Cita de Roosevelt

"Ningún país, sin importar su riqueza, puede permitirse el derroche de sus recursos humanos. La desmoralización causada por el desempleo masivo es nuestra mayor extravagancia. Moralmente es la mayor amenaza a nuestro orden social" (Franklin Delano Roosevelt)

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lunes, 7 de noviembre de 2016

¿Qué es el neoliberalismo?

Por neoliberalismo entiendo una doctrina originada en torno a diversos pensadores, muchos de ellos participantes en una célebre reunión convocada por Friedrich Hayek en la villa francesa de Mont Pelèrin, y a la que acudieron Ludwig Von Mises, Karl Popper y Ludwig Erhard, entre otros. Este fue el acto fundacional de la Mont Pelerin Society. Sus postulados se hallan muy lejos del laissez faire liberal al que se suele asociar equivocadamente. El neoliberalismo es un proyecto político que pretende transformar nuestra sociedad en un experimento de ingeniería social sin precedentes. Esta doctrina considera que el mercado es un mecanismo de procesamiento de información y asignación de recursos superior al estado. Frente a la abundante evidencia histórica y antropológica en contra, intenta persuadirnos de que el mercado es el estado natural del hombre y que cualquier otra forma de organización social y política es artificial. El estado debe estar sometido al mercado antes que al ciudadano, actuando mediante una democracia constreñida que lidere una tecnocracia impermeable a las exigencias sociales. Bajo la guisa de la liberalización en realidad se crea una nueva regulación que deja inerme al individuo pero libera a la gran corporación multinacional. Los servicios del estado deben ser sometidos a la comercialización: la educación, la enseñanza, las cárceles, las oficinas de empleo dejan de ser bienes públicos para convertirse en oportunidades de negocio y bienes de consumo. Si bien el neoliberal asegura defender una libertad sin límites el suyo es un concepto restringido que otorga una plena libertad para que algunos individuos puedan realizar sus aspiraciones egoístas en el libre mercado pero nos ata las manos a los demás. Por ello aspiran a eliminar todas las barreras al libre movimiento de bienes y capitales. Desde su óptica individualista, las consecuencias en términos de desigualdad no solo no serían indeseables, sino que serían un resultado necesario del funcionamiento del capitalismo y una fuerza motriz para la innovación y el progreso. Por ello los ricos no son unos parásitos sino ejemplos de conducta a los que envidiar y emular y las exigencias de igualdad serían las quejas de unos perdedores resentidos. Solo se puede contar con el mercado para aportar las mejores soluciones incluso para los problemas que crea el propio mercado. Las empresas no pueden equivocarse y es contraproducente tratar de limitar el poder de oligopolios y monopolios. El neoliberalismo coloca a la economía en el centro y a los hombres al servicio del mercado. Tales serían las características del proyecto neoliberal tal como las describe Mirowski (Mirowski & Plehwe, 2009).

domingo, 13 de diciembre de 2015

El programa económico de Ciudadanos: esa sensación de “déjà vu”


Artículo escrito por Esteban Cruz Hidalgo y Stuart Medina Miltimore y publicado en la sección Luces Rojas de Infolibre. 

