Cita de Roosevelt

"Ningún país, sin importar su riqueza, puede permitirse el derroche de sus recursos humanos. La desmoralización causada por el desempleo masivo es nuestra mayor extravagancia. Moralmente es la mayor amenaza a nuestro orden social" (Franklin Delano Roosevelt)

viernes, 18 de diciembre de 2015

El programa económico de Podemos: un radical adiestrado

Este artículo fue originalmente publicado en la sección Luces Rojas de InfoLibre el pasado 17 de diciembre de 2015.

Esteban Cruz Hidalgo y Stuart Medina Miltimore


Podemos surgió como la reacción de quienes han visto como su estabilidad, aspiraciones e ilusiones se desvanecían con la crisis. Hoy se erige como la instrumentalización de la indignación, una herramienta que aspira a restituir y apuntalar los derechos individuales y colectivos que quienes han gobernado hasta ahora no dudan en desmantelar en cuanto la economía se tambalea. Tras leer su programa no tenemos dudas sobre los efectos multiplicadores del gasto público que postulan con su “Plan de Bienestar Social y Modernización Económica”. Supone un giro radical con respecto a la afrenta de la austeridad impuesta al común de los ciudadanos. Pero para salir de la “japonización” hace falta un “Plan Marshall” que elevaría el déficit público al 8% del PIB si hiciere falta. Podemos propone que nos quedemos a medio camino.
El partido morado nos inspira al comienzo de su programa al sugerir que «solo con más democracia podremos superar las crisis económica, social, institucional y territorial que atraviesa España», pero esta afirmación nos parece débil en cuanto vemos que el programa se ha construido siguiendo los principios de finanzas saneadas. Celebramos que propongan eliminar los rígidos objetivos cuantitativos de equilibrio presupuestario. A la derogación de la reforma del artículo 135 de la Constitución Española añaden la negociación de la «flexibilización de los objetivos de deuda y déficit para adaptarlos mejor a las necesidades de cada país», un acuerdo que les permitiría disminuir más lentamente el déficit. Pero, ¿por qué ajustarse a tales objetivos presupuestarios dado que carecen de soporte científico, y son absolutamente contraproducentes e inoperantes? A diferencia del debate público que gira en torno a la arquitectura del euro allende los Pirineos, en España parece que éste es un tema tabú, por lo que mentiríamos si dijésemos que nos extraña tal fijación por el volumen de déficit incluso en un partido radical.
Nuestra primera objeción es clara, ¿con la desviación del objetivo de déficit no se estaría abriendo la puerta al chantaje de los mercados que, mediante el aumento de los tipos de interés y del riesgo país, neutralizarían la voluntad democrática de las naciones mientras el BCE asiste al linchamiento complacido y callado? En Podemos parecen ser conscientes de ello, pues incluyen en su programa iniciativas para democratizar la gobernanza de las instituciones europeas. Junto con la reforma del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, ya mencionada, plantean avanzar en una política fiscal común que garantice en todo el territorio europeo el acceso a la sanidad, a la educación, a una vivienda social y a un seguro de desempleo que complemente los sistemas nacionales; así como en la aplicación estricta de la Carta Social Europea que logre erradicar la pobreza y la exclusión infantil en Europa.
Desconocemos cómo pretenden financiar el aumento del presupuesto de la Unión Europea que sugieren – del actual 1% del PIB europeo a un 5% –, si bien se proponen cuestiones interesantes: la introducción de un nivel garantizado de inversión pública para cada país que no sea incluido en el cómputo del déficit nacional; la reforma de los estatutos del Banco Central Europeo para que pueda actuar como prestamista en última instancia de las autoridades fiscales; y  la compra por el BCE de toda la deuda pública que exceda del 60% del PIB correspondiente a cada Estado, sustituyendo los viejos títulos por otros nuevos al 0% de interés nominal, y con el objetivo de mantenerlos a perpetuidad en su balance. Pero de nuevo, nos preguntamos ¿por qué se ciñen a ese límite arbitrariamente fijado por el Tratado de Maastricht en el 60?
Estas propuestas, que aplaudimos, distan de poder enmarcarse dentro de unos principios de finanzas saneadas, pues introducen – con evidentes rodeos – la posibilidad de los países de financiarse a través del BCE directamente. Con un Banco Central Europeo al servicio de los Estados el déficit público – y el pago de las pensiones – debería dejar de ser una preocupación. Éste mantendría volúmenes de deuda en su balance que no necesitarían ser redimidos. Permitiría a los gobiernos liberarse de las restricciones financieras y no seguir las directrices impuestas por los mercados, por una disciplina antidemocrática derivada de decisiones que tomaron nuestros políticos antaño consciente o inconscientemente. Lamentablemente, esto no es lo que proponen desde Podemos. El dominio ideológico del neoliberalismo aun atenaza intelectualmente a los autores de los programas progresistas. La izquierda europea ha olvidado – quizás por ser ignorados en las facultades de economía – a economistas keynesianos como Abba Lerner, quien definió los principios de las finanzas funcionales que prescriben que el déficit del Estado debe ser tan amplio como sea necesario para asegurar el pleno empleo y la estabilidad de precios.
Oprimidos por el actual orden institucional de la Eurozona, el espacio fiscal en el cual operar para alcanzar los objetivos propuestos se hace inevitablemente dependiente de la capacidad de obtener los ingresos que estiman en su memoria económica. La confianza en la capacidad del Estado para ganar la lucha contra el fraude y la elusión fiscal nos parece excesiva, aunque no negamos que haya margen para mejorar en estos aspectos. El programa de Podemos contiene medidas destinadas a ampliar los recursos humanos y materiales para combatir la evasión fiscal, así como para acabar con los diversos mecanismos existentes para pagar menos impuestos. Sin embargo no creemos que en la Europa de la libertad de los movimientos de capitales sea posible tener éxito, al menos en un grado importante, en propuestas encaminadas a limitar las pérdidas de tributación asociadas a los precios de transferencia o las vinculadas al secreto bancario que caracterizan a los paraísos fiscales. Esto disminuirá el espacio fiscal esbozado por Podemos para las diversas actuaciones de su programa que quedaría en manos, fundamentalmente, de su reforma tributaria.
Pese a todo, agradecemos que Podemos haya hecho una reflexión sobre el proyecto de la moneda común más profunda que la de otros partidos, exceptuando a Izquierda Unida. Si consiguen convencer a los demás dirigentes europeos de financiar las diversas áreas que buscan garantizar a través de una política fiscal común y poner a funcionar al BCE, daríamos un gran paso adelante en la superación de una arquitectura institucional que mantiene las políticas fiscal y monetaria separadas. Pero nos preguntamos cómo van a conseguir tales reformas de los Tratados en una Unión Monetaria integrada por 18 Estados, algunos de cuyos gobernantes han prometido a sus electores que no habrá ni transferencias ni mutualización de deuda. Cuando Merkel y Schäuble digan “Nein” ¿cuál será el plan B que evite la humillación que ya sufrió Syriza?
En cuanto a la modernización económica, Podemos acierta al proponer el abandono de la política de devaluación salarial como vía para promover una mejora de la competitividad. Es el único de los cuatro partidos que llega con opciones de gobernar al 20 de diciembre que no basa su análisis del desempleo en consecuencias del mal funcionamiento del mercado laboral, sino en el mercado de bienes y servicios por una demanda anémica que la bajada de salarios contribuye a agudizar. Podemos plantea, junto a la derogación de las dos reformas laborales de los últimos años, introducir un nuevo marco laboral que desincentive el empleo a tiempo parcial, incrementar los recursos destinados a acabar con el fraude en la contratación, y reequilibrar la negociación colectiva agrupando todas las empresas que tengan un alto grado de dependencia sobre la empresa principal en una misma unidad de negociación. Además incluyen dos medidas que tendrán una implantación progresiva: una jornada laboral máxima de 35 horas semanales y  un aumento del salario mínimo interprofesional hasta 14 pagas de 800 euros al mes.
 No nos convence el programa de renta complementaria a trabajadores con baja remuneración que incluye también el programa de Ciudadanos, analizado en este mismo espacio hace unos días. Una empresa que no puede soportar salarios dignos probablemente no aporte valor añadido a la sociedad y debería desaparecer. Las políticas deben ir orientadas a la creación de empleo de calidad y no a la perpetuación de “trampas de pobreza”. Por parecidas razones tampoco nos entusiasman, salvo que se plantearan como medidas de muy corta duración, los mecanismos para impulsar la flexibilidad interna de las empresas ante cambios en la demanda, básicamente mediante la reducción de jornadas de trabajo que se verían compensadas en términos salariales por el Estado. También tememos que el programa de Renta Garantizada perpetúe situaciones de pobreza y marginación con una mísera ayuda de 600 € al mes. Creemos que mantendría los efectos individuales perniciosos a los que se enfrenta una persona que no encuentra trabajo: desmotivación, ansiedad y pérdida de capacitación profesional o cuanto menos, del potencial uso de sus capacidades para contribuir con su esfuerzo a la riqueza social y su realización personal.
Hay un sector que Podemos sí propone liderar creando empleo en los diferentes ámbitos que ocupa, un más que necesario cambio de modelo productivo fundamentado principalmente en la transición energética a las energías renovables y el impulso a la investigación y a la innovación. Destacamos aquí el Plan Nacional de Ahorro Energético y el Plan Nacional de Energías Renovables, con importantes efectos en el resto de sectores productivos y actividades. También creemos importante la iniciativa de negociar una reforma de la Política Agraria Común para una orientación estratégica hacia la soberanía alimentaria basada en criterios de diversificación, sostenibilidad, economía social y familia.
En el aspecto del fomento y apoyo a la innovación consideramos muy positivo que el Estado sea el facilitador de redes, clusters y espacios para dinamizar el emprendimiento, la transmisión del conocimiento y la mutualización de recursos, siguiendo la línea de programas que ya existen. Sin embargo, las PYMES son empresas que cuentan con recursos muy limitados para el objetivo que se les atribuye, por lo que creemos conveniente desmitificar el papel de éstas en la economía como dinamizadoras de la misma y demás palabrería. Dado que el elemento fundamental de la innovación es la incertidumbre, creemos que el Estado puede y debe adoptar un papel más activo siendo el promotor de estos sistemas de innovación, asumiendo los riegos que las innovaciones radicales necesitan y que los agentes privados evitan mientras no aparezcan los mercados que les aporten la rentabilidad esperada para llevarlas a cabo.
Por último, no podemos dejar sin mención otras propuestas que valoramos favorablemente como: el etiquetado ético con el fin de identificar las huellas ecológica y social de los productos y la compra pública ética; el fomento de las cooperativas facilitando los procesos de transformación de empresas en crisis; las sanciones reales y efectivas a quienes incumplan la Ley de Morosidad; el establecimiento de cuotas justas para los autónomos en función de su rendimiento neto para quienes facturen por encima del SMI y un alta gratuita para aquellos que lo hagan por debajo; la separación plena de la banca comercial y la banca de inversión; la creación de una banca pública dedicada a fomentar el desarrollo y servir de un banco seguro de depósitos; la conversión del llamado banco malo en un parque público de viviendas en alquiler; o la apuesta por las cláusulas sociales para el acceso a los concursos públicos.
En definitiva, tenemos una limitada confianza sobre el poder de la administración para obtener los recursos que Podemos destinaría a financiar las diferentes medidas de gasto que se incluyen en el programa. Tal preocupación por el lado de los ingresos se podría evitar con cambios en la arquitectura del euro que tímidamente abordan, pero que dependen de actores externos y en gran medida, de las articulaciones entre el poder económico y político. Por otro lado, —en el ámbito de la innovación lo pequeño no es hermoso— debemos ser conscientes del papel del Estado para hacer que las cosas ocurran. Desarrollar y llevar al debate público tales cuestiones requiere una importante pedagogía que nivele la balanza de la hegemonía cultural e ideológica. No vale solo con sacar a los representantes de las grandes empresas de las instituciones democráticas. Como bien advirtió el célebre economista Paul Samuelson alguna vez: “No me importa quién escriba las leyes de una nación o conciba sus tratados complejos mientras a mí me dejen escribir sus manuales de economía”. La batalla electoral del 20D solo es un comienzo, el cambio no puede venir desprovisto de firmes convicciones en materia económica. Hace falta algo más que sonrisas.

