un Informe

Repair and Prepare – Strengthening Europe’s Economies after the Crisis publicado conjuntamente por el Instituto Jacques Delors (sito en Berlín) y el Bertelsmann Stiftung – (sito en Gütersloh, Alemania). El Informe pretende diseñar un proyecto que prepare Europa para la «siguiente amenaza potencial a su propia existencia». Propone una «senda hacia la renovación» para crear una «unión cada vez más estrecha». Proclaman haber acometido esta tarea porque hay una «fatiga de crisis» y una «fatiga de debate sobe la Eurozona» extendidas en «los círculos gubernamentales y los medios». Antes que fatiga yo lo llamaría adhesión al pensamiento ideológico grupal. Ha habido un fracaso mayúsculo pero ninguno de sus creadores ha levantado la mano para asumir su responsabilidad. Cuando descartaron que el problema lo hubieran causado “esos pródigos y adiposos griegos —inserte la nacionalidad vilipendiada de su preferencia—”, varios responsables políticos y tertulianos recurrieron a la explicación de unos aún más amorfos problemas estructurales para explicar esta crisis sin fin. Los medios rebosan de escritores cautivos que se limitan a reiterar notas de prensa lanzados por políticos neoliberales y/o economistas convencionales. ¿Así pues, aporta algo nuevo este Informe? ¿Es viable su plan?

Antes de emocionarse, quizás quieran saber también que la primera organización fue fundada por el político francés tras concluir su Presidencia Europea. Delors será recordado como el neoliberal francés —pese a su afiliación socialista— que supervisó el desastroso Informe Delors que documentó el Tratado de Maastricht. Claramente son proEurozona.

El tinglado alemán es una rama del Instituto Notre Europe – Jacques Delors con sede en París. Lo dirige un tal Henrik Enderlein el cual es proEurozona.

A su vez, el Bertelsmann Stiftung tiene un historial de abogar por cambios neoliberales en la enseñanza pública y la reforma del mercado de trabajo alemanes.

Se imaginan pues que mis respuestas a esas preguntas iniciales son «No» y «No».

Recuerden que el Informe Delors (1989), que documentó la conferencia de Maastricht, desdeñó las conclusiones de los anteriores informes Werner y MacDougall sobre la necesidad de una fuerte función fiscal federal. Los anteriores informes fueron descartados por representar un pensamiento keynesiano “desfasado”, que ya no era tolerable para el Pensamiento Grupal Monetarista que se había adueñado del debate europeo de la época y que sigue dominando.

La nueva casta de elites financieras, que iban a beneficiarse masivamente de la desregulación que demandaban, promovió el resurgimiento de la ideología librecambista que había sido desacreditada durante la Gran Depresión. Más que la perspicacia surgida del recurso a la elevada autoridad de la evidencia y la preocupación por la prosperidad de la sociedad fueron el matonismo ideológico y un estrecho corporativismo los que guiaron el giro desde la visión colectiva keynesiana de pleno empleo y equidad a esta nueva ley callejera individualista.

El desdén monetarista (neoliberal) hacia la intervención estatal implicó que la UME estrangularía la capacidad de la política fiscal sin que ninguno de los argumentos o evidencias que señalaban que tal opción llevaría a una crisis, disuadieran a Delors y a su equipo de ese objetivo.

Delors sabía que podría aplacar la necesidad política francesa de evitar la entrega de la discreción política a Bruselas enmascarando ese objetivo con la retención de la responsabilidad nacional en la política económica. También sabía que las severas reglas fiscales propuestas para restringir la latitud de los gobiernos nacionales satisfarían a los alemanes. El monetarismo había tendido puentes entre los dos campos.

El Instituto Delors es heredero de esa ideología.

El nuevo Informe se asemeja al Informe Delors de 1989 en algunos aspectos. Propone «un plan de reformas en tres fases que se implantarían durante un período de 10 años» con el mismo tipo de transición que siguió a la introducción del Euro.


El director del Instituto Delors en Berlín, Henrik Enderlein, fue coautor de un informe de 2012 que proponía estimular la capacidad de “respuesta cíclica” automática de Europa. [Referencia: Enderlein, H., Bofinger, P., Boone, L., de Grauwe, P., Piris, J-C., Pisani-Ferry, J., Rodrigues, M.J., Sapir, A. and Vitorino, A (2012) ‘Completing the Euro. A road map towards fiscal union in Europe’, Notre Europe, Jacques Delors Institute, June]. Su razonamiento es sintomático del mismo pensamiento grupal de los economistas europeos que nos llevó de partida al problema.