Las premisas básicas del programa económico de Ciudadanos fluyen de forma que es difícil discrepar: necesitamos competir en un mundo globalizado, luchar contra la precariedad laboral, acabar con el capitalismo de amiguetes y con el despilfarro público. Estas cuestiones responden a lo que la mayoría considera de sentido común, de las que surgen las medidas destinadas a la creación de empleo que aquí brevemente analizamos. «¡Hay que avanzar hacia el modelo danés!», exclaman, introduciéndonos a un concepto que tildan de rompedor: la “flexiseguridad”. El triángulo de oro a los daneses les funciona, pero, ¿lo haría igual para nuestra estructura económica e institucional? ¿Es que el mercado laboral puede entenderse separado del funcionamiento del mercado de bienes y servicios? Evidentemente no nos parecemos mucho a los “latinos del norte” como llaman a los daneses; y en el planteamiento de una fuerza laboral cuyo mercado se autorregula como cualquier otra mercancía subyace una visión muy ortodoxa de cómo funciona la economía. Aseguran que su programa está construido «desde la sensatez y la confianza»,  lo que en términos generales significa que no se han desviado ni un ápice de los principios que en materia económica nos han llevado hasta la situación actual, vamos a verlo.
El programa de C’s responde nítidamente al canon neoliberal dominante. No pudimos evitar la impresión de haberlo leído antes. La doctrina, el lenguaje, incluso el estilo recuerdan a los informes surgidos de la Comisión Europea. Por ejemplo, consulten el “Country Report Spain 2015 Including an In-Depth Review on the prevention and correction of macroeconomic imbalances”. Busquen las siete diferencias.
Desde el preámbulo hasta el final del epígrafe nos vamos encontrando de forma reiterativa con los aspectos fetiche de una gestión de la economía responsable: formación, competitividad y emprendimiento. Preocuparse únicamente por los ingredientes por el lado de la oferta dejan hueca la receta para salir de la crisis, unos cimientos muy débiles para el objetivo que se proponen: un modelo de crecimiento a largo plazo sostenido por la innovación.
Las herramientas que integran la estrategia de formación parecen ir en línea de evitar los chanchullos del sistema actual, señalando a la patronal y sindicatos. El desempleado pasaría a recibir la ayuda en forma de bonos que podrá destinar a los cursos que él elija, compitiendo las empresas que ofrezcan los diversos cursos por atraerlo. Para esta medida proponen elevar el dinero que se destina para asegurar su éxito, pero además el trabajador parado será orientado en la búsqueda de empleo por agencias privadas de colocación a través de un servicio de empleo individualizado con perfiles curriculares. Aquí tenemos una gran oportunidad de negocio privado para que unos pocos se forren mareando a los desempleados en la búsqueda de empleos que no existen.
Ciudadanos reconoce que el «estigma asociado a una experiencia continuada en el desempleo se ve reforzado por la carencia o depreciación de las competencias necesarias para su reintegración laboral». No podemos estar más de acuerdo. Sin embargo discrepamos de la clásica receta que culpabiliza al parado y que trata de exponer el problema del desempleo a nivel microeconómico, como consecuencia de un sistema de incentivos mal planteado. El problema del desempleo no es la formación, ni las leyes laborales, ni la prolija normativa burocrática. Fiarlo todo a las políticas de oferta no resolverá el problema. Es un problema de falta de demanda y de expectativas de beneficios en los mercados de bienes y servicios que llevan al empresario a no ampliar su capacidad de producción y por tanto, a no contratar trabajadores.
Mientras esperamos a que estas personas, cada vez más formadas, encuentren trabajo gracias a una futura reactivación. ¿De qué van a vivir si ya no cobran una prestación de desempleo? Al final, si, sorprendentemente, las políticas activas de empleo no funcionan para algún zoquete, para este colectivo, Ciudadanos transige con una “Renta de Reintegración”, percepción condicionada a que el desempleado, obedientemente, siga dedicando su tiempo a más formación.
También hay soluciones para los bajos salarios y la precariedad laboral. La segunda propuesta estrella de Ciudadanos es crear un marco laboral que elimina la temporalidad, que en la práctica convierte todos los contratos en temporales. Es lo que llaman pedantemente el marco de «relaciones laborales 2.0». El contrato temporal se sustituye con el “contrato para la igualdad de oportunidades”. La clave está en la “flexibilidad empresarial” combinado con la “estabilidad laboral”.  Las indemnizaciones por despido se sustituyen por la “cuenta individual para el despido”, una retención del salario equivalente al 1% de su salario. Ya no son todos los trabajadores en activo quienes aseguran al trabajador despedido, es el seguro contratado por el empresario el que cubre esa contingencia mediante un instrumento de ahorro forzoso impuesto al trabajador. Además el empresario ya no asume el coste de indemnizar al trabajador despedido sin causas objetivas. Aquí detectamos otra gran oportunidad de negocio privado, en este caso para el sector financiero al cual se confiaría la gestión del seguro.
Para acabar con los salarios bajos proponen un “Complemento de Garantía Salarial (CSG)” que cobrarían las rentas que no superen un determinado umbral como una bonificación en el impuesto sobre la renta. Nuestra principal pega al CSG es que acabe funcionando como una subvención para que los empresarios igualen por abajo los salarios.
El programa aborda una reforma de los impuestos directos que los simplifique para reducir oportunidades de evasión fiscal, aumentar la recaudación fiscal y recuperar a las clases medias trabajadoras. Dentro de este último objetivo encajaría el CSG pero recalcamos que es para las clases trabajadoras porque, si usted no está empleado, no lo percibirá, es decir pensionistas y desempleados no se beneficiarán del CSG. El desbrozo de nuestro sistema fiscal es una asignatura pendiente que aplaudimos pero, caveat emptor, las más beneficiadas por la reducción de tipos en la escala de gravamen que propone C’s son las rentas muy altas.
Otro pilar de Ciudadanos son las reformas estructurales destinadas a competir en un mundo globalizado. No se trata de «reindustrializar siguiendo patrones obsoletos» —suponemos que se refieren a las políticas que tanto éxito tuvieron en toda Europa en los años 50 y 60 y que llevaron a una situación de pleno empleo—. Aquí C’s descubre el Orinoco y, de paso, que el problema del tejido empresarial es que predominan las PYMES con escasa capacidad de innovación. Para resolver este asunto proponen fórmulas de colaboración público-privada, poniendo los Organismos Públicos de Investigación al servicio de las empresas a través de lo que llaman la “Red Cervera”. ¿En qué difiere esto de lo que se lleva haciendo en esta materia en los últimos veinte años? Sorprendentemente, tras loar las excelencias de la I+D el programa profundiza en determinados sectores. ¿Cuáles? Los de siempre, turismo y agroalimentario.
En este epígrafe destinado a la innovación son continuas las referencias a Estados Unidos, pero se olvidan quizás de lo más importante: la potentísima implicación del Estado en la innovación, no solo para apoyarla, sino para liderarla. Nos aclaran que las empresas en España no crecen hasta el mismo tamaño que en otros países, lo cual se achaca ¡a la excesiva regulación! Nos descubren que los emprendedores pasamos horas y horas haciendo trámites y papeleos, y que nos da miedo crecer. La solución que sugieren son las ventanillas únicas, unificación de trámites, etc. La pregunta que nos hacemos es ¿dónde ha estado viviendo el principal artífice de este programa todos estos años? Uno de los firmantes de este artículo constituyó su empresa en menos de 48 horas gracias a la figura de la SLNE hace 11 años. Siempre es bueno que nos reduzcan los trámites burocráticos, pero lo determinante para la actividad es una reactivación de la demanda, tener expectativas de beneficios.
Para fomentar la innovación C’s plantea fomentar esos mismos préstamos blandos que cargan a las empresas de deudas y luego las llevan a concurso de acreedores. También nos aclaran que las empresas no sabemos buscar el dinero. Supongo que los autores no han sido emprendedores tecnológicos: no es que no sepamos, es que no existen fuentes de financiación. Pero la excusa es buena para introducir otro programa de formación, éste para el emprendedor. Empresario, si Vd. vota a Ciudadanos no sabemos si encontrará capital y negocio, lo que sí sabemos es que no le van a quedar horas para dedicar a otra cosa que no sea formación. En una apuesta menos alejada de la realidad que la del plan Juncker, proponen la aportación de fondos públicos a través del ICO con match funding en cumplimiento del sacramento neoliberal de que el Estado necesita la sabia guía de la iniciativa privada pues no sabría tomar decisiones de inversión.
Una propuesta interesante es que los créditos fiscales generados por la actividad de I+D que no puedan ser aprovechados por el empresario por estar en situación de pérdidas puedan ser transmitidos al fondo de inversión. La idea sin duda merece alguna atención aunque, de nuevo, parece que los autores no se han leído la Ley del Emprendedor que, en determinados supuestos, permite solicitar el abono de la deducción a la Administración Tributaria. El olvido de esta Ley lo revela la sugerencia de introducir incentivos para el establecimiento de profesionales extranjeros con visas exprés y un paquete de recibimiento (entendemos que los exiliados sirios no podrían beneficiarse de estas ayudas). Los autores de ésta análisis preferiríamos un plan para recuperar a los miles de investigadores españoles con talento que han tenido que largarse de este país.
Entre los autónomos detectan una baja tasa de supervivencia y una escasa vocación emprendedora, ignorando que se trata de autoempleo de parados desanimados. ¿Solución? De nuevo, más formación. También sugieren que los autónomos con ingresos inferiores al Salario Mínimo Interprofesional no tengan que darse de alta ni paguen cuotas de Seguridad Social. Está bien, pero en nuestra opinión, el objetivo sería que no hubiera nadie en esa situación; no legalizar el mercado negro de trabajo. No obstante, como proponen unificar los inspectores de Hacienda con los de trabajo nos tememos que el efecto final sea que se siga persiguiendo el fraude fiscal y cada vez menos el fraude laboral.
¿Y de la moneda común? Que hace falta «más Europa», lo que significa que los países del Sur debemos comprometernos «con seriedad a un programa de reformas estructurales» y racionalizar el gasto de las administraciones a todos los niveles tal y como se expone en las recomendaciones de la Comisión Europea para España. A cambio, los países del Norte mostrarán su solidaridad con nosotros con un fondo de desempleo que se destinará íntegramente —sí, lo han adivinado— a financiar programas de formación.
En fin, que si como predicen las encuestas, Ciudadanos es determinante en el nuevo Gobierno, seguiremos teniendo una de las tasas de desempleo más elevadas entre los países de la OCDE y nuestra marcha dependerá de estímulos externos. El “más difícil todavía” si, como dice el FMI, todos los países acometen políticas de austeridad y de devaluación interna. Olvidémonos de una política expansiva que conecte el gasto fiscal y las inversiones en innovación a través de un sector público fuerte y una estructura del euro funcional.
No negamos el papel emprendedor del sector privado, pero creemos que es preciso superar el desprestigio del Estado como enemigo de la empresa si queremos salir de la crisis. Las resistencias hacia la relación de simbiosis entre el sector público y privado parte de una ideología interesada en extraer unos beneficios privados más elevados para unos pocos a costa de reducir el bienestar del conjunto de la sociedad, es decir, en mantener una relación parasitaria. Un planteamiento coherente con el funcionamiento de los balances sectoriales se apoya en la visión de un Estado que dinamiza la economía y sirve al bienestar social mediante la ampliación y creación de mercados y la satisfacción de necesidades sociales, contribuyendo al objetivo de pleno empleo y al aumento de la riqueza total. Para financiar el crecimiento no solo hay que ser inteligente, sino también inclusivo.
Una economía dinámica no puede sobrevivir a la incertidumbre sumida en la desigualdad y el despilfarro de recursos, pues es la expectativa de realización sobre los beneficios futuros lo que lleva a las empresas a invertir e innovar, aumentando su capacidad productiva e impulsando los cambios tecnológicos radicales. Las medidas expuestas en el programa de Ciudadanos deberían complementarse con otras que activen el papel fundamental de la demanda para su éxito, lo que hace necesario repensar el papel del Estado en la economía. Si llevamos veinte años desarrollando políticas similares sin resultados, ¿qué nos hace pensar que ahora sí van a funcionar? ¿O volveremos a crear una nueva ilusión de prosperidad cubriéndonos con alguna burbuja?
Esteban Cruz Hidalgo es Licenciado en Economía y Máster en Investigación en Ciencias Sociales y Jurídicas, especialidad Economía, Empresa y Trabajo. Miembro da ATTAC Extremadura, del Instituto de Economía Política y Humana y de La Asociación por el Pleno Empleo y la Estabilidad de Precios.
Stuart Medina Miltimore es vicepresidente de la Asociación por el Pleno Empleo y la Estabilidad de Precios. Además es economista y MBA por la Darden School de la Unversidad de Virginia. Acumula más de 30 años de experiencia profesional en los sectores de material eléctrico, TIC y biotecnología. Fundó en 2003 la consultora MetasBio desde la que ha asesorado a numerosas empresas de diversos sectores.