Esteban Cruz Hidalgo es Licenciado en Economía y Máster en Investigación en Ciencias Sociales y Jurídicas, especialidad Economía, Empresa y Trabajo. Miembro da ATTAC Extremadura, del Instituto de Economía Política y Humana y de La Asociación por el Pleno Empleo y la Estabilidad de Precios.
Stuart Medina Miltimore es vicepresidente de la Asociación por el Pleno Empleo y la Estabilidad de Precios. Además es economista y MBA por la Darden School de la Unversidad de Virginia. Acumula más de 30 años de experiencia profesional en los sectores de material eléctrico, TIC y biotecnología. Fundó en 2003 la consultora MetasBio desde la que ha asesorado a numerosas empresas de diversos sectores.


domingo, 13 de diciembre de 2015

El programa económico de Ciudadanos: esa sensación de “déjà vu”


Artículo escrito por Esteban Cruz Hidalgo y Stuart Medina Miltimore y publicado en la sección Luces Rojas de Infolibre. 

Las premisas básicas del programa económico de Ciudadanos fluyen de forma que es difícil discrepar: necesitamos competir en un mundo globalizado, luchar contra la precariedad laboral, acabar con el capitalismo de amiguetes y con el despilfarro público. Estas cuestiones responden a lo que la mayoría considera de sentido común, de las que surgen las medidas destinadas a la creación de empleo que aquí brevemente analizamos. «¡Hay que avanzar hacia el modelo danés!», exclaman, introduciéndonos a un concepto que tildan de rompedor: la “flexiseguridad”. El triángulo de oro a los daneses les funciona, pero, ¿lo haría igual para nuestra estructura económica e institucional? ¿Es que el mercado laboral puede entenderse separado del funcionamiento del mercado de bienes y servicios? Evidentemente no nos parecemos mucho a los “latinos del norte” como llaman a los daneses; y en el planteamiento de una fuerza laboral cuyo mercado se autorregula como cualquier otra mercancía subyace una visión muy ortodoxa de cómo funciona la economía. Aseguran que su programa está construido «desde la sensatez y la confianza»,  lo que en términos generales significa que no se han desviado ni un ápice de los principios que en materia económica nos han llevado hasta la situación actual, vamos a verlo.
El programa de C’s responde nítidamente al canon neoliberal dominante. No pudimos evitar la impresión de haberlo leído antes. La doctrina, el lenguaje, incluso el estilo recuerdan a los informes surgidos de la Comisión Europea. Por ejemplo, consulten el “Country Report Spain 2015 Including an In-Depth Review on the prevention and correction of macroeconomic imbalances”. Busquen las siete diferencias.
Desde el preámbulo hasta el final del epígrafe nos vamos encontrando de forma reiterativa con los aspectos fetiche de una gestión de la economía responsable: formación, competitividad y emprendimiento. Preocuparse únicamente por los ingredientes por el lado de la oferta dejan hueca la receta para salir de la crisis, unos cimientos muy débiles para el objetivo que se proponen: un modelo de crecimiento a largo plazo sostenido por la innovación.
Las herramientas que integran la estrategia de formación parecen ir en línea de evitar los chanchullos del sistema actual, señalando a la patronal y sindicatos. El desempleado pasaría a recibir la ayuda en forma de bonos que podrá destinar a los cursos que él elija, compitiendo las empresas que ofrezcan los diversos cursos por atraerlo. Para esta medida proponen elevar el dinero que se destina para asegurar su éxito, pero además el trabajador parado será orientado en la búsqueda de empleo por agencias privadas de colocación a través de un servicio de empleo individualizado con perfiles curriculares. Aquí tenemos una gran oportunidad de negocio privado para que unos pocos se forren mareando a los desempleados en la búsqueda de empleos que no existen.
Ciudadanos reconoce que el «estigma asociado a una experiencia continuada en el desempleo se ve reforzado por la carencia o depreciación de las competencias necesarias para su reintegración laboral». No podemos estar más de acuerdo. Sin embargo discrepamos de la clásica receta que culpabiliza al parado y que trata de exponer el problema del desempleo a nivel microeconómico, como consecuencia de un sistema de incentivos mal planteado. El problema del desempleo no es la formación, ni las leyes laborales, ni la prolija normativa burocrática. Fiarlo todo a las políticas de oferta no resolverá el problema. Es un problema de falta de demanda y de expectativas de beneficios en los mercados de bienes y servicios que llevan al empresario a no ampliar su capacidad de producción y por tanto, a no contratar trabajadores.
Mientras esperamos a que estas personas, cada vez más formadas, encuentren trabajo gracias a una futura reactivación. ¿De qué van a vivir si ya no cobran una prestación de desempleo? Al final, si, sorprendentemente, las políticas activas de empleo no funcionan para algún zoquete, para este colectivo, Ciudadanos transige con una “Renta de Reintegración”, percepción condicionada a que el desempleado, obedientemente, siga dedicando su tiempo a más formación.
También hay soluciones para los bajos salarios y la precariedad laboral. La segunda propuesta estrella de Ciudadanos es crear un marco laboral que elimina la temporalidad, que en la práctica convierte todos los contratos en temporales. Es lo que llaman pedantemente el marco de «relaciones laborales 2.0». El contrato temporal se sustituye con el “contrato para la igualdad de oportunidades”. La clave está en la “flexibilidad empresarial” combinado con la “estabilidad laboral”.  Las indemnizaciones por despido se sustituyen por la “cuenta individual para el despido”, una retención del salario equivalente al 1% de su salario. Ya no son todos los trabajadores en activo quienes aseguran al trabajador despedido, es el seguro contratado por el empresario el que cubre esa contingencia mediante un instrumento de ahorro forzoso impuesto al trabajador. Además el empresario ya no asume el coste de indemnizar al trabajador despedido sin causas objetivas. Aquí detectamos otra gran oportunidad de negocio privado, en este caso para el sector financiero al cual se confiaría la gestión del seguro.
Para acabar con los salarios bajos proponen un “Complemento de Garantía Salarial (CSG)” que cobrarían las rentas que no superen un determinado umbral como una bonificación en el impuesto sobre la renta. Nuestra principal pega al CSG es que acabe funcionando como una subvención para que los empresarios igualen por abajo los salarios.
El programa aborda una reforma de los impuestos directos que los simplifique para reducir oportunidades de evasión fiscal, aumentar la recaudación fiscal y recuperar a las clases medias trabajadoras. Dentro de este último objetivo encajaría el CSG pero recalcamos que es para las clases trabajadoras porque, si usted no está empleado, no lo percibirá, es decir pensionistas y desempleados no se beneficiarán del CSG. El desbrozo de nuestro sistema fiscal es una asignatura pendiente que aplaudimos pero, caveat emptor, las más beneficiadas por la reducción de tipos en la escala de gravamen que propone C’s son las rentas muy altas.
