Por neoliberalismo entiendo una doctrina originada en torno a diversos pensadores, muchos de ellos participantes en una célebre reunión convocada por Friedrich Hayek en la villa francesa de Mont Pelèrin, y a la que acudieron Ludwig Von Mises, Karl Popper y Ludwig Erhard, entre otros. Este fue el acto fundacional de la Mont Pelerin Society. Sus postulados se hallan muy lejos del laissez faire liberal al que se suele asociar equivocadamente. El neoliberalismo es un proyecto político que pretende transformar nuestra sociedad en un experimento de ingeniería social sin precedentes. Esta doctrina considera que el mercado es un mecanismo de procesamiento de información y asignación de recursos superior al estado. Frente a la abundante evidencia histórica y antropológica en contra, intenta persuadirnos de que el mercado es el estado natural del hombre y que cualquier otra forma de organización social y política es artificial. El estado debe estar sometido al mercado antes que al ciudadano, actuando mediante una democracia constreñida que lidere una tecnocracia impermeable a las exigencias sociales. Bajo la guisa de la liberalización en realidad se crea una nueva regulación que deja inerme al individuo pero libera a la gran corporación multinacional. Los servicios del estado deben ser sometidos a la comercialización: la educación, la enseñanza, las cárceles, las oficinas de empleo dejan de ser bienes públicos para convertirse en oportunidades de negocio y bienes de consumo. Si bien el neoliberal asegura defender una libertad sin límites el suyo es un concepto restringido que otorga una plena libertad para que algunos individuos puedan realizar sus aspiraciones egoístas en el libre mercado pero nos ata las manos a los demás. Por ello aspiran a eliminar todas las barreras al libre movimiento de bienes y capitales. Desde su óptica individualista, las consecuencias en términos de desigualdad no solo no serían indeseables, sino que serían un resultado necesario del funcionamiento del capitalismo y una fuerza motriz para la innovación y el progreso. Por ello los ricos no son unos parásitos sino ejemplos de conducta a los que envidiar y emular y las exigencias de igualdad serían las quejas de unos perdedores resentidos. Solo se puede contar con el mercado para aportar las mejores soluciones incluso para los problemas que crea el propio mercado. Las empresas no pueden equivocarse y es contraproducente tratar de limitar el poder de oligopolios y monopolios. El neoliberalismo coloca a la economía en el centro y a los hombres al servicio del mercado. Tales serían las características del proyecto neoliberal tal como las describe Mirowski (Mirowski & Plehwe, 2009).
Cita de Roosevelt
"Ningún país, sin importar su riqueza, puede permitirse el derroche de sus recursos humanos. La desmoralización causada por el desempleo masivo es nuestra mayor extravagancia. Moralmente es la mayor amenaza a nuestro orden social" (Franklin Delano Roosevelt)
"Ningún país, sin importar su riqueza, puede permitirse el derroche de sus recursos humanos. La desmoralización causada por el desempleo masivo es nuestra mayor extravagancia. Moralmente es la mayor amenaza a nuestro orden social" (Franklin Delano Roosevelt)
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lunes, 7 de noviembre de 2016
domingo, 13 de diciembre de 2015
El programa económico de Ciudadanos: esa sensación de “déjà vu”
Artículo escrito por Esteban Cruz Hidalgo y Stuart Medina Miltimore y publicado en la sección Luces Rojas de Infolibre.
Las premisas básicas del programa económico de Ciudadanos fluyen de
forma que es difícil discrepar: necesitamos competir en un mundo globalizado,
luchar contra la precariedad laboral, acabar con el capitalismo de amiguetes y
con el despilfarro público. Estas cuestiones responden a lo que la mayoría
considera de sentido común, de las que surgen las medidas destinadas a la
creación de empleo que aquí brevemente analizamos. «¡Hay que avanzar hacia el
modelo danés!», exclaman, introduciéndonos a un concepto que tildan de
rompedor: la “flexiseguridad”. El triángulo de oro a los daneses les funciona,
pero, ¿lo haría igual para nuestra estructura económica e institucional? ¿Es
que el mercado laboral puede entenderse separado del funcionamiento del mercado
de bienes y servicios? Evidentemente no nos parecemos mucho a los “latinos del
norte” como llaman a los daneses; y en el planteamiento de una fuerza laboral
cuyo mercado se autorregula como cualquier otra mercancía subyace una visión
muy ortodoxa de cómo funciona la economía. Aseguran que su programa está
construido «desde la sensatez y la
confianza», lo que en términos
generales significa que no se han desviado ni un ápice de los principios que en
materia económica nos han llevado hasta la situación actual, vamos a verlo.
El programa de C’s responde nítidamente al canon neoliberal dominante. No
pudimos evitar la impresión de haberlo leído antes. La doctrina, el lenguaje,
incluso el estilo recuerdan a los informes surgidos de la Comisión Europea. Por ejemplo, consulten el “Country Report Spain 2015 Including an
In-Depth Review on the prevention and correction of macroeconomic imbalances”.
Busquen las siete diferencias.
Desde el preámbulo hasta el final del epígrafe nos vamos encontrando de
forma reiterativa con los aspectos fetiche de una gestión de la economía
responsable: formación, competitividad y emprendimiento. Preocuparse únicamente por
los ingredientes por el lado de la oferta dejan hueca la receta para salir de
la crisis, unos cimientos muy débiles para el objetivo que se proponen: un
modelo de crecimiento a largo plazo sostenido por la innovación.
Las herramientas que integran la estrategia de formación parecen ir en
línea de evitar los chanchullos del sistema actual, señalando a la patronal y
sindicatos. El desempleado pasaría a recibir la ayuda en forma de bonos que
podrá destinar a los cursos que él elija, compitiendo las empresas que ofrezcan
los diversos cursos por atraerlo. Para esta medida proponen elevar el dinero
que se destina para asegurar su éxito, pero además el trabajador parado será
orientado en la búsqueda de empleo por agencias privadas de colocación a través
de un servicio de empleo individualizado con perfiles curriculares. Aquí
tenemos una gran oportunidad de negocio privado para que unos pocos se forren mareando
a los desempleados en la búsqueda de empleos que no existen.
Ciudadanos reconoce que el «estigma
asociado a una experiencia continuada en el desempleo se ve reforzado por la
carencia o depreciación de las competencias necesarias para su reintegración
laboral». No podemos estar más de acuerdo. Sin embargo discrepamos de la
clásica receta que culpabiliza al parado y que trata de exponer el problema del
desempleo a nivel microeconómico, como consecuencia de un sistema de incentivos
mal planteado. El problema del desempleo no es la formación, ni las leyes
laborales, ni la prolija normativa burocrática. Fiarlo todo a las políticas de
oferta no resolverá el problema. Es un problema de falta de demanda y de
expectativas de beneficios en los mercados de bienes y servicios que llevan al
empresario a no ampliar su capacidad de producción y por tanto, a no contratar
trabajadores.