miércoles, 8 de julio de 2015

Mitología griega

Un interminable lustro ha transcurrido desde que se inició la crisis griega. Durante estos cinco años los políticos europeos y los responsables del FMI han recurrido a una narrativa que culpaba a los griegos y justificaba las políticas de austeridad. Este relato tiene una evidente inspiración ideológica neoliberal y está plagado de errores cuando no de falsedades. Pero eso no ha sido óbice para que los medios más influyentes lo hayan repetido ad nauseam con el celo del propagandista. Hemos sido testigos de cómo los dirigentes europeos y los representantes del FMI han reprendido reiteradamente a los griegos con un insultante tono de superioridad moral.

La campaña ha tenido éxito y me atrevería a afirmar que una gran parte de la sociedad comparte esta narrativa. Por eso, cuando llegaron al poder Tsipras y Varufaquis con un discurso radicalmente distinto acerca de las causas de la crisis y exigiendo cambios de políticas, muchos han reaccionado con indignación. Quizás por eso oímos a dirigentes socialistas españoles como Felipe González o Pedro Sánchez, por ejemplo, declarando que Tsipras se ha equivocado al convocar el referéndum o al retar a la troika para renegociar las condiciones del rescate. Uno esperaría más solidaridad de los dirigentes del centro izquierda con el nuevo gobierno.


Aunque el propio Varufaquis ha definido acertadamente a la Economía no como una ciencia sino como ideología con ecuaciones, creo que eso no nos exime de tratar los datos y hechos con algo más de rigor. Si se le dan al lector algunos que cuestionan asertos reiteradamente afirmados quizás aprecie que los políticos de Syriza tienen algo de razón en sus reivindicaciones. También puede que sirva para que el lector reciba con menos hostilidad las propuestas que postulan otras políticas económicas y entender por qué la austeridad impuesta desde la Troika estaba condenada a fracasar. Esta es la selección de mitos que pretendo desmontar o poner en contexto.

Mito nº 1. El gobierno griego gastó sin mesura en los años previos a la crisis.

La siguiente tabla muestra cómo evolucionó el nivel de gasto público en proporción al PIB de varios países de la Unión Europea y la media para los países de la UE..

Fuente: Eurostat


Al lector le costará encontrar la curva de Grecia en el gráfico porque está enterrado entre las de otros países europeos. Si Grecia hubiera hecho algo distinto a lo que hicieron los demás, su curva sería fácil de localizar en el gráfico. Una vez hallada entre la maraña podrá comprobar cómo en los años previos a la Crisis Financiera Global (CFG) el gasto público griego osciló entre el 44% y el 47% del PIB, cerca de la media de los 27 países de la Unión Europea (UE27) y no muy superior al de Alemania. Ya iniciada la crisis todos los países aplicaron políticas expansionistas e incrementaron su gasto; hasta que llegó la reacción neoliberal de 2010. Realmente Grecia no tuvo un comportamiento excepcional. Fue más aberrante el de España que prefirió mantener un nivel de gasto público muy bajo similar al de algunos países de Europa Oriental.

Mito nº 2. El Gobierno griego ha sido incapaz de recaudar impuestos

Este mito es parcialmente cierto. Grecia mantuvo un permanente déficit público durante los años anteriores a la crisis. Al igual que otros estados mediterráneos salidos de dictaduras derechistas, Grecia tiene un estado raquítico con escasos recursos para obligar al pago de impuestos. España resolvió el problema optando por un nivel de prestaciones sociales inferior al de la media comunitaria. Grecia prefirió mantener un déficit elevado. Por esta razón quizás Grecia consiguió mantener un nivel de empleo más elevado que España durante los años anteriores a la crisis.

Pero eso era antaño; hogaño Grecia podría considerarse el estado más virtuoso de la Unión Europea pues mantiene un superávit estructural o cíclicamente ajustado. Es decir, si no hubiese desempleo, Grecia tendría un superávit fiscal mayor que el de Alemania. El problema es que un posicionamiento fiscal de este tipo es fuertemente contractivo, especialmente si coincide con una profunda depresión. La razón es que en una recesión se contrae el consumo privado. Una reducción adicional del gasto público en estas circunstancias solo puede llevar a una contracción aún mayor de la economía.