Muchos de los autores de ese informe participaron en varios estudios que inspiraron el diseño de la UME. Ahora que el sistema, loado por ellos, ha fallado, proponen remendarlo con diversas medidas ad hoc, todas ellas enclaustradas en la mentalidad de la austeridad. Se niegan a «considerar siquiera la opción de abandonar el Euro» (pág. 3) y les guía en cambio el principio «tanta unión política y económica como sea necesaria, pero tan poca como sea posible» (pág. 3).

Siguen aseverando que el “principio de subsidiariedad” justifica esta aproximación minimalista a la unión fiscal. ‘Subsidiariedad’ significa que la responsabilidad de la acción debe mantenerse en el nivel al que sea más eficaz. Lo correcto habría sido, por supuesto, que la política fiscal hubiese permanecido en el nivel del emisor de la moneda. Pero los neoliberales decidieron que se quedaría en el nivel del estado nacional pese a que se arrebataba a los gobiernos su capacidad de emisión.

Ítem, el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC) y los posteriores paquetes de austeridad impuestos sobre muchas de las economías de la Eurozona durante la crisis comprometieron seriamente la supuesta autonomía fiscal de esas naciones.

Parece que la democracia y la autonomía se pueden violar cuando es la Troika quien impone las condiciones pero, en otros casos, se sostiene como principio sacrosanto irrenunciable. Este tipo de hipocresía ha permeado todo el debate sobre la integración económica y monetaria en Europa y seguirá produciendo soluciones subóptimas.

Enderlein et al. (2012: 7) propusieron una regla sencilla para los límites de la democracia: «la soberanía se acaba donde termina la solvencia», bien pensado es una afirmación pasmosa. La aplicación de esta regla lleva sin remedio a la violación de la democracia porque el riesgo de insolvencia es intrínseco al diseño defectuoso del sistema monetario. Se obliga a los Estados miembros a emitir deuda denominada en una moneda que no controlan y se prohíbe formalmente que el BCE aporte garantías —aunque éste no ha tenido reparos en violar esa prohibición mediante programas como el SMP —Programa para los Mercados de Valores por sus siglas en inglés) — y volverá a hacerlo con el recién anunciado QE. Pero los riesgos de impago e insolvencia siempre están al acecho, esperando a que llegue la siguiente recesión económica de envergadura. Así, en cuanto una nación entra en crisis, sus ciudadanos pierden la capacidad de influir en su propio destino y, en su lugar, son sometidos a los funcionarios no electos de la Comisión Europea, el BCE y el FMI. Esto no aparenta ser el camino hacia una Europa sostenible y próspera.

Su aproximación preferida a las “divergencias cíclicas” es «reforzar el canal de tipos de cambio reales» (pág. 28), en Román Paladino, que la devaluación interna sea más sensible merced a una mayor movilidad laboral y recortes salariales en las regiones en declive. Los autores invocan la receta neoliberal habitual – los trabajadores de las regiones en recesión han de moverse a las regiones pujantes y los que se quedan deberán trabajar más duro por menos paga. Se ignora la bondad de las comunidades sociales estables asentadas sobre estructuras familiares y el espíritu comunitario. Manda la economía y los trabajadores son meros peones en las decisiones gerenciales sobre la ubicación de la industria.

Podría pensarse que el objetivo principal de cualquier solución duradera a la crisis europea sería mantener la viabilidad de las regiones, sobre todo dado que los autores reconocen que «las barreras idiomáticas y culturales son ciertamente importantes» (pág. 8). Además es improbable que la movilidad laboral tenga ni por asomo la magnitud suficiente como para igualar las tasas de desempleo en la Eurozona. Un reciente estudio de la OCDE halló que no hubo ningún movimiento detectable entre ciudadanos que ya residían en la Eurozona entre 2009 y 2011.