Mientras esperamos a que estas personas, cada vez más formadas,
encuentren trabajo gracias a una futura reactivación. ¿De qué van a vivir si ya
no cobran una prestación de desempleo? Al final, si, sorprendentemente, las
políticas activas de empleo no funcionan para algún zoquete, para este
colectivo, Ciudadanos transige con una “Renta
de Reintegración”, percepción condicionada a que el desempleado,
obedientemente, siga dedicando su tiempo a más formación.
También hay soluciones para los bajos salarios y la precariedad
laboral. La segunda propuesta estrella de Ciudadanos es crear un marco laboral
que elimina la temporalidad, que en la práctica convierte todos los contratos
en temporales. Es lo que llaman pedantemente el marco de «relaciones laborales 2.0». El
contrato temporal se sustituye con el “contrato
para la igualdad de oportunidades”. La clave está en la “flexibilidad
empresarial” combinado con la “estabilidad laboral”. Las indemnizaciones por despido se sustituyen
por la “cuenta individual para el despido”, una retención del salario
equivalente al 1% de su salario. Ya no son todos los trabajadores en activo
quienes aseguran al trabajador despedido, es el seguro contratado por el
empresario el que cubre esa contingencia mediante un instrumento de ahorro
forzoso impuesto al trabajador. Además el empresario ya no asume el coste de
indemnizar al trabajador despedido sin causas objetivas. Aquí detectamos otra
gran oportunidad de negocio privado, en este caso para el sector financiero al
cual se confiaría la gestión del seguro.
Para acabar con los salarios bajos proponen un “Complemento de Garantía
Salarial (CSG)” que cobrarían las rentas que no superen un determinado umbral
como una bonificación en el impuesto sobre la renta. Nuestra principal pega al
CSG es que acabe funcionando como una subvención para que los empresarios igualen
por abajo los salarios.
El programa aborda una reforma de los impuestos directos que los simplifique
para reducir oportunidades de evasión fiscal, aumentar la recaudación fiscal y
recuperar a las clases medias trabajadoras. Dentro de este último objetivo
encajaría el CSG pero recalcamos que es para las clases trabajadoras porque, si
usted no está empleado, no lo percibirá, es decir pensionistas y desempleados
no se beneficiarán del CSG. El desbrozo de nuestro sistema fiscal es una
asignatura pendiente que aplaudimos pero, caveat
emptor, las más beneficiadas por la reducción de tipos en la escala de
gravamen que propone C’s son las rentas muy altas.
Otro pilar de Ciudadanos son las reformas estructurales destinadas a
competir en un mundo globalizado. No se trata de «reindustrializar siguiendo patrones obsoletos» —suponemos que se
refieren a las políticas que tanto éxito tuvieron en toda Europa en los años 50
y 60 y que llevaron a una situación de pleno empleo—. Aquí C’s descubre el
Orinoco y, de paso, que el problema del tejido empresarial es que predominan las
PYMES con escasa capacidad de innovación. Para resolver este asunto proponen
fórmulas de colaboración público-privada, poniendo los Organismos Públicos de Investigación
al servicio de las empresas a través de lo que llaman la “Red Cervera”. ¿En qué
difiere esto de lo que se lleva haciendo en esta materia en los últimos veinte
años? Sorprendentemente, tras loar las excelencias de la I+D el programa
profundiza en determinados sectores. ¿Cuáles? Los de siempre, turismo y
agroalimentario.
En este epígrafe destinado a la innovación son continuas las
referencias a Estados Unidos, pero se olvidan quizás de lo más importante: la
potentísima implicación del Estado en la innovación, no solo para apoyarla,
sino para liderarla. Nos aclaran que las empresas en España no crecen hasta el
mismo tamaño que en otros países, lo cual se achaca ¡a la excesiva regulación!
Nos descubren que los emprendedores pasamos horas y horas haciendo trámites y
papeleos, y que nos da miedo crecer. La solución que sugieren son las
ventanillas únicas, unificación de trámites, etc. La pregunta que nos hacemos
es ¿dónde ha estado viviendo el principal artífice de este programa todos estos
años? Uno de los firmantes de este artículo constituyó su empresa en menos de
48 horas gracias a la figura de la SLNE hace 11 años. Siempre es bueno que nos
reduzcan los trámites burocráticos, pero lo determinante para la actividad es una
reactivación de la demanda, tener expectativas de beneficios.
Para fomentar la innovación C’s plantea fomentar esos mismos préstamos
blandos que cargan a las empresas de deudas y luego las llevan a concurso de
acreedores. También nos aclaran que las empresas no sabemos buscar el dinero. Supongo
que los autores no han sido emprendedores tecnológicos: no es que no sepamos,
es que no existen fuentes de financiación. Pero la excusa es buena para
introducir otro programa de formación, éste para el emprendedor. Empresario, si
Vd. vota a Ciudadanos no sabemos si encontrará capital y negocio, lo que sí
sabemos es que no le van a quedar horas para dedicar a otra cosa que no sea
formación. En una apuesta menos alejada de la realidad que la del plan Juncker,
proponen la aportación de fondos públicos a través del ICO con match funding en cumplimiento del
sacramento neoliberal de que el Estado necesita la sabia guía de la iniciativa
privada pues no sabría tomar decisiones de inversión.
Una propuesta interesante es que los créditos fiscales generados por la
actividad de I+D que no puedan ser aprovechados por el empresario por estar en
situación de pérdidas puedan ser transmitidos al fondo de inversión. La idea
sin duda merece alguna atención aunque, de nuevo, parece que los autores no se
han leído la Ley del Emprendedor que, en determinados supuestos, permite
solicitar el abono de la deducción a la Administración Tributaria. El olvido de
esta Ley lo revela la sugerencia de introducir incentivos para el
establecimiento de profesionales extranjeros con visas exprés y un paquete de
recibimiento (entendemos que los exiliados sirios no podrían beneficiarse de
estas ayudas). Los autores de ésta análisis preferiríamos un plan para
recuperar a los miles de investigadores españoles con talento que han tenido
que largarse de este país.
Entre los autónomos detectan una baja tasa de supervivencia y una
escasa vocación emprendedora, ignorando que se trata de autoempleo de parados
desanimados. ¿Solución? De nuevo, más formación. También sugieren que los
autónomos con ingresos inferiores al Salario Mínimo Interprofesional no tengan
que darse de alta ni paguen cuotas de Seguridad Social. Está bien, pero en
nuestra opinión, el objetivo sería que no hubiera nadie en esa situación; no
legalizar el mercado negro de trabajo. No obstante, como proponen unificar los
inspectores de Hacienda con los de trabajo nos tememos que el efecto final sea
que se siga persiguiendo el fraude fiscal y cada vez menos el fraude laboral.