En macroeconomía el gasto agregado es idéntico al ingreso de todos los factores e idéntico a los productos y servicios que produce la economía durante un período (el PIB). Es crítico entender estas identidades contables para entender por qué la austeridad está siempre condenada al fracaso. Reducir el gasto agregado de todos los sectores no genera un ahorro, como se dice a menudo equivocadamente, sino a una reducción del PIB. En las negociaciones con el gobierno de Tsipras la Troika pretendía imponer un nuevo ciclo de austeridad que llevaría inevitablemente a una profundización de la depresión.

Mito nº 3. La deuda griega es tan elevada debido a su sobredimensionado gasto militar.

Es cierto que Grecia ha mantenido un nivel de gasto militar en porcentaje del PIB más elevado que muchos países europeos. Ese gasto quizás podía haberse utilizado en otros gastos socialmente más útiles o en reducir el déficit. Sin embargo, en la Grecia salida de la dictadura de los coroneles y con una convulsa historia de guerras civiles, el estamento militar consiguió reservarse un mayor trozo de la tarta presupuestaria. La tensa relación con su vecino turco sin duda ha contribuido a esta hipertrofia militarista. Sin embargo esta partida ha venido cayendo en los últimos años. Si tenemos en cuenta que en la razón gasto militar/PIB el denominador ha caído más de un 25% esta caída es aún más espectacular. En las negociaciones con la Troika se estaban discutiendo recortes adicionales entre 200 y 400 millones €. No estaría de más recordar que los EE.UU. llevan años pidiendo a sus socios europeos que incrementen su gasto militar hasta un umbral de al menos el 2%.


Mito nº 4. La crisis de deuda se debe al endeudamiento público.

Si bien Grecia salió de la crisis petrolera de los años 70 con un elevado nivel de deuda pública, lo cierto es que los niveles respecto al PIB se mantuvieron desde entonces relativamente estables. Por tanto la elevada deuda pública fue una herencia de décadas anteriores. 


Al igual que en España, fue el sector privado el que se endeudó de forma insostenible en la primera década del siglo. Después de la CFG fueron el deseo del sector privado de reducir su endeudamiento con el consiguiente desplome del consumo y la inversión privados; la concomitante caída en la recaudación fiscal y aumento del gasto público por efecto de los estabilizadores automáticos (gasto en prestaciones de desempleo y otras políticas anticíclicas); y el desplome del denominador (el PIB) los que llevaron la deuda pública a niveles insostenibles. En el siguiente gráfico la curva azul muestra el crédito al sector privado en miles de millones de euros y la curva roja la deuda griega en porcentaje del PIB.




Numerosos países han mantenido niveles de deuda pública elevados sin excesivas consecuencias. Ejemplos de ello son EE.UU. y Japón. Sin embargo estos países no tienen problemas de solvencia. ¿Nunca se ha preguntado el lector por qué Grecia no puede sostener un nivel de deuda del 175% de PIB y Japón sí puede con una que duplica su PIB? La razón reside en que un estado emisor de moneda nunca puede quebrar (con la condición de que se endeude en su propia moneda y no en una moneda extranjera).

Supongamos que mañana un acreedor del estado japonés exige el cobro de un bono por valor de 100 millones de yenes. El Tesoro del Japón simplemente le entregará a cambio otros 100 millones de yenes que ha creado el Banco de Japón de la nada. Se habrá producido un simple intercambio de una deuda por otra deuda, unos papeles por otros.


En cambio al vencimiento de un bono emitido por el estado griego éste se tiene que asegurar de que cuenta con el importe equivalente en euros y éstos los tiene que conseguir vía impuestos. Grecia no puede crear euros pero antes sí podía crear dracmas de la nada. Fueron la conversión de la deuda histórica griega de dracmas a una moneda que no controla y la pérdida de un banco central que actuara como prestamista de último recurso las que han convertido la deuda griega en un problema.

Mito nº 5. El gobierno griego maquilló sus cuentas para entrar en el euro.

Este mito es cierto pero no seamos tan "meapilas". Si la UE no hubiese marcado los arbitrarios límites del Tratado de Maastricht para entrar y permanecer en el Euro, Grecia y otros países no habrían tenido que recurrir al expediente de falsear sus cuentas. No hay ningún criterio científico que diga que la deuda pública de un estado tenga que ser inferior al 60% ni el déficit público inferior al 3%. Las reglas de ese tratado fueron una ocurrencia de los políticos franceses y alemanes. Digamos que los países de la Eurozona se pusieron la soga al cuello.

Sí, en 2001 Goldman Sachs realizó un préstamo secreto que le permitió al gobierno griego ocultar el nivel real de su deuda. Lo trágico es que la transacción tuvo tal complejidad que el Gobierno griego no entendió el producto que estaba comprando ni pudo juzgar sus riesgos y costes [Bill Mitchell en Eurozone Dystopia (2015) citando a Dunbar y Martinuzzi (2012)].  


Sin embargo en ejercicios de creatividad contable Grecia estuvo muy bien acompañada de otros países, incluida la "virtuosa" Alemania. En 1997, Theo Waigel, a la sazón ministro de Hacienda alemán, preocupado porque su país no conseguía cumplir con el criterio de déficit exigido por el Tratado de Maastricht, intentó que el Bundesbank valorara sus reservas de oro a precios de mercado para registrar un beneficio que enjugara el desequilibrio de ese año. En este caso el banco central se opuso pero Alemania cayó en su propia trampa pues no tardó en convertirse en el primer país que incumplió las normas del Tratado de Maastricht. Todos los países hicieron la vista gorda para asegurar el éxito de la operación.

Mito nº 6. Naciones europeas como España han sido solidarias con Grecia.

Recientemente el presidente Rajoy soltó, con ese tono solemne que emplea para decir obviedades, una de sus frases más brillantes refiriéndose a Grecia: «una cosa es ser solidario y otras es serlo a cambio de nada". Es verdad que España ha sido muy solidaria, pero no con el pueblo griego, sino con los bancos alemanes y franceses que eran los principales acreedores de Grecia en 2009. En ese año los bancos españoles prácticamente no tenían exposición a ese país, es decir apenas habían concedido préstamos al país heleno. Los grandes acreedores eran los bancos franceses y alemanes.


