Cita de Roosevelt

"Ningún país, sin importar su riqueza, puede permitirse el derroche de sus recursos humanos. La desmoralización causada por el desempleo masivo es nuestra mayor extravagancia. Moralmente es la mayor amenaza a nuestro orden social" (Franklin Delano Roosevelt)

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jueves, 22 de junio de 2017

Reflexiones de quienes no dejan de mirarse al ombligo

Recientemente la Comisión Europea ha publicado un documento de reflexión titulado “Profundizando en la unión económica y monetaria” que plantea algunas reformas para fortalecer la unión económica y monetaria. Es una tortura leer cualquier documento generado por este organismo multilateral y éste mantiene la tónica. La habitual mezcla de autobombo de un proyecto que se asume apoyado sin fisuras por toda la población europea —pese a la evidencia del creciente apoyo a partidos euroescépticos y el éxito del Brexit—, obsesión con las finanzas “responsables”, negación de la realidad y de las propias responsabilidades, medias verdades o completas mentiras y tono de adoctrinamiento moral permea todo el texto desde el principio hasta el fin. El pensamiento gregario impide a la Comisión Europea salirse del guion oficial. Las loas al documento procedentes de los habituales defensores del europeísmo irredento, como Xavier Vidal-Folch o Luis Garicano, por supuesto no han tardado en aparecer en los medios del establishment. No oirán ninguna voz disidente expresarse con el mismo alcance no sea que los cuestionamientos al destino manifiesto puedan hacer flaquear el apoyo “unánime” al proyecto.

La falta de diversidad ideológica de las instituciones comunitarias y sus delegados en España les permiten actuar sin fisuras en la persecución de los fines últimos de su programa neoliberal. Pero la incapacidad de pensar de forma crítica delata la debilidad de un proyecto que cada vez parece más agotado.

El lector puede ahorrarse las 17 primeras páginas de un documento que afirma, por ejemplo, que el euro protegió a los estados miembro —cuando la realidad fue la opuesta: la pérdida de la soberanía monetaria y un conjunto de reglas que restringían arbitrariamente la función fiscal de los estados nacionales impidieron que éstos actuasen eficazmente contra los efectos de la crisis financiera global. Fiel a su relato neoliberal explica la crisis como consecuencia de brechas de competitividad o endeudamiento públicos en lugar de reconocer el origen privado de la deuda o el comportamiento mercantilista de Alemania. En las páginas prescindibles se encuentran profusamente distribuidos términos como el polisémico “reformas estructurales” que puede significar liberalizar todos los mercados de trabajo, terminar con los derechos de los estibadores, liquidar todo el patrimonio público, privatizar todos los servicios públicos o favorecer la concentración de poder oligopolístico.

Me centraré pues en las propuestas recogidas en el documento y que, como otros de la Comisión, hace verdaderos esfuerzos y piruetas por sortear y eludir la solución más obvia: una verdadera unión fiscal a la que Alemania siempre se opondrá. Poner remedio a la banca por supuesto encabeza las medidas. Los bancos fueron sin lugar a dudas los originadores de la crisis y por ello parece obvio que todo programa de reformas debería centrarse en ellos. La “reducción de riesgos” con un fortalecimiento de la gestión prudencial, una vez que la Comisión considera satisfactoriamente concluidos otros aspectos de la unión bancaria, aparece de forma preeminente pero se considera adecuadamente encauzada. Pero la CE debería rebajar su triunfalismo: la nefasta gestión de la crisis del Banco Popular, que tuvo que ser resuelta finalmente por el Gobierno español de forma escandalosamente favorable para el Grupo Santander, plantea muchas preguntas acerca de la entrega de las responsabilidades de supervisión bancaria a un mecanismo de resolución bancaria que permaneció en la higuera mientras se precipitaban los acontecimientos. Da igual, la Comisión Europea solo sabe mirar hacia adelante. Ahora la obsesión de la CE es implantar una “estrategia europea para préstamos morosos”. La solución propuesta es desarrollar mercados secundarios para estas carteras tóxicas, reformar los reglamentos y, otra vez, ese término tan caro a Bruselas pero tan difícil de precisar, “reformas estructurales”. Bruselas también confía en el fortalecimiento de la disciplina de los mercados y la agilización de los mecanismos de resolución que tan exitosos se han mostrado en acelerar la caída de entidades financieras centenarias. Sin embargo la solución evidente les elude de nuevo: acabar con las políticas de austeridad que han prolongado innecesariamente la crisis. Un trabajador con empleo paga sus cuotas hipotecarias; una empresa con ventas no cae en morosidad. El Popular al final se hundió simplemente porque no hay balance bancario que aguante 36 trimestres seguidos de implacable crisis económica. Tan sencillo; pero tan difícil de ver en Bruselas.

A medio plazo Bruselas quiere mejorar la unión bancaria con un Fondo Único de Resolución Bancaria (que seguía sin estar listo para recoger los platos rotos del Banco Popular y los bancos italianos que ahora se tambalean) y un Seguro de Depósitos Europeo que pretende mitigar el vínculo entre bancos y haciendas públicas nacionales. A tenor de la pasada experiencia en Chipre nos tememos que estos avances ayuden a acelerar las fugas de depósitos de la próxima entidad que se encuentre en riesgo de insolvencia. Fiel a su tradicional preferencia por las soluciones “fiscalmente neutras” la CE propone que este fondo sea financiado por los bancos. Nada que objetar pero me habría gustado una mayor apertura a la posibilidad de nacionalizar entidades en lugar de regalarlas a oligopolios por 1 euro.

La justificación de la unión bancaria es oportunista. Se alega que se pretende romper el vínculo pernicioso entre bancos en dificultades y estados periféricos endeudados. Pero la retroalimentación se da solo porque, si a un estado se le priva del respaldo de su banco central, su deuda acaba siendo pasto de la especulación. A mí, la unión bancaria me genera mucha inquietud ya que tenderá a crear entidades paneuropeas de tamaño monstruoso, “too big to fail”, y elevado riesgo sistémico. Lejos de favorecernos estas entidades canalizarán el nuevo crédito al centro geográfico de Europa relegando definitivamente a la periferia a su papel de destino de vacaciones para trabajadores satisfechos del núcleo europeo.