¿Y de la moneda común? Que hace falta «más Europa», lo que significa que los países del Sur debemos
comprometernos «con seriedad a un
programa de reformas estructurales» y racionalizar el gasto de las administraciones
a todos los niveles tal y como se expone en las recomendaciones de la Comisión
Europea para España. A cambio, los países del Norte mostrarán su solidaridad
con nosotros con un fondo de desempleo que se destinará íntegramente —sí, lo
han adivinado— a financiar programas de formación.
En fin, que si como predicen las encuestas, Ciudadanos es determinante
en el nuevo Gobierno, seguiremos teniendo una de las tasas de desempleo más
elevadas entre los países de la OCDE y nuestra marcha dependerá de estímulos
externos. El “más difícil todavía” si, como dice el FMI, todos los países
acometen políticas de austeridad y de devaluación interna. Olvidémonos de una
política expansiva que conecte el gasto fiscal y las inversiones en innovación a
través de un sector público fuerte y una estructura del euro funcional.
No negamos el papel emprendedor del sector privado, pero creemos que es
preciso superar el desprestigio del Estado como enemigo de la empresa si
queremos salir de la crisis. Las resistencias hacia la relación de simbiosis
entre el sector público y privado parte de una ideología interesada en extraer
unos beneficios privados más elevados para unos pocos a costa de reducir el
bienestar del conjunto de la sociedad, es decir, en mantener una relación parasitaria.
Un planteamiento coherente con el funcionamiento de los balances sectoriales se
apoya en la visión de un Estado que dinamiza la economía y sirve al bienestar social
mediante la ampliación y creación de mercados y la satisfacción de necesidades sociales,
contribuyendo al objetivo de pleno empleo y al aumento de la riqueza total. Para
financiar el crecimiento no solo hay que ser inteligente, sino también
inclusivo.
Una economía dinámica no puede sobrevivir a la incertidumbre sumida en
la desigualdad y el despilfarro de recursos, pues es la expectativa de
realización sobre los beneficios futuros lo que lleva a las empresas a invertir
e innovar, aumentando su capacidad productiva e impulsando los cambios
tecnológicos radicales. Las medidas expuestas en el programa de Ciudadanos
deberían complementarse con otras que activen el papel fundamental de la
demanda para su éxito, lo que hace necesario repensar el papel del Estado en la
economía. Si llevamos veinte años desarrollando políticas similares sin resultados,
¿qué nos hace pensar que ahora sí van a funcionar? ¿O volveremos a crear una
nueva ilusión de prosperidad cubriéndonos con alguna burbuja?
Esteban
Cruz Hidalgo es Licenciado en
Economía y Máster en Investigación en Ciencias Sociales y Jurídicas,
especialidad Economía, Empresa y Trabajo. Miembro da ATTAC Extremadura, del
Instituto de Economía Política y Humana y de La Asociación por el Pleno Empleo
y la Estabilidad de Precios.
Stuart
Medina Miltimore es
vicepresidente de la Asociación por el Pleno Empleo y la Estabilidad de
Precios. Además es economista y MBA por la Darden School de la Unversidad de
Virginia. Acumula más de 30 años de experiencia profesional en los sectores de
material eléctrico, TIC y biotecnología. Fundó en 2003 la consultora MetasBio
desde la que ha asesorado a numerosas empresas de diversos sectores.
miércoles, 8 de julio de 2015
Mitología griega
Un interminable lustro ha transcurrido desde que se inició la
crisis griega. Durante estos cinco años los políticos europeos y los
responsables del FMI han recurrido a una narrativa que culpaba a los griegos y
justificaba las políticas de austeridad. Este relato tiene una evidente
inspiración ideológica neoliberal y está plagado de errores cuando no de
falsedades. Pero eso no ha sido óbice para que los medios más influyentes lo
hayan repetido ad nauseam con el celo del propagandista. Hemos
sido testigos de cómo los dirigentes europeos y los representantes del FMI han
reprendido reiteradamente a los griegos con un insultante tono de superioridad
moral.
La campaña ha
tenido éxito y me atrevería a afirmar que una gran parte de la sociedad
comparte esta narrativa. Por eso, cuando llegaron al poder Tsipras y Varufaquis
con un discurso radicalmente distinto acerca de las causas de la crisis y
exigiendo cambios de políticas, muchos han reaccionado con indignación. Quizás
por eso oímos a dirigentes socialistas españoles como Felipe González o Pedro
Sánchez, por ejemplo, declarando que Tsipras se ha equivocado al convocar el
referéndum o al retar a la troika para renegociar las condiciones del rescate.
Uno esperaría más solidaridad de los dirigentes del centro izquierda con el
nuevo gobierno.
Aunque el propio
Varufaquis ha definido acertadamente a la Economía no como una ciencia sino
como ideología con ecuaciones, creo que eso no nos exime de tratar los datos y hechos con
algo más de rigor. Si se le dan al lector algunos que cuestionan asertos
reiteradamente afirmados quizás aprecie que los políticos de Syriza tienen algo
de razón en sus reivindicaciones. También puede que sirva para que el lector
reciba con menos hostilidad las propuestas que postulan otras políticas
económicas y entender por qué la austeridad impuesta desde la Troika estaba
condenada a fracasar. Esta es la selección de mitos que pretendo desmontar o
poner en contexto.
Mito nº 1. El gobierno griego gastó sin mesura en los años previos a la crisis.
La siguiente tabla muestra cómo evolucionó el nivel de gasto público en proporción al PIB de varios países de la Unión Europea y la media para los países de la UE..
Fuente: Eurostat
Al lector le costará encontrar la curva de Grecia en el gráfico
porque está enterrado entre las de otros países europeos. Si Grecia hubiera
hecho algo distinto a lo que hicieron los demás, su curva sería fácil de
localizar en el gráfico. Una vez hallada entre la maraña podrá comprobar cómo
en los años previos a la Crisis Financiera Global (CFG) el gasto público griego
osciló entre el 44% y el 47% del PIB, cerca de la media de los 27 países de la
Unión Europea (UE27) y no muy superior al de Alemania. Ya iniciada la crisis
todos los países aplicaron políticas expansionistas e incrementaron su gasto;
hasta que llegó la reacción neoliberal de 2010. Realmente Grecia no tuvo un
comportamiento excepcional. Fue más aberrante el de España que prefirió
mantener un nivel de gasto público muy bajo similar al de algunos países de
Europa Oriental.
Mito nº 2. El Gobierno griego ha sido incapaz de recaudar impuestos
Este mito es parcialmente cierto. Grecia mantuvo un permanente
déficit público durante los años anteriores a la crisis. Al igual que otros
estados mediterráneos salidos de dictaduras derechistas, Grecia tiene un estado
raquítico con escasos recursos para obligar al pago de impuestos. España
resolvió el problema optando por un nivel de prestaciones sociales inferior al
de la media comunitaria. Grecia prefirió mantener un déficit elevado. Por esta
razón quizás Grecia consiguió mantener un nivel de empleo más elevado que
España durante los años anteriores a la crisis.