A través de los mecanismos de rescate europeos, la Facilidad Europea de Estabilidad Financiera y el programa SMP del BCE, España indirectamente ha prestado avales y garantías a Grecia por importe de 27 mil millones €. Sin embargo, la mayor parte de estos fondos se utilizaron para cancelar los préstamos bancarios pendientes a 31 de diciembre de 2009. El programa europeo de rescate de los bancos franceses y alemanes a costa del pueblo griego ha sido muy eficaz.
Fuente: Banco Internacional de Pagos para los datos de los bancos; FEEF y BCE para las ayudas del plan de rescate a Grecia

Conclusión

Lo malo de analizar los datos desde distintas ópticas es que te pueden arruinar una bonita fábula. Si los políticos europeos, los medios y los economistas fueran más objetivos y honestos, habrían reconocido ya que la crisis la ha provocado una unión monetaria mal diseñada.



domingo, 31 de mayo de 2015

Los lunes al Sol (II)

Los Treinta Gloriosos

En el post anterior planteé la preocupación ante la evidencia de que desde finales de los 70  (son más de cuatro de décadas) hasta el presente la tasa de paro ha sido singularmente elevada en España. Asimismo planteé mi escepticismo sobre la explicación convencional procedente de las instituciones europeas y nacionales y de los economistas convencionales. Si rechazamos los argumentos neoliberales, qué explicaciones alternativas podemos encontrar. Me atrevo a postular dos: 1) el abandono de las políticas keynesianas de pleno empleo a partir del triunfo ideológico del neoliberalismo entre finales de los 70 y principios de los 80, que prioriza la estabilidad de precios; y 2) el empeño de los países europeos en fijar los tipos de cambio que culmina en la implantación de la moneda única.

Ambos fenómenos han sido magistralmente explicados por el Profesor Bill Mitchell en su libro recientemente publicado Eurozone Dystopia. Group Think and Denial in a Grand Scale. Estas políticas explican el inicio de un ciclo histórico de paro elevado en toda Europa con un impacto fue devastador en los países menos industrializados y competitivos de la periferia europea. En especial, en nuestro país, coincidió con un período de aumento de la población laboral por la incorporación del baby boom al mercado de trabajo y con la crisis industrial que desmanteló una gran parte del tejido español en ausencia casi total de políticas industriales.

Examinemos la cuestión de la derrota del keynesianismo en primer lugar

Después de la Segunda Guerra Mundial, prácticamente todos los países occidentales aplicaron políticas keynesianas cuyo objetivo era asegurar el pleno empleo.  Los estados trataban de regular el ciclo económico, cebando la demanda en períodos recesivos, ya con reducciones de impuestos, ya con aumentos de gasto público para impedir caídas bruscas en la demanda agregada y mantener el pleno empleo.Cuando echamos la vista atrás a los “treinta gloriosos”, esas tres décadas que van desde 1945 hasta 1975 comprobamos que en la mayoría de los países europeos y Estados Unidos los niveles de desempleo fueron bajísimos. Thomas Piketty ha demostrado que esa época coincide además con una de las más igualitarias de los países occidentales.

En Gran Bretaña, “durante la ‘edad dorada’ de los 50 y 60, el desempleo promedió en el 2 por ciento”[1]. Entre 1950 y 1973, la tasa de desempleo en Japón se situó en el 1,3%, la de Francia en el 1,8%, la de la República Federal Alemana será incluso inferior al 1%[2]. En España, la primera tasa de paro que estimó la Encuesta de Población Activa (EPA) corresponde a 1964. A finales de ese año el desempleo afectaba al 2,1% de la población activa[3]. El período se caracterizó por un crecimiento elevado, continuado y homogéneo y es testimonio del éxito de las políticas keynesianas.

Solo Alemania no se convirtió al keynesianismo. Allí se impusó el llamado “ordoliberalismo”, que no es más que el mismo perro neoliberal con distinto collar adornado de beatería conservadora católica que se pretende pasar por sensibilidad social. Ya durante los treinta gloriosos el país germano empezó a aplicar políticas mercantilistas. Fueron eficaces en un entorno en el que los demás países estaban dispuestos a aplicar políticas de crecimiento. Francia y otros países europeos, así como los EEUU, se mostraron dispuestos a soportar déficit comerciales con Alemania. El permanente desequilibrio comercial con Alemania generó tensiones cambiarias que ya discutiremos más abajo y que están en la génesis de los intentos de establecer un sistema monetario europeo. Esta disponibilidad de los demás países europeos a acomodar el déficit de demanda agregada allende el Rin permitió a Alemania desarrollar con éxito su Modell Deutschland, un crecimiento basado en las exportaciones.Sin un mercado dispuesto a absorber los excedentes de producción alemanes su economía habría quedado condenada a la deflación y al desempleo.

Victoria del Monetarismo

A partir de los años 70 se produce el abandono del consenso keynesiano y se produce la victoria ideológica del Neoliberalismo monetarista. La reacción venía fraguándose en ámbitos académicos. El monetarismo hundía sus raíces en el pensamiento clásico pero resucitó gracias al aporte del pensamiento conservador austríaco de Von Hayek y Von Mises. Ambos procedían de un entorno aristocrático y se formaron en el fértil entorno intelectual de la Viena de entreguerras.  Los austriacos profesaban un obstinado desdén por la intervención del estado en la economía y pensaban que su papel debía limitarse a establecer las condiciones para un óptimo desarrollo del mercado. Von Mises, debido a que era judío, debió establecerse en EE.UU. huyendo del Nazismo. Su discípulo, Friedrich August Von Hayek se instaló a partir de 1931 en la London School of Economics del Reino Unido donde se distinguió por su oposición al socialismo y su defensa del liberalismo. Para Hayek el excesivo intervencionismo del estado sería responsable del auge de las ideologías totalitarias, en detrimento de la libertad individual. Hayek igualaba en este sentido al socialismo con el fascismo.

Otra obsesión de Hayek, sobre todo a raíz de la publicación de la Teoría General de John Maynard Keynes, fue rebatir las ideas innovadoras del economista británico con quien mantuvo una célebre controversia durante el período de entreguerras.

Keynes observó que no fue el excesivo intervencionismo del estado el que produjo el auge del nazismo sino el fracaso del sistema capitalista en asegurar el pleno empleo, precisamente debido a esa falta de intervención eficaz. Además, Keynes consideraba que las políticas de austeridad aplicadas por los gobiernos en respuesta a la Gran Depresión solo podían fracasar porque al responder a la caída de la demanda privada con recortes de gasto público consiguieron deprimir aún más la demanda agregada. La respuesta clásica al problema del desempleo consistente en forzar caídas en los salarios reales estaba condenada al fracaso, no solo porque los trabajadores se resistían a aceptar caídas de sus salarios nominales, sino también porque era contraproducente. Los trabajadores también son consumidores y la pérdida de poder adquisitivo solo podía resultar en una caída del consumo lo cual produciría caídas en las ventas de los empresarios y redundaría en en la profundización de la depresión y la deflación. Un célebre libro de Nicholas Wapshott, Keynes vs. Hayek describe el choque colosal entre ambos economistas. Hayek no respondió adecuadamente a una aportación capital de Keynes la de los agregados macroeconómicos. Un exceso de austeridad de familias y empresas, causante de una caída del consumo, acompañada de más austeridad del gobierno como respuesta a la caída de los ingresos tributarios, solo podía producir una caída de la demanda agregada y profundizar la depresión.

