Cita de Roosevelt

"Ningún país, sin importar su riqueza, puede permitirse el derroche de sus recursos humanos. La desmoralización causada por el desempleo masivo es nuestra mayor extravagancia. Moralmente es la mayor amenaza a nuestro orden social" (Franklin Delano Roosevelt)

lunes, 20 de enero de 2020

La mano que da siempre está por encima de la mano que recibe

29 de diciembre de 2019


Fondo Monetario Europeo; este trinomio a más de uno debería ponerle los pelos de punta y la piel de gallina. Recuerda demasiado a ‘Fondo Monetario Internacional’, esa institución con un nefasto registro histórico de intervenciones impuestas a países en vías desarrollo y, más recientemente, a otros que creíamos desarrollados en la Europa meridional. El liderazgo europeo no advirtió inicialmente el desacierto de proponer que el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) pasara a adquirir esa denominación de terribles resonancias en los borradores del tratado de reforma que iba a incorporar esta institución intergubernamental al ordenamiento de la UE. En un momento de lucidez se abandonó esta pretensión. Tampoco parece que vaya a incorporarse a los tratados europeos.

El problema del proyecto europeo es que se presenta a menudo como federalizante cuando realmente se trata de una unión de estados que se someten voluntariamente a tratados intergubernamentales que sirven a sus gobiernos para justificar reformas estructurales, es decir reformas impopulares al servicio de elites oligárquicas. En la reforma del MEDE los gobiernos europeos siguen con este tradicional juego de apariencias. Entre sus objetivos declarados están el establecimiento de una unión de capitales y evitar la repetición de la inestabilidad financiera producida en la década pasada. Este tratado de reforma está a años luz de un proyecto que habría planteado un gobierno federal con capacidad de gestionar un presupuesto que representara al menos el 15% del PIB y de emitir deuda pública respaldada por el Banco Central Europeo (BCE). En vez de esto tendremos otro acuerdo que establece una jerarquía de naciones con acreedores en la cúspide y deudores en la base. Algo no muy diferente a la relación entre Europa y las naciones del antiguo imperio colonial francés en África obligadas a utilizar como moneda el franco francés.

Recordemos que el MEDE se creó como acuerdo intergubernamental para gestionar los instrumentos de rescate de los países PIIGS (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España) cuando la crisis financiera global (CFG), iniciada en 2007, puso al descubierto el talón de Aquiles de la unión monetaria europeo: la carencia de un banco central que actuase como prestamista de último recurso de los estados. Habiendo renunciado a sus soberanías monetarias, los estados exponían sus emisiones de deuda pública a los caprichos del mercado.

La CFG se llevaría por delante muchos bancos. Ante un deterioro de los balances de los bancos privados y sin fondos europeos de garantía de depósitos ni de resolución bancaria, ni un banco central que actuase como prestamista de último recurso, los estados se enfrentaron a la misión imposible de rescatar su sistema financiero sin contar con la capacidad de emisión requerida. Recordemos que el Banco Central Europeo (BCE) tiene vetada la financiación directa a los estados en los Tratados de la Unión Europea (TTUE) y tampoco estaba claro en 2010 que le estuviese permitido comprar su deuda pública en los mercados secundarios.

Por otra parte, resultaba evidente que, ante una caída de la recaudación causada por la crisis económica, los estados podrían tener dificultades para hacer frente a los vencimientos de su propia deuda. Al renunciar a su soberanía monetaria ésta ya no estaba denominada en su propia divisa sino en euros, a todos los efectos una moneda extranjera. Su situación por tanto no difería mucho de la de un país dolarizado cuyo gobierno debe hacerse con las divisas antes de gastar o pedirlas prestadas obligándose a conseguirlas en el futuro. Como hemos visto en Argentina recientemente y en los países PIIGS entre 2010 y 2012, ante la menor suspicacia, los inversores se desprenden de sus títulos de deuda provocando la caída de su precio y la correlativa subida de los rendimientos exigidos por el mercado.