Pero eso era antaño; hogaño Grecia podría considerarse el estado
más virtuoso de la Unión Europea pues mantiene un superávit estructural o
cíclicamente ajustado. Es decir, si no hubiese desempleo, Grecia tendría un
superávit fiscal mayor que el de Alemania. El problema es que un
posicionamiento fiscal de este tipo es fuertemente contractivo, especialmente
si coincide con una profunda depresión. La razón es que en una recesión se
contrae el consumo privado. Una reducción adicional del gasto público en estas
circunstancias solo puede llevar a una contracción aún mayor de la economía.
En macroeconomía el gasto agregado es idéntico al ingreso de todos
los factores e idéntico a los productos y servicios que produce la economía
durante un período (el PIB). Es crítico entender estas identidades contables
para entender por qué la austeridad está siempre condenada al fracaso. Reducir el
gasto agregado de todos los sectores no genera un ahorro, como se dice a menudo
equivocadamente, sino a una reducción del PIB. En las negociaciones con el
gobierno de Tsipras la Troika pretendía imponer un nuevo ciclo de austeridad
que llevaría inevitablemente a una profundización de la depresión.
Mito nº 3. La deuda griega es tan elevada debido a su sobredimensionado gasto militar.
Es cierto que Grecia ha mantenido un nivel de gasto militar en
porcentaje del PIB más elevado que muchos países europeos. Ese gasto quizás
podía haberse utilizado en otros gastos socialmente más útiles o en reducir el
déficit. Sin embargo, en la Grecia salida de la dictadura de los coroneles y con
una convulsa historia de guerras civiles, el estamento militar consiguió
reservarse un mayor trozo de la tarta presupuestaria. La tensa relación con su
vecino turco sin duda ha contribuido a esta hipertrofia militarista. Sin
embargo esta partida ha venido cayendo en los últimos años. Si tenemos en
cuenta que en la razón gasto militar/PIB el denominador ha caído más de un 25%
esta caída es aún más espectacular. En las negociaciones con la Troika se
estaban discutiendo recortes adicionales entre 200 y 400 millones €. No estaría
de más recordar que los EE.UU. llevan años pidiendo a sus socios europeos que
incrementen su gasto militar hasta un umbral de al menos el 2%.
Mito nº 4. La crisis de deuda se debe al endeudamiento público.
Si bien Grecia salió de la crisis petrolera de los años 70 con un
elevado nivel de deuda pública, lo cierto es que los niveles respecto al PIB se
mantuvieron desde entonces relativamente estables. Por tanto la elevada deuda
pública fue una herencia de décadas anteriores.
Al igual que en España, fue el sector privado el que se endeudó de forma insostenible en la primera década del siglo. Después de la CFG fueron el deseo del sector privado de reducir su endeudamiento con el consiguiente desplome del consumo y la inversión privados; la concomitante caída en la recaudación fiscal y aumento del gasto público por efecto de los estabilizadores automáticos (gasto en prestaciones de desempleo y otras políticas anticíclicas); y el desplome del denominador (el PIB) los que llevaron la deuda pública a niveles insostenibles. En el siguiente gráfico la curva azul muestra el crédito al sector privado en miles de millones de euros y la curva roja la deuda griega en porcentaje del PIB.
Numerosos países han mantenido niveles de deuda pública elevados
sin excesivas consecuencias. Ejemplos de ello son EE.UU. y Japón. Sin embargo
estos países no tienen problemas de solvencia. ¿Nunca se ha preguntado el
lector por qué Grecia no puede sostener un nivel de deuda del 175% de PIB y
Japón sí puede con una que duplica su PIB? La razón reside en que un estado
emisor de moneda nunca puede quebrar (con la condición de que se endeude en su
propia moneda y no en una moneda extranjera).
Supongamos que mañana un acreedor del estado japonés exige el
cobro de un bono por valor de 100 millones de yenes. El Tesoro del Japón
simplemente le entregará a cambio otros 100 millones de yenes que ha creado el
Banco de Japón de la nada. Se habrá producido un simple intercambio de una
deuda por otra deuda, unos papeles por otros.
En cambio al vencimiento de un bono emitido por el estado griego
éste se tiene que asegurar de que cuenta con el importe equivalente en euros y
éstos los tiene que conseguir vía impuestos. Grecia no puede crear euros pero
antes sí podía crear dracmas de la nada. Fueron la conversión de la deuda
histórica griega de dracmas a una moneda que no controla y la pérdida de un
banco central que actuara como prestamista de último recurso las que han
convertido la deuda griega en un problema.
Mito nº 5. El gobierno griego maquilló sus cuentas para entrar en el euro.
Este mito es cierto pero no seamos tan "meapilas". Si la
UE no hubiese marcado los arbitrarios límites del Tratado de Maastricht para
entrar y permanecer en el Euro, Grecia y otros países no habrían tenido que
recurrir al expediente de falsear sus cuentas. No hay ningún criterio
científico que diga que la deuda pública de un estado tenga que ser inferior al
60% ni el déficit público inferior al 3%. Las reglas de ese tratado fueron una
ocurrencia de los políticos franceses y alemanes. Digamos que los países
de la Eurozona se pusieron la soga al cuello.
Sí, en 2001
Goldman Sachs realizó un préstamo secreto que le permitió al gobierno griego
ocultar el nivel real de su deuda. Lo trágico es que la transacción tuvo tal
complejidad que el Gobierno griego no entendió el producto que estaba comprando
ni pudo juzgar sus riesgos y costes [Bill Mitchell en Eurozone Dystopia (2015)
citando a Dunbar y Martinuzzi (2012)].
Sin embargo en
ejercicios de creatividad contable Grecia estuvo muy bien acompañada de otros
países, incluida la "virtuosa" Alemania. En 1997, Theo Waigel, a la
sazón ministro de Hacienda alemán, preocupado porque su país no conseguía
cumplir con el criterio de déficit exigido por el Tratado de Maastricht,
intentó que el Bundesbank valorara sus reservas de oro a precios de mercado
para registrar un beneficio que enjugara el desequilibrio de ese año. En este caso el
banco central se opuso pero Alemania cayó en su propia trampa pues no tardó en
convertirse en el primer país que incumplió las normas del Tratado de
Maastricht. Todos los países hicieron la vista gorda para asegurar el éxito de
la operación.
Mito nº 6. Naciones europeas como España han sido solidarias con Grecia.
Recientemente el presidente Rajoy soltó, con ese tono solemne que
emplea para decir obviedades, una de sus frases más brillantes refiriéndose a
Grecia: «una cosa es ser solidario y otras es serlo a cambio de nada". Es
verdad que España ha sido muy solidaria, pero no con el pueblo griego, sino con
los bancos alemanes y franceses que eran los principales acreedores de Grecia
en 2009. En ese año los bancos españoles prácticamente no tenían exposición a
ese país, es decir apenas habían concedido préstamos al país heleno. Los
grandes acreedores eran los bancos franceses y alemanes.