Tras la Segunda Guerra Mundial, las ideas de Keynes se impusieron mietras que las de Hayek cayeron en el olvido. Hayek se trasladó a la Universidad de Chicago. En Chicago, Hayek fue mentor de Milton Friedman, el formulador de la teoría monetarista. El monetarismo rehabilita la teoría cuantitativa del dinero que establece una relación de causa efecto entre la oferta monetaria y la inflación. Para Friedman el estado sería el causante de la inflación al poner en manos del público una cantidad de dinero que supera la oferta de bienes y servicios de la economía. Por esta razón el estado debía ocuparse en controlar la oferta monetaria, regulándola en función del ciclo, reduciendo la oferta monetaria cuando se acerca la economía al pleno empleo. Otro corolario del monetarismo era que el estado debía abstenerse de regular el ciclo económico mediante las palancas fiscales (impuestos y gasto público). En esencia el monetarismo aduce que el exceso de gasto público y la concomitante laxitud monetaria son causantes de inflación.Además Friedman introduce el concepto de tasa de desempleo natural, aquella que, si se intenta superar, solo podría generar inflación.

El problema del monetarismo es su escaso soporte empírico. Los bancos centrales han podido comprobar que les resulta imposible controlar la oferta monetaria. El concepto de tasa de desempleo natural resulta difícil de estimar y es probable que no exista. No es cierto además que el gasto público conduzca inexorablemente a aumentos de precios, tal como pudo comprobarse durante los "30 gloriosos" en los que la intervención del estado fue decidida, el crecimiento acelerado y la inflación muy baja.

Al otro lado del Atlántico, el mercantilismo alemán generaba tensiones comerciales y cambiarias con sus socios europeos. Su idiosincrático “ordoliberalismo”, cuya máxima realización es la independencia del banco central mutilado en sus funciones más elementales, y el éxito de su industria exportadora resultaba en una baja tasa de inflación y una constante apreciación del marco. Esa hegemonía germánica empezó a dar respetabilidad a las ideas neoliberales.

En esencia neoliberalismo, monetarismo y ordoliberalismo coinciden en la creencia en que la economía alcanza el equilibrio por sí mismo. Los intentos del gobierno por resolver los problemas de empleo no son solo innecesarios sino que también serían perjudiciales porque generarán efectos indeseables como la inflación. Por tanto el papel del estado debe reducirse al máximo y debe procurarse el mínimo nivel de regulación que asegure el correcto funcionamiento del mercado. Para ellos el empleo no debe exceder de su tasa natural (el NAIRU o Non-Accelerating Inflation Rate of Unemployment, una cifra de desempleo que solo se puede estimar, en una tarea que se me antoja futil). Si hay desempleo solo puede ser culpa de unos trabajadores que no están dispuestos a ajustar sus salarios reales a la baja.

Bill Mitchell describe en su libro como el pensamiento de la Escuela de Chicago se apoderó de las mentes de las élites y de los políticos europeos a partir de los años 70. El invento surgió inicialmente del ámbito académico, se difundió por think-tanks, se apoderó de los partidos de centro derecha y acabó por abducir a los partidos socialdemócratas (tercera vía de Blair, los ministros de Economía y Hacienda de Felipe González, los Gobiernos de Mitterand en Francia, etc..). Entre las élites empiezan a adoptar el discurso neoliberal y el consenso keynesiano se resquebrajó. Las revistas de Economía empezaron a seleccionar sesgadamente sus publicaciones en favor de economistas monetaristas. Las universidades promocionaron las carreras de aquéllos que se adherían al consenso neoliberal. Postkeynesianos como Wynne Godley, se vieron obligados a abandonar sus cátedras en el Reino Unido y marchar a EEUU cuando llegó Margaret Thatcher al poder y su gobierno recortó su presupuesto de investigación. Aquéllos que siguieron defendiendo postulados keynesianos fueron objeto de burla y desacreditados, apartados de los centros de influencia y silenciados. Los centros de estudios macroeconómicos, financiados mayoritariamente por entidades financieras interesadas en la aplicación de programas de desregulación financiera, solo aplicaban modelos de corte neoliberal como los de equilibrio general dinámico estocástico donde se ignora el papel que puede jugar el gasto público en el ciclo económico.

Mitchell ha definido acertadamente este predominio neoliberal en las élites europeas como un ejemplo de pensamiento grupal o pensamiento único, un patrón de pensamiento caracterizado por el autoengaño, la forzada fabricación del consentimiento y la conformidad a los valores y la ética grupal. La evidencia que podía refutar los postulados neoliberales era simplemente ignorada mientras que la soportaba era aportada como prueba irrefutable en un clásico ejemplo de sesgo de confirmación.

Los shocks petroleros de los años 70 dieron el impulso definitivo al monetarismo. En 1973 los países árabes productores de petróleo impusieron un embargo en respuesta a la Guerra del Yom Kipur. El precio del barril se cuadruplicó. En 1979 la crisis iraní generó un segundo shock petrolero.

El incremento generalizado de precios observado en todo el mundo en respuesta al chantaje del cártel petrolero era ineludible pues habría sido una estupidez no responder subiendo los precios de nuestros productos industriales. El petróleo era un insumo crítico para muchos procesos industriales y una referencia que marcaba los precios de la energía. Si se quería mantener los términos de intercambio era necesario elevar los precios de nuestros productos. ¿Acaso habría sido acertado vender a los productores de petróleo coches a precios de los años 60? El siguiente gráfico muestra claramente cómo fue esta crisis provocada por los países productores la que detonó los procesos inflacionistas de la segunda mitad de los 70.


Variación del IPC en varios países entre 1970 y 1995. Fuente: elaboración propia a partir de estadísticas de la OCDE.

El alza de los precios fue pues un ajuste inevitable y las tasas de inflación alcanzaron en los países occidentales los dos dígitos. Pese a que la causa fue ese shock externo esta fue la prueba que necesitaban los neoliberales para señalar acusadoramente a las políticas fiscales como causantes de la inflación. La creciente conformidad de las élites europeas con el dominante pensamiento grupal hizo el resto. Empezando por la Francia de Raymond Barre, siguiendo luego por el Reino Unido de Margaret Thatcher y ya en los 80 los ministros neoliberales de Felipe González las políticas de rigor y ajuste presupuestario se impusieron como receta para domeñar la inflación, a costa, claro está, del pleno empleo. A partir de los años 80 todos los países aplican recortes de gasto público, medidas para cercenar el poder negociador de los sindicatos, cierre o venta de empresas públicas, congelación de contratación de plantillas de funcionarios, los pactos de rentas para controlar los incrementos salariales, etc.