Hubo un tiempo en el que se llegó a considerar la posibilidad de que países como España o Irlanda podrían quebrar. En un escenario cada vez más caótico algunos gobiernos de la zona euro concedieron préstamos a Portugal, Grecia, Irlanda y Chipre con el acompañamiento del Fondo Monetario Internacional. Estos préstamos se instrumentaron a través del MEDE, un acuerdo intergubernamental que quedó fuera de los TTUE. Los estados que recibieron estas facilidades financieras tuvieron que someterse a una estricta condicionalidad supervisada por una troika que integraban el BCE, el Fondo Monetario Internacional y el MEDE. España también fue “socorrida” por el MEDE. Se creó un instrumento específico para recapitalizar los bancos españoles, una línea de crédito de hasta 100 mil millones de euros de los que el gobierno de Rajoy dispuso inmediatamente de 40 mil millones de euros. En ese momento el ministro Montoro prefirió negar la evidencia afirmando que aquello no era un rescate aunque lo pareciera. Pero si parece un pato y hace “cuacua” es un pato.

¿Un ejemplo de solidaridad europea? Es debatible. Los países rescatados fueron sometidos a drásticos programas de recortes para cumplir con objetivos de deuda y déficit que dificultaron su recuperación económica. Grecia fue sometida a una administración de tintes coloniales donde las actitudes insolentes de ministros con moto y chupa de cuero se castigaban con la expulsión del gobierno y muchos de sus activos públicos vendidos. Los más suspicaces han argüido que, en realidad, estos rescates se diseñaron para salvar a los bancos franceses y alemanes cuyas carteras estaban lastradas por deuda pública y privada de los PIIGS.

En opinión de este autor, lo que evitó la ruina del Estado Español y otros como el italiano o el portugués, no fue el MEDE sino el anuncio de Mario Draghi de que el BCE haría cuanto fuese necesario para sostener el euro, una iniciativa mucho más eficaz que el préstamo. El italiano ha demostrado ser uno de los más astutos políticos de la zona euro y su jubilación quizá sea una mala noticia para la zona euro. Un oportuno pronunciamiento del Tribunal de Justicia Europeo permitió una interpretación de los TTUE que habilitaban al BCE para que iniciase sus compras de deuda pública en los mercados secundarios dentro del llamado programa de compra de activos (APP). Estas operaciones financiaron a los estados de la eurozona por la puerta de atrás. Con la intervención draghiniana —permítaseme este neologismo— los inversores comprendieron que la deuda pública de países como Italia, España, Portugal e Irlanda contaba con el respaldo del BCE. Las primas de riesgo de los rendimientos de la deuda pública de los países periféricos, cayeron rápidamente. La deuda pública española, italiana, portuguesa e italiana recuperaba su condición de activo sin riesgo lo cual permitía a los gobiernos responder al reto de restructurar a sus sectores financieros. La situación ahora es mejor que hace unos años e incluso se sobresuscribe la deuda del Tesoro Español en las subastas que se rematan con rendimientos negativos.

La simple observación de la experiencia reciente debería habernos convencido de que la solución para la inestabilidad financiera no era el MEDE sino el apoyo de los bancos centrales a los gobiernos. El liderazgo europeo sin embargo parece que sigue ilusionado con el juguete MEDE quizá porque lo crean más eficaz para disciplinar a los vagos del Sur. Esto es una mala noticia. La condicionalidad de las ayudas financieras a la aplicación de políticas de austeridad no solo dificultó la recuperación de nuestras economías periféricas, sino que también cercena cualquier proyecto ambicioso con pretensiones de transformar nuestro tejido productivo, por ejemplo con un plan de trabajo garantizado, un green new deal, un plan de reindustrialización o un plan de inversión en I+D. Esta obsesión por las finanzas “responsables” nos condena al estancamiento económico cuando no al atraso. El rigor mortis de las economías periféricas.