A través de los mecanismos de rescate europeos, la Facilidad
Europea de Estabilidad Financiera y el programa SMP del BCE, España
indirectamente ha prestado avales y garantías a Grecia por importe de 27 mil
millones €. Sin embargo, la mayor parte de estos fondos se utilizaron para
cancelar los préstamos bancarios pendientes a 31 de diciembre de 2009. El
programa europeo de rescate de los bancos franceses y alemanes a costa del
pueblo griego ha sido muy eficaz.
Fuente: Banco Internacional de Pagos para los datos de los bancos; FEEF y BCE para las ayudas del plan de rescate a Grecia
Conclusión
Lo malo de analizar los datos desde distintas ópticas es que te
pueden arruinar una bonita fábula. Si los políticos europeos, los medios y los
economistas fueran más objetivos y honestos, habrían reconocido ya que la
crisis la ha provocado una unión monetaria mal diseñada.
domingo, 31 de mayo de 2015
Los lunes al Sol (II)
Los Treinta Gloriosos
En el post anterior planteé la preocupación ante la evidencia de que desde finales de los 70 (son más de cuatro de décadas) hasta el presente la tasa de paro ha sido singularmente elevada en España. Asimismo planteé mi escepticismo sobre la explicación convencional procedente de las instituciones europeas y nacionales y de los economistas convencionales. Si rechazamos los argumentos neoliberales, qué explicaciones alternativas podemos encontrar. Me atrevo a postular dos: 1) el abandono de las políticas keynesianas de pleno empleo a partir del triunfo ideológico del neoliberalismo entre finales de los 70 y principios de los 80, que prioriza la estabilidad de precios; y 2) el empeño de los países europeos en fijar los tipos de cambio que culmina en la implantación de la moneda única.Ambos fenómenos han sido magistralmente explicados por el Profesor Bill Mitchell en su libro recientemente publicado Eurozone Dystopia. Group Think and Denial in a Grand Scale. Estas políticas explican el inicio de un ciclo histórico de paro elevado en toda Europa con un impacto fue devastador en los países menos industrializados y competitivos de la periferia europea. En especial, en nuestro país, coincidió con un período de aumento de la población laboral por la incorporación del baby boom al mercado de trabajo y con la crisis industrial que desmanteló una gran parte del tejido español en ausencia casi total de políticas industriales.
Examinemos la cuestión de la derrota del keynesianismo en primer lugar
Después de la Segunda Guerra Mundial, prácticamente todos los países occidentales aplicaron políticas keynesianas cuyo objetivo era asegurar el pleno empleo. Los estados trataban de regular el ciclo económico, cebando la demanda en períodos recesivos, ya con reducciones de impuestos, ya con aumentos de gasto público para impedir caídas bruscas en la demanda agregada y mantener el pleno empleo.Cuando echamos la vista atrás a los “treinta gloriosos”, esas tres décadas que van desde 1945 hasta 1975 comprobamos que en la mayoría de los países europeos y Estados Unidos los niveles de desempleo fueron bajísimos. Thomas Piketty ha demostrado que esa época coincide además con una de las más igualitarias de los países occidentales.
En Gran Bretaña, “durante la ‘edad dorada’ de los 50 y 60,
el desempleo promedió en el 2 por ciento”[1].
Entre 1950 y 1973, la tasa de desempleo en Japón se situó en el 1,3%, la de
Francia en el 1,8%, la de la República Federal Alemana será incluso inferior al
1%[2].
En España, la primera tasa de paro
que estimó la Encuesta de Población Activa (EPA) corresponde a 1964. A finales
de ese año el desempleo afectaba al 2,1% de la población activa[3].
El período se caracterizó por un crecimiento elevado, continuado y homogéneo y
es testimonio del éxito de las políticas keynesianas.
Solo Alemania no se convirtió al keynesianismo. Allí se impusó el llamado “ordoliberalismo”, que no es más que el mismo perro neoliberal con distinto collar adornado de beatería conservadora católica que se pretende pasar por sensibilidad social. Ya durante los treinta gloriosos el país germano empezó a aplicar políticas mercantilistas. Fueron eficaces en un entorno en el que los demás países estaban dispuestos a aplicar políticas de crecimiento. Francia y otros países europeos, así como los EEUU, se mostraron dispuestos a soportar déficit comerciales con Alemania. El permanente desequilibrio comercial con Alemania generó tensiones cambiarias que ya discutiremos más abajo y que están en la génesis de los intentos de establecer un sistema monetario europeo. Esta disponibilidad de los demás países europeos a acomodar el déficit de demanda agregada allende el Rin permitió a Alemania desarrollar con éxito su Modell Deutschland, un crecimiento basado en las exportaciones.Sin un mercado dispuesto a absorber los excedentes de producción alemanes su economía habría quedado condenada a la deflación y al desempleo.
Victoria del Monetarismo
A partir de los años 70 se produce el abandono del consenso keynesiano y se produce la victoria ideológica del Neoliberalismo monetarista. La reacción venía fraguándose en ámbitos académicos. El monetarismo hundía sus raíces en el pensamiento clásico pero resucitó gracias al aporte del pensamiento conservador austríaco de Von Hayek y Von Mises. Ambos procedían de un entorno aristocrático y se formaron en el fértil entorno intelectual de la Viena de entreguerras. Los austriacos profesaban un obstinado desdén por la intervención del estado en la economía y pensaban que su papel debía limitarse a establecer las condiciones para un óptimo desarrollo del mercado. Von Mises, debido a que era judío, debió establecerse en EE.UU. huyendo del Nazismo. Su discípulo, Friedrich August Von Hayek se instaló a partir de 1931 en la London School of Economics del Reino Unido donde se distinguió por su oposición al socialismo y su defensa del liberalismo. Para Hayek el excesivo intervencionismo del estado sería responsable del auge de las ideologías totalitarias, en detrimento de la libertad individual. Hayek igualaba en este sentido al socialismo con el fascismo.Otra obsesión de Hayek, sobre todo a raíz de la publicación de la Teoría General de John Maynard Keynes, fue rebatir las ideas innovadoras del economista británico con quien mantuvo una célebre controversia durante el período de entreguerras.