Otro pilar de Ciudadanos son las reformas estructurales destinadas a competir en un mundo globalizado. No se trata de «reindustrializar siguiendo patrones obsoletos» —suponemos que se refieren a las políticas que tanto éxito tuvieron en toda Europa en los años 50 y 60 y que llevaron a una situación de pleno empleo—. Aquí C’s descubre el Orinoco y, de paso, que el problema del tejido empresarial es que predominan las PYMES con escasa capacidad de innovación. Para resolver este asunto proponen fórmulas de colaboración público-privada, poniendo los Organismos Públicos de Investigación al servicio de las empresas a través de lo que llaman la “Red Cervera”. ¿En qué difiere esto de lo que se lleva haciendo en esta materia en los últimos veinte años? Sorprendentemente, tras loar las excelencias de la I+D el programa profundiza en determinados sectores. ¿Cuáles? Los de siempre, turismo y agroalimentario.
En este epígrafe destinado a la innovación son continuas las referencias a Estados Unidos, pero se olvidan quizás de lo más importante: la potentísima implicación del Estado en la innovación, no solo para apoyarla, sino para liderarla. Nos aclaran que las empresas en España no crecen hasta el mismo tamaño que en otros países, lo cual se achaca ¡a la excesiva regulación! Nos descubren que los emprendedores pasamos horas y horas haciendo trámites y papeleos, y que nos da miedo crecer. La solución que sugieren son las ventanillas únicas, unificación de trámites, etc. La pregunta que nos hacemos es ¿dónde ha estado viviendo el principal artífice de este programa todos estos años? Uno de los firmantes de este artículo constituyó su empresa en menos de 48 horas gracias a la figura de la SLNE hace 11 años. Siempre es bueno que nos reduzcan los trámites burocráticos, pero lo determinante para la actividad es una reactivación de la demanda, tener expectativas de beneficios.
Para fomentar la innovación C’s plantea fomentar esos mismos préstamos blandos que cargan a las empresas de deudas y luego las llevan a concurso de acreedores. También nos aclaran que las empresas no sabemos buscar el dinero. Supongo que los autores no han sido emprendedores tecnológicos: no es que no sepamos, es que no existen fuentes de financiación. Pero la excusa es buena para introducir otro programa de formación, éste para el emprendedor. Empresario, si Vd. vota a Ciudadanos no sabemos si encontrará capital y negocio, lo que sí sabemos es que no le van a quedar horas para dedicar a otra cosa que no sea formación. En una apuesta menos alejada de la realidad que la del plan Juncker, proponen la aportación de fondos públicos a través del ICO con match funding en cumplimiento del sacramento neoliberal de que el Estado necesita la sabia guía de la iniciativa privada pues no sabría tomar decisiones de inversión.
Una propuesta interesante es que los créditos fiscales generados por la actividad de I+D que no puedan ser aprovechados por el empresario por estar en situación de pérdidas puedan ser transmitidos al fondo de inversión. La idea sin duda merece alguna atención aunque, de nuevo, parece que los autores no se han leído la Ley del Emprendedor que, en determinados supuestos, permite solicitar el abono de la deducción a la Administración Tributaria. El olvido de esta Ley lo revela la sugerencia de introducir incentivos para el establecimiento de profesionales extranjeros con visas exprés y un paquete de recibimiento (entendemos que los exiliados sirios no podrían beneficiarse de estas ayudas). Los autores de ésta análisis preferiríamos un plan para recuperar a los miles de investigadores españoles con talento que han tenido que largarse de este país.
Entre los autónomos detectan una baja tasa de supervivencia y una escasa vocación emprendedora, ignorando que se trata de autoempleo de parados desanimados. ¿Solución? De nuevo, más formación. También sugieren que los autónomos con ingresos inferiores al Salario Mínimo Interprofesional no tengan que darse de alta ni paguen cuotas de Seguridad Social. Está bien, pero en nuestra opinión, el objetivo sería que no hubiera nadie en esa situación; no legalizar el mercado negro de trabajo. No obstante, como proponen unificar los inspectores de Hacienda con los de trabajo nos tememos que el efecto final sea que se siga persiguiendo el fraude fiscal y cada vez menos el fraude laboral.
¿Y de la moneda común? Que hace falta «más Europa», lo que significa que los países del Sur debemos comprometernos «con seriedad a un programa de reformas estructurales» y racionalizar el gasto de las administraciones a todos los niveles tal y como se expone en las recomendaciones de la Comisión Europea para España. A cambio, los países del Norte mostrarán su solidaridad con nosotros con un fondo de desempleo que se destinará íntegramente —sí, lo han adivinado— a financiar programas de formación.
En fin, que si como predicen las encuestas, Ciudadanos es determinante en el nuevo Gobierno, seguiremos teniendo una de las tasas de desempleo más elevadas entre los países de la OCDE y nuestra marcha dependerá de estímulos externos. El “más difícil todavía” si, como dice el FMI, todos los países acometen políticas de austeridad y de devaluación interna. Olvidémonos de una política expansiva que conecte el gasto fiscal y las inversiones en innovación a través de un sector público fuerte y una estructura del euro funcional.
No negamos el papel emprendedor del sector privado, pero creemos que es preciso superar el desprestigio del Estado como enemigo de la empresa si queremos salir de la crisis. Las resistencias hacia la relación de simbiosis entre el sector público y privado parte de una ideología interesada en extraer unos beneficios privados más elevados para unos pocos a costa de reducir el bienestar del conjunto de la sociedad, es decir, en mantener una relación parasitaria. Un planteamiento coherente con el funcionamiento de los balances sectoriales se apoya en la visión de un Estado que dinamiza la economía y sirve al bienestar social mediante la ampliación y creación de mercados y la satisfacción de necesidades sociales, contribuyendo al objetivo de pleno empleo y al aumento de la riqueza total. Para financiar el crecimiento no solo hay que ser inteligente, sino también inclusivo.
Una economía dinámica no puede sobrevivir a la incertidumbre sumida en la desigualdad y el despilfarro de recursos, pues es la expectativa de realización sobre los beneficios futuros lo que lleva a las empresas a invertir e innovar, aumentando su capacidad productiva e impulsando los cambios tecnológicos radicales. Las medidas expuestas en el programa de Ciudadanos deberían complementarse con otras que activen el papel fundamental de la demanda para su éxito, lo que hace necesario repensar el papel del Estado en la economía. Si llevamos veinte años desarrollando políticas similares sin resultados, ¿qué nos hace pensar que ahora sí van a funcionar? ¿O volveremos a crear una nueva ilusión de prosperidad cubriéndonos con alguna burbuja?
Esteban Cruz Hidalgo es Licenciado en Economía y Máster en Investigación en Ciencias Sociales y Jurídicas, especialidad Economía, Empresa y Trabajo. Miembro da ATTAC Extremadura, del Instituto de Economía Política y Humana y de La Asociación por el Pleno Empleo y la Estabilidad de Precios.
Stuart Medina Miltimore es vicepresidente de la Asociación por el Pleno Empleo y la Estabilidad de Precios. Además es economista y MBA por la Darden School de la Unversidad de Virginia. Acumula más de 30 años de experiencia profesional en los sectores de material eléctrico, TIC y biotecnología. Fundó en 2003 la consultora MetasBio desde la que ha asesorado a numerosas empresas de diversos sectores.