Un mercado de deuda pública de gran liquidez no es una cuestión baladí. El economista experto en banca y sistemas financieros, Hyman Minsky, explicaba que debido a su actividad crediticia los bancos acumulan en sus balances activos con poca liquidez. Pero a la vez en su pasivo hay depósitos a la vista y a plazo que son exigibles a corto plazo. Por ese motivo necesitan mantener en sus carteras instrumentos que puedan realizarse con gran rapidez para responder a salidas inesperadas de caja. Estas posiciones deben cotizarse en mercados muy líquidos y profundos de forma que, si varios bancos intentan realizar sus posiciones a la vez, no colapsen el mercado lo cual comprometería su acceso al dinero requerido. Uno de los instrumentos preferidos de la banca para realizar posiciones tradicionalmente han sido los títulos de deuda pública. Por eso existe una gran demanda para las emisiones del tesoro.

Esta demanda se ha visto estimulada por las reformas microprudenciales introducidas a propuesta de los acuerdos de Basilea 3 y recogidas en la normativa europea y española que han reforzado los coeficientes de activos muy líquidos que deben mantener las entidades financieras en sus balances. Actualmente, se les exige que mantengan un ratio de liquidez a corto plazo equivalente al 100% de los flujos de fondos netos que podrían esperarse en graves condiciones de tensión calculados para un período de 30 días.

En ausencia de un gobierno federal europeo con capacidad de gestionar un gasto público que suponga un porcentaje significativo del PIB de la zona euro y de una tesorería europea, lo prudente es que sean los estados los que emitan activos financieros sin riesgo y que puedan ejecutar políticas anticíclicas potentes y eficaces. El APP del BCE debería ser permanente y no estar condicionarlo a ejercicios de virtuosismo presupuestario. Una mejor comprensión del sistema bancario y de las instituciones que deben respaldar una moneda nos habrían llevado por este camino. En su lugar los líderes europeos han optado por la multilateralidad y el rigor mortis.

Los países de la zona euro han negociado modificaciones al tratado del MEDE que pretenden llevar la zona euro a la mentada unión de capitales. Crean un fondo de resolución bancaria europeo pero sigue sin incorporar un pilar básico como sería un seguro de depósitos europeo sin el cual los estados podrían ver su solvencia comprometida ante una gran crisis bancaria al carecer de un banco central propio. La reforma pactada crea un 'cortafuegos' para la Unión Bancaria, una solución de emergencia para situaciones en las que los recursos del Fondo Único de Resolución Bancaria no son suficientes para hacer frente a una quiebra bancaria. En la peor tradición europea la financiación que aporte el MEDE a un estado miembro estará condicionada a programas de ajuste macroeconómicos —es decir, austeridad y suspensión de la democracia. La reforma del MEDE le otorgaría más poderes de supervisión sobre los estados sometidos a rescate.

Este tratado tiene que ser ratificado por los estados en diciembre para que entre en vigor en enero de 2020. Pero en Italia se han encendido todas las alarmas por los riesgos que suponen para la supervivencia de ese Estado nación y para el sistema financiero. El líder del M5S y ministro de Exteriores, Di Maio, ha dicho que se debería retrasar la firma de la reforma. La Lega, el partido de derecha populista, también se ha mostrado crítico ante la potencial pérdida de soberanía. Por supuesto, el europeísta Partido Democrático, ha dicho que el tratado es cosa hecha y que no hay vuelta atrás. Pero Di Maio ha anunciado que estaban trabajando desde su partido para introducir reformas al tratado. Matiza que hasta «que tengamos una idea clara de la situación, no se firma nada y no se aprueba nada». Ha afirmado que el Parlamento italiano evaluará y votará todos los cambios del nuevo tratado antes de que la UE lo firme previsiblemente en el primer trimestre de 2020 (Redacción de La Vanguardia, 2019).