Keynes observó que no fue el excesivo intervencionismo del estado el que produjo el auge del nazismo sino el fracaso del sistema capitalista en asegurar el pleno empleo, precisamente debido a esa falta de intervención eficaz. Además, Keynes consideraba que las políticas de austeridad aplicadas por los gobiernos en respuesta a la Gran Depresión solo podían fracasar porque al responder a la caída de la demanda privada con recortes de gasto público consiguieron deprimir aún más la demanda agregada. La respuesta clásica al problema del desempleo consistente en forzar caídas en los salarios reales estaba condenada al fracaso, no solo porque los trabajadores se resistían a aceptar caídas de sus salarios nominales, sino también porque era contraproducente. Los trabajadores también son consumidores y la pérdida de poder adquisitivo solo podía resultar en una caída del consumo lo cual produciría caídas en las ventas de los empresarios y redundaría en en la profundización de la depresión y la deflación. Un célebre libro de Nicholas Wapshott, Keynes vs. Hayek describe el choque colosal entre ambos economistas. Hayek no respondió adecuadamente a una aportación capital de Keynes la de los agregados macroeconómicos. Un exceso de austeridad de familias y empresas, causante de una caída del consumo, acompañada de más austeridad del gobierno como respuesta a la caída de los ingresos tributarios, solo podía producir una caída de la demanda agregada y profundizar la depresión.
Tras la Segunda Guerra Mundial, las ideas de Keynes se impusieron mietras que las de Hayek cayeron en el olvido. Hayek se trasladó a la Universidad de Chicago. En Chicago, Hayek fue mentor de Milton Friedman, el formulador de la teoría monetarista. El monetarismo rehabilita la teoría cuantitativa del dinero que establece una relación de causa efecto entre la oferta monetaria y la inflación. Para Friedman el estado sería el causante de la inflación al poner en manos del público una cantidad de dinero que supera la oferta de bienes y servicios de la economía. Por esta razón el estado debía ocuparse en controlar la oferta monetaria, regulándola en función del ciclo, reduciendo la oferta monetaria cuando se acerca la economía al pleno empleo. Otro corolario del monetarismo era que el estado debía abstenerse de regular el ciclo económico mediante las palancas fiscales (impuestos y gasto público). En esencia el monetarismo aduce que el exceso de gasto público y la concomitante laxitud monetaria son causantes de inflación.Además Friedman introduce el concepto de tasa de desempleo natural, aquella que, si se intenta superar, solo podría generar inflación.
El problema del monetarismo es su escaso soporte empírico. Los bancos centrales han podido comprobar que les resulta imposible controlar la oferta monetaria. El concepto de tasa de desempleo natural resulta difícil de estimar y es probable que no exista. No es cierto además que el gasto público conduzca inexorablemente a aumentos de precios, tal como pudo comprobarse durante los "30 gloriosos" en los que la intervención del estado fue decidida, el crecimiento acelerado y la inflación muy baja.
Al otro lado del Atlántico, el mercantilismo alemán generaba tensiones comerciales y cambiarias con sus socios europeos. Su idiosincrático “ordoliberalismo”, cuya máxima realización es la independencia del banco central mutilado en sus funciones más elementales, y el éxito de su industria exportadora resultaba en una baja tasa de inflación y una constante apreciación del marco. Esa hegemonía germánica empezó a dar respetabilidad a las ideas neoliberales.
En esencia neoliberalismo, monetarismo y ordoliberalismo coinciden en la creencia en que la economía alcanza el equilibrio por sí mismo. Los intentos del gobierno por resolver los problemas de empleo no son solo innecesarios sino que también serían perjudiciales porque generarán efectos indeseables como la inflación. Por tanto el papel del estado debe reducirse al máximo y debe procurarse el mínimo nivel de regulación que asegure el correcto funcionamiento del mercado. Para ellos el empleo no debe exceder de su tasa natural (el NAIRU o Non-Accelerating Inflation Rate of Unemployment, una cifra de desempleo que solo se puede estimar, en una tarea que se me antoja futil). Si hay desempleo solo puede ser culpa de unos trabajadores que no están dispuestos a ajustar sus salarios reales a la baja.
Bill Mitchell describe en su libro como el pensamiento de la Escuela de Chicago se apoderó de las mentes de las élites y de los políticos europeos a partir de los años 70. El invento surgió inicialmente del ámbito académico, se difundió por think-tanks, se apoderó de los partidos de centro derecha y acabó por abducir a los partidos socialdemócratas (tercera vía de Blair, los ministros de Economía y Hacienda de Felipe González, los Gobiernos de Mitterand en Francia, etc..). Entre las élites empiezan a adoptar el discurso neoliberal y el consenso keynesiano se resquebrajó. Las revistas de Economía empezaron a seleccionar sesgadamente sus publicaciones en favor de economistas monetaristas. Las universidades promocionaron las carreras de aquéllos que se adherían al consenso neoliberal. Postkeynesianos como Wynne Godley, se vieron obligados a abandonar sus cátedras en el Reino Unido y marchar a EEUU cuando llegó Margaret Thatcher al poder y su gobierno recortó su presupuesto de investigación. Aquéllos que siguieron defendiendo postulados keynesianos fueron objeto de burla y desacreditados, apartados de los centros de influencia y silenciados. Los centros de estudios macroeconómicos, financiados mayoritariamente por entidades financieras interesadas en la aplicación de programas de desregulación financiera, solo aplicaban modelos de corte neoliberal como los de equilibrio general dinámico estocástico donde se ignora el papel que puede jugar el gasto público en el ciclo económico.
Mitchell ha definido acertadamente este predominio neoliberal en las élites europeas como un ejemplo de pensamiento grupal o pensamiento único, un patrón de pensamiento caracterizado por el autoengaño, la forzada fabricación del consentimiento y la conformidad a los valores y la ética grupal. La evidencia que podía refutar los postulados neoliberales era simplemente ignorada mientras que la soportaba era aportada como prueba irrefutable en un clásico ejemplo de sesgo de confirmación.
Los shocks petroleros de los años 70 dieron el impulso definitivo al monetarismo. En 1973 los países árabes productores de petróleo impusieron un embargo en respuesta a la Guerra del Yom Kipur. El precio del barril se cuadruplicó. En 1979 la crisis iraní generó un segundo shock petrolero.
El incremento generalizado de precios observado en todo el mundo en respuesta al chantaje del cártel petrolero era ineludible pues habría sido una estupidez no responder subiendo los precios de nuestros productos industriales. El petróleo era un insumo crítico para muchos procesos industriales y una referencia que marcaba los precios de la energía. Si se quería mantener los términos de intercambio era necesario elevar los precios de nuestros productos. ¿Acaso habría sido acertado vender a los productores de petróleo coches a precios de los años 60? El siguiente gráfico muestra claramente cómo fue esta crisis provocada por los países productores la que detonó los procesos inflacionistas de la segunda mitad de los 70.
Variación del IPC en varios países entre 1970 y 1995. Fuente: elaboración propia a partir de estadísticas de la OCDE.