sábado, 12 de diciembre de 2015

Not Dancing Tango any Longer: The end of the Two-party System in Spain

Un análisis de la situación política pedido por los compañeros de Rete MMT. En inglés.

It would be fair to say that Spain had one of the most stable political systems in Western Europe. For 40 years, since the approval of the Constitution of 1978, two political parties have alternated in power, the Social Democrats of the PSOE (Partido Socialista Obrero Español or Spanish Socialist Workers Party), the oldest political organization in the country founded in 1879, and the conservative PP (Partido Popular or People’s Party). The electoral system, technically proportional, but strongly biased toward the formation of majorities thanks to the numerous electoral districts with small populations, each sending a small number of deputies to the Parliament, secured a sequence of absolute majorities in the Cortes. The tradition of two-party politics goes back to the “Restauracion” period of 1871-1927 until it broke down with the collapse of that regime and the instauration of the Second Republic. Then a plethora of political parties appeared and complicated the formation of stable governments. The trauma of the Civil War and the long dictatorship that followed helps explain both the electoral system’s bias towards the formation of large majorities and the conservatism of the electorate. The warp in this framework were the sundry, and mostly center-right, nationalist and regionalist parties, especially those of Catalonia and the Basque Country. The Communist Party, never a major force before the Civil War, but which distinguished itself in the fight against Fascism, saw disappointing results in the first democratic elections and languished until it coalesced with other splinter parties to form Izquierda Unida (IU), a protest party for disappointed or disgruntled socialist voters or diehard communists.

The peak of “bipartidismo” was 2008. The two big parties gained 92% of all the seats in the Lower House of the Cortes. The Eurocrisis is about to blow this system away. Our system is now in disarray and is entering unchartered territory, probably forever.