Encuentro comprensibles las objeciones de los partidos italianos a la reforma del MEDE. Entre otros motivos, por las posibles consecuencias de las cláusulas de acción colectiva que el nuevo tratado obliga a incorporar a las nuevas emisiones de los estados. Entre las emisiones de deuda pública hay múltiples tipos y categorías de títulos con distintas condiciones y derechos reconocidos a favor de los tenedores. Ante la necesidad de afrontar un proceso de reestructuración de la deuda pública de un estado algunas clases de tenedores pueden oponerse eficazmente a un plan que no les convenga, negándose a participar de forma que una minoría más combativa podría asegurarse mejores condiciones. Estas cláusulas deberán incorporarse obligatoriamente a todas las emisiones a partir de 2022 para evitar este tipo de posicionamientos ventajistas de determinados colectivos de bonistas. Además el MEDE se convertiría en el ente que negociaría las condiciones de reestructuración suplantando a los estados emisores.

Ésta reforma otorga un gran poder al MEDE en detrimento de la soberanía nacional. Esto es de por sí inquietante pero hay más. El nuevo tratado abre la puerta a que las emisiones de los estados europeos puedan ser reestructuradas y, por consiguiente, dejan de ser el activo sin riesgo que buscan incorporar los bancos a sus carteras. Ante cualquier dificultad se podría presentar un escenario de profecía autocumplida en el que los inversores decidieran desembarazarse de sus posiciones de deuda pública. Esto podría provocar caídas de precios, un aumento de las rentabilidades exigidas, mayores dificultades para atender el servicio de su deuda y una nueva huida de inversores que desembocara en una reestructuración obligada y una inevitable intervención del MEDE con la consiguiente pérdida de soberanía y la imposición de, planes de austeridad draconianos de carácter procíclico que seguirían profundizando la crisis.

Además el sistema financiero podría encontrarse con dificultades para conseguir realizar sus posiciones creando tensiones de liquidez e insolvencias en el sistema financiero. Estas situaciones activarían el recurso al fondo de resolución bancario y a los fondos de garantía de depósitos que todavía son nacionales deteriorando aún más la solvencia de los estados y aumentando las posibilidades de que se vean obligados a recurrir al MEDE.

La reforma propuesta no representa un avance en la integración europea. No ayuda a los estados con las economías más debilitadas por años de austeridad y elevadas tasas de desempleo a recuperar la senda del crecimiento y el progreso. Tampoco contribuye a mantener la estabilidad financiera. La activación de nuevos préstamos en una próxima crisis financiera destruirá los gobiernos democráticos sometiéndolos a una administración foránea con consecuencias impredecibles.

Como es tradición, en España se ha eludido cualquier debate sobre la reforma del MEDE. Nadie quiere ser señalado como culpable de leso europeísmo. Los medios españoles suelen hablar con desprecio de la política italiana poblada por partidos populistas y ultraderechistas. Allí la política se ha vuelto menos políticamente correcta. Pero quizá su sistema sea más funcional que el nuestro donde se considera de mal gusto debatir sobre cuestiones cruciales como son la soberanía nacional, la democracia o la estabilidad de nuestro sistema financiero. Nadie nos agradecerá nuestro sumiso europeísmo. Napoleón Bonaparte decía que la mano que da siempre queda encima de la que recibe. No olvidemos que tenemos más papeletas para ser la mano que recibe.

Referencias

Redacción de La Vanguardia. (11 de 12 de 2019). Italia apoyará la reforma del MEDE, aunque debatirá cualquier cambio en enero. La Vanguardia. Obtenido de https://www.lavanguardia.com/politica/20191211/472181229340/italia-apoyara-la-reforma-del-mede-aunque-debatira-cualquier-cambio-en-enero.html


sábado, 30 de noviembre de 2019

La teoría moderna de la moneda como nuevo paradigma



En su obra “La estructura de las revoluciones científicas” Thomas Kuhn explicaba que el progreso científico no se producía como consecuencia de la acumulación lineal del conocimiento sino de forma disruptiva. Las nuevas teorías comienzan por la detección de anomalías que no pueden ser explicadas dentro del marco conceptual de las teorías dominantes. Llega un momento en que no es posible modificar las teorías vigentes para explicar estas anomalías y se necesita una nueva teoría. Entonces es inevitable desechar lo viejo y desarrollar un nuevo corpus teórico. Más que un proceso acumulativo, donde un nuevo conocimiento o descubrimiento completaría las teorías existentes, Kuhn hablaba de un proceso en el que el paradigma vigente ya no sirve para la explicar la realidad observada empíricamente y se sustituye con otro nuevo.