Para completar su énfasis “estructural”, que reconocen que «es improbable que resuelva las dificultades inherentes» (pág. 30), Enderlein et al. (2012) proponen un fondo de seguro para los ajustes cíclicos. Este fondo sería gestionado por los ministros de hacienda de la Eurozona y llenaría su hucha con aportaciones de las naciones que estuvieran experimentando tasas de crecimiento superiores a los de la Eurozona y que haría desembolsos a naciones en crisis para «reducir la presión sobre las haciendas públicas» (pág. 31). Este esquema obligaría pues a las naciones a reducir su gasto doméstico en tiempos de bonanza económica y aportaría algo de auxilio en los tiempos adversos. Es revelador que los autores recalquen que «el sistema no puede convertirse en un instrumento solapado de transferencias permanentes» (pág. 31) y solo se les permitiría a las naciones «que retiraran lo que hubieran depositado» (pág. 32). De nuevo la presunción es que la redistribución “federal” sería neutral a lo largo y ancho del ciclo económico y del espacio, una proposición para la que no hay otra lógica que el conservadurismo fiscal.

Así pues, ¿han aprendido en los albores de 2015 estos autores algo que les permita alejarse de su anterior análisis surgido del pensamiento grupal? ¡El informe actual lo desmentiría!

En la página 1 introducen lo que llaman “austeridad inteligente” que crearía una estrategia de inversión a nivel europeo sin cercenar el gasto público a nivel nacional. Pero no importa como la definamos, la austeridad sigue siendo austeridad. Se puede estimar una brecha de producción en términos del gasto adicional requerido para cerrarla, generar nuevos pedidos y ventas y promover nuevo empleo.

El gasto adicional puede adoptar la forma de inversión o gasto de consumo (recurrente). Aquél añade capacidad productiva, mientras que éste explota mejor la capacidad productiva existente. Con el tiempo, una economía puede desplazar gasto del consumo hacia gasto de inversión pero no sin problemas de ajuste –trasladar trabajo de la producción de bienes de consumo y servicios a la de bienes de capital. Pero se puede hacer. Pero si hay grandes brechas en la producción total, recortar el gasto público y sustituirlo con gasto de inversión, cualquiera que sea su origen (público o privado) no cerrará la brecha entre producción e ingresos. Sólo desplaza gastos. La austeridad implica que el gasto público global se está recortando.

La austeridad inteligente no existe como tal cuando una economía está necesitada de niveles de gasto significativamente elevados (cualquiera que sea su composición). Austeridad es austeridad. En esos casos siempre es necia.

Da la impresión de que el Informe actual sigue enclaustrado en el marco mental de la austeridad y trata de endulzarla llamándola inteligente en vez de necia.

También acuñan el término “UME auténtica” (UMEA) para diferenciarla de la UME, la cual, implícitamente, ahora reconocen era un ‘sucedáneo’ o profundamente defectuosa y disfuncional. Califican a la UME existente de “Unión Monetaria Minimalista” (UMM).

Presentan algunos «acontecimientos recientes» donde documentan los fallos actuales de la estructura existente. Brevemente, concluyen que «no se vislumbra ninguna recuperación cabal» y que «el descontento popular crece aceleradamente». Los resultados de las elecciones griegas testimonian que el pueblo de una de esas naciones rechaza un parte significativa de la ortodoxia existente.

El Informe concluye que:

…la crisis ha desencadenado unos procesos económicos y políticos que, de no contenerse, representan una seria amenaza a la prosperidad y estabilidad europeas…

También entienden que el gasto es la clave para el crecimiento y que la incapacidad de invertir en nueva capacidad productiva socava la prosperidad a largo plazo de los Estados miembros.

Así pues ¿qué propone la Hoja de ruta?

En resumen su definición consta de dos etapas: Reparar «los descomunales daños económicos y políticos» y preparar (erradicación de las “debilidades sistémicas”).

Afirman que la crisis causó el daño pero no son capaces de reconocer que la austeridad fiscal ha sido el mayor causante del daño tras una incipiente recuperación que fue engendrada por un incremento de los déficits fiscales. La crisis también golpeó duramente la economía estadounidense pero el estímulo fiscal continuado les devolvió al crecimiento. La Eurozona se ha quedado encadenada al estancamiento desde 2010 debido a la austeridad fiscal – no hay más.

¿Cuáles creen ellos que son «las raíces de los problemas de la Eurozona»? Esencialmente «a la UMM le faltaban componentes cruciales para una unión monetaria sostenible». ¡Sin duda!

Afirman que la regla del 3% del PEC no facilitó la suficiente amplitud a las naciones acechadas por circunstancias inflacionistas (burbujas inmobiliarias alentadas por la regla de tipos de interés unitarios) para recurrir a «políticas fiscales anticíclicas». Era «demasiado laxa para los tiempos de bonanza». Esta aserción recurre al tema subyacente de que la crisis fue provocada por las naciones periféricas excesivamente endeudadas. Pero las burbujas inmobiliarias de España fueron acompañadas de superávits fiscales. Es más, Irlanda, otra nación con bum inmobiliario, mantuvo posiciones fiscales ajustadísimas.