El alza de los precios fue pues un ajuste inevitable y las tasas de inflación alcanzaron en los países occidentales los dos dígitos. Pese a que la causa fue ese shock externo esta fue la prueba que necesitaban los neoliberales para señalar acusadoramente a las políticas fiscales como causantes de la inflación. La creciente conformidad de las élites europeas con el dominante pensamiento grupal hizo el resto. Empezando por la Francia de Raymond Barre, siguiendo luego por el Reino Unido de Margaret Thatcher y ya en los 80 los ministros neoliberales de Felipe González las políticas de rigor y ajuste presupuestario se impusieron como receta para domeñar la inflación, a costa, claro está, del pleno empleo. A partir de los años 80 todos los países aplican recortes de gasto público, medidas para cercenar el poder negociador de los sindicatos, cierre o venta de empresas públicas, congelación de contratación de plantillas de funcionarios, los pactos de rentas para controlar los incrementos salariales, etc.
Los que vivieron en aquéllos años recordarán el cierre de empresas públicas en España, la reconversión industrial que dejó antiguas comarcas industriales arrasadas sin ninguna actividad que sustituyera a las empresas cerradas, las magras convocatorias de empleo público o los famosos Pactos de La Moncloa, por ejemplo, que liberalizaron el despido e impusieron un programa de recortes de gasto público entre otras medidas,
El impacto en el empleo ha sido devastador. El siguiente gráfico, tomado del libro de Mitchell, muestra cómo evolucionaron las tasas de desempleo en varios países europeos.
Fuente: Bill Mitchell. Eurozone Dystopia.
La coincidencia temporal inusitada entre inflación y desempleo elevado dio pie a que se acuñara el término “estanflación”. Los neoliberales trataron de explicarlo como una consecuencia del exceso de gasto público combinado con rigideces en el mercado de trabajo. Sin embargo, fue un fenómeno autoinfligido por unos gobiernos que se negaron a explorar otras vías para asegurar la estabilidad de precios. Para el año 1983 la inflación había sido ya derrotada en casi todos los países e incluso Alemania había conseguido entrar en deflación a causa de su excesivo rigor. Los políticos siempre utilizaron la analogía de la amarga medicina que era necesario tomar para volver al crecimiento y el empleo. Medidas impopulares se imponían a una población escasamente formada en temas económicas con la promesa de que redundarían en un futuro mejor. Sin embargo los niveles de paro nunca volverían a sus niveles previos a la crisis del petróleo. El pleno empleo se ha convertido en un lejano recuerdo.
Por hoy basta. Otro día exploraremos el segundo fenómeno que contribuyó al alza de desempleo en nuestro continente: el empeño por mantener tipos de cambio fijo entre los países europeos.
Los lunes al Sol (III)
[1] Hatton, T. J. & Boyer, G. R. (2005). Unemployment and the UK labour market before, during and after the Golden Age [Electronic version]. European Review of Economic History 9(1), 35-60.
[2] http://fr.wikipedia.org/wiki/Trente_Glorieuses
[3] http://www.eldiario.es/zonacritica/Franco-Medio-Encuesta-Poblacion-Activa_6_221237903.html
sábado, 30 de mayo de 2015
Los lunes al Sol (I)
Villaviciosa de Odón a 27 de mayo de 2015
Si hay una nación que parece tener un serio problema
estructural con el empleo ésa es España. Salvo los nacidos antes de los años
60, prácticamente nadie en este país ha conocido una situación de pleno empleo.
Quien más quien menos ha experimentado dificultades para incorporarse al
mercado de trabajo, episodios más o menos duraderos de desempleo y condiciones
laborales cada vez más degradadas; salvo que haya conseguido aprobar unas
oposiciones, esté muy bien conectado o tenga unas habilidades y competencias
muy demandadas por el mercado.
El registro histórico de desempleo es simplemente desolador.
Solo durante un breve interludio, asociado a la burbuja inmobiliaria que siguió
a nuestra entrada en la moneda común, conseguimos que la tasa de desempleo
llegara a tener menos de dos dígitos. Más inquietante es reconocer que la
democracia española ha sido incapaz de generar el pleno empleo. Si tenemos en
cuenta que, además, la población activa es de las más bajas de los países de la
OCDE la magnitud de la tragedia resulta aún mayor. Más desolador es constatar
que las élites empresariales y políticas de este país no tienen ningún interés
en resolver el problema. He conocido políticos socialistas que afirman
seriamente que “el pleno empleo es inalcanzable”. Pero si lo es ¿qué pasa en
Corea del Sur donde la tasa de desempleo es del 3,9% actualmente?
Elaboración propia a partir de datos de la población activa del
INE (desde 2000) y fuentes diversas para años anteriores. Nota: hay cambios
metodológicos a lo largo de la serie histórica que no he tratado de resolver.
¿Qué explica nuestra incapacidad histórica para resolver el
problema del desempleo? La narrativa convencional, fuertemente influida por el
pensamiento neoliberal, vendría a contar la siguiente historia. Por otra parte
una legislación laboral con unos elevados costes de despido y enormes rigideces
salariales desincentivaría la contratación de trabajadores. Añádase una
economía escasamente competitiva, constituida mayormente por microempresas,
incapaz de exportar, y centrada en los monocultivos del ladrillo y del turismo,
que genera un empleo de baja calidad y muy sometido a los vaivenes de los
ciclos de la economía.
La historia no ha variado en exceso en el tiempo. A finales
de los 70 y principios de los 80, recién salidos del Franquismo y ante la
obligación de integrar nuestra economía en la europea, hubo que reestructurar un
sector industrial poco competitivo, cerrándose las empresas más obsoletas. Unos
sindicatos combativos, amparados por una legislación restrictiva heredada del
corporativismo franquista y convalidada en el Estatuto de los Trabajadores, se
habrían mostrado reticentes a colaborar aceptando ajustes salariales para
rebajar el desempleo. El ajuste durante las recesiones por tanto habría de
producirse a costa del empleo.
Una idea repetida una y otra vez es que los incrementos
salariales deberían adecuarse a las ganancias de productividad (esta idea, por
ejemplo, la ha repetido múltiples veces ese político neoliberal llamado Felipe
González). Idea absurda donde las haya pues se viene observando que la
productividad del factor trabajo crece cuando aumenta el desempleo y viceversa,
por tanto los salarios deberían subir en períodos de crisis y bajarían en períodos de auge económico ¿no es cierto?
En este gráfico, que he construido a partir de datos obtenidos de
Eurostat y del INE, comparo la evolución del índice de productividad real
tomando 2002 como base 100 y el coste laboral por hora efectiva en términos
reales igualmente comando 2020 como base 100 (es un período amplio que cubre la
burbuja y la crisis). Es cierto que los salarios crecieron más rápidamente
durante la burbuja inmobiliaria pero ciertamente durante la crisis los costes
laborales han caído de tal forma que todas las ganancias que consiguieron los
trabajadores han sido laminadas. ¿No sería hora de plantear una subida salarial?