Como decía al inicio, la unión fiscal se sugiere y se pospone sine die dadas las tremendas reticencias de nuestros vecinos del norte a financiar a los “vagos del sur”. La Comisión Europea trata de buscar paliativos que se quedan muy cortos para la ocasión. Ante el reiterado rechazo a mutualizar la deuda de los estados soberanos —algo perfectamente prescindible si el Banco Central Europeo se comprometiera a actuar como banco central de los estados miembro sin condicionar su apoyo a nocivas políticas de austeridad— han puesto la imaginación a trabajar y nos han presentado unos Títulos Respaldados por Bonos Soberanos, paquetes de deuda pública de distintos países que serían emitidos por alguna entidad del sector privado para que los inversores reticentes a comprar deuda griega o portuguesa tengan menos remilgos si en el pisto europeo se añaden calabacines holandeses y berenjenas alemanas. Pero parece ser que esta sorprendente innovación financiera solo aparecerá “gradualmente”. Mejor que ni aparezca pues no tardaría el BCE en dejar de comprar la deuda periférica alegando que son los estados los que deben hacer sus deberes para que sus títulos sean incorporados al subyacente de este nuevo derivado. Recuerden que Bruselas cree religiosamente en la función disciplinanrte de los bond vigilantes. Así evitamos esos molestos problemas de riesgo moral a los que seríamos propensos en el sur —más coloquialmente en términos de Jeroen Dijsselbloem, evitar que nos gastemos el dinero en alcohol y mujeres.

En tanto llega la entidad financiera del sector privado dispuesta a generar tan atractiva oportunidad de inversión a Bruselas le preocupa que perdure un obstáculo para la ansiada unión bancaria y la definitiva rotura de cualquier enlace entre bancos y estados. Es sabido que los bancos necesitan tomar posiciones en activos sin riesgo y que, universalmente, estos son títulos de deuda pública. Un cambio de reglas debería hacer posible que los bancos dejaran de apostar preferentemente por la toma de posiciones en la deuda soberana de sus propias naciones. Suponemos que se refieren al hecho de que son los bancos centrales participantes en el Eurosistema los responsables de comprar la deuda nacional de cada país dentro de los programas de flexibilización cuantitativa. Es obvio que, si el Banco de España es responsable de comprar la deuda pública española, los bancos españoles tendrán un incentivo para mantener esos títulos en su cartera, una posición que pueden transformar en liquidez de forma rápida si es necesario. Si a Bruselas esto le preocupa la solución estaría sencillamente en que fuera el BCE el que comprara directamente esas posiciones. Esto solucionaría sin duda el problema: todos los bancos apostarían por deuda pública alemana como activo sin riesgo lo cual dejaría colgados a los estados de la periferia una vez más cuando llegue la próxima crisis.

Tranquilos. La comisión renuncia a la unión fiscal pero recupera algunas viejas ideas que permitirían una función de estabilización macroeconómica para hacer frente a shocks asimétricos. Pero estos instrumentos deben atenerse a determinados principios directores: evitar transferencias permanentes (desde Alemania), minimizar el riesgo moral (que estos periféricos no puedan eludir la vigilancia de los mercados) y condicionar el acceso a los fondos a “criterios claros y políticas sensatas”. Los instrumentos considerados no son nuevos en el debate de los economistas deseosos de salvar el euro: un Plan Europeo de Protección de Inversiones, un Plan Europeo de Reaseguramiento de Desempleo y un Fondo para días lluviosos. Todos ellos serán perfectamente prescindibles e inútiles pues se basan en la premisa de que el saldo fiscal tiene que estar equilibrado a lo largo del ciclo. La doctrina europea sigue sin entender que el déficit fiscal es una necesidad permanente de cualquier economía en la que los ciudadanos desean ahorrar. Cualquier disposición de fondos de los citados instrumentos estaría limitada al importe de las aportaciones previas aunque se concede la posibilidad de tomar préstamos que deberán ser reintegrados en el futuro. La utilidad de estos instrumentos será muy limitada y simplemente tratan de soslayar la evidencia de que Europa no está preparada para una unión federal. Por ejemplo el Reaseguramiento Europeo de Desempleo, en opinión de la Comisión Europea, requeriría “probablemente una cierta convergencia previa de las políticas y características de los mercados de trabajo”. Es decir, que hasta que nuestra tasa de paro no sea la de Alemania, yo no me haría muchas ilusiones y, entonces ¿para qué lo querríamos? Entretanto podemos esperar un fortalecimiento de las funciones de supervisión presupuestaria de la CE, lo cual seguirá vaciando de contenido nuestros ornamentales parlamentos nacionales.

El documento contiene una serie de recomendaciones vacuas sobre construcción de capacidades que suenan más bien a mecanismos tipo zanahoria-palo que sirvan de acicate para que los estados prosigan con esas “reformas estructurales” tan caras a Bruselas y una mejora de la rendición de cuentas democrática de las instituciones europeas. Esta podría haber consistido en acabar con la independencia de los bancos centrales para que respondan ante los parlamentos pero lo cierto es que nos tenemos que conformar con un “diálogo más intenso entre parlamentos nacionales y Parlamento Europeo” y la posibilidad de fusionar el cargo de presidente del Eurogrupo —actualmente el nefasto Jeroen Dijsselbloem conocido por su altanería y desprecio hacia los sureños— con el vicepresidente para el euro y el diálogo social (puesto actualmente detentado por un tal Valdis Dombroskis de cuya labor nadie se acuerda).El hecho de que unas instituciones integradas por países que no están en la unión monetaria estén tomando decisiones sobre países que sí pertenecen a este selecto grupo no parece inquietar mucho a la Comisión pues espera que todos ellos acaben entrando en la fallida unión monetaria en otra declaración de intenciones que revela una pertinaz y obcecada resistencia a comprender la realidad.

Termina nuestra lectura con una propuesta de crear un Tesoro Europeo, un nombre engañoso para una entidad que no emitiría deuda para una Comisión Europea cuyo presupuesto no excede del 1% del PIB europeo. La nueva entidad ejercería esas funciones de vigilancia económica y fiscal —sustrayendo más funciones a los parlamentos y contradiciendo las declaraciones en pro de una mayor responsabilidad democrática de las instituciones europeas— gestionaría los hipotéticos fondos de estabilización macroeconómica y el ya existente mecanismo de estabilidad europeo además de coordinar la emisión de ese activo europeo sin riesgo.