También admiten que la PEC fue «demasiado estrecha en los (tiempos) difíciles», un hecho que resulta evidente.

El Informe invoca el concepto de “áreas monetarias óptimas” (AMO) y afirma lo que ya sabíamos hace años (y fue rechazado por el Informe Delors y los estudios de los que bebió).

Dicen:


…se puede esperar que los beneficios de una unión monetaria excedan sus costes cuando comprende un área económica homogénea…el área del Euro nunca ha sido un ‘área monetaria óptima’.


Analicé la cuestión de las AMO en estos blogs:


§ Options for Europe – Part 53


§ Options for Europe – Part 54


§ España se está muriendo


En términos del debate que llevó a Maastricht, hubo una clara desavenencia entre, por un lado, los estudios basados en EE.UU., que rechazaban la viabilidad del diseño propuesto y estimaban improbable que pudiera fructificar; y, por otro, los estudios basados en Europa, en particular aquellos patrocinados de una u otra forma por la Comisión, que en general eran positivos.


El concepto de AMO se convirtió en el marco organizativo del debate sobre la viabilidad de la UME propuesta. La teoría de la AMO pretende definir las condiciones bajo las cuales varios países independientes estarán mejor compartiendo una moneda, o alternativamente, fijando sus tipos de cambio. Por óptimo se quiere decir una colección de unidades geográficas (en el caso de la UME, los Estados miembros) que más eficazmente entrarían en una unión monetaria. Demasiadas ‘áreas geográficas’ o un defecto de ellas resultarán en una disposición subóptima o no óptima.


Pueden remitirse de nuevo a esos blogs para un análisis detallado de las tres condiciones definitorias. Resumidamente son:


1. Los ciclos económicos de los países se mueven al unísono (arriba o abajo) y se enfrentan a consecuencias comunes si les alcanza un shock negativo.


2. Debe existir un alto grado de movilidad laboral y/o flexibilidad salarial dentro del grupo de países tal que si el desempleo se eleva en un país, los trabajadores pueden moverse rápidamente a otra parte para encontrar empleo


3. Existe una estructura común de compartición de riesgos de forma que la política fiscal puede transferir recursos de las zonas con mejor rendimiento a los países con peor rendimiento sin restricciones.


Los proponentes de la UME a finales de los 80 no consideraron que los requisitos expuestos en la literatura sobre AMO fuera reseñables para sus planes. El Tratado de Maastricht iba más de progresar hacia la adopción de la moneda única y los requeridos cambios institucionales exigibles para acomodar este proceso que de un análisis en profundidad sobre si sería óptima.


¿Por qué fue ignorado el existente esquema económico (AMO), que trataba específicamente sobre la cuestión de si la unión sería deseable y cuándo? En una publicación de 1990 One Market, one money. An evaluation of the potential benefits and costs of forming an economic and monetary union (es una descarga de 20mb), la Comisión Europea (1990a: 46) concluía que la literatura sobre AMO facilitaba:

…un marco bastante limitado cuya adecuación para el análisis actual es cuestionable.

Afirmaban que «toda la aproximación ignora cuestiones de credibilidad de las políticas que han sido destacadas por la teoría macroeconómica reciente» (p.46), una forma en clave de decir que la AMO se asociaba con la visión keynesiana de que la política fiscal facilita un medio eficaz de estabilizar las economías golpeadas por fluctuaciones de gasto privado. Las “cuestiones de credibilidad de las políticas” se referían a aserciones monetaristas no comprobadas de que la política fiscal era ineficaz y causaba inflación, que solo podría controlarse con política monetaria rigurosa. Cualquier aplicación seria de la teoría de las AMO habría sido más que inconveniente para los proponentes de la UME.

Por ejemplo, el Tratado deliberadamente negó la capacidad de una facultad fiscal federal para aliviar el desempleo regional y tampoco tenía sentido que el trabajo fuera móvil.

No importa como quiera uno interpretar la teoría AMO, es más que obvio que el grupo de naciones que entró en la UME no satisfacía ni remotamente las condiciones requeridas para asegurar que la adopción de una moneda común fuera globalmente beneficiosa. El resultado fue que los únicos ajustes que se les abrían en cuanto ocurriere un colapso importante del gasto privado serían costosísimos, un punto ignorado por los proponentes de la UME.