Una vez que un nuevo paradigma triunfa los manuales científicos deben ser reescritos y los anteriores dejan de leerse e imprimirse. Los educados en el nuevo paradigma no entenderán el antiguo. Los paradigmas son mutuamente ininteligibles porque parten de principios y teoremas incompatibles. Por ejemplo una persona educada en el conocimiento de la física moderna consideraría el modelo geocéntrico de Ptolomeo completamente absurdo e inservible para explicar el Universo. Tras ser superado por la revolución copernicana de éste no queda nada aprovechable pues hoy nadie aceptaría que vivimos en un sistema geocéntrico. A su vez, el sistema heliocéntrico copernicano fue sustituido por nuevos paradigmas puesto que también surgirían nuevos datos inconsistentes con éste. Y así sucesivamente.

Pero el nuevo paradigma no se implanta de forma consensuada. Los académicos comprometidos con las teorías superadas nunca aceptan lo nuevo. Más bien se resistirán a la nueva teoría tratando de ridiculizarla, retorciendo sus postulados para desacreditarla con argumentos de hombre de paja, obstaculizando su difusión —por ejemplo mediante el control de las publicaciones en las revistas indexadas o cerrando el paso en la academia a los científicos que están desarrollando el nuevo paradigma disruptivo—, actuando en definitiva como guardianes del orden establecido y haciendo lo posible para que la sociedad no escuche una explicación alternativa. Tienen demasiado capital intelectual comprometido con la explicación antigua. En realidad la nueva teoría nunca es aceptada por estos cancerberos. Un nuevo paradigma se impone cuando los viejos se jubilan o mueren y los jóvenes que los reemplacen ya no tengan interés por estudiar un conocimiento obsoleto e inútil.

Esta disertación viene a cuenta de la crítica sobre la teoría moderna de la moneda (TMM) que ha publicado recientemente en Argentina Héctor Rubini (Rubini, 2019). Sería perder el tiempo tratar convencer a alguien que será impermeable a cualquier argumento. Con este artículo nos conformamos con dejar sentado que Rubini no realiza una crítica objetiva ni fundada sino que está tratando de defender la bandera de una teoría económica cuyo capital intelectual está totalmente amortizado. La TMM es el nuevo paradigma.

Nos encontramos con dos tipos de críticos de la TMM. Algunos, los menos, han realizado un verdadero esfuerzo intelectual por entenderla y muestran un espíritu dialéctico productivo. Pero, la mayoría se limitan a un análisis de bajo nivel intelectual renunciando a consultar las fuentes primarias empleando en su lugar el método del “teléfono escacharrao (sic)”. En ellos siempre encontramos argumentos que otros autores, ideológicamente afines, han empleado poco antes. Sospechamos que Rubini se integra en esta categoría pues no cita una sola referencia bibliográfica de un autor de la TMM. Parece incluso incapaz de mencionar por su nombre a ninguno de los autores de esta escuela. De hecho se ve obligado a recurrir a la autoridad de Rogoff –alias el de la hoja de cálculo con errores– o Summers, los cuales, por cierto, tampoco se han tomado la molestia de recurrir a fuentes primarias y estudiar lo que dicen los autores de la TMM.