The problem with two-party systems is that it generates very contentious politics with little space left for middle ground positions and a poor level of nuanced debate and analysis. The privately owned media have played the sectarian game with little regard for objective reporting and the public media worked for the party in power. Bipartidismo, has created conditions for impunity in party linked corruption, especially through combined control of the judiciary and the complicit silence of the media, especially when cases affected their championed party. Most of the corruption cases were linked to the financing of the costly party organizations and electoral campaigns. The real estate boom, that ignited when Spain joined the Euro, provided ample fodder for the numerous influence peddling and embezzlement cases. Spanish and Northern Europe banks funded the construction companies who, in turn, had to convince the regional authorities, those who held the key to urban zoning, that this or that lot deserved to be built up, frequently with total disregard to any environmental concerns or public service provisioning. Both PSOE and PP have been involved in notorious cases although the conservative party seems to have acted a lot more shamelessly.

When the country joined the Eurozone, cash flowed into Spain like never before. Ordinary people got easy access to credit financing spent in durable goods, houses and expensive German cars. An influx of immigrant labor came in to fill in the demand for construction workers until the foreign population reached 12% of the total. For a decade, to use the phrase coined by former President Aznar, “España iba bien” (“Spain is doing well”). However, a huge pile of debt, that would hatch into a balance sheet recession, was inflating the bubble.

When Spain committed to it, nobody questioned the European Monetary Union with the exception of former IU leader Julio Anguita -but his was considered an extravagant position even by members of his own party. The European project was unanimously seen as the opportunity to integrate the country in European affairs from which we had been disconnected for too long. Spanish Euroenthusiasm verged on the naïve and the zeal of the new convert. No referendum leading to European integration was lost, unlike France. In fact, only one, to approve the aborted European Constitution, was ever held to interrogate the electorate on European matters.

The economic crisis that originated in 2008 and the suden interruption of the credit flows from German banks to the Spanish private sector put an abrupt end to the real estate boom. With the exception of the last remaining and aged Keynesian economists that saw it coming, few had warned of the impending crisis that would follow the collapse of credit. The consequences have been dire. Unemployment has seen records of 27% and youth unemployment has hovered around 50% for eight yeas now. The immigration phenomenon has been replaced by the emigration of the most talented part of the young population. The looming demographic crisis has seen deaths surpass births for the first time this year.

The initial response of the Zapatero government was an expansionist fiscal policy that took the Government deficit to 9% of GDP in 2010. Had the plan been allowed to continue it would have probably worked. However, the austerian reaction, plotted by Merkel, Sarkoy, Barroso and Trichet to save German and French banks in 2010, nipped the recovery in the bud. Trichet’s blackmail letter forced Zapatero to change the course to “expansionist austerity and internal devaluation”.


Figure 1. Evolution of Spanish GDP. Source: INE

The elections of 2008 were the swan song of “bipartidismo”. In 2011, irritated voters abandoned the PSOE who returned the worst result in their recent history. The recession propelled the inane and unimaginative Rajoy to the Government with an unprecedented level of support.  

But Rajoy was a champion of austerity. The austerity recipes led to an even deeper employment crisis and Rajoy’s popularity plummeted. The attempt to privatize parts of the excellent public healthcare system in Madrid, the suppression of the Christmas pay of public workers in 2012 and the steep hikes in tax rates alienated many of the PP's traditional middle class supporters. The change in course to fiscal expansion on the back of Draghi’s plan to save the Euro was probably too little, too late although some optimism has now returned.

Then a deluge of PP corruption scandals made it to the headlines. The omertà broke open probably because the money to keep people quiet was not flowing. Moreover, judges were irritated to see their pay checks reduced. New on-line papers and television channels divulged the corruption scandals affecting PP and PSOE. We saw major party officials parading through the court houses and in and out of jail.

The demise of the Spanish middle class, whose expectations had been thwarted by the crisis and the growing irritation with the PP opened a window of opportunity to new political parties. Many voters were not going back to the PSOE, who was discredited by its handling of the crisis. That Podemos is a middle class party is evident: support for them is higher amongst high income people with university degrees. Ciudadanos is also a middle class party but more "respectable" and conservative.

The shock to the political system came in the European elections of 2014. A whole host of new parties ran for the first time, but the surprise was the sudden breakthrough of PODEMOS (We Can), a party of professors from the School of Political Sciences who had acted as advisors to IU and leftist governments in Latin America and had participated in the “Indignados” movement of 2011. Their young pony-tailed leader, Pablo Iglesias, had acquired some prominence by participating in TV political debates. They had also created and online channel, La Tuerka TV, (possibly with funds provided by the government of Venezuela). Podemos used a new radical language denouncing the “caste” —the political and business elites— and calling for a repeal of the debt, even suggesting leaving the euro if need be. Pablo Iglesias spoke of the “Fatherland” giving it a progressive meaning in a nation where patriotism equates to being a rightwinger. Podemos managed to return 5 seats in the European Parliament and came in third place in Madrid. Interestingly, although many of their leaders came from the anticapitalist and communist youth, they  claimed that they could not be classified as right or left; they were trying to attract disgruntled PP voters. However, that ambiguous positioning in the right-left spectrum would prove unstable.

An older protagonist is the Catalan Ciutadans (Ciudadanos in Spanish), originally, and for years, a local party founded as a reaction to the Catalan nationalist policies imposing the vernacular language on all children at school attracting those dissatisfied with the ambiguous position of the local branch of the Socialists on this issue, most of whose voters are immigrants from other regions and not native Catalans. When Podemos started to surge in opinion polls, with its radical anti-austerity discourse, it became evident to the establishment that this was a serious threat. In mid-2015, Podemos was coming in third place in opinion polls and collecting a share of 25% of the estimated vote. El País and El Mundo, the main Madrid journals began a campaign to discredit them, revealing their connections to Venezuela. However, this was not enough. It was clear that the large corporations needed a new center right party, with a more modern image and untarnished by corruption scandals.  Podemos derided the attractive leader of Ciudadanos, Albert Rivera, as the white brand of the PP. However, in the municipal and regional elections, Ciudadanos came in third, disappointing, but the center right could now bet on a new horse. In those elections, Podemos decided not to run under its own brand and participated in local coalitions that managed to place their candidates as mayors of Madrid and Barcelona.

In Catalonia, dissatisfaction with the economic situation, years of nationalist agitation about regional funding and the clumsy management of the new Statute, partially declared unconstitutional by the Constitutional Court, combined to spawn an unprecedented rise in pro-independence sentiment. In Barcelona, it was easy to blame Madrid for the austerity policies. The corruption scandals that tarnished the leadership of the nationalist conservative party, Convergència I Unió (CiU), is probably behind the headlong radicalization of this previously compromising organization’s leadership: in independence, they have found a way out of their judicial and penal future.