La crisis de 2008 ha demostrado lo que ya se sabía durante el debate de la AMO a principios de los 90. La facultad de absorber choques de gasto externos, tales como el que siguió al colapso inmobiliario en EE.UU. de 2007, es muy distinta de unos países a otros de la Eurozona. Los estados industriales más fuertes como Alemania y los Países Bajos, que también tienen la capacidad de generar superávits externos, se encuentran en una situación completamente distinta a la de los importadores de capital como España y Grecia. Las naciones más fuertes pueden absorber choques de gasto mucho mejor que las naciones más débiles de la unión.

El economista principal del Financial Times, Martin Wolf, advirtió en 2010 que:

La crisis en la periferia de la Eurozona no es un accidente: es inherente al Sistema. Los miembros más débiles tienen que encontrar una vía de escape de la trampa en la que se encuentran. Recibirán poca ayuda: la zona carece de gastador de último recurso; y el propio Euro también está muy fuerte. Pero deben tener éxito. Cuando se creó la Eurozona, apareció una literatura ingente sobre si era una unión monetaria óptima. Sabemos que no. Ahora sabremos si esto importa.

Pese a las diversas interpretaciones que se han hecho de la teoría de la AMO, la predicción fundamental que surge de ella es que, si las condiciones esenciales no existen, entonces el desempleo aumentará significativamente en algunos Estados miembros al afrontar una caída grande y asimétrica del gasto. Esta predicción claramente se ha materializado. Dicho de otro modo, más les habría valido a los diseñadores de la UME hacer caso del mensaje general de la AMO antes de tirar para adelante. Imperó la ideología causando el sufrimiento de millones.

Pero la malevolencia no acaba aquí. Los economistas neoliberales usan ahora la teoría AMO como un medio para justificar los ataques a la protección del trabajo y a la seguridad salarial. Arguyen que, mientras que los requisitos para establecer una AMO eran irrelevantes para la decisión de crear una unión monetaria, una vez creada es menester asegurar que éstos sí estén. De repente todos los economistas pro UME empezaron a admitir la teoría AMO porque, en este formato, ahora sí daba soporte a sus intenciones neoliberales.

Todo el hincapié en la necesidad de reformas “estructurales” no es más que una forma de referirse en clave al recorte de derechos adquiridos de los trabajadores y a la creación de un entorno de inseguridad laboral y de rentas.

En este contexto, el reciente Informe sugiere los siguientes «elementos que le faltan» a la UMM:

1. «Completar el mercado único y la convergencia de políticas» para reducir fronteras nacionales a la movilidad laboral y diversas condiciones reglamentarias. Pero los idiomas nacionales y las barreras culturales siempre dificultaron que el trabajo se moviese dentro de Europa.


2. «Coordinación de la gestión de la demanda en toda la UME» para conseguir una «sincronización del ciclo de negocios», en otras palabras, introducir una facultad fiscal para toda Europa. El diablo está en los detalles. Los autores no contemplan una facultad fiscal federal que pueda emitir su propia deuda y que no quede constreñido por el tamaño de los déficits en los que incurriere.


3. Necesidad de un fondo de asistencia para toda Europa que ayude a las naciones en apuros y el desarrollo conmensurado de procesos políticos que aseguren que ésta sea rápida.

De hecho, si se introdujere una facultad fiscal auténticamente federal y se atribuyere una responsabilidad al Parlamento Europeo digna de una asignación democrática de recursos federales entonces sobrarían los fondos de ‘rescate’.

El hecho de que el Informe siga considerando el Mecanismo Europeo de Estabilidad sugiere que no están a favor de una facultad fiscal realmente federal. Nos percatamos de ello cuando introducen su supuesta ‘Unión Económica y Monetaria Auténtica’ (UEMA), que construiría —según ellos— «una unión monetaria capaz de lidiar con desequilibrios de origen endógeno así como con choques externos». Pero su receta solo es una repetición del desastre de la convergencia que siguió a la firma del Tratado de Maastricht y abrió el camino para que las naciones adoptaran la moneda común. El Informe afirma que el proceso fue «extraordinariamente exitoso».

Las naciones utilizaron diversos maquillajes contables para satisfacer los criterios. Poquísimas naciones se acercaban pero todo se soslayó porque la Comisión Europea estaba empeñada en someternos a la moneda común.