La Comisión da gran importancia a la capacidad de resistencia de las economías europeas. Los países resistentes —nos dicen— no solo aguantan mejor las crisis, también rinden mejor en épocas de bonanza. Si la propia Comisión Europea no cree posible una unión federal sus propuestas, lejos de asegurar la robustez de nuestras economías, nos dejan expuestos a la siguiente crisis económica. Si eso es así, sería deseable que nos devolvieran la soberanía monetaria y dejáramos la UE para las necesarias tareas de coordinación entre estados democráticos y soberanos que otrora desempeñó un papel positivo en Europa. El documento que hemos leído perpetúa el fanatismo doctrinario de una institución cada vez más sometida a intereses oligárquicos e incapaz de hacer frente al hegemón centroeuropeo. Las medidas propuestas no resuelven los problemas de fondo de la Unión Europea y suponen la enésima distracción que emplean los europeístas para convencernos de que el proyecto sigue su curso sin desviarse. Cuando llegue la próxima crisis, que llegará, la periferia europea seguirá más expuesta que antes a sus embates. El proceso de colonización y depauperación del sur sigue su curso inexorable.

miércoles, 21 de octubre de 2015

La narración clásica sobre el desempleo

Si hay una nación que tiene un serio problema estructural con el empleo ésa es España.
El registro histórico de desempleo es simplemente desolador. Desde finales de los años 70, solo durante un breve interludio, asociado a la burbuja inmobiliaria que siguió a nuestra entrada en la moneda común, conseguimos que la tasa de desempleo llegara a tener menos de dos dígitos en porcentaje sobre la población activa. Si tenemos en cuenta que, además, la población activa es de las más bajas de los países de la OCDE la magnitud de la tragedia resulta aún mayor. Más desolador es constatar que las élites empresariales y políticas de este país no tienen ningún interés en resolver el problema. Inquieta reconocer que la democracia española ha sido incapaz de generar el pleno empleo. Salvo los nacidos antes de los años 60, prácticamente nadie en este país ha conocido una situación de pleno empleo. Quien más quien menos ha experimentado dificultades para incorporarse al mercado de trabajo, episodios más o menos duraderos de desempleo y condiciones laborales cada vez más degradadas; salvo que haya conseguido aprobar unas oposiciones, esté muy bien conectado o tenga unas habilidades y competencias muy demandadas por el mercado.



Ilustración1.Elaboración propia a partir de datos de la población activa del INE (desde 2000) y fuentes diversas para años anteriores. Nota: hay cambios metodológicos a lo largo de la serie histórica que no he tratado de resolver.

¿Qué explica nuestra incapacidad histórica para resolver el problema del desempleo?
La narrativa convencional hunde sus raíces en la teoría económica clásica que resucitó a partir de los años 70 con la formulación conocida actualmente como neoliberalismo. John Maynard Keynes, en la Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero[i], resume la teoría clásica del desempleo tal como la había explicado el Profesor Arthur Pigou[1], quien, según su entender, tenía el mérito de haber hecho la formulación más completa y explícita de todos los autores neoclásicos. Según esta teoría el salario es igual al producto marginal del factor trabajo, es decir equivale al valor que dejaría de producirse si el trabajo se redujera una unidad. Contrátese un trabajador más y las empresas perderán porque el producto de ese recurso adicional no cubrirá el coste incremental. Contrátese uno menos y el empresario perderá la oportunidad de ganar un poquito más. La premisa de los clásicos es que todos los procesos productivos tienen rendimientos marginales decrecientes, es decir, que se saca menos producto por cada recurso añadido. Existe pues una relación inversa entre salario y la cantidad de trabajo que los empresarios estarían dispuestos a ofertar.

Por otra parte, la utilidad del salario para un determinado volumen de empleo debe ser igual a la “desutilidad” marginal de esa cantidad de empleo. El término desutilidad es un poco críptico y es ciertamente difícil de medir pero vendría a equivaler al coste que tiene para el trabajador aceptar un empleo. Acudir a trabajar implica renunciar a tiempo de ocio y otras incomodidades además de costes de transporte y de cuidados de familiares durante la ausencia del trabajador. Si el sueldo no es suficientemente elevado a un trabajador puede no interesarle acudir a trabajar. Es decir, puede que la utilidad de trabajar, el salario neto, sea inferior a la desutilidad, en cuyo caso habrá trabajadores que se retirarán del mercado y viceversa. Según los clásicos habría un determinado volumen de empleo de equilibrio en el que el salario igualaría la desutilidad del trabajo. Una hora trabajada de más tendrá una desutilidad mayor que la utilidad que aporta y por tanto al trabajador no le interesará ofrecerla. Una hora trabajada de menos y la desutilidad de trabajar sería inferior al salario y por tanto al trabajador le interesará ofrecer sus servicios al mercado pues aún puede ganar productividad neta. La función de utilidad del trabajo gobernaría la oferta de empleo.

Para los neoclásicos la economía tiende al equilibrio automáticamente. En algún punto se igualarán las funciones del producto marginal del factor trabajo (la demanda de empleo) y la de utilidad del trabajo de tal forma que para un determinado salario el volumen de empleo demandado por los empresarios igualará al volumen ofertado. Por eso los clásicos consideraban que, en condiciones de competencia perfecta no existiría el desempleo.

Los clásicos aceptaban que podía darse un poco de desempleo de tipo “friccional” causado por pequeños desajustes de información entre oferentes y demandantes, retrasos y demoras al cambiar de un empleo a otro, errores de cálculo de los empresarios entre otros. Sin embargo, fuera de estas excepciones, que podríamos atribuir a pequeñas imperfecciones en el funcionamiento de la economía de mercado, el mercado siempre tendería al equilibrio. Si baja la demanda de empleo basta con que los trabajadores acepten una rebaja salarial. Aquéllos que no están dispuestos a trabajar por el nuevo salario se retirarían del mercado y por tanto, no estarían desempleados. La razón es que al nuevo salario la una parte de los trabajadores encontraría que su desutilidad sería superior al salario. Para aumentar el empleo bastaría una bajada de los salarios reales (los salarios medidos por su poder de compra real). Si existía desempleo “involuntario” éste solo podría darse si los trabajadores trataban de evitar la formación del precio de mercado mediante la colusión el recurso a prácticas anticompetitivas, amenazas de huelga o procesos de negociación colectiva. El desempleo “involuntario” solo podría ser culpa de las conductas anticompetitivas de los trabajadores.