Según el criterio de los neoliberales tocaría
En los años 80 se añade al ramillete de explicaciones la
incorporación al mercado de trabajo de las cohortes más numerosas que haya
habido jamás en la historia de este país, la generación nacida en el baby boom. Encontrar acomodo laboral, al
igual que ya fue complicado adaptar el sistema educativo a tal avalancha y
luego lo fue en el mercado de la vivienda (lo cual en parte explicó el boom
inmobiliario), fue un reto para la economía pero reconozcamos que también amplió
espectacularmente el mercado de consumidores. Sin embargo, el baby boom ya peina canas
y hoy más del 50% de los jóvenes están desempleados. Esa excusa ya no vale.
La narrativa no ha experimentado demasiados cambios. Para
los economistas del mainstream el
problema sigue siendo el desajuste de la oferta laboral a las necesidades del
mercado, los salarios reales elevados, la falta de movilidad laboral, etc. Una
y otra vez se aducen factores estructurales para explicar las altas tasas de
desempleo de nuestra economía. Esta narrativa es la que justifica la necesidad
de introducir las llamadas reformas estructurales. Todavía hace unos meses un
informe de la CE sobre los desequilibrios macroeconómicos de España se señalan
los siguientes objetivos para el mercado de trabajo.
CSR 3:Pursue new measures to reduce labour market segmentation to favour sustainable, quality jobs, for instance through reducing the number of contract types and ensuring a balanced access to severance rights.
Continue regular monitoring of the labour market reforms.
Promote real wage developments consistent with the objective of creating jobs.
Strengthen the job-search requirement in unemployment benefits.
Enhance the effectiveness and targeting of active labour market policies, including hiring subsidies, particularly for those facing more difficulties in accessing employment.
Reinforce the coordination between labour market and education and training policies.
Accelerate the modernisation of public employment services to ensure effective personalised counselling, adequate training and job-matching, with special focus on the long-term unemployed.
Ensure the effective application of public-private cooperation in placement services before the end of 2014, and monitor the quality of services provided. Ensure the effective functioning of the Single Job Portal and combine it with further measures to support labour mobility.[1]
Para los técnicos de la
Comisión Europea los culpables del elevado desempleo serían:
- La falta de formación de los trabajadores y la falta de acoplamiento entre las habilidades ofertas y demandas,
- Unos salarios reales que se resisten a bajar.
- Las rigideces del mercado de trabajo: esos trabajadores que no quieren moverse de su pueblo.
- Unos servicios públicos de empleo ineficaces.
- Los tipos de contratos laborales que generan un mercado dual donde unos tienen protección frente al despido y otros no. Con la expresión “acceso equilibrado a derechos de indemnización por despido” yo leo bajárselos a los que todavía conservan esos derechos.
- Si el problema es que los trabajadores no están bien formados ¿por qué será que los jóvenes mejor formados —científicos, ingenieros, médicos, enfermeros— se están marchando a vivir en otros países donde les pagan mejores sueldos y les dan contratos estables?
- Los técnicos de la CE y otros neoliberales quieren que los sueldos bajen aún más. ¿Qué pretenden, hundir otra vez el consumo para acentuar la espiral deflacionista? Porque seamos honestos: resulta fatigoso seguir oyendo a sucesivos gobernadores del Banco de España pedir la moderación salarial y de rentas. Es posible que renunciando a cualquier aspiración de un salario digno consiguiéramos que todos tuvieran empleo. Pero entonces ¿qué nos quedaría sino una economía devastada con un consumo anémico? Una observación más: si el PIB es igual a la suma de rentas del trabajo, excedente bruto de explotación (el valor añadido creado por los empresarios y otras rentas como alquielerses e intereses) e impuestos sobre la producción netos de subvenciones a la producción, ¿no están pidiendo los gobernadores del Banco de España y demás prebostes neoliberales una moderación permanente en el crecimiento del PIB? ¿Sorprende que hayamos llegado pues a lo que algunos llaman el estancamiento secular?
- Solo un ciego podría pensar que, en medio de una profunda depresión que ha dejado a la cuarta parte de la fuerza laboral en el paro, una simplificación de los tipos de contratos va a reducir la tasa de paro en más de unas pocas décimas. Reconozcamos que después de la enésima reforma laboral el paro sigue siendo insultantemente alto. Llevamos haciendo reformas laborales ya desde la presidencia de Felipe González. ¿Qué más tenemos que hacer? Quizás el famoso contrato único consiguiera acabar con la dualidad del mercado de trabajo (igualando por abajo a todos). Pero solo los políticos siguen creyendo que se puede resolver el problema del desempleo recurriendo al BOE.
- Una agilización de los servicios de colocación estaría bien para reducir el paro friccional (aquél que se produce por pequeños desajustes en el mercado de trabajo) pero no acierto a comprender cómo una avalancha incontenible de parados en las oficinas de empleo puede ser eficazmente atendida por unos pocos funcionarios si resulta que no hay demanda para emplear trabajadores. No estaría mal que el estado colaborara a reducir el desempleo doblando o incluso triplicando el número de personas ocupadas en estas oficinas de empleo pero dudo que realmente consiguieran mejorar una situación de devastación como la actual.
Sorprende la ceguera de
unos técnicos que solo puede justificarse por su infatuación con la economía
de la oferta, ésa que nunca presta atención a las debilidades de la demanda
como explicación a los problemas laborales; ésa que se cree la Ley de Say: toda oferta crea su demanda. Tércamente insisten en que el culpable sigue
siendo el trabajador que no se forma, que no se mueve y que no quiere bajarse
más el sueldo.
Veamos la otra parte del análisis convencional: el ya manido
problema del modelo económico. Sin negar que la economía española tiene un
problema de competitividad, llevamos hablando de la necesidad de un cambio de
modelo económico que nunca se produce. ¿Será porque hay alguna barrera que lo
impide? Sí, ya sabemos que hay que apostar por la economía del conocimiento y
que hay que invertir en I+D. Pero ¿alguien se ha parado a pensar por qué los
empresarios no invierten más en tecnología? ¿Es que son tontos y no son capaces de ver lo que resulta evidente para los arbitristas? Se nota que nunca han tratado de crear una empresa tecnológica en este país.
Modelo económico y mercado laboral: las dos reformas
pendientes que siempre se abordan y nunca consiguen su objetivo. Una cosa sí han conseguido los neoliberales: que en el reparto de rentas las salariales
cada vez pesen menos y también que tengamos la distribución de la renta más
injusta de Europa Occidental.
¿Y si resultara que todo el énfasis en la flexibilización
del mercado de trabajo estuviera completamente errado? Cuando llevamos 30 años planteando
las mismas quejas y proponiendo las mismas recetas y resulta que el desempleo
sigue siendo insultántemente alto ¿no será porque nos estamos haciendo las
preguntas equivocadas?
En el siguiente post trataré de dar una visión alternativa
al problema del desempleo.
[1] Country Report Spain 2015 Including
an In-Depth Review on the prevention and correction of macroeconomic imbalances
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