Los que vivieron en aquéllos años recordarán el cierre de empresas públicas en España, la reconversión industrial que dejó antiguas comarcas industriales arrasadas sin ninguna actividad que sustituyera a las empresas cerradas, las magras convocatorias de empleo público o los famosos Pactos de La Moncloa, por ejemplo, que liberalizaron el despido e impusieron un programa de recortes de gasto público entre otras medidas,

El impacto en el empleo ha sido devastador. El siguiente gráfico, tomado del libro de Mitchell, muestra cómo evolucionaron las tasas de desempleo en varios países europeos.



Fuente: Bill Mitchell. Eurozone Dystopia.


Solo aquéllos países como Alemania y los Países Bajos, cuyo modelo se basaba en exportar desempleo y deflación a los demás, observaron tasas de desempleo más bajas. Aún así, el aumento del paro fue generalizado en Europa. El siguiente gráfico muestra de forma dramática como el trabajador alemán lleva décadas sin apenas ver incrementos salariales en términos reales, sobre todo visto en términos netos por hora. El modelo mercantilista alemán le ha salido muy caro a toda Europa, sobre todo para los trabajadores de Alemania que no han sido recompensados ni siquiera en función de sus ganancias de productividad, y para los de la periferia, que se han quedado en el paro.



La coincidencia temporal inusitada entre inflación y desempleo elevado dio pie a que se acuñara el término “estanflación”. Los neoliberales trataron de explicarlo como una consecuencia del exceso de gasto público combinado con rigideces en el mercado de trabajo. Sin embargo, fue un fenómeno autoinfligido por unos gobiernos que se negaron a explorar otras vías para asegurar la estabilidad de precios. Para el año 1983 la inflación había sido ya derrotada en casi todos los países e incluso Alemania había conseguido entrar en deflación a causa de su excesivo rigor. Los políticos siempre utilizaron la analogía de la amarga medicina que era necesario tomar para volver al crecimiento y el empleo. Medidas impopulares se imponían a una población escasamente formada en temas económicas con la promesa de que redundarían en un futuro mejor. Sin embargo los niveles de paro nunca volverían a sus niveles previos a la crisis del petróleo. El pleno empleo se ha convertido en un lejano recuerdo.

Por hoy basta. Otro día exploraremos el segundo fenómeno que contribuyó al alza de desempleo en nuestro continente: el empeño por mantener tipos de cambio fijo entre los países europeos.

Los lunes al Sol (III)



[1] Hatton, T. J. & Boyer, G. R. (2005). Unemployment and the UK labour market before, during and after the Golden Age [Electronic version]. European Review of Economic History 9(1), 35-60.
[2] http://fr.wikipedia.org/wiki/Trente_Glorieuses
[3] http://www.eldiario.es/zonacritica/Franco-Medio-Encuesta-Poblacion-Activa_6_221237903.html

sábado, 30 de mayo de 2015

Los lunes al Sol (I)


Villaviciosa de Odón a 27 de mayo de 2015

Si hay una nación que parece tener un serio problema estructural con el empleo ésa es España. Salvo los nacidos antes de los años 60, prácticamente nadie en este país ha conocido una situación de pleno empleo. Quien más quien menos ha experimentado dificultades para incorporarse al mercado de trabajo, episodios más o menos duraderos de desempleo y condiciones laborales cada vez más degradadas; salvo que haya conseguido aprobar unas oposiciones, esté muy bien conectado o tenga unas habilidades y competencias muy demandadas por el mercado.

El registro histórico de desempleo es simplemente desolador. Solo durante un breve interludio, asociado a la burbuja inmobiliaria que siguió a nuestra entrada en la moneda común, conseguimos que la tasa de desempleo llegara a tener menos de dos dígitos. Más inquietante es reconocer que la democracia española ha sido incapaz de generar el pleno empleo. Si tenemos en cuenta que, además, la población activa es de las más bajas de los países de la OCDE la magnitud de la tragedia resulta aún mayor. Más desolador es constatar que las élites empresariales y políticas de este país no tienen ningún interés en resolver el problema. He conocido políticos socialistas que afirman seriamente que “el pleno empleo es inalcanzable”. Pero si lo es ¿qué pasa en Corea del Sur donde la tasa de desempleo es del 3,9% actualmente?


Elaboración propia a partir de datos de la población activa del INE (desde 2000) y fuentes diversas para años anteriores. Nota: hay cambios metodológicos a lo largo de la serie histórica que no he tratado de resolver.

¿Qué explica nuestra incapacidad histórica para resolver el problema del desempleo? La narrativa convencional, fuertemente influida por el pensamiento neoliberal, vendría a contar la siguiente historia. Por otra parte una legislación laboral con unos elevados costes de despido y enormes rigideces salariales desincentivaría la contratación de trabajadores. Añádase una economía escasamente competitiva, constituida mayormente por microempresas, incapaz de exportar, y centrada en los monocultivos del ladrillo y del turismo, que genera un empleo de baja calidad y muy sometido a los vaivenes de los ciclos de la economía.

La historia no ha variado en exceso en el tiempo. A finales de los 70 y principios de los 80, recién salidos del Franquismo y ante la obligación de integrar nuestra economía en la europea, hubo que reestructurar un sector industrial poco competitivo, cerrándose las empresas más obsoletas. Unos sindicatos combativos, amparados por una legislación restrictiva heredada del corporativismo franquista y convalidada en el Estatuto de los Trabajadores, se habrían mostrado reticentes a colaborar aceptando ajustes salariales para rebajar el desempleo. El ajuste durante las recesiones por tanto habría de producirse a costa del empleo.

Una idea repetida una y otra vez es que los incrementos salariales deberían adecuarse a las ganancias de productividad (esta idea, por ejemplo, la ha repetido múltiples veces ese político neoliberal llamado Felipe González). Idea absurda donde las haya pues se viene observando que la productividad del factor trabajo crece cuando aumenta el desempleo y viceversa, por tanto los salarios deberían subir en períodos de crisis y bajarían en períodos de auge económico ¿no es cierto?


En este gráfico, que he construido a partir de datos obtenidos de Eurostat y del INE, comparo la evolución del índice de productividad real tomando 2002 como base 100 y el coste laboral por hora efectiva en términos reales igualmente comando 2020 como base 100 (es un período amplio que cubre la burbuja y la crisis). Es cierto que los salarios crecieron más rápidamente durante la burbuja inmobiliaria pero ciertamente durante la crisis los costes laborales han caído de tal forma que todas las ganancias que consiguieron los trabajadores han sido laminadas. ¿No sería hora de plantear una subida salarial? Según el criterio de los neoliberales tocaría 

En los años 80 se añade al ramillete de explicaciones la incorporación al mercado de trabajo de las cohortes más numerosas que haya habido jamás en la historia de este país, la generación nacida en el baby boom. Encontrar acomodo laboral, al igual que ya fue complicado adaptar el sistema educativo a tal avalancha y luego lo fue en el mercado de la vivienda (lo cual en parte explicó el boom inmobiliario), fue un reto para la economía pero reconozcamos que también amplió espectacularmente el mercado de consumidores. Sin embargo, el baby boom ya peina canas y hoy más del 50% de los jóvenes están desempleados. Esa excusa ya no vale.