Artur Mas, president of Catalonia, decided to call a plebiscitary regional election two months ago joining forces with the center left Esquerra Republicana de Catalunya in a coalition named “Junts pel Sí” (Together for Yes). The goal was to get a majority for independence. They fell shy of 48%, insufficient to press ahead with independence. However, the two moral winners were Ciutadans, who came in second, and the radical pro-independence libertarians, CUP, who gained enough seats to set the rules in the independentist camp -a bitter pill for the remains of Mr. Mas's conservative party after moderate regionalists dropped out of the drive for secession. To date, Junts pel Sí and CUP have not been able to agree on the formation of a new government. However, the Catalan elections revealed Ciudadanos as a true contender whereas Podemos did not obtain a good result. Ciudadanos has now dislodged a centrist anti-corruption party, UPyD, from the race.

The decline in the vote of Podemos proved the effectiveness of the campaign against them.  In addition, Podemos appears to have moderated its discourse in an effort to dispute voters from PSOE. This moderation might have diminished the appeal of the new party amongst more radical voters while they have lost the center right voters that they attracted in the first hours; the latter are now comfortable with Ciudadanos. Nonetheless, they seem to be regaining ground thanks to their media-savy leadership and a good performance in TV debates, possibly at the cost of the PSOE.

Rajoy has celled general elections for December 20. The result has never been more uncertain. The opinion polls draw a scenario in which three parties have almost equal shares and Podemos has been regaining ground in the past two weeks. Any outcome is now possible.




Figure 2. Evolution of vote estimates per party. Source: El Diario.

Ciudadanos is running with a neoliberal program designed by the economist Luis Garicano. Star proposals include a tax credit for low incomes, a single type of work contract, structural reforms, simplification of the tax systems and active employment policies; in few words the classic supply side economics  recipe that any European Commission would endores. Esteban Cruz and myself conducted detailed analysis of their economic program in Spanish printed in InfoLibre. Podemos is proposing a social democratic program that includes a basic income, a reversal of labor reforms introduced by the PP, promotion of clean energy,  redistributive tax reforms, increasing the minimum wage and introducing a system of Social Security payments that is proportional to income of self-employed workers. A key proposal is an audit of public debt. Both new parties share proposals to give Spanish democracy more transparence to fight corruption. Podemos is especially keen in blocking the "revolving doors", a metaphor used to describe the habit of former ministers and presidents joining boards of large corporations after leaving power, a practice which they denounce as influence peddling.

Izquierda Unida’s candidate, Alberto Garzón, is a friend of Modern Money Theory. They are the only ones to propose a job guarantee program but they are unlikely to get meaningful parliamentary representation. Garzón tried to form a coalition with Pablo Iglesias. It appears that old-timers within IU managed to unravel the “Confluencia” of the left but Podemos, IU and sundry left parties have formed coalitions in Catalonia, Galicia and Valencia. The anti-austerity field is being hotly contested by IU and Podemos.

PSOE, with its young new leader, Pedro Sánchez, has presented a "pragmatic" economic program with a partial repeal of the labor law reforms introduced by Rajoy, an emphasis on gender equality and a more gradual reduction of the fiscal deficit. Ciudadanos, Podemos and PSOE probably share a greater commitment to increase investment in R&D, something that PP has certainly neglected. But PSOE has a major credibility issue due to its association with the first stage of "belt-tightening" with the turn to austerity imposed by the EU institutions in 2010.

PP reversed its headlong course towards the austerity cliff in 2013, probably too late to win the elections with an absolute majority but enough to recover some voters and take first place. They will try to convince voters that it was the “bitter pill”, administered in the first half of their mandate, which has now restored growth and jobs creation in Spain.

Whoever wins will need to form a coalition to govern Spain in 2016. The catch is that they have no experience in this. What is clear is that the old parties have a generational problem: their voter base is increasingly aged. Younger voters are more likely to vote for the new parties. Will this lead to a new form of "bipartidismo" as senior citizens begin to pass away?



Figure 3. Vote estimate by age group.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

El nombre la nueva moneda



En un post anterior publiqué un manifiesto de la APEEP describiendo aspectos operativos de la salida del euro. En este post trato un asunto más bien sentimental: cómo llamar a la nueva moneda.

Propongo que la nueva moneda no se llame peseta sino que se recupere el nombre de una antigua moneda española como el real o el escudo. Volver a la peseta tiene varios inconvenientes. Para empezar, legalmente la peseta es una fracción no decimal del euro. En 1999 los tipos de cambio de todas las divisas europeas que iban a integrarse en el euro se fijaron de forma irrevocable, en nuestro caso a razón de 166,386 ₧ por Euro. Volver a la antigua moneda respetando ese tipo de cambio complicaría la transición a la nueva moneda. Después de haber acostumbrado a la población a calcular precios en euros pedirles que volvieran a pensar en pesetas resultaría una broma pesada. Un tipo de cambio con seis dígitos no resulta demasiado sencillo.

Una nueva denominación evitaría confusiones con la antigua peseta. Además, reconozcamos que, a diferencia de los alemanes, a los que les costó renunciar al marco, los españoles no echaron de menos a la antigua peseta, una moneda que se había depreciado mucho durante nuestro convulso siglo XX por culpa de la Guerra Civil y la inflación de los años 70.

Mi sugerencia es que recuperemos el nombre de una moneda histórica. Esto responde a una reivindicación frente a quienes ponen en cuestión la capacidad de nuestros gobernantes de gestionar nuestra moneda. He oído argumentos de este tipo para justificar la conveniencia de permanecer en el Euro. Aparte de responder a una fobia antidemocrática que prefiere una moneda secuestrada por un banco central independiente que no responde a los intereses verdaderos de la población, la historia nos recuerda que hemos sido perfectamente capaces de gestionar un sistema monetario en el pasado. A quienes tratan de socavar nuestra moral advirtiendo de que nuestro gobierno sería incapaz de gestionar eficazmente una nueva moneda y de que entraríamos en una espiral hiperinflacionista hay que recordarles que España ha sabido gestionar un sistema monetario eficaz en el pasado y por tanto no existe ninguna regla humana que impida que lo hagamos de nuevo.

Quizás muchos españoles ya no recuerdan que, hasta la invasión napoleónica y la independencia de sus antiguas colonias americanas, la moneda de su país fue la más aceptada en el comercio internacional. Durante los siglos XVII y XVIII España suministró hasta el 80% de la producción de plata mundial. El Real de a Ocho o peso fuerte fue la divisa internacional indiscutible y la principal moneda de referencia para el tráfico internacional. Esta legendaria moneda fue el origen de las que actualmente se denominan peso en varios países de América Latina y Filipinas. Del prestigio de la antigua moneda española da una idea cabal el hecho de que los EE.UU. no disfrutaron de una moneda propia hasta el año 1792, fecha en la que se creó el dólar con unas medidas, peso y composición similares a las del peso. Hasta 1857 el peso mexicano y el antiguo real de a ocho español siguieron circulando en paralelo al dólar y fueron aceptados como medio de pago en EE.UU.