En esencia esta narrativa, de origen decimonónico y resurgida con el neoliberalismo, ha impregnado a una gran parte de la sociedad, de las élites empresariales y políticas, incluyendo a las de la UE. El mensaje lo repiten una y otra vez las organizaciones de empresarios, los gobernadores del Banco de España, los ministros de Economía y Hacienda, diversos “gurús” y tertulianos de diverso pelaje. La melodía es la misma con distintas variaciones y cambios de compás. ¿Cuántas veces hemos oído que una legislación laboral con unos elevados costes de despido y enormes rigideces salariales (por ejemplo para adaptarlos a cambios a la productividad como ha pedido reiteradamente el presidente Felipe González) desincentivaba la contratación de trabajadores? ¿No estaba diciendo el presidente que los salarios deberían bajar hasta igualar su productividad marginal para que pudieran contratarse más desempleados? Nos han inculcado desde hace años que nuestra economía es escasamente competitiva, está constituida mayormente por microempresas, es incapaz de exportar y está centrada en los monocultivos del ladrillo y del turismo, que genera un empleo de baja calidad y muy sometido a los vaivenes de los ciclos de la economía. Es lo mismo que decir que si la productividad de nuestra economía aumentara también lo haría el empleo porque al aumentar el rendimiento marginal del factor trabajo los empresarios estarían dispuestos a contratar a más trabajadores. Por tanto la receta prescrita para aumentar el empleo es aumentar la competitividad de nuestra economía.

Una y otra vez se ha recurrido al marco conceptual neoliberal para explicar el desempleo.
La historia no ha variado en exceso en el tiempo. A finales de los 70 y principios de los 80, recién salidos del Franquismo y, ante la obligación de integrar nuestra economía en la europea, nos explicaron que nuestro sector industrial era poco competitivo lo cual obligaba a cerrar las empresas más obsoletas. También nos explicaban que unos sindicatos combativos, amparados por una legislación restrictiva heredada del corporativismo franquista y convalidada en el Estatuto de los Trabajadores, se habrían mostrado reticentes a colaborar aceptando ajustes salariales para rebajar el desempleo. Por culpa de esa recalcitrante actitud de los trabajadores, el ajuste industrial se tendía que de producir a costa del empleo. De nuevo el recurso a la explicación clásica de las prácticas de colusión de los trabajadores para explicar el desempleo involuntario.

En los años 80 se añade al ramillete de explicaciones la incorporación al mercado de trabajo de las cohortes más numerosas que haya habido jamás en la historia de este país, la generación nacida en el baby boom. Encontrar acomodo laboral, al igual que ya fue complicado adaptar el sistema educativo a tal avalancha y luego lo fue en el mercado de la vivienda (lo cual en parte explicó el boom inmobiliario), fue un reto para la economía pero reconozcamos que también amplió espectacularmente el mercado de consumidores. Sin embargo, el baby boom ya peina canas y hoy más del 50% de los jóvenes están desempleados. Pero al margen de coyunturas como la crisis industrial y la incorporación de jóvenes al mercado de trabajo, la narrativa no ha experimentado demasiados cambios. Para los economistas del mainstream el problema sigue siendo el desajuste de la oferta laboral a las necesidades del mercado, los salarios reales elevados y la falta de movilidad laboral. Una y otra vez se aducen factores estructurales para explicar las altas tasas de desempleo de nuestra economía.  

Desde una perspectiva neoliberal solo tiene sentido atacar el desempleo aumentando la productividad, reduciendo los salarios reales, bajando la desutilidad del trabajo o reduciendo el desempleo friccional. Por eso tendríamos que atacar los siguientes problemas.

1.       La baja productividad marginal de la economía española. Si aumentamos la productividad marginal de nuestra industria conseguiríamos elevar el producto marginal del factor trabajo y por tanto, la industria contrataría más trabajadores hasta llegar a un nuevo equilibrio con más empleo y mayores salarios reales.
2.       Las “rigideces” de nuestro mercado laboral.  En este epígrafe podemos identificar algunas explicaciones recurrentes: leyes laborales que impiden el libre despido sin el pago de cuantiosas indemnizaciones; la negociación colectiva que no tendría en cuenta las circunstancias de cada empresa; la indexación de los salarios a la inflación; entre otras. En definitiva se trataría de eliminar los obstáculos que permitirían bajar los salarios y por tanto aumentar el volumen de empleo si fuera necesario.
3.       Los desincentivos para incorporarse al mercado de trabajo que aumentarían la desutilidad del trabajo. Entre éstos estarían las ayudas al desempleo, esa bestia parda de la derecha española llamada Plan de Empleo Rural (PER), las prestaciones de desempleo o, desde un punto de vista más progresista, las dificultades de las mujeres para incorporarse al mercado laboral

Este análisis neoliberal subyace al permanente reclamo de introducir las llamadas “reformas estructurales”. Esta línea argumental es una de las favoritas de la CE. A título de ejemplo, un informe del ejecutivo comunitario sobre los desequilibrios macroeconómicos de España publicado en 2015 señalaba los siguientes objetivos para nuestr0 mercado de trabajo[2]. Las inserciones entre paréntesis son mías.


  •  “Seguir nuevas medidas para reducir la segmentación del Mercado de trabajo para favorecer empleos sostenibles de calidad, por ejemplo, mediante la reducción del número de tipos contractuales y asegurar un acceso equilibrado a los derechos de indemnización por despido.” (Reducir los salarios reales)
  •  “Continuar con una monitorización regular de las reformas del mercado laboral.” (Acelerar el ritmo de introducción de reformas estructurales)
  •  “Promover desarrollos de salarios reales consistentes con el objetivo de la creación de puestos de trabajo.” (Reducir los salarios reales)
  •  “Fortalecer los requisitos de búsqueda de empleo en los beneficios de desempleo.” (Reducir la desutilidad del trabajo)
  •  “Acentuar la eficacia y la direccionalidad de las políticas activas de Mercado Laboral, entre las que se incluyen los subvenciones a la contratación, en especial para aquéllos que se enfrenta a mayores dificultades para acceder al empleo.” (Reducir el coste real del factor trabajo para las empresas)
  •  “Reforzar la coordinación entre el mercado de trabajo y las políticas de educación y formación.” (Reducir el paro friccional).
  •  “Acelerar la modernización de los servicios de empleo público para asegurar un asesoramiento personalizado eficaz, una formación adecuada y la adecuación entre demanda y oferta de empleo con un foco especial en los desempleados de larga duración.“ (Reducir el paro friccional).
  •  “Asegurar la aplicación efectiva de la cooperación público-privad en los servicios de colocación antes del fin de 2014 y monitorizar la calidad de los servicios prestados.” (Reducir el paro friccional).
  •  “Asegurar el funcionamiento efectivo del Portal de Empleo Único y combinarlo con medidas adicionales para asegurar la movilidad del trabajo” (Reducir el paro friccional y la desutilidad del trabajo).
De la lectura del documento de la Comisión Europea se deduce que los culpables del elevado desempleo español serían:

  •  La falta de formación de los trabajadores y la falta de acoplamiento entre las habilidades ofertas y demandas.
  •  Unos salarios reales que se resisten a bajar.
  •  Las rigideces del mercado de trabajo: esos trabajadores que no quieren moverse de su pueblo.
  •  Unos servicios públicos de empleo ineficaces.
  •  Los tipos de contratos laborales que generan un mercado dual donde unos tienen protección frente al despido y otros no. Con la expresión “acceso equilibrado a derechos de indemnización por despido” yo leo bajárselos a los que todavía conservan esos derechos.