El Informe actual afirma que su Hoja de ruta se basaría en “reformas estructurales” y la consolidación de las “finanzas públicas” —v.g. reducción de déficits— y un compromiso con “obligaciones legales —v.g. un PEC reforzado—.

Mientras que el proceso de convergencia de Maastricht fue jalonado con “sanciones” para inculcar obediencia (que no se aplicaron pues a nadie le negaron el acceso), el Informe afirma que se motivaría la entrada en al UEMA con incentivos positivos.

¿Cuáles podrían ser éstos?

Como un incentivo adicional a los países en apuros con déficits presupuestarios elevados, la Comisión podría aclarar que los esfuerzos para alcanzar los indicadores acordados serían tomados en cuenta al considerar la fijación y duración de los plazos para reducir el déficit.

Así que la misma clase de reglas fiscales, solo que aplicadas con algo más de flexibilidad, si la nación demuestra que está arrasando su economía con reformas estructurales (v.g. recortar salarios, pensiones, protección al desempleo, bienestar público, etc…). Su propuesta de transferencias fiscales equivale a un sistema donde no habría «transferencias netas a medio plazo» pero una nación en apuros podría «recibir pagos durante un ciclo a la baja». Es decir, tendrían que devolverlos.

Pero esto implica que los déficits fiscales tendrían que ser igualados en el medio plazo con superávits. Es el viejo mantra que ignora que, para naciones con déficits externos y un deseo del sector privado doméstico de conseguir un ahorro agregado, son necesarios déficits fiscales continuados para mantener el crecimiento. Aún con superávits externos, el deseo del sector privado de conseguir un ahorro agregado podría exigir déficits fiscales continuados. La regla del presupuesto equilibrado a lo largo del ciclo económico no tiene ninguna lógica económica.

En una federación realmente funcional algunas naciones quizás debieran mantener déficits permanentes. De hecho es más que probable que la mayoría de las naciones europeas estuvieran en esa situación. Así pues su esquema de estabilización cíclica yerra por las mismas razones que la UME actual.

Y a continuación nos dan más detalles sobre su propuesta de “austeridad inteligente”.

Afirman que:

Con el fin de asegurar la sostenibilidad de los presupuestos gubernamentales del área Euro, incluso ante niveles elevados de gasto de inversión, cada país se comprometería a embarcarse en la “austeridad inteligente”.

¿Qué es esto? Consiste en:

…reorientar las políticas fiscales de consumo público a la inversión. Esta opción puede ser políticamente complicada porque es probable que incluya recortes de gasto en transferencias sociales y empleados del sector público… Pero incluso los países constreñidos por las reglas fiscales y las expectativas de mercado pueden esperar razonablemente reducir sus ratios de deuda sobre PIB mediante una reorientación presupuestariamente neutral de su gasto.

Observen los antedichos argumentos sobre brechas de producción. Percátense del uso del verbo esperar en vez de poder. Son las mismas sandeces que nos llegan de esos laboratorios de ideas proeuro desde el estallido de la crisis y antes.

De repente el mercado amará a una nación que padezca alzas masivas de desempleo, caídas de ventas y recesión.

Pero la cosa empeora, porque la propuesta implica recortes del gasto público e intentos de inducir al sector privado que acometa los incrementos de inversión.

Conclusión


Otro Informe pro-Eurozona enclaustrado en la misma lógica neoliberal que exige posiciones fiscales equilibradas y disciplina estricta. E introduce otra indecencia en la nomenclatura: “austeridad inteligente”.

Elecciones griegas

Los resultados de las elecciones griegas fueron muy buenos. He recibido numerosos e-mails que critican mi escepticismo sobre la capacidad de Syriza para hacer honor a su nombre, coalición radical. Empezaba a dar señales de que estaba deslizándose hacia el centro para tranquilizar a los votantes. El tiempo da y quita razones.

El problema fundamental es que han declarado repetidamente de que están por el Euro. No veo a Grecia capaz de alcanzar prosperidad en una unión monetaria con compañeros como Alemania y las normas fiscales neoliberales impuestas a todos los Estados miembros.

Puede que una “renegociación” de la deuda cree una dinámica relevante que permita flexibilizar la política fiscal. Dudo que ocurra, lo cual explica mi escepticismo.

Pero bienvenido sea deshacerse de los vándalos que han reducido a Grecia a la condición de colonia germana inoperante. Espero que ahora que han llegado al poder puedan introducir planes realmente radicales, lo cual provocaría que Alemania los expulsara de la unión.

¡Por hoy basta!