La narrativa no ha experimentado demasiados cambios. Para los economistas del mainstream el problema sigue siendo el desajuste de la oferta laboral a las necesidades del mercado, los salarios reales elevados, la falta de movilidad laboral, etc. Una y otra vez se aducen factores estructurales para explicar las altas tasas de desempleo de nuestra economía. Esta narrativa es la que justifica la necesidad de introducir las llamadas reformas estructurales. Todavía hace unos meses un informe de la CE sobre los desequilibrios macroeconómicos de España se señalan los siguientes objetivos para el mercado de trabajo.

CSR 3:Pursue new measures to reduce labour market segmentation to favour sustainable, quality jobs, for instance through reducing the number of contract types and ensuring a balanced access to severance rights.
Continue regular monitoring of the labour market reforms.
Promote real wage developments consistent with the objective of creating jobs.
Strengthen the job-search requirement in unemployment benefits.
Enhance the effectiveness and targeting of active labour market policies, including hiring subsidies, particularly for those facing more difficulties in accessing employment.
Reinforce the coordination between labour market and education and training policies.
Accelerate the modernisation of public employment services to ensure effective personalised counselling, adequate training and job-matching, with special focus on the long-term unemployed.
Ensure the effective application of public-private cooperation in placement services before the end of 2014, and monitor the quality of services provided. Ensure the effective functioning of the Single Job Portal and combine it with further measures to support labour mobility.[1]
Para los técnicos de la Comisión Europea los culpables del elevado desempleo serían:
  1. La falta de formación de los trabajadores y la falta de acoplamiento entre las habilidades ofertas y demandas,
  2. Unos salarios reales que se resisten a bajar.
  3. Las rigideces del mercado de trabajo: esos trabajadores que no quieren moverse de su pueblo.
  4. Unos servicios públicos de empleo ineficaces.
  5. Los tipos de contratos laborales que generan un mercado dual donde unos tienen protección frente al despido y otros no. Con la expresión “acceso equilibrado a derechos de indemnización por despido” yo leo bajárselos a los que todavía conservan esos derechos.
Planteemos algunas objeciones a estos argumentos para fastidiar un poco la narrativa neoliberal de Bruselas.
  • Si el problema es que los trabajadores no están bien formados ¿por qué será que los jóvenes mejor formados —científicos, ingenieros, médicos, enfermeros— se están marchando a vivir en otros países donde les pagan mejores sueldos y les dan contratos estables? 
  • Los técnicos de la CE y otros neoliberales quieren que los sueldos bajen aún más. ¿Qué pretenden, hundir otra vez el consumo para acentuar la espiral deflacionista? Porque seamos honestos: resulta fatigoso seguir oyendo a sucesivos gobernadores del Banco de España pedir la moderación salarial y de rentas. Es posible que renunciando a cualquier aspiración de un salario digno consiguiéramos que todos tuvieran empleo. Pero entonces ¿qué nos quedaría sino una economía devastada con un consumo anémico? Una observación más: si el PIB es igual a la suma de rentas del trabajo, excedente bruto de explotación (el valor añadido creado por los empresarios y otras rentas como alquielerses e intereses) e impuestos sobre la producción netos de subvenciones a la producción, ¿no están pidiendo los gobernadores del Banco de España y demás prebostes neoliberales una moderación permanente en el crecimiento del PIB? ¿Sorprende que hayamos llegado pues a lo que algunos llaman el estancamiento secular? 
  • Solo un ciego podría pensar que, en medio de una profunda depresión que ha dejado a la cuarta parte de la fuerza laboral en el paro, una simplificación de los tipos de contratos va a reducir la tasa de paro en más de unas pocas décimas. Reconozcamos que después de la enésima reforma laboral el paro sigue siendo insultantemente alto. Llevamos haciendo reformas laborales ya desde la presidencia de Felipe González. ¿Qué más tenemos que hacer? Quizás el famoso contrato único consiguiera acabar con la dualidad del mercado de trabajo (igualando por abajo a todos). Pero solo los políticos siguen creyendo que se puede resolver el problema del desempleo recurriendo al BOE. 
  • Una agilización de los servicios de colocación estaría bien para reducir el paro friccional (aquél que se produce por pequeños desajustes en el mercado de trabajo) pero no acierto a comprender cómo una avalancha incontenible de parados en las oficinas de empleo puede ser eficazmente atendida por unos pocos funcionarios si resulta que no hay demanda para emplear trabajadores. No estaría mal que el estado colaborara a reducir el desempleo doblando o incluso triplicando el número de personas ocupadas en estas oficinas de empleo pero dudo que realmente consiguieran mejorar una situación de devastación como la actual.
Sorprende la ceguera de unos técnicos que solo puede justificarse por su infatuación con la economía de la oferta, ésa que nunca presta atención a las debilidades de la demanda como explicación a los problemas laborales; ésa que se cree la Ley de Say: toda oferta crea su demanda. Tércamente insisten en que el culpable sigue siendo el trabajador que no se forma, que no se mueve y que no quiere bajarse más el sueldo.

Veamos la otra parte del análisis convencional: el ya manido problema del modelo económico. Sin negar que la economía española tiene un problema de competitividad, llevamos hablando de la necesidad de un cambio de modelo económico que nunca se produce. ¿Será porque hay alguna barrera que lo impide? Sí, ya sabemos que hay que apostar por la economía del conocimiento y que hay que invertir en I+D. Pero ¿alguien se ha parado a pensar por qué los empresarios no invierten más en tecnología? ¿Es que son tontos y no son capaces de ver lo que resulta evidente para los arbitristas? Se nota que nunca han tratado de crear una empresa tecnológica en este país.

Modelo económico y mercado laboral: las dos reformas pendientes que siempre se abordan y nunca consiguen su objetivo. Una cosa sí han conseguido los neoliberales: que en el reparto de rentas las salariales cada vez pesen menos y también que tengamos la distribución de la renta más injusta de Europa Occidental.

¿Y si resultara que todo el énfasis en la flexibilización del mercado de trabajo estuviera completamente errado? Cuando llevamos 30 años planteando las mismas quejas y proponiendo las mismas recetas y resulta que el desempleo sigue siendo insultántemente alto ¿no será porque nos estamos haciendo las preguntas equivocadas?

En el siguiente post trataré de dar una visión alternativa al problema del desempleo.



[1] Country Report Spain 2015 Including an In-Depth Review on the prevention and correction of macroeconomic imbalances