Además, la unión monetaria de la monarquía española tuvo una longevidad sorprendente pues abarcó prácticamente tres siglos. Un trabajo de las historiadoras María Alejandra Irigoin y Regina Grafe[i] aporta evidencia de que el sistema monetario español fue un sistema de transferencias que quizás fuera la clave de la supervivencia del sistema económico del antiguo imperio colonial. Gracias a los situados o transferencias desde cajas superavitarias a otras deficitarias entre los virreinatos y audiencias de las colonias americanas se creaban unos vínculos económicos entre territorios cuya dispersión era inabarcable y difícil de cohesionar. Según estas autoras, las remesas de plata a la metrópoli representaban tan solo una pequeña parte de la redistribución de los excedentes de las cajas. Mayor importancia tenía la distribución intracolonial de unos recursos que, para la época tenían unas dimensiones con las que pocos estados de la época podían rivalizar. Entre el 16 y el 45 por ciento de los ingresos generados en las colonias no se gastaban en el distrito de origen sino que se transferían a otras tesorerías regionales de las colonias. Algunas cajas fueron deficitarias permanentemente mientras que otras fueron superavitarias. Los defensores de esta Unión Monetaria Europea sin unión de transferencias podrían haber tomado nota de la importancia de la existencia de éstas para asegurar la supervivencia de una unión política. Solo se puede asegurar la supervivencia de una unión monetaria con transferencias, sobre todo en un sistema metálico donde la escasez de moneda puede llevar la economía a la deflación y la depresión.

Creo que si queremos encariñar a los españoles con su nueva moneda, deberíamos bautizarla con un nombre que nos devuelve a un pasado brillante. Algunas personas mayores todavía recordarán las monedas de 25 y 50 céntimos, denominaciones que correspondían a antiguas monedas de 1 y 2 reales. El nombre pues ha permanecido vivo en nuestra memoria hasta hace pocas décadas. También podríamos utilizar los nombres escudo -una antigua moneda de oro- peso -la moneda de 8 reales de plata fuerte- o maravedí -la antigua moneda de cobre. Los hombres que supieron gestionar uno de los sistemas monetarios más longevos de la historia ya no están vivos. Pero podemos aprender de ellos para saber cómo gestionar un sistema monetario. Recuperemos una denominación de aquella época en su memoria.




[i] Regina Grafe and Maria Alejandra Irigoin (2006). The Spanish Empire and its legacy: Fiscal redistribution and political conflict in colonial and post-colonial Spanish America. Journal of Global History, 1, pp 241-267 doi:10.1017/S1740022806000155

martes, 10 de noviembre de 2015

La estadística del día: serie histórica de la tasa de desempleo en España


Plan Maestro Contra el Desempleo de Corea del Sur

El siguiente vínculo contiene una descripción del Plan Maestro contra el desempleo de Corea del Sur. Recuerda mucho al denostado plan E del presidente ZP.

La pregunta que debemos hacernos es por qué Corea del Sur reaccionó cuando su tasa de desempleo llego al 8% y España ha tolerado, desde que se acabó el franquismo, que el 8% sea la tasa más baja alcanzada en lo más alto de la burbuja. ¿Por qué hemos tolerado tasas de desempleo tan altas? Solo se explica por el predominio absoluto del pensamiento único neoliberal. Una catástrofe social sin precedentes salvo en períodos bélicos.

martes, 3 de noviembre de 2015

Rescates ciudadanos: ¿renta básica o garantía de empleo?

28 de octubre de 2015

Artículo publicado originalmente en InfoLibre

Al acercarse la fecha de las elecciones a Cortes los partidos políticos han empezado a difundir sus propuestas. En el variado espectro situado a la izquierda han surgido varias propuestas dirigidas a atender al numeroso colectivo de damnificados por la crisis que, pese a la recuperación, aun languidecen en situaciones de paro y pobreza.

Es de sobra conocido que nuestro estado de bienestar es de los más ineficaces de Europa. El estudio Social Expenditure Update publicado por la OCDE[i] revela que, en las sociedades mediterráneas, las ayudas públicas pagadas en efectivo benefician a las rentas más altas. La razón es que muchas de estas ayudas están vinculadas a un historial laboral y a cotizaciones sociales excluyendo de su cobertura a personas marginadas que, con suerte, solo han podido trabajar en el sector informal. Además, no llegan a 1,2 millones los parados que reciben una prestación de desempleo cuando el total se acerca a los 5 millones. Por este motivo las situaciones de paro prolongado están teniendo un impacto tremendo en el aumento de la pobreza y la marginación. Es desgarrador reconocer que, aunque la economía se recuperara y volviéramos a los niveles de producción de 2007, probablemente muchos parados de larga duración ya no encontrarán empleo.

Dos propuestas que atienden a los que no tienen recursos están compitiendo en el mercado electoral. Por una parte, la renta mínima, también llamada renta básica; por otra, el plan de empleo garantizado. La primera parte con ventaja pues ha suscitado un cierto debate y existen propuestas competidoras. Sus adalides han sido Podemos, partido que ha mostrado algún titubeo cuando se empezó a cuestionar su viabilidad económica desde los medios de comunicación y los partidos “respetables”. Sin embargo recientemente el PSOE ha presentado una propuesta modesta y, quizás por ello, Podemos se siente más cómodo recuperándola con mayor decisión. La segunda ha pasado más desapercibida, quizás porque solo ha sido defendida por Izquierda Unida, para ser más precisos, por el candidato Alberto Garzón.

La renta mínima asegura a todos los ciudadanos un ingreso mínimo que garantice sus necesidades más elementales. La propuesta es muy antigua pues, ya en el siglo XVIII, el inglés Thomas Paine proponía un impuesto sobre la tierra y los patrimonios para destinar esos recursos a los más pobres; porque «la tierra, en su estado natural, era propiedad de toda la raza humana». Una propuesta limitada podría consistir en asegurar que todos dispongamos de esa renta mínima que nos asegure una vida digna sean cuales sean nuestras circunstancias.

Podemos propone una renta básica de € 600 mensuales con un 35% adicional si el perceptor convive con otra persona adicional en lo que llaman una “unidad de convivencia” y otro 20% por cada miembro adicional de la unidad familiar. En el caso de que la beneficiaria encontrara un empleo, la renta básica se iría reduciendo gradualmente. El PSOE propone una renta mínima que ha llamado “ingreso mínimo vital” que se reconocería como derecho en la Constitución “ante situaciones de carencia efectiva para el mantenimiento de una vida digna”. Su propuesta parece un poco más limitada pues sería una ayuda destinada a personas que se encuentran en situación de pobreza y el importe alcanza los 426 euros.

La garantía de empleo consiste en que el estado ofrece a todo aquél que esté dispuesto y sea apto para el trabajo un puesto remunerado en condiciones comparables a las de cualquier otro trabajador con un contrato indefinido. El empleo se desarrollaría en organismos públicos, agencias estatales y podría ampliarse a ONG. La idea fue planteada por Hyman Minsky hace varias décadas y la describí con cierto detalle en un artículo publicado en esta misma columna hace unos meses (http://www.infolibre.es/noticias/luces_rojas/2015/04/14/podemos_acabar_con_desempleo_garantia_empleo_31244_1121.html ). La garantía de empleo pretende conseguir varios objetivos. El primero es, obviamente, remediar situaciones de desempleo, pobreza y exclusión social. Además tiene la ventaja de actuar como una especie de stock de reserva que estabiliza los salarios y evita que, durante las crisis económicas, el ajuste se haga siempre a costa del empleo. El pool de contratados aumentaría en épocas de recesión mientras que, en épocas de bonanza, se reduciría por el aumento en la demanda de trabajadores por parte del sector privado. El programa estabilizaría los salarios y evitaría que los empresarios ofrecieran condiciones de explotación pues el trabajador siempre tendría la opción de recurrir al plan de empleo garantizado si sintiera que le están ofreciendo condiciones indignas en el sector privado.