El problema de la escuela a la que pertenece Rubini es que parte de una teoría abstracta que no nos sirve ni para interpretar la realidad ni para prescribir políticas económicas adaptadas a nuestros tiempos. Es revelador que reproche a los autores de la TMM que evitemos “el uso de métodos de optimización, o los modelos intertemporales de uso corriente en la profesión en las últimas 3-4 décadas”. Sin embargo un autor del mainstream como Paul Romer escribió un artículo explicando por qué eran completamente inútiles (Romer, 2016). Tales modelos asumen un ficticio agente representativo, maximizador de su utilidad de forma intertemporal (es decir, que conoce perfectamente lo que va a ocurrir en el futuro y actúa en consecuencia). Estos artilugios ignoran completamente el dinero o la existencia de un sector financiero. Por ese motivo no son capaces de contemplar la existencia de fraudes empresariales, quiebras e insolvencias y crisis financieras. Eso los convierte en inútiles para realizar predicciones.

Comparen la inutilidad de estos modelos con el trabajo que Randall Wray y Wynne Godley publicaron en 2001 en un célebre artículo titulado “Is Goldilocks Doomed?” (Godley & Wray, Marzo 2001). En él predijeron la crisis financiera global iniciada en 2007 gracias a que tuvieron en cuenta las relaciones entre los sectores institucionales de la economía. Eran conscientes de que la Economía de EEUU mostraba un abultado déficit por cuenta corriente. El empeño de la administración Clinton por conseguir un superávit fiscal solo podía hacerse a costa del endeudamiento creciente del sector privado doméstico. Ese endeudamiento del sector privado era insostenible y llevaría a una crisis financiera. Por eso es un argumento de hombre de paja que Rubini afirme que no tengamos en cuenta que “en cualquier economía (hasta en Corea del Norte) existe al menos comercio exterior, y el desbalance fiscal bien puede tener correlato en un déficit de cuenta corriente”. Nos tememos que este comentario delata que no ha comprendido el importante papel del déficit público como fuente de los beneficios monetarios de los capitalistas y como contrapartida del ahorro del sector privado.

Sospechamos que este dislate confirma que Rubini no se ha documentado para escribir su artículo. Quizá por ello se convierte en una diatriba que no atina a describir la TMM. De forma sucinta describimos algunos de los errores que comete al describir nuestro pensamiento.

1. Un clásico de los críticos de la TMM es anunciar el fin del mundo si se “aplicara” al mundo real. Esto no es correcto porque no se puede decidir si la TMM se aplica al igual que uno no decide si se aplica la teoría general de la relatividad. Uno puede estar de acuerdo con ella —el nuevo paradigma— o preferir el modelo tradicional desarrollado por Newton —el paradigma viejo. La TMM describe el funcionamiento de nuestro sistema monetario y por tanto sirve para describir cualquier economía monetaria. Una aportación crucial de la TMM es haber estudiado en profundidad las relaciones entre el banco central, la tesorería y los bancos comerciales; el proceso de creación y destrucción del dinero y los circuitos a los que da lugar; la relación entre los sectores institucionales de la economía; el papel de los bancos centrales en la determinación de los tipos de interés. Este es un aspecto novedoso que apenas ha recibido atención de los economistas neoclásicos. Otra cuestión es qué tipo de política económica recomendaríamos a partir de la empresa comprensión de la realidad que nos aporta la óptica de la TMM.

2. Según Rubini la TMM propondría financiar el gasto público con emisiones monetarias. Esta afirmación intenta atribuir una intención política a algo que ocurre siempre que el gobierno gasta. El gobierno que disfruta de un monopolio en la creación del dinero no se financia. El pago de un gasto público simplemente genera una orden de transferencia del Tesoro al banco central, hecho que consiste en meros apuntes contables realizadas con el teclado de una computadora. Tal es la operativa de nuestros sistemas monetarios. No se trata de una prescripción sino de una descripción de nuestra realidad operativa. De la misma manera los impuestos simplemente destruyen el dinero creado en la fase de gasto pues no son más que un apunte contable de signo contrario.