¡La falta de demanda agregada como consecuencia de las políticas de austeridad y la falta de confianza de los empresarios no aparece en la lista!

Durante años las políticas aplicadas por los sucesivos gobiernos, bajo los auspicios comunitarios, han tenido siempre el mismo sesgo. Sin embargo en los últimos 30 años el desempleo se ha mantenido obstinadamente elevado. Los neoliberales objetarán que no hemos hecho las reformas estructurales con suficiente convicción y entusiasmo. Hay que reconocerles a los neoliberales su perseverancia en aplicar sus recetas económicas. El problema es que este análisis neoliberal no se sostiene ni desde la evidencia empírica ni desde un análisis conceptual.

La teoría de que la productividad marginal del trabajo = salario = desutilidad del trabajo es ingeniosa aunque resulta extremadamente difícil de aplicar en la práctica. Reconozcamos que para cualquiera resultaría extremadamente difícil calcular su desutilidad de trabajar más que aproximadamente. Sabemos que trabajar en una alcantarilla por 200 euros al mes no compensa el esfuerzo físico, los olores desagradables y los riesgos. También sabemos que un puesto administrativo por 45.000 € al año es una buena oportunidad pero dudo que la mayoría de las personas pueda hilar demasiado fino. Solo podemos llegar a una aproxima grosera de nuestra desutilidad.

En cambio, el concepto de productividad marginal del trabajo, aunque resulta elegante sobre todo cuando se acompaña del habitual aparato algebraico del gusto de los autores clásicos, en la práctica solo podría aplicarse a determinados empleos homogéneos en los que unos trabajadores pudieran ser sustituidos por otros con facilidad. Quizás un buen contable conseguiría ponerle una cifra a la productividad marginal del trabajo de la empresa para la que trabaja. Cuando vemos que determinados altos directivos o jugadores de fútbol perciben sueldos que resultan desorbitados, ¿podemos creer que si sus empleadores rescindieran sus contratos sus ingresos caerían en la misma medida que el salario ahorrado? Si Cristiano Ronaldo dejara el Real Madrid, de verdad dejaría de percibir ese club 17 millones de € al año siguiente. ¿Se reducirían los ingresos de ACS en 5 millones € si dejara de ser presidente Florentino Pérez? ¿Es creíble que la productividad marginal de un médico en atención primaria es equivalente al salario medio de 1.832 € mensuales que se observó en España en 2014? ¿Cómo se determina la productividad marginal de una enfermera? Honestamente parece que el concepto no puede tener más interés que el de una curiosidad estadística.

Quizás en el entorno de la sociedad industrial de finales del siglo XIX pudiera calcularse un rendimiento marginal de un trabajador pero este autor jamás ha visto en toda su experiencia profesional que una empresa supiera decir cuál era el de todos y cada uno de los puestos de trabajo. Es más que dudoso que las diferencias salariales observadas entre hombres y mujeres puedan justificarse por diferencias en la productividad marginal de cada sexo. Parece más realista suponer los niveles salariales los determinan el poder de negociación de cada una de las partes sin que ninguna pueda conocer ni de lejos cual es la productividad marginal de ese trabajador, concepto que, en caso de poderse calcular seguramente oscilaría de forma constante de un mes a otro.

Michal Kalecki ya explicó a principios del siglo XX que los salarios de los trabajadores en el sector industrial dependían del nivel de monopolio y de su poder de negociación gracias a la acción sindical. Desactivados los sindicatos muchos trabajadores han visto como sus ingresos caen por debajo del vaporoso nivel de la desutilidad del trabajo. Muchos no dejan de trabajar por este motivo pero seguramente han caído en una profunda desmotivación con nefastas consecuencias para la productividad, la que de verdad importa para mejorar las condiciones de vida de la población.

Podemos lanzar más objeciones al punto de visto de la Comisión Europea y de los gobiernos neoliberales sobre el problema de desempleo español. Una gran parte del recetario descrito anteriormente son medidas que pretenden reducir el paro friccional. Solo un ciego podría pensar que, en medio de una profunda depresión, que ha dejado a la cuarta parte de la fuerza laboral en el paro, una simplificación de los tipos de contratos va a reducir la tasa de paro en más de unas pocas décimas de punto porcentual. Reconozcamos que después de la enésima reforma laboral el paro sigue siendo insultantemente alto. Llevamos haciendo reformas laborales ya desde los Pactos de La Moncloa. ¿Qué más tenemos que hacer? Quizás el famoso contrato único consiguiera acabar con la dualidad del mercado de trabajo donde unos disfrutan de contratos permanentes con cláusulas de despido elevado y otros están condenados a los contratos temporales pero seguramente el resultado sería igualar por abajo a todos. Una agilización de los servicios de colocación estaría bien para reducir el paro friccional pero no acierto a comprender cómo una avalancha incontenible de parados en las oficinas de empleo puede ser eficazmente atendida por unos pocos funcionarios cuando el problema es que literalmente no existe demanda para emplear trabajadores. No estaría mal que el estado colaborara a reducir el desempleo doblando o incluso triplicando el número de personas ocupadas en estas oficinas de empleo pero dudo que realmente consiguieran mejorar una situación de devastación como la actual. Si el problema es que los trabajadores no están bien formados ¿por qué será que los jóvenes mejor formados —científicos, ingenieros, médicos, enfermeros— se están marchando a vivir en otros países donde les pagan mejores sueldos y les dan contratos estables? No parece plausible argumentar que mejorar la calidad de la oferta de los trabajadores vaya a ser exitoso cuando no hay demanda por parte de las empresas. Me temo que solo los políticos siguen creyendo que se puede resolver el problema del desempleo recurriendo al BOE. 



[1] Pigou es el autor de una obra, la Economía del Bienestar, una obra fundamental en muchos aspectos. A él se le atribuye el concepto de producto social marginal neto y el producto privado neto. El producto marginal neto de un recurso es el rendimiento obtenido por añadir un recurso adicional a un proceso productivo, por ejemplo un trabajador adicional, una máquina fresadora adicional en un taller, un coche nuevo a una flota de taxis, etc. Podía haber situaciones en las que las ganancias del producto marginal neto no revirtieran completamente el propietario. En este tipo de situaciones el inversor invertiría menos de lo deseable socialmente. Un ejemplo podría ser el de un propietario de un bosque reacio a invertir en él aunque las ventajas ambientales de éste beneficiarían a todos. En otros casos un empresario podría estar aprovechándose de actividades contaminantes o perjudiciales para la sociedad transfiriendo sus costes a la sociedad y por tanto obteniendo un rendimiento marginal superior al que le correspondería. Pigou considera que lo óptimo es que se cumplan dos condiciones. La primera es que el producto social neto marginal tiene que ser igual para todos los empleos de un recurso. Si un recurso arroja un rendimiento marginal mayor dedicándolo a otra actividad debería transferirse a esta para aumentar la producción total. La segunda es que el producto social marginal neto debe ser igual al producto privado marginal neto. Esto significará que el inversionista privado recibirá todas las ganancias procedentes de su inversión y que tendrá que sufragar todos sus costes. De los contrario se producirían externalidades de costes asumidos por la sociedad o no se asignará una cantidad de recursos óptima a determinadas actividades. Para corregir estas divergencias Pigou proponía utilizar impuestos y subvenciones.

Pigou y Kenyes fueron compañeros en la universidad de Cambridge y mantuvieron algunas controversias aunque también se influyeron mutuamente.
[2] Country Report Spain 2015 Including an In-Depth Review on the prevention and correction of macroeconomic imbalances.




[i] John Maynard Keynes. The General Theory of Employment, Interest and Money. (1964) Ed. De First Harvest/Harcourt. Pág. 5 y ss.

martes, 17 de febrero de 2015

Respuesta de la Comisión Europea

Last week I got a reply from the European Commission to a previous e-mail (also reproduced in this blog here). Before reading the reply it might be useful to understand that I was trying to point out the inconsistency of ignoring that three sectoral balances cannot simultaneously reduce their net financial balances. OK, I agree that some imbalances may be cause for concern. But it doesn't make sense to be concerned about all of them simultaneously.

I was also trying to remark on the really critical imbalance in the EU: the enormeous trade surplus of Germany. Yes, they acknwledge that it deserves attention. However, they do not seem to be concerned about the fact that Germany is running a fiscal surplus in 2015. Well, if you are concerned about the German trade surplus you'd better be equally concerned about the fiscal and private sector surpluses since they are inextricably linked. I was hoping that the EC would acknowledge that they should, perhaps, consider changing their alert mechanism and start by flagging the German Government surplus.

It is worth pointing out that the fact that there is a link between Germany's trade surplus and the weak internal demand in that country does not equate to causation. I think that it is worth the EC's time to analyze the cause of underinvestment and low spending in that country rather than building nifty macroeconomic scoreboards.

I do promise to read their in-depth study of the German economy today.

Herewith is the reply of the European Commission to my recent inquiry regarding the Alert Mechanism Report:





jueves, 18 de diciembre de 2014

Desequilibrios macroeconómicos no resueltos

La Comisión Europea publicó hace unos días su Informe sobre el Mecanismo de Alerta que pueden encontrar aquí. Además facilita la CE unos cuadros de mandos con indicadores de desequilibrios macroeconómicos. El de España es el siguiente (pueden verlo ampliado clicando sobre la imagen):



Las casillas sombreadas corresponden al dato que supera el umbral marcado por la UE. Podrán comprobar que en 2013 los desequilibrios macroeconómicos se deben a la deuda de los sectores público y privado, al desempleo y al deterioro de la cuota de mercado de nuestras exportaciones.

Después del desempleo, lo más llamativo es el rápido deterioro que experimentó la deuda pública en los últimos años. Pero esto era un resultado inevitable en una economía cuyo sector privado, excesivamente apalancado antes de la crisis, necesitaba reducir su endeudamiento ante el cerrojazo del crédito y la caída de las oportunidades de inversión. Fíjense en el gráfico que facilito más abajo preparado a partir de datos publicados en la contabilidad nacional. Recoge la evolución de la posición financiera neta (activos financieros menos pasivos financieros) de cada sector, público, privado y exterior. Si revisan los años de la burbuja, verán cómo la deuda privada creció de forma acelerada hasta 2009.   A partir de ese año es el sector público quien toma el relevo y empieza a endeudarse aceleradamente. Las causas son evidentes: la caída de ingresos tributarios, los estabilizadores automáticos (ayudas al desempleo, etc) y los rescates bancarios. Sin embargo fíjense cómo la suma de las deudas privadas y públicas desde 2008 dan una suma que, tercamente, oscila un poco por encima del 260% del PIB. Es decir, el sector privado ha transferido su deuda al sector público.

Esto era inevitable que ocurriera. A nivel macroeconómico ocurre que, puesto que  los activos financieros de un sector institucional son los pasivos financieros de otro, las posiciones financieras netas de todos los sectores institucionales tienen que cancelarse. Si, de forma simplificada, consideramos tres sectores institucionales en una economía, público, privado y exterior, debe darse la siguiente identidad contable:

AFNP+AFNG+AFNX=0 (*)

Los activos financieros netos del sector privado (ANFP), los del sector público (AFNG) y los del sector exterior (AFNX) suman 0. Si llevamos a AFNX a la derecha de esta identidad estamos indicando que el sector exterior financia a la economía doméstica: AFNP+AFNG=AFNX. Esta identidad la podemos comprobar con el siguiente cuadro que publica el Banco de España 2.2 Saldo del balance financiero y saldo de la cuenta de operaciones financieras  y que gráficamente represento a continuación:

Millones de €. IIFF=Instituciones Financieras, AAPP=Administraciones Públicas

Se puede observar cómo hasta 2008 la deuda del sector privado no deja de crecer. ¿Quién lo financia? Fundamentalmente el sector exterior. A partir de 2008 el sector público empieza a endeudarse ayudando de esta manera al sector privado.

Lo óptimo hubiese sido que el desapalancamiento hubiese venido del exterior mediante un aumento de nuestras exportaciones. Si bien las importaciones cayeron de forma brusca a partir de 2011 hasta conseguirse un equilibrio en la balanza por cuenta corriente en 2013, lo cierto es que no hemos conseguido ese ansiado superávit que permitiría reducir nuestra posición financiera neta respecto al resto del mundo. La línea naranja "Resto del mundo" ha continuado obstinadamente anclada en el billón de euros.

Esta evolución era esperable pero cuestiona seriamente toda la política impuesta por la CE para salir de la crisis. Su tesis era que, mediante un proceso de devaluación interna consistente en una reducción de salarios, España ganaría competitividad respecto al exterior lo cual llevaría a una reducción de la deuda externa. Además la austeridad en las AA.PP., o "consolidación fiscal" en la jerga de Bruselas, conseguiría evitar un crecimiento de la deuda pública. España no ha conseguido ganar competitividad como demuestra el otro desequilibrio macroeconómico señalado por la CE: la pérdida de cuota de mercado de  nuestras exportaciones. Todo ha salido mal. La estrategia de Bruselas, fielmente secundada por Rajoy hasta 2013, solo sirvió para destruir empleo a un ritmo galopante sin remediar el desequilibrio exterior. ¿Por qué? Probablemente porque otros países llevan años experimentando una atonía de su demanda doméstica y eso no lo pueden controlar ni Madrid ni Bruselas. ¡Cuánto más rápida habría sido nuestra salida de la crisis si el sector exterior nos hubiese ayudado!

El ajuste del sector privado ha sido muy intenso y eso ha sido gracias al estado, no al sector exterior. Han sido sobre todo los hogares los que han aumentado su posición financiera neta pues las empresas siguen estando muy endeudadas como se puede ver en el gráfico que desglosa los "Otros sectores residentes (línea gris del gráfico anterior)". A partir de 2014 hemos notado una leve mejoría del consumo y es evidente que el estado ha abandonado la política de austeridad. Se ha recuperado la demanda interna y se empieza a crear algo de empleo pero, debido a nuestra elevada propensión marginal a importar, una parte de esa demanda ha ocasionado un nuevo deterioro de nuestra balanza comercial. Nuestra deuda doméstica seguirá creciendo. Rajoy dice que hemos dejado la crisis atrás, pero el desequilibrio exterior sigue sin resolverse. ¿Hasta cuándo? Y sobre todo ¿podemos hacer algo para corregirlo?
Datos en millones €. ISFL=Instituciones Sin Fines de Lucro



(*) Esta relación se deriva de otra identidad.

S-I+T-G=X-M, donde S= ahorro de las familias y empresas, I=inversión, T=impuestos, G=gasto público, X=exportaciones y M= importaciones.  El ahorro menos la inversión más el déficit (o superávit) del estado siempre es igual al saldo de la balanza comercial. Dicho de otro modo: el ahorro  (o desahorro) de las familias y empresas (sector privado) más el de las administraciones públicas (sector público) es igual al saldo de la balanza comercial (sector exterior) que, a la postre, no es más que la financiación neta recibida del exterior. Los ahorros acumulados de cada sector institucional no son otra cosa que su posición financiera neta. Si los flujos que los crean mantienen esta identidad en cada período entonces lógicamente los saldos acumulados también deben mantenerla.

En un post reciente Frances Coppola llama a la identidad (S-I)=(G-T)+(X-M) la ecuación más hermosa de la Economía. Estoy de acuerdo.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Post Programme Surveillance

Acabo de publicarse el informe de seguimiento del programa de rescate español. Sí, Sr. Rajoy, la ayuda que recibimos de la UE fue un R-E-S-C-A-T-E- Supongo que, para no herir susceptibilidades, la CE titula el documento "Spain — Post Programme Surveillance Autumn 2014 Report". ¿De qué programa estamos hablando sino de un programa de rescate? ¡Qué habilidad tienen estos burócratas para hablar sin claridad!

La CE tiene un tono en general optimista y, como siempre en los documentos de la CE, el énfasis está en las medidas estructurales. Se congratula del regreso al crecimiento que achaca a una revitalización del consumo. A pesar de lo cual la deflación (término tabú, prefieren utilizar "negative inflation" en la línea de otros eufemismos como "austeridad expansiva") continúa, para cuya causa no encuentra otra que ésta que es un tanto incoherente:
"mainly explained by the still large slack in spite of the recent pick-up in domestic demand."
¿No habrá deflación porque no se está creando dinero sino que se destruyendo merced a las políticas de austeridad implantadas en toda Europa?

Tampoco el informe parece percatarse del vínculo entre la evolución de la deuda pública y privada. Porque si en el sector privado:

The household and corporate sectors are reducing their debt overhang. The total stock of private sector debt amounted to 182.1% of GDP in non-consolidated terms in Q2 2014 (...), some 36.5% of GDP lower than the peak in Q2 2010. Most of the reduction is due to the 25.7% of GDP fall in debt of non-financial corporations since the peak. Credit contraction has been the main channel of private sector deleveraging, with aggregate bank lending on a declining path since 2007.

Por otra parte la deuda pública:

Public sector debt is still on an upward path, although the government expects it to peak in 2015 at slightly above 100% of GDP provided that the budget deficit targets for the coming years are met. The deterioration in net external demand limits the prospects of rapidly reducing the high negative net international investment position (-93% of GDP at the end of 2013).

Es decir la deuda privada se ha reducido en 400 mil millones € y la deuda pública se ha incrementado en 660 mil millones. El desapalancamiento privado se ha producido gracias a una transferencia de las posiciones financieras al estado, como era de prever. Pero esto el autor del informe no parece pillarlo. ¿No son capaces de ver que es precisamente gracias al déficit que se hace posible esa reducción de la deuda privada? ¿No debería ser aun mayor el déficit para que el sector privado arreglara sus balances de una vez por todas?

Sin embargo para estos señores de la CE el déficit sigue siendo un problema pues:

"While the 5.5% of GDP budget deficit target for 2014 appears within reach, fiscal consolidation needs in 2015 and 2016 remain substantial. Headline deficit reduction is being helped by the improving economy, including an underlying tax-rich growth structure. In spite of that, the Commission's 2014 Autumn Forecast points to a risk that the 2015 target might be missed."

Nada, aunque les apuntaras la luna con el dedo serían incapaces de verla. Señores de la CE: la deuda privada se ha reducido gracias a que el estado ha estado dispuesto a recogerla vía déficit + rescate bancario.


Por otra parte parece ser que la célebre "devaluación interna" no ha servido de gran cosa porque si bien:
Much of the competitiveness lost prior to the crisis has been restored,
Menos mal que el turismo ha ido bien este año. A pesar de que siguen sin reconocerse que la mejora en nuestra balanza comercial se debió al hundimiento de nuestras importaciones y no por una mejora de las exportaciones. Sin embargo;
"but the import propensity remains high. Spain needs to run sizable current account surplus to reduce its large stock of net external debt (the net international investment position (NIIP) reached -92.9% of GDP at the end of 2013)."
Efectivamente: seguimos sin reducir gran cosa nuestra posición financiera neta externa. Esto seguirá así mientras Alemania no ponga de su parte, como ya argumenté en un post anterior. Pero no busquen la palabra Alemania en el informe porque no sale más que para referirse a la prima de riesgo.

Se congratulan de la recuperación de la demanda interna (con ese impacto en las importaciones) pero ¿cuál es la causa? Apuntan a una recuperación del empleo; sí, vale, se ha creado empleo en hostelería. Pero cuesta creer que sea suficiente para explicar ese repunte. Si las empresas no están invirtiendo porque continúa la contracción del crédito y la balanza comercial tampoco va como un cohete ¿que otro factor puede explicar el repunte del consumo? ¿No será más bien que la austeridad en el sector público se ha acabado?

viernes, 12 de septiembre de 2014

La receta de Bruselas: Consolidación Fiscal y Devaluación Interna.



Hace un año escribí al presidente de la Comisión, José Manuel Durâo Barroso, para denunciar el error de diagnóstico de la institución que preside sobre la crisis de deuda y plantearle que uno de los mayores problemas era la fragmentación del mercado bancario europeo. Esta fue la respuesta que recibí (los subrayados son míos):



EUROPEAN COMMISSION
DIRECTORATE GENERAL
ECONOMIC AND FINANCIAL AFFAIRS
Policy strategy and co-ordination
Macroeconomy of the euro area


Bruselas, 23 de Mayo de 2013
Ares(2013) – 922056 (# de entrada)


Mr Stuart Medina Miltimore
stuart.medina@metasbio.com

Asunto: Fragmentación de la Unión Económica y Monetaria
Estimado Sr. Medina Miltimore,
En nombre del Presidente de la Comisión Europea, me gustaría agradecerle sus comentarios.
Es cierto que la Unión Económica y Monetaria (UEM) europea está viviendo momentos difíciles. Aun así, durante este periodo de dificultad se están poniendo las bases para reforzar la UEM, tanto desde el punto de vista económico como institucional.
Se han conseguido avances fundamentales en esta dirección. La mayoría de los Estados Miembros han puesto en práctica importantes medidas de consolidación fiscal. Reestablecer la sostenibilidad de las cuentas públicas es imprescindible para superar la crisis, especialmente en aquellos países más endeudados. Al mismo tiempo, para aumentar la competitividad y crear crecimiento sostenible, las medidas de consolidación fiscal deben de ir acompañadas de reformas estructurales, por ejemplo en los mercados de trabajo y de productos. Algunos países han dado pasos fundamentales en esta dirección, aunque aún queda mucho por hacer.
La gobernanza económica de la UEM ya ha experimentado reformas fundamentales. Estas incluyen la adopción de los paquetes legislativos sobre supervisión presupuestaria y gobernanza económica (los llamados "2-pack" y "6-pack"), la creación del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), y la entrada en vigor del Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza. En concreto, el fortalecimiento del Pacto de Estabilidad y Crecimiento y la adopción del Procedimiento de Desequilibrios Macroeconómicos contribuirán a prevenir la acumulación de niveles de deuda excesivos y de desequilibrios macroeconómicos en los Estados Miembros, y reforzarán la estabilidad macro-financiera en la UE. El Semestre Europeo permite abordar de una manera exhaustiva las reformas necesarias para impulsar la competitividad, relanzar el crecimiento, y crear las muy necesarias condiciones para la creación de empleo.
Aun así, se necesitan más avances, in este contexto, el "Libro azul para una UEM profunda y genuina" sienta las bases para asegurar la estabilidad e integridad de la UEM, avanzando hacia una unión bancaria, fiscal, y política.
Al respecto de sus comentarios sobre los desequilibrios por cuenta corriente en la zona euro, me gustaría señalar que los mecanismos de supervisión que forman parte del Procedimiento de Desequilibrios Macroeconómicos, afectan tanto a los déficits por cuenta corriente como a los superávits. Además, la Comisión ha llevado a cabo un estudio en profundidad sobre "superávits por cuenta corriente en la UE", que fue publicado en Diciembre de 2012. Dicho estudio establece que en la mayoría de los países con superávits, se dan las condiciones necesarias para que se produzca un aumento de la demanda interna, tales como incrementos salariales o diferentes velocidades de consolidación fiscal. En cualquier caso, dicho estudio también revela  que un aumento de la demanda interna en Alemania beneficiaría principalmente a sus socios comerciales más cercanos, tales como la República Checa, Eslovaquia, Hungría, y Austria, mientras que el efecto en la balanza comercial de los países "deficitarios" sería mucho más limitado.
Finalmente, y en lo referente a la fragmentación de los mercados financieros en la zona euro, el BCE, al cargo de la política monetaria en total independencia, ha tomado pasos importantes para asegurarse que los mecanismos de transmisión de su política monetaria funcionan adecuadamente en todos los países de la zona euro. Por ejemplo, la iniciativa sobre Transacciones Monetarias Directas (OMT), ha sido crucial para reducir la percepción de riesgo de re-denominación de moneda en la zona euro, y para reducir la prima de riesgo de los países periféricos en los mercados de deuda soberana. Dicho esto, hay que admitir que las diferencias en tipos de interés dentro de la zona euro son todavía elevadas. Esta circunstancia, entre otras, hace necesaria una intervención urgente para establecer una unión bancaria. Dicha unión bancaria ayudará a reforzar la estabilidad financiera mediante el establecimiento de disposiciones únicas acerca de la supervisión y resolución bancaria, y eliminando los vínculos entre el sector financiero y la deuda soberana.

Eric Ruscher
Jefe de Unidad
DG ECFIN – Unidad A.5

Comisión Europea

En fin, ha pasado un año y yo no diría que se haya avanzado mucho en unión bancaria. El énfasis de la política propuesta por Bruselas estaba en las reformas estructurales y la consolidación fiscal. Hoy comprobamos cómo el problema es de anemia de la demanda. 

Por último, la cuestión de que una reducción del superávit en Alemania no ayudaría a la economía española revela una pobre comprensión de las relaciones entre el comercio exterior y la economía financiera. Lo importante es que la economía alemana no siga generando esos obscenos superávits por cuenta corriente equivalentes al 7% de su PIB (200 MM €) cuyo correlato es un exceso de ahorro que antes se invertía en el sector inmobiliario español y ahora se deposita en el BCE. Si Alemania redujera su superávit o, mejor aun, incurriera en un déficit con el sector exterior, ya por vía directa o por vía indirecta, ayudaría a que España y otros países periféricos redujeran su déficit exterior.