Quizás el aspecto más interesante es el de evitar que la gente se “descapitalice” al pasar períodos de desempleo prolongado. La evidencia empírica demuestra que, en las épocas que suceden a las crisis económicas, las empresas prefieren contratar en primer lugar a aquéllas personas que llevan menos tiempo en el paro. También es conocido que las personas jóvenes que se incorporan al mercado de trabajo en épocas de alto desempleo suelen tener carreras profesionales menos fructíferas. La garantía de empleo permite a personas, que no podrían obtenerlo de otra manera, hacerse con un historial profesional. Por este motivo Warren Mosler lo llama también “empleo de transición”.

El objetivo no es quitarle trabajadores al sector privado sino facilitar que aquellos que no tienen empleo sean atractivos para el mercado. Tampoco plantea una competencia desleal a los empleados del sector público. Muchos de los puestos creados lo serían en el cuarto sector y no sustituirían a los funcionarios públicos.

Alberto Garzón ha propuesto un programa de garantía de empleo que contrataría a un millón de personas, sobre todo en áreas de servicios sociales, medio ambiente, cuidado de espacios urbanos y actividades recreativas, culturales y de ocio. Ofrecería un contrato indefinido retribuido con un sueldo 900 a 1.200 euros brutos mensuales con una duración de 25 horas semanales.

La pregunta que surge inevitablemente es ¿cómo se financiarían estos programas? Con unos niveles descomunales de pobreza y desempleo, estos programas de rescate ciudadano tendrían un coste elevado para el estado. La pregunta sobre la financiación es, por tanto, pertinente. La propuesta de IU presupone un aumento del gasto público de 15.000 millones de euros. Pero hay que tener en cuenta que esos salarios cotizan a la seguridad social y están sometidos a tributación por lo que parte del desembolso retornaría al estado. Por tanto sus proponentes aducen que costaría unos 9.000 millones, menos del 1% del PIB (recordemos que el rescate de las cajas llegó a costar el 4% del PIB español). Los cálculos que ha presentado Podemos a la opinión pública aseguran que su programa de renta básica, que beneficiaría a un colectivo mayor de personas que estiman en 7,8 millones de personas, tendría un coste inicial de 15 mil millones de euros gracias a una introducción gradual.

Los partidos que postulan la renta básica o el empleo garantizado arguyen que se podrían financiar con una más eficaz lucha contra el fraude fiscal, mejoras de los sistemas tributarios y una senda de reducción del déficit público más gradual. También alegan que sus propuestas serían sustitutivas de otras ayudas públicas, tales como la prestación de desempleo o la renta de inserción, y, por tanto, se reasignarían partidas presupuestarias ya existentes.

Al realizar este tipo de argumentos quizás la izquierda haya caído inadvertidamente en las trampas dialécticas del neoliberalismo con su fobia al gasto público y sus advertencias de que ya viene la inflación feroz. La izquierda tiene que enfrentarse a la tarea hercúlea de defender sus propuestas y además explicar por qué son viables ante una opinión pública escéptica. Debería empezar con un esfuerzo didáctico para recordar la extraordinaria eficacia que demostraron las políticas keynesianas aplicadas en el mundo occidental hasta los años 70. Habría de defender el potente efecto multiplicador que tendrían estos programas de gasto público. También se le podría pedir más coraje a la hora de exigir a la Unión Europea un cambio de políticas. Por ejemplo, en vista de la catastrófica situación social de nuestro país y otros de la periferia, sería exigible una política de transferencia de rentas desde los países con superávit comercial. También debería demandar una reforma del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea que permitiera al Banco Central Europeo financiar a los estados para que estos puedan superar los arbitrarios y contraproducentes límites impuestos por el Tratado de Maastricht sin ser reducidos a la disciplina presupuestaria por “los mercados”. Sabiendo que estas exigencias no serán atendidas, la izquierda debería estar dispuesta a apretar ese botón nuclear que es proponer la salida del euro.

La otra pregunta inevitable es si ambos programas son compatibles. En principio la respuesta, más allá de las limitaciones presupuestarias, es que lo son. De hecho, la propuesta de rescate ciudadano presentada por IU contempla combinarlos. La renta básica es más sencilla de aplicar. En cambio un programa de trabajo garantizado exige a la administración pública un esfuerzo de organización e imaginación. Por este motivo un gobierno se vería tentado de implantar un programa de renta básica antes que uno de garantía de empleo. Pero, ¿qué pasa si un ciudadano puede elegir entre cobrar la renta mínima o pedir un empleo? ¿Debe el estado ofrecerle ambas opciones?

El estado cuenta con la ventaja de que muchas personas no querrán participar en un programa de empleo garantizado; sobre todo aquéllas con mayor nivel formativo, probablemente preferirían seguir buscando un empleo en el sector privado.  El programa de empleo garantizado será siempre voluntario, no se obligará a nadie a trabajar si no lo desea. ¿Eso quiere decir que tendrían derecho a una renta mínima mientras buscan empleo?

Pienso que, a pesar del reto organizativo, el estado debería favorecer los programas de empleo garantizado sobre los de renta mínima. En primer lugar, un programa de renta mínima muy generoso tendría el efecto de retirar a personas aptas del mercado de trabajo. En una recuperación económica las empresas podrían encontrarse con dificultades para contratar empleados si un programa de renta básica ha retirado a parte de la fuerza de trabajo. Esto podría limitar la capacidad productiva e incluso generar tensiones inflacionistas.

Por otra parte la picaresca puede aprovecharse fácilmente de un programa de renta mínima. Algunas personas podrían verse tentadas a completar sus ingresos con un trabajo en el sector informal. Empresarios poco escrupulosos podrían aprovecharlo para pagar menos a sus trabajadores clandestinos convirtiendo la renta mínima en una subvención encubierta a las empresas. Finalmente, reconozcamos que determinadas tareas menos agradables dejarían de hacerse. Entre atender a ancianos severamente impedidos o trabajar en el servicio de recogida de basuras ¿quién no preferiría quedarse en casa cobrando una renta?

Un programa de garantía de empleo permite mantener a una fuerza laboral formada y preparada y además genera servicios que tienen valor para la sociedad. Además la Garantía de Empleo atiende a la profunda necesidad del ser humano de recibir el reconocimiento de sus semejantes implícito en percibir una retribución salarial. Creo que los programas de renta mínima deberían reservarse a colectivos que no tienen capacidad de trabajar como consecuencia de situaciones de invalidez, cargas familiares y otras que imposibilitan a una persona a ofrecer su trabajo.