3. Rubini nos achaca creer que la demanda de dinero es infinita. Quizá no sea una creencia tan desacertada. La película canadiense “La caída del imperio americano” nos ilustra como más de uno que se encontrara con una bolsa abandonada con un millón de pesos en la calle probablemente se la llevara a casa. En todo caso, tenemos la certeza de que el sector privado estará dispuesto a obtener más unidades monetarias del Estado a cambio de bienes y servicios reales que el mínimo requerido para su obligación tributaria actual.

4. Nos reprocha que queremos resolver los problemas de demanda metiendo dinero en el bolsillo de la gente. Esta afirmación es curiosa pues todos los grandes economistas como Schumpeter o Keynes han explicado que sin la creación de dinero por los bancos ab nihilo no es posible poner en marcha el proceso productivo. Schumpeter de hecho se refiere al banquero como el ‘eforo’ del capitalismo. Esa función es indispensable para cualquier economía basada en el crédito. También resulta obvio que poner a la gente a trabajar es una forma de llenar sus bolsillos para que puedan realizar compras y generar ventas para los empresarios.

5. La TMM argumentaría que el estado carece de límites para endeudarse o gastar. De nuevo es falso. Lo que dice la TMM es que, cuando un gobierno ejerce su soberanía monetaria, —situación que, por cierto, no es la de Argentina por el empeño de sus gobiernos en anclar su moneda a la de una potencia extranjera— la restricción al gasto público no es financiera sino real. El límite es la disponibilidad de recursos que estén a la venta a cambio de la moneda que emite el soberano.

6. Frente a lo que afirma Rubini la TMM no considera irrelevante que los agentes del sector privado puedan desear tener sus depósitos en una moneda en lugar de otra. Fadhel Kaboub, Randall Wray o Warren Mosler han abordado este asunto reiteradamente y basta remitirse a su abundante bibliografía.

7. Según Rubini ni habríamos considerado las situaciones de estanflación, ni las situaciones de hiperinflación. Los teóricos de la TMM precisamente dedican gran parte de sus prescripciones a la estabilización de los precios a la vez que se asegura el pleno empleo. Una de los primeros trabajos de Warren Mosler se titulaba “Pleno empleo con estabilidad de precios” (Mosler, 1997). Estabilizar los precios anclando el valor de la moneda al salario–en lugar de al oro o al dólar– es la función de estabilidad macroeconómica que atribuimos al plan de trabajo garantizado como ejército de reserva de empleados frente al actual abuso del ejército de reserva de desempleados. Hemos explicado que el estado es el monopolista de la divisa y como tal puede establecer unilateralmente los términos de intercambio que ofrecerá a quienes buscan su moneda. Irónicamente, ningún Estado —mucho menos el argentino— actualmente parece reconocerlo. Por el contrario, los estados actúan como si estuvieran compitiendo con otros compradores cuando realizan compras con su propia moneda.

8. Nuestro crítico argentino dice que ignoramos el papel de las expectativas, cosa que nos resulta extraña dado que entroncamos con la larga tradición keynesiana que explica las decisiones de inversión en gran parte por las expectativas que se forman los empresarios.

No queremos aburrir con más ejemplos. Rubini considera que nuestras prescripciones son a la vez ambiciosas y carentes de realismo. No pretendemos convencerlo de que está equivocado. Solo le pedimos al paciente lector que se remita a las fuentes. También deseamos que Rubini disponga más tiempo para leernos cuando se jubile.

Bibliografía


Godley, W., & Wray, R. (Marzo 2001). Is Goldilocks Doomed? Journal of Economic Issues, Vol. 34, No. 1, pp. 201-206.

Mosler, W. (1997). Full Employment and Price Stability. Journal of Post Keynesian Economics, Vol. 20. No. 2. Obtenido de http://www.warrenmosler.com.

Romer, P. (2016). The Trouble With Macroeconomic. The American Economist.

Rubini, H. (24 de 11 de 2019). "Teoría" Monetaria Moderna: humo sobre el agua. Obtenido de La Política Online: https://www.lapoliticaonline.com/nota/hector-rubini-teoria-monetaria-moderna-humo-sobre-